Juquila, cuando sólo queda la fe
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Juquila,
cuando sólo queda la fe

Por Rosario Carmona
12 de enero, 2011
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Juquila. FOTO: Cuartoscuro

Tres hijos secuestrados y ninguna respuesta que alcance. Javier es un comerciante del Estado de México. Cada día durante la última semana del año 2010 la pasó en la iglesia, a unas 11 horas de su casa, aferrado a lo único que le quedó: la fe.

El rescate que no ha llegado, la pasividad de las autoridades y la desesperación, lo obligaron a buscar ayuda celestial. Por eso, no le importó recorrer una larga travesía hasta Juquila, Oaxaca, para buscar la paz que no encuentra.

Su caso no es el único. Juquila, Oaxaca, es una comunidad en la Sierra Madre del Sur, en la región Chatina, que cada vez más depende de la fe de la gente.

Hoteles, tiendas, comercio, toda la actividad gira en torno a los peregrinos que suman dos millones y medio cada año. Llegan de todo el país para ver y conformarse con apenas tocar el manto de esa pequeña imagen de 30 centímetros de alto y unos 15 de ancho, cubierta por una túnica bordada, con las manos entrelazadas en el pecho y los ojos entreabiertos.

Cuentan los habitantes que la imagen fue regalada a un humilde indígena de Amialtepec, una comunidad cercana, pero luego de un incendio que consumió todas las casas, la imagen fue la única que quedó intacta y entonces fue llevada a Juquila, donde se construyó un templo hasta donde empezaron a llegar los peregrinos para presenciar el milagro.

Desde ese momento, la leyenda de la virgen que se salvó del incendio corrió por todo el estado de Oaxaca. Con los años, los testimonios de los fieles que recurren a la virgen de Juquila en busca de ayuda, han extendido la creencia es sus milagros. Pero las peticiones han cambiado.

Indulgencias vía telefónica, nueva moda ante la inseguridad

El padre Jacinto López es párroco del templo. A sus cincuenta años dice que estar al frente de la parroquia de Juquila lo ha llevado de la admiración a la emoción.

Lo primero que hizo cuando lo designaron fue empezar una campaña para limpiar el templo y evitar que las miles de toneladas de basura que se acumulaban con las visitas de los peregrinos terminaran regadas por las calles, barrancas y caminos de Juquila.

Es un hombre bajito, de tez morena y mirada penetrante. Por el altavoz llama a los fieles a que no tiren la basura, a que sean peregrinos responsables y en tono de regaño, hasta les dice que no se vale bendecir imágenes de la muerte, ni pulseritas ni lapiceros.

Admite que cada año son más las personas que llegan a Juquila para pedir mucho más que dinero, casas, coches o negocios. Ahora, la gente pide que se termine la violencia, que liberen a familiares secuestrados, que aparezcan los desaparecidos y que vuelva la paz a los hogares.

En los últimos días, incluso hay una nueva modalidad en las peticiones. “Ahora los fieles nos llaman por teléfono y nos piden que les hagamos misas y que hagamos oración por un familiar víctima de la delincuencia, por un hijo secuestrado o incluso por las amenazas y extorsiones”.

Llamadas que llegan desde la ciudad de Oaxaca, pero también desde Guerrero, Tamaulipas, Tabasco y otros estados del país donde la violencia se ha incrementado.

Y mientras el sonido del teléfono interrumpe la entrevista y una nueva petición de ayuda se repite detrás del auricular, el padre recuerda la historia de uno de sus antecesores, un párroco de Juquila que fue secuestrado durante más de seis meses.

“Lo liberaron, pero fue muy fuerte que hasta un padre fuera víctima de la delincuencia. A todos nos impactó mucho, por eso tuvieron que cambiarlo de esta iglesia, nunca se pudo recuperar, hace unos meses, finalmente murió”, dice el padre.

No abunda en el tema. “Fue un caso que nos impactó a todos”, se limita a decir y de inmediato cambia de conversación.

Las historias que llegan hasta los curas de Juquila son súplicas interminables.

“Han venido peregrinos a pedir ayuda y otros a agradecer por la liberación de algún familiar, ese tema es cada vez más frecuente”.

En medio de la violencia, florecen lecciones de fe

Foto: Cuartoscuro.

El padre no sabe exactamente por qué la gente recurre a la virgen en casos difíciles como un secuestro, pero cree que de boca en boca los peregrinos cuentan sus testimonios de intercesión de la virgen para que sus deseos se cumplan, y es así que se suman nuevos fieles cada año.

Recuerda a un hombre joven. Lo único que venía a pedir el 24 de diciembre, en Navidad, era ser escuchado.

“Vino a pedirle a la virgen que le regresara a sus hijos que estaban secuestrados. De los últimos casos, es de los que más me ha impactado, porque resuena en el corazón para pedir que no se den estas situaciones con tantos hermanos nuestros. Supongo que sus hijos no eran mayores de 10 años de edad y ya se privó de su presencia por tanta maldad, aunque él tiene mucha fe, y eso es lo que nos hace a nosotros confiar en Dios.

“Lo único que quería era que así como la virgen pudo tener en sus brazos al niño Dios, él pudiera volver a abrazar a sus hijos, sólo eso”, dice el padre.

Otro caso del norte del país, de muy al norte, dice: “Un peregrino que vino a agradecerle a la virgen porque sus familiares lo encomendaron a ella cuando él estaba secuestrado y una vez que lo liberaron, después de pagar su rescate, quiso venir a agradecer.

Venía con miedo en el camino, comentó que sentía mucha desconfianza por todo el mundo, pero quiso llegar hasta acá, para agradecer que pudo volver con bien a su casa”.

No conocían Juquila,  ni él ni su familia. Nunca habían venido a Oaxaca y fueron unos jornaleros que trabajaban en el norte del país los que les platicaron de la virgen, de sus milagros y de su fe. Por ellos fue que le encomendaron a su hijo y por ellos supieron que la virgen estaba en un cerro, a unas siete horas de Oaxaca, recorriendo una carretera llena de curvas y maltratada por las lluvias, con pequeñas comunidades donde los niños indígenas salen y se atraviesan para que los peregrinos les regalen un peso, un dulce, un juguete.

“Sin saber cómo llegar, se vinieron a la aventura y llegaron, esa es la fe”, dice el padre.

A lo largo de la carretera, entre curva y curva, cientos de peregrinos caminan o van en sus bicicletas para llegar a cumplir sus promesas.

Esta vez, la situación económica no es la mayor preocupación.

“Sí pedimos dinero, pero sobre todo estar bien, queremos  tranquilidad y que se termine la violencia porque no es posible seguir viviendo con miedo”, dice Luis, que con toda su familia, unas 20 personas en total, llegaron hasta la iglesia.

Un grupo de indígenas de Chiapas se sumaron a las visitas, oran en tzotzil, mientras la mujer más grande limpia a un niño con un ramo de flores y una veladora.

El párroco de Juquila cuenta uno de los casos que más lo ha tocado.

“Una de las últimas experiencias que hemos tenido, es que una familia, por teléfono, nos pidieron que pusiéramos su intención porque su hijo estaba secuestrado y sí pusimos su intención, lo encontraron, pero lamentablemente ya no estaba con vida, lo encontraron muerto.

Sorpresivamente, la familia nos volvió a llamar. Nos dijeron que ahora querían pedir por los secuestradores, por aquellos que nos hicieron daño, para que cambien. Es hermoso escuchar esas voces de gente que perdona, que no guarda rencor, si no que dicen ´no vamos a pedir para que les pase lo mismo, sino para que cambien´. Esas son grandes lecciones que presenciamos en el templo”, admite el sacerdote.

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Por qué dar positivo a COVID no siempre significa estar infectado

La mayoría de personas solo están infectados durante una semana, pero pueden seguir dando positivo semanas después.
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7 de septiembre, 2020
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El test más común para diagnosticar el COVID-19 es tan sensible que podría estar detectando fragmentos del virus que ya están muertos, según algunos científicos.

Y es que la mayoría de personas solo permanecen infectadas alrededor de una semana. Sin embargo, el diagnóstico podría seguir dando positivo semanas después.

De acuerdo a un estudio de la Universidad de Oxford, este hecho podría estar sobreestimando la escala real y actual de la pandemia.

Pero por otro lado advierten que otro tipo de test, con menos sensibilidad, corre el riesgo de no detectar todos los casos.

El profesor Carl Heneghan, uno de los autores del estudio, afirma que en vez de arrojar un resultado positivo o negativo, las pruebas diagnósticas deberían tener un límite en el que pequeñas cantidades de virus no provoquen un positivo.

Según Heneghan, esta detección de virus muerto o viejo podría explicar cómo en varios de los países que se enfrentan a una segunda ola de infecciones las hospitalizaciones se mantienen estables.

El Centro de Medicina Basada en Evidencia de la Universidad de Oxford analizó 25 estudios en que se colocaron muestras de pruebas positivas sobre una placa de petri para ver si el virus crecía.

Investigador trabajando con placas de petri.

Getty Images
Los científicos de la Universidad de Oxford pusieron varias muestras positivas sobre una placa de petri para analizar si el virus crecía.

Este método, conocido como “cultivo viral”, indica si el virus hallado en un diagnóstico positivo puede reproducirse y propagarse en un laboratorio o persona.

Según Nick Triggle, corresponsal de salud de la BBC, la sensibilidad de las pruebas diagnóstico es un problema que se conoce desde el comienzo y que ilustra por qué las estadísticas de la COVID-19 están lejos de ser perfectas.

¿Cómo se diagnostica el coronavirus?

La prueba más común de diagnóstico, la llamada PCR, utiliza químicos que amplifican el material genético del virus para que pueda estudiarse.

Una vez se toma la muestra, esta pasa por varios ciclos de laboratorio para recuperar la mayor cantidad de virus posible.

El número de ciclos necesarios puede indicar qué tanto virus queda, si son pequeños fragmentos o varias cantidades del virus completo.

Realización de prueba PCR a un paciente en Barcelona.

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El test PCR es la prueba más común para detectar el coronavirus.

Esta práctica parece revelar la probabilidad de infección del virus. Es decir, mientras más ciclos de amplificación sean necesarios, menos probabilidades de que el virus sea reproducible en el laboratorio.

El riesgo de falso positivo

Cuando uno se hace la prueba de coronavirus, se obtiene un “sí” o un “no”. Pero no hay un indicador de cuánto virus se detectó en la muestra y si se trata de una infección activa.

Una persona con mucha cantidad de virus activo y otra que solo tenga pequeños fragmentos restantes de una infección pasada dan el mismo resultado: positivo.

Sin embargo, Heneghan apunta que la “infectividad del coronavirus parece disminuir tras alrededor de una semana”.

Es decir, su capacidad para invadir un organismo y provocar una infección.

Añadió que, si bien no sería posible verificar todas las pruebas para detectar si el virus estaba activo o no, el número de falsos positivos podría reducirse si los científicos establecieran un punto de corte.

Mujeres con mascarilla en Italia.

Getty Images
La infectividad del virus es su capacidad para invadir un organismo y provocar una infección.

Esto podría prevenir que una persona dé positivo cuando en realidad solo se le ha detectado los restos de una infección ya pasada.

Para Heneghan, esto ahorraría cuarentenas individuales innecesarias y ofrecería una escala más adecuada de la pandemia.

La sanidad pública de Inglaterra coincidió en que los cultivos virales eran útiles a la hora de evaluar las pruebas de coronavirus y que estaban trabajando con laboratorios para reducir el número de falsos positivos.

Sin embargo, explican que establecer un punto de corte no es fácil porque se usan muchas pruebas con diferentes sensibilidad y formas de detección.

Pero el profesor Ben Neuman, de la Universidad de Reading, dijo que cultivar el virus de una muestra de un paciente “no es trivial”.

“Esta revisión corre el riesgo de correlacionar falsamente la dificultad de cultivar Sars-CoV-2 a partir de una muestra de un paciente con la probabilidad de que se propague”, dijo.

Toma de temperatura en Wuhan, China.

Getty Images
Varios estudios coinciden en que alrededor de un 10% de contagiados retiene virus vivo después de 8 días de infección.

El profesor Francesco Venturelli, epidemiólogo italiano, destaca que no existe “certeza suficiente” sobre cuánto tiempo el virus permanece infeccioso mientras se recupera el paciente.

Algunos estudios basados en cultivos virales indican que alrededor del 10% de infectados permanece con virus vivo después de ocho días de infección.

“En Italia sobreestimamos el número de casos por varias semanas” a causa de pacientes positivos que se habían infectado varias semanas antes, dice Venturelli.

El test PCR es un método muy sensible a la hora de “detectar material genético residual del virus”, explica el profesor Peter Openshaw, del Colegio Imperial de Londres.

“No hay evidencia de la infectividad del virus, pero existe un consenso clínico de que es bastante improbable que un paciente sea infeccioso más allá del décimo día de la enfermedad“, agrega Openshaw.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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