Punks, emos y darks, prenden la ciudad de México
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Punks, emos y darks,
prenden la ciudad de México

Por Moisés Castillo
25 de diciembre, 2010
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Foto: Cuartoscuro

En tan sólo dos minutos 13 segundos, la canción “London’s Burning” de The Clash puede definir a una generación y su época: “Todos están viendo la TV/Londres arde de aburrimiento/Londres arde, llama al 99999”. El poder de la música recupera la emoción de ser joven en todas sus representaciones culturales. El efecto de ser joven dura una bocanada, sin embargo, sus estigmas y estereotipos son eternos.

El libro ¡Arde la calle!, del periodista Julio Martínez Ríos, es un martillazo a la cabeza de los que piensan y creen que ser punk es sinónimo de violencia, que ser metalero es igual a satanismo o ser emo se trata de sufrir todo el tiempo. La riqueza cultural de los jóvenes radica en su diversidad, y es lo que Julio Martínez Ríos refleja en sus historias, crónicas y entrevistas para identificar y retratar un momento y un lugar de los chicos y chicas emos, metaleros, punks, darks, skatos, sonideros y de las demás subculturas que conviven y sobreviven en las calles de la ciudad de México.

“Me molesta el estereotipo de que los jóvenes son violentos. Me parece que es el estereotipo que tenía que enfrentar. Las drogas, el alcohol, la delincuencia, son problemas que afectan a la juventud de cualquier país, pero no creo que tengan una relación directa con ser joven”, dice el periodista.

En ¡Arde la calle! la música es el eje fundamental para definir las subculturas entre los jóvenes. En su investigación, Julio Martínez Ríos prefirió dar una identidad propia a las expresiones culturales de los jóvenes con el término “subculturas” y evitar encasillarlos en las llamadas “tribus urbanas”, término usado por el sociólogo francés Michel Maffesoli.

“Usé subculturas porque me parece que son ingredientes de lo que en general entendemos como cultura. Son ingredientes que, como en la cocina, puedes combinar y mezclar para enriquecer un movimiento desde los jóvenes”, opina Martínez Ríos.

Ante la escasa producción de libros de rock en México, ¡Arde la calle! es un texto inmejorable para conocer de raíz a las subculturas que rolan en el pavimento y que surgen y se definen por el rock and roll.

Martínez Ríos dice que “es importante crear libros de rock porque de otro modo no generaremos ni un registro serio de lo que estamos viviendo como generación. Este es un libro de divulgación general, pero lo que me gustaría es que pudiera servirle a la industria editorial o a alguien para hacer libros especializados de un grupo o una época. Es triste saber que sobre los Caifanes hay un libro descontinuado, no hay material de Fobia, ni de la Maldita Vecindad, ni de la Cuca”.

-¿Por qué titulaste el libro ¡Arde la calle!?

Es un homenaje directo al grupo español Radio Futura, es el verso con el que empieza la canción “Escuela de calor”: “Arde la calle al sol de poniente/hay tribus ocultas cerca del río/esperando que caiga la noche/hace falta valor/ hace falta valor/ven a la escuela de calor”. Luego me gustaba la idea del fuego como alegoría de vitalidad, que además está muy presente en el rock and roll. También hay una rola de The Clash que se llama “London’s Burning”; otra de Bad Religion, “Los Angeles is Burning”; o de Atari que se llama “Burn Berlín burn!”

Me gusta esta idea de que un grupo está enojado y vivo y bautiza está metáfora del fuego como para hablar de la vida, del despertar y ponerte en acción.

También es un homenaje a la generación de mi hermano mayor. Cuando empecé a escuchar música seriamente fue a través de él. Oí mucho Rock en tu Idioma, que llegó posterior a 1985 de España y de Argentina. Es un homenaje a ese México posterior al terremoto que fue el que me tocó a mí de niño.

-¿Cuál fue la semilla para darle vida a este proyecto?

Había hecho una serie de podcasts para la revista R&R, que se trataba de abordar un poco lo que conocíamos como “tribus urbanas”. Supongo que ese material llegó a manos de Random House Mondadori y a principios del 2009 me propusieron la idea de hacer este libro. Me gustó como reto creativo porque a mí el tema me causaba incomodidad por el uso de los estereotipos, de encasillar a las personas. Si algo me interesaba era desmitificar esta idea del joven homogéneo. A partir de una consulta extensa de bibliografía no quise usar el término “tribus urbanas”. Fue la idea central para abordar un tema desde otro enfoque.

¿Por qué el libro está estructurado en 12 capítulos con una canción representativa de las subculturas que perfilas en el libro?

Está inspirada en otro libro que se llama Reading Comics del estadounidense Douglas Wolk, candidato a los Premios Eisner. Él invitaba a los no lectores de novelas gráficas a sumergirse y observar este mundo maravilloso. Quería hacer algo así, algo que pudiera ser accesible para los chicos de 12-15 años y sus padres. Quisimos combinar también en los capítulos muchos géneros y técnicas. Trabajé con la ilustradora Roxy Love en las viñetas que acompañan a los capítulos. Desgraciadamente muchos de los textos consultados son de Inglaterra y Estados Unidos, dejamos de producir libros sobre el rock y caímos en un círculo vicioso que dice que no hay lectores de rock, pero no hay libros de rock.

-¿Qué subculturas describes en el libro?

Empiezo hablando del punk porque me parece que es el gran cuestionamiento al rock desde sus entrañas. El punk es la gran influencia de todos los que llegaron después. Escribo sobre el emo, metal, cumbia, la cultura sonidera, la cultura de las patinetas, la cultura japonesa, todas tienen sus particularidades en México. Algo que inició como una broma fue el capítulo sobre la policía, una guía mínima de derechos humanos sobre las cosas que puede hacer o no un policía. Me parece que de algún modo es el villano de la historia. Siempre está la tentación de la autoridad de incomodar o cuestionar o detener incluso a las personas que se ven diferentes en la calle. De repente, los atuendos de los metaleros y darks son muy llamativos y son acosados por la autoridad.

¡Hey chicos, salgan a la calle!

Julio Martínez Ríos tuvo una infancia “Beatle”, quizá su gran influencia para tomar la ruta musical como una forma de vida: desde su primera experiencia radial en la UIC, la revista Mixup, Radioactivo; hasta ser locutor de Reactor 105.7. Sus padres le compraban acetatos del cuarteto de Liverpool en el Gigante de Villa Coapa, que ahora son objeto de culto para los coleccionistas. También escuchaba en la consola antigua de su casa discos de los Pitufos, duende Bubulín y de Michael Jackson. En la juventud comenzó a cantar las rolas de Soda Stereo, Radio Futura, Charly García, Los Toreros Muertos, La Maldita Vecindad, Mecano, Olé Olé. Los locos ochenta.

En su gran cultura musical, Julio Martínez Ríos no se identifica con alguna “subcultura”, y dice que es de momentos y gustos pasajeros. Cuando iba en el Colegio Carmel descubrió el punk y le gustaban los Sex Pistols, tanto, que él y sus amigos tocaron en un festival de la secundaria: “Anarchy in the UK”, una versión peor que la original.

“Tuve como todos mi etapa metalera y también en la secundaria empecé con las patinetas. He tenido la oportunidad de conocer diferentes cosas y eso ha sido importante al final para hacer este libro. Somos una sociedad conservadora y lo trasladamos a nuestras culturas alternativas. No es raro ver en México metaleros dogmáticos o darks dogmáticos, cuando justamente esas expresiones se tratan de lo contrario. Eso es lo que quise establecer en el libro, vuelvo a la metáfora culinaria: son ingredientes que vas combinando y hay a quienes les gusta comer de todo”.

-¿El Distrito Federal está pensado para los jóvenes?

Justamente a partir de esta condición ha sido muy ingeniosa la juventud de la ciudad. Han podido inventarse lugares donde no los había. Han conseguido triunfos como los parques públicos de patinetas. Sí me parece conmovedor que en Parque Lira haya un lugar gratuito de patinetas, ojalá existan cada vez más parques públicos. Quizá soy optimista y romántico, pero esto hace 20 años no existía. Tenías que patinar en el asfalto destrozado de la ciudad, no había lugares así. Es un ejemplo mínimo de lo que han logrado las generaciones jóvenes. Ojalá que en el futuro haya más foros como el Alicia, que es sin duda uno de los epicentros de  la cultura alternativa en México.

-¿Y a nivel nacional? Ahora leemos que en esta guerra contra el narco se matan jóvenes o salen a la luz pública casos como el de El Ponchis y se estigmatiza. Ahora ser joven se vuelve algo peligroso…

Las autoridades están fallando. Es muy triste ver que los políticos nunca hablan de cultura, es lo primero que recortan, nunca está en sus campañas, en sus discursos, agendas. Está comprobado que la educación, la cultura, donde hay bibliotecas, espacios públicos de reunión y de encuentro, son opciones reales para terminar con la violencia. Alguien me dijo que si no estaba idealizando los conciertos como expresiones culturales, me parece que lo estamos valorando a partir de que en muchas ciudades no puedes salir de noche, a un concierto, ya no puedes hacer nada. No hay que dejar que nos alteren nuestra vida cotidiana. La actividad más simple que tenemos es salir a la calle, y en muchas partes ya no se puede por la inseguridad y la violencia. Cómo argumentan que no es un estado fallido.

-¿El libro ¡Arde la calle! se focaliza sólo en la ciudad de México?

Tiene cosas que han sucedido en Guadalajara y Monterrey, pero como lo hice solo nada más me daba mi entorno del DF. Me encantaría investigar un Monterrey de los noventa. Nos tenemos que reflejar en esos movimientos, es indispensable, urgente. La condición cultural que otorga el libro creo que se transforma cuando lo publicamos y está en las librerías y lo compartimos como lectores. Veo el libro Sonidos urbanos de Mafer Olvera y quiero pensar en ¡Arde la calle! como parte de comenzar otra vez a recuperar una tradición heredada por Juan Villoro y José Agustín, que han escrito sobre rock en México.

-¿Cuáles son tus influencias y cómo fue esta parte de escribir?

Mis influencias son la historieta Astérix, un tío me regaló los primeros números. Carlos Fuentes por supuesto. Mucha historieta estadounidense, de superhéroes. Me di cuenta que podía transmitir una idea por escrito cuando iba en la Lasalle del Pedregal, entregando tareas, como que tratando de no aburrirme porque eran muy aburridas mis tareas de la prepa.

-¿Hubo bloqueos al momento de escribir?

Por supuesto. Escribir es muy físico aunque no lo sea. Sueles escribir como que con la boca del estómago y no te das cuenta que estás haciendo un esfuerzo grande. Al final del libro fue esa la sensación que tuve y me dejó contento. Aunque no estés todo el tiempo en el teclado estás escribiendo en la cabeza, estás armando frases, rutas, dónde irte, dónde acabar. Es más o menos como trabajo, no soy de cuadernos ni de notas, salvo que sea algo que verdaderamente me gusta. Suelo tener una buena memoria.

En tan sólo dos minutos 13 segundos, la canción “London’s Burning” de The Clash puede definir a una generación y su época: “Todos están viendo la TV/Londres arde de aburrimiento/Londres arde, llama al 99999”. El poder de la música recupera la emoción de ser joven en todas sus representaciones culturales. El efecto de ser joven dura una bocanada, sin embargo, sus estigmas y estereotipos son eternos.

El libro ¡Arde la calle!, del periodista Julio Martínez Ríos, es un martillazo a la cabeza de los que piensan y creen que ser punk es sinónimo de violencia, que ser metalero es igual a satanismo o ser emo se trata de sufrir todo el tiempo. La riqueza cultural de los jóvenes radica en su diversidad, y es lo que Julio Martínez Ríos refleja en sus historias, crónicas y entrevistas para identificar y retratar un momento y un lugar de los chicos y chicas emos, metaleros, punks, darks, skatos, sonideros y de las demás subculturas que conviven y sobreviven en las calles de la ciudad de México.

“Me molesta el estereotipo de que los jóvenes son violentos. Me parece que es el estereotipo que tenía que enfrentar. Las drogas, el alcohol, la delincuencia, son problemas que afectan a la juventud de cualquier país, pero no creo que tengan una relación directa con ser joven”, dice el periodista.

En ¡Arde la calle! la música es el eje fundamental para definir las subculturas entre los jóvenes. En su investigación, Julio Martínez Ríos prefirió dar una identidad propia a las expresiones culturales de los jóvenes con el término “subculturas” y evitar encasillarlos en las llamadas “tribus urbanas”, término usado por el sociólogo francés Michel Maffesoli.

“Usé subculturas porque me parece que son ingredientes de lo que en general entendemos como cultura. Son ingredientes que, como en la cocina, puedes combinar y mezclar para enriquecer un movimiento desde los jóvenes”, opina Martínez Ríos.

Ante la escasa producción de libros de rock en México, ¡Arde la calle! es un texto inmejorable para conocer de raíz a las subculturas que rolan en el pavimento y que surgen y se definen por el rock and roll.

Martínez Ríos dice que “es importante crear libros de rock porque de otro modo no generaremos ni un registro serio de lo que estamos viviendo como generación. Este es un libro de divulgación general, pero lo que me gustaría es que pudiera servirle a la industria editorial o a alguien para hacer libros especializados de un grupo o una época. Es triste saber que sobre los Caifanes hay un libro descontinuado, no hay material de Fobia, ni de la Maldita Vecindad, ni de la Cuca”.

-¿Por qué titulaste el libro ¡Arde la calle!?

Es un homenaje directo al grupo español Radio Futura, es el verso con el que empieza la canción “Escuela de calor”: “Arde la calle al sol de poniente/hay tribus ocultas cerca del río/esperando que caiga la noche/hace falta valor/ hace falta valor/ven a la escuela de calor”. Luego me gustaba la idea del fuego como alegoría de vitalidad, que además está muy presente en el rock and roll. También hay una rola de The Clash que se llama “London’s Burning”; otra de Bad Religion, “Los Angeles is Burning”; o de Atari que se llama “Burn Berlín burn!”

Me gusta esta idea de que un grupo está enojado y vivo y bautiza está metáfora del fuego como para hablar de la vida, del despertar y ponerte en acción.

También es un homenaje a la generación de mi hermano mayor. Cuando empecé a escuchar música seriamente fue a través de él. Oí mucho Rock en tu Idioma, que llegó posterior a 1985 de España y de Argentina. Es un homenaje a ese México posterior al terremoto que fue el que me tocó a mí de niño.

-¿Cuál fue la semilla para darle vida a este proyecto?

Había hecho una serie de podcasts para la revista R&R, que se trataba de abordar un poco lo que conocíamos como “tribus urbanas”. Supongo que ese material llegó a manos de Random House Mondadori y a principios del 2009 me propusieron la idea de hacer este libro. Me gustó como reto creativo porque a mí el tema me causaba incomodidad por el uso de los estereotipos, de encasillar a las personas. Si algo me interesaba era desmitificar esta idea del joven homogéneo. A partir de una consulta extensa de bibliografía no quise usar el término “tribus urbanas”. Fue la idea central para abordar un tema desde otro enfoque.

¿Por qué el libro está estructurado en 12 capítulos con una canción representativa de las subculturas que perfilas en el libro?

Está inspirada en otro libro que se llama Reading Comics del estadounidense Douglas Wolk, candidato a los Premios Eisner. Él invitaba a los no lectores de novelas gráficas a sumergirse y observar este mundo maravilloso. Quería hacer algo así, algo que pudiera ser accesible para los chicos de 12-15 años y sus padres. Quisimos combinar también en los capítulos muchos géneros y técnicas. Trabajé con la ilustradora Roxy Love en las viñetas que acompañan a los capítulos. Desgraciadamente muchos de los textos consultados son de Inglaterra y Estados Unidos, dejamos de producir libros sobre el rock y caímos en un círculo vicioso que dice que no hay lectores de rock, pero no hay libros de rock.

-¿Qué subculturas describes en el libro?

Empiezo hablando del punk porque me parece que es el gran cuestionamiento al rock desde sus entrañas. El punk es la gran influencia de todos los que llegaron después. Escribo sobre el emo, metal, cumbia, la cultura sonidera, la cultura de las patinetas, la cultura japonesa, todas tienen sus particularidades en México. Algo que inició como una broma fue el capítulo sobre la policía, una guía mínima de derechos humanos sobre las cosas que puede hacer o no un policía. Me parece que de algún modo es el villano de la historia. Siempre está la tentación de la autoridad de incomodar o cuestionar o detener incluso a las personas que se ven diferentes en la calle. De repente, los atuendos de los metaleros y darks son muy llamativos y son acosados por la autoridad.

¡Hey chicos, salgan a la calle!

Julio Martínez Ríos tuvo una infancia “Beatle”, quizá su gran influencia para tomar la ruta musical como una forma de vida: desde su primera experiencia radial en la UIC, la revista Mixup, Radioactivo; hasta ser locutor de Reactor 105.7. Sus padres le compraban acetatos del cuarteto de Liverpool en el Gigante de Villa Coapa, que ahora son objeto de culto para los coleccionistas. También escuchaba en la consola antigua de su casa discos de los Pitufos, duende Bubulín y de Michael Jackson. En la juventud comenzó a cantar las rolas de Soda Stereo, Radio Futura, Charly García, Los Toreros Muertos, La Maldita Vecindad, Mecano, Olé Olé. Los locos ochenta.

En su gran cultura musical, Julio Martínez Ríos no se identifica con alguna “subcultura”, y dice que es de momentos y gustos pasajeros. Cuando iba en el Colegio Carmel descubrió el punk y le gustaban los Sex Pistols, tanto, que él y sus amigos tocaron en un festival de la secundaria: “Anarchy in the UK”, una versión peor que la original.

“Tuve como todos mi etapa metalera y también en la secundaria empecé con las patinetas. He tenido la oportunidad de conocer diferentes cosas y eso ha sido importante al final para hacer este libro. Somos una sociedad conservadora y lo trasladamos a nuestras culturas alternativas. No es raro ver en México metaleros dogmáticos o darks dogmáticos, cuando justamente esas expresiones se tratan de lo contrario. Eso es lo que quise establecer en el libro, vuelvo a la metáfora culinaria: son ingredientes que vas combinando y hay a quienes les gusta comer de todo”.

-¿El Distrito Federal está pensado para los jóvenes?

Justamente a partir de esta condición ha sido muy ingeniosa la juventud de la ciudad. Han podido inventarse lugares donde no los había. Han conseguido triunfos como los parques públicos de patinetas. Sí me parece conmovedor que en Parque Lira haya un lugar gratuito de patinetas, ojalá existan cada vez más parques públicos. Quizá soy optimista y romántico, pero esto hace 20 años no existía. Tenías que patinar en el asfalto destrozado de la ciudad, no había lugares así. Es un ejemplo mínimo de lo que han logrado las generaciones jóvenes. Ojalá que en el futuro haya más foros como el Alicia, que es sin duda uno de los epicentros de  la cultura alternativa en México.

-¿Y a nivel nacional? Ahora leemos que en esta guerra contra el narco se matan jóvenes o salen a la luz pública casos como el de El Ponchis y se estigmatiza. Ahora ser joven se vuelve algo peligroso…

Las autoridades están fallando. Es muy triste ver que los políticos nunca hablan de cultura, es lo primero que recortan, nunca está en sus campañas, en sus discursos, agendas. Está comprobado que la educación, la cultura, donde hay bibliotecas, espacios públicos de reunión y de encuentro, son opciones reales para terminar con la violencia. Alguien me dijo que si no estaba idealizando los conciertos como expresiones culturales, me parece que lo estamos valorando a partir de que en muchas ciudades no puedes salir de noche, a un concierto, ya no puedes hacer nada. No hay que dejar que nos alteren nuestra vida cotidiana. La actividad más simple que tenemos es salir a la calle, y en muchas partes ya no se puede por la inseguridad y la violencia. Cómo argumentan que no es un estado fallido.

-¿El libro ¡Arde la calle! se focaliza sólo en la ciudad de México?

Tiene cosas que han sucedido en Guadalajara y Monterrey, pero como lo hice solo nada más me daba mi entorno del DF. Me encantaría investigar un Monterrey de los noventa. Nos tenemos que reflejar en esos movimientos, es indispensable, urgente. La condición cultural que otorga el libro creo que se transforma cuando lo publicamos y está en las librerías y lo compartimos como lectores. Veo el libro Sonidos urbanos de Mafer Olvera y quiero pensar en ¡Arde la calle! como parte de comenzar otra vez a recuperar una tradición heredada por Juan Villoro y José Agustín, que han escrito sobre rock en México.

-¿Cuáles son tus influencias y cómo fue esta parte de escribir?

Mis influencias son la historieta Astérix, un tío me regaló los primeros números. Carlos Fuentes por supuesto. Mucha historieta estadounidense, de superhéroes. Me di cuenta que podía transmitir una idea por escrito cuando iba en la Lasalle del Pedregal, entregando tareas, como que tratando de no aburrirme porque eran muy aburridas mis tareas de la prepa.

-¿Hubo bloqueos al momento de escribir?

Por supuesto. Escribir es muy físico aunque no lo sea. Sueles escribir como que con la boca del estómago y no te das cuenta que estás haciendo un esfuerzo grande. Al final del libro fue esa la sensación que tuve y me dejó contento. Aunque no estés todo el tiempo en el teclado estás escribiendo en la cabeza, estás armando frases, rutas, dónde irte, dónde acabar. Es más o menos como trabajo, no soy de cuadernos ni de notas, salvo que sea algo que verdaderamente me gusta. Suelo tener una buena memoria.

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Coronavirus: qué le hace esta enfermedad al cuerpo y qué pasó con los primeros pacientes

Un análisis detallado de los primeros 99 pacientes del nuevo coronavirus tratados en Wuhan, China, fue publicado este jueves en la revista médica The Lancet.
31 de enero, 2020
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Más de 200 personas han muerto en China a causa de la también conocida como neumonía de Wuhan, por la ciudad donde se originó el brote.

Además, cerca de 8.000 casos han sido confirmados en el país asiático.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró este jueves al brote de coronavirus como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”.

Pero ¿cómo ataca este virus al cuerpo? ¿Cuál es la gama completa de síntomas? ¿Quién tiene más probabilidades de caer gravemente enfermo o morir? ¿Cómo tratar estos casos?

Ahora, un reporte de médicos en contacto directo con esta epidemia en el Hospital Jinyintan, en Wuhan, da algunas respuestas.

Un análisis detallado de los primeros 99 pacientes atendidos en el lugar fue publicado este jueves en la revista médica The Lancet.

Ataque a los pulmones

Los 99 pacientes que llegaron al hospital tenían neumonía: sus pulmones estaban inflamados y los alveolos, los pequeños sacos donde el oxígeno pasa del aire a la sangre, se llenaban de agua.

Ilustración del nuevo coronavirus en los pulmones

Getty Images
Uno de los efectos del nuevo coronavirus es la inflamación de los pulmones.

Otros síntomas fueron:

  • 82 tuvieron fiebre
  • 81, tos
  • 31, dificultad para respirar
  • 11, dolor muscular
  • nueve, confusión
  • ocho, dolor de cabeza
  • cinco, dolor de garganta

Primeras muertes

Los primeros dos pacientes en morir eran aparentemente personas sanas, aunque eran fumadores a largo plazo y eso habría debilitado sus pulmones.

El primero, un hombre de 61 años, tenía una neumonía severa cuando llegó al hospital.

Presentaba dificultad respiratoria aguda, es decir, sus pulmones no podían proporcionar suficiente oxígeno a sus órganos para mantener vivo su cuerpo.

A pesar de que le pusieron un ventilador, sus pulmones fallaron y su corazón dejó de latir.

Murió 11 días después de ser admitido.

Síntomas del coronavirus

BBC

El segundo paciente, un hombre de 69 años, también tuvo síndrome de dificultad respiratoria aguda.

Estuvo conectado a un pulmón artificial o ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), pero no fue suficiente.

Murió de neumonía severa y shock séptico cuando su presión sanguínea colapsó.

Al menos el 10% muere

Desde el 25 de enero hasta este jueves, de los 99 pacientes:

  • 57 seguían en el hospital
  • 31 salieron de alta
  • 11 murieron

Sin embargo, esto no significa que la tasa de mortalidad de la enfermedad sea del 11%, ya que algunos de los que seguían en el hospital pueden morir.

Muchos otros pacientes tienen síntomas tan leves que no terminan en el hospital.

Trabajadores del mercado

Se cree que el virus tuvo su origen en los animales vivos vendidos en el mercado de mariscos de Huanan, en Wuhan.

Una persona trabajando en un laboratorio.

Getty Images
Se están probando varias combinaciones de fármacos para tratar la enfermedad causada por el coronavirus.

De los primeros 99 pacientes, 49 tenían una conexión directa con el mercado:

  • 47 trabajaron ahí, ya sea en tareas administrativas o atendiendo en los puestos
  • dos eran compradores

Los más afectados

La mayoría de los 99 pacientes tenían una edad promedio de 56 años, y 67 de ellos eran hombres.

Sin embargo, cifras más recientes sugieren una distribución de género más uniforme.

El Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades dijo que 1,2 hombres estaban infectados por cada 1 mujer.

Hay dos posibles explicaciones para la diferencia:

  • Los hombres podrían tener más probabilidades de enfermarse gravemente y necesitar tratamiento hospitalario.
  • Los hombres, por razones sociales o culturales, pueden haber estado más expuestos al virus al comienzo del brote.

“La susceptibilidad reducida de las mujeres a las infecciones virales podría atribuirse a la protección del cromosoma X y las hormonas sexuales, que juegan un papel importante en la inmunidad”, dice el doctor Li Zhang, del hospital Jinyintan.

Enfermedades previas

La mayoría de los 99 pacientes tenía otras enfermedades que pueden haberlos hecho más vulnerables al virus como “resultado de sus funciones inmunes más débiles”:

  • 40 tenían el corazón debilitado o vasos sanguíneos dañados debido a afecciones como enfermedades cardíacas, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular.
  • Otros 12 pacientes tenían diabetes.

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https://youtu.be/FAfZ-GhFurA

https://youtu.be/RYBMPAGd6PA

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