Los encantos de la muerte
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Los encantos de la muerte

Por Yazmín Quiroz Uribe
6 de enero, 2011
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De las filas del subempleo, del autoempleo y del desempleo Patricia Gómez llegó a los servicios funerarios. Nunca imaginó siquiera terminar lidiando con muertos, luego de ser recepcionista, pero ahora sabe sus ventajas. No tiene que checar tarjeta, ni cumple con un horario fijo,  su única herramienta es un teléfono celular y para dárselo no le pidieron certificado de preparatoria. Con la  secundaria terminada bastó.

Sobre las caderas bien formadas que presume su pantalón de mezclilla, trae en el cinturón el celular y duerme con él sobre el buró porque “una nunca sabe”.

En la cultura mexicana se dice que la muerte viene a buscar a quienes les llegó la hora de partir, pero Patricia Gómez va tras de ella. La gente le avisa por celular dónde se encuentra, qué cuerpo está sin vida. Habitante de  una popular colonia al sur de la ciudad, en su barrio todos saben que ella “da servicios”.

Su número está a la mano de amigos y enemigos. “Trabajo para la funeraria, ellos me dicen en tal hospital, en tal casa, en tal morgue. También mis vecinos me buscan mucho, sus familias, y los amigos de los amigos de los amigos”.

Ella misma asegura que en su colonia son fiesteros. No falta el valiente que, en puntos ebrios, saca una punta o una pistola. La jovencita que coquetea con varios y desata una riña. El anciano en cama con una enfermedad terminal.

La funeraria se encuentra en la delegación Xochimilco –al sur de la ciudad de México-, no es de gran nombre y tampoco de gran lujo, los ataúdes están apilados en bases metálicas uno sobre otro, la mayoría fabricados en madera.

“Es un buen negocio, aunque no cualquiera”, dijo Patricia.

-¿Las cajas son muy caras? –le pregunté.

“No qué va, la  inversión es alta si piensas en que necesitas un local grande para exhibir la mercancía, una oficina, por lo menos dos salas de velación, por lo menos dos camiones para los dolientes y dos carrozas. ¡Ah! y un montón de permisos  sanitarios”.

La ventaja, dice Patricia, es que no toca puertas. Una vez que la gente ubica el establecimiento los clientes llegan solos, “bueno ellos no, sus familias”, comenta para reír en solitario.

Lo cierto es que el negocio de las pompas fúnebres es de los pocos con ventas sin telemarketing y al alza. Hasta  hay lista de espera.

Patricia cruza la pierna acomodada en la banca de un parque en Xochimilco. Luego de mostrar el tanatorio,  dice sentirse incómoda porque sus jefes no verían con buenos ojos eso de andar dando entrevistas.

Hay un señor de más de ochenta años hospitalizado desde hace 15 días y entubado desde hace dos. “Para nosotros esa es una señal, porque además ya no reconoce a nadie”, comenta.

Interrumpe de nuevo la charla. Hay una nueva llamada: “Juan, me acaba de hablar la persona del enfermo en la 32, ya está entubado. Es cuestión de horas o de días. Ellos quieren un servicio completo, pero como no tenemos hora ni día, el problema puede ser la sala o ¿le hablo al socio? Si no tenemos nosotros, ellos tal vez. Y ¿de a cómo? Sí, 12 está bien. Pero pilas con el teléfono wey, luego no contestas.”

“Al principio me daba un poco de temor, pero ahora ya hasta les digo ‘si te hace falta, aquí traigo rimel’”.

– ¿Rimel?

“Pues es que hay que ponerlos chulos”.

Chulos significa para la empleada maquillaje, lo que resulta visible en los rostros cadavéricos una vez puestos tras el cristal de la caja.

Patricia se ha fumado tres cigarros en menos de una hora. Al pisar su última colilla explica que el maquillaje es para hombres y mujeres, sin que se trate de una moda metrosexual.

“La muerte tiene un color que no sabría explicarte si es beige, verduzco o azul. Todo depende de la edad, de qué murió esa gente, de cuánto tiempo llevaba muerta, son muchos detalles. Me han tocado casos donde descubren el cadáver en una recámara dos días después, la misma familia, no te creas que vivían solos”.

La funeraria donde trabaja Patricia, que tiene dos salas de velación en un primer piso, no se anda con excesos. La hermosura post mortem es producto de bilés, polvos, máscara de pestañas, lápices para ceja, spray, sombras y delineadores buyed in the tianguis, para un mundo donde lo que rifa es la apariencia.

-Y, para la familia ¿es importante el maquillaje?

“Digamos que es menos chocante. Es la última imagen. Aquí hay de todo, gentes que se engañan a sí mismas y dicen ‘es que mira qué buen color tiene, parece que está durmiendo, hasta los labios le quedaron más rojitos’”.

En el antes y el después, la labor de Patricia queda en medio. Lo de menos para ella es poner un poco de máscara de pestañas, polvos que disimulen el tono verde, azul o beige de las pieles sin vida, o un ligero carmín sobre los labios, o tal vez un poco de rubor en los pómulos.

“Tal vez si supieran todo lo que hacemos con sus muertitos nos golpean”.

En el último adiós se trata de ofrecer una honra al que se va, sin embargo, como en el teatro, tras bambalinas suceden cosas que el espectador no ve en escena.

“Pocos lo saben, pero boca y ojos van pegados con cola, y si no cierran les ponemos más cola. Los algodones que van en todos los orificios están empapados de cola”.

Cuando le pregunto cómo se hacía antes para evitar la salida de líquidos, ella responde casi con asombro: “Ay, no sé, yo empecé a trabajar en esto cuando ya existía, y es muy bueno”.

Las pompas fúnebres tienen algo de matemáticas, geometría y cálculo. Es imposible acomodar un cadáver dentro del féretro si no está recto. La funeraria tiene entonces una habitación con una cama de cemento en donde se fracturan rodillas, codos, cuellos y columnas, a fin de lograr la posición correcta del cadáver.  También se jalan párpados con pincitas, si es necesario, para darle al rostro un  rictus de paz.

Con más de 45 y menos de 50 años de edad,  la mujer aclara que antes de su trabajo en el tanatorio le sorprendía la muerte, como a todos. “Ahora ya no, es un proceso natural. Cuando me tocan servicios en la familia todo mundo está shockeado, llorando, alguien se tiene que mover con papeles, funerales, ésa soy yo”.

De piel apiñonada, ojos grandes y oscuros, la mujer no da trazas físicas de dedicarse a lo que se dedica, es alta y de facciones  bonitas para andar entre los muertos. Su oficio parece gustarle, habla con pasión de lo que hace con los cuerpos y de lo que siente, de lo que la sorprende y de lo que no entiende.

“Estoy acostumbrada a ver gente desesperada, desmayados, pero tengo muy presente el día que nos pidieron ir a una casa particular por el cadáver de un jovencito como de 19 años. Nos recibió la sirvienta, ella nos dijo que incineráramos el cuerpo y trajéramos las cenizas. Así fue, regresamos a la casa horas después, nos volvió a recibir la sirvienta, no se veía a nadie más en la casa, ni flores, ni coronas, ni veladoras, nada. Le queríamos dar la cajita con las cenizas y nos dijo que no, que las pusiéramos sobre la mesa de centro en la sala. Eso fue todo”.

El trabajo exige, aunque no lo parezca, creatividad y toma de decisiones más allá de lo imaginable,  más acá de la realidad cotidiana.

“Una vez nos tocó un gordito, pero estaba realmente gordo. No cabía en la caja y bueno, hay cosas que uno no puede  decirle a los deudos, imagínate, ‘su familiar está muy gordo y no cabe’, así que lo encanelamos.  Compramos rollos de cinta canela y lo fajamos de pecho a pies, sólo así cupo. Claro, ya con el traje puesto nadie se enteró”.

Le digo que ese es un método muy común en las filas del crimen organizado… para la tortura.  Patricia va por su cuarto o quinto cigarro y explica, como si estuviera en un salón de clases con alumnos distraídos, que los muertos “ya no sienten na-da”.

En palabras muy llanas, expresa que los empleados como ella tienen que resolver problemas, no darlos. Por experiencia  sabe que los familiares y amigos de una persona fallecida nunca tienen la cabeza sobre los hombros a consecuencia de la tristeza, o de plano “están borrachos”.

La entrevistada, que acompaña el tabaco con refresco light, asegura que tal como están las cosas en el país, sus patrones le agradecen ser cauta, “es un plus”.

“El otro día nos pidieron un servicio desde el norte del país por internet, nos depositaron el dinero, todo estaba listo. Se supone que debíamos recuperar el cadáver en el aeropuerto y que una persona nos iba a esperar para darle el servicio. A  final de cuentas no había nadie para responder por el cadáver y la aduana no entregó el cuerpo”.

Ella y su colega nunca se enteraron por qué detuvieron el cadáver en la aduana. Sospecharon, sin embargo que dentro de la caja, o del cuerpo, había algo comprometedor, de manera que no pidieron explicaciones ni se las dieron.

“Salimos en fa del aeropuerto. No es que temiéramos nada, porque nosotros prestamos un servicio que nos fue contratado”.

Como sucede con todo lo que se vende, “del tamaño del sapo es la pedrada”. La funeraria que emplea a Patricia cobra de tres a 20 mil pesos por servicio. La cremación, sin contratar sala que incluye café, té y agua purificada –”galletas no porque la gente abusa”-, es lo más barato y las cenizas se entregan a domicilio. En estos casos lo único que se alquila son los candelabros y la cruz (opcional), la casa nunca pierde.

Su clientela es particularmente de Xochimilco, y recuerda que en una ocasión un hombre les pidió trasladar el cadáver de su hija en limusina, lo que no está permitido según las reglas del establecimiento y además, el ataúd no cabe.

“Pero la rentamos exclusivamente para los quince años”, dijo. Una vez más, la que no comprende es la entrevistadora. Pero… ¿no sólo es funeraria? “Sí, pero el dueño también tiene una limusina y la renta para los 15 años”.

Frente a la funeraria estaba la limusina blanca, que en lugar de flores lucía listones rosas en los costados, enormes moños, lista para salir a otra clase de servicio.

Así es como Patricia, madre soltera, se gana la vida. Mantiene los estudios de su hijo en una preparatoria pública y regresa una vez al año a su pueblo natal en Jalisco. Aprendió  también que la muerte es un proceso más de la vida. Y cuando el cansancio la rinde al amanecer, usa de cama los sillones negros de las salas de velación, para dormitar entre paredes blancas.

Su trabajo, concluye, es como el del carpintero, le dan un pedazo de madera en bruto y tiene que entregar un mueble. “Pero he llorado y lloraré a mis muertos, la ausencia es la que duele, no los restos”.

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Qué impacto tiene para la elección que Trump tenga COVID (y qué otras dudas deja)

Dos de las grandes cuestiones tras el positivo de Trump son cuál es su riesgo y cómo afectará su convalecencia a la campaña electoral.
2 de octubre, 2020
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“Se convirtió en el paciente de más alto perfil del mundo de una enfermedad que ha matado a más de un millón de personas”.

Así ha descrito el sitio Político a Donald Trump tras darse a conocer su positivo por covid-19.

Hasta este momento solo presenta síntomas leves, según funcionarios de la Casa Blanca.

Durante meses, el presidente estadounidense minimizó la pandemia y se mostró escéptico sobre la gravedad de la enfermedad, pese a que Estados Unidos acumula 208.000 fallecidos por covid-19, la cifra más alta de muertes en el mundo.

Pero la noticia del positivo de Trump, y de su esposa Melania, llega en un momento particularmente delicado: solo un mes antes de la elección presidencial en la que el actual mandatario se mide al demócrata Joe Biden.

Biden dijo que “rezaría por la salud y la seguridad” de Trump y su familia.

Una de las grandes cuestiones ahora es cómo afectará la convalecencia de Trump a la campaña electoral.

Analizamos esta y otras interrogantes que deja este positivo.

¿Qué se sabe sobre la salud de Trump?

El médico de Trump, Sean Conley, emitió un comunicado a última hora del jueves, diciendo que el presidente y la primera dama estaban “bien en este momento y planean quedarse en la Casa Blanca durante su convalecencia”.

“Espero que el presidente continúe desempeñando sus funciones sin interrupciones mientras se recupera, y los mantendré informados sobre cualquier desarrollo futuro”, agregaba el comunicado.

El médico no proporcionó más detalles.

Donald Trump sosteniendo una mascarilla.

Getty Images
Durante meses, el presidente estadounidense minimizó la pandemia y ha sido reacio a usar la mascarilla.

Según el examen físico más reciente de Trump, realizado a principios de este año, pesaba 110,7 kg.

Esto se considera obeso para su altura de 1,9 m.

Pero el doctor Conley dijo en ese momento que el presidente “se mantiene sano”.

Trump también tendrá la mejor atención médica disponible.

¿Está en un riesgo particular por su edad?

Para el caso del nuevo coronavirus, la edad es un factor de riesgo claro: a mayor edad, mayor es el peligro de que una infección por coronavirus se convierta en una amenaza para la vida.

Las personas de entre 64 y 74 años con covid en EE.UU. tienen cinco veces más probabilidades de necesitar atención hospitalaria y 90 veces más probabilidades de morir que alguien de 20 años.

Según los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), 8 de cada 10 muertes por covid-19 en el país han sido mayores de 65 años.

Trump y Melania

Reuters
El mandatario y la primera dama recibieron la confirmación de su contagio después de que una asistente presidencial diera positivo.

El virus también parece afectar más a los hombres y a las personas con sobrepeso.

Esto ocurre porque la obesidad provoca un estado de inflamación crónica que afecta al funcionamiento de las células del cuerpo y de sus superficies mucosas, que ven interrumpida su función de barrera protectora natural y facilitan el ataque de virus como el covid-19.

También tiene efectos negativos sobre el sistema inmune, como la disminución en la producción de proteínas vitales para defender al cuerpo contra posibles infecciones.

Pero ese es el panorama general, un patrón visto en toda la población, y no se puede adelantar cómo evolucionará el presidente estadounidense.

Para el corresponsal de salud de la BBC James Gallagher es peligroso especular sobre cómo afectará el virus a cualquier persona.

La salud de dos personas de 74 años puede ser muy diferente y otras afecciones médicas alteran enormemente la amenaza que representa este virus.

¿Qué va a pasar con la campaña?

Los CDC dicen que una persona debe aislarse durante 10 días después de una prueba positiva.

“Comenzaremos nuestro proceso de cuarentena y recuperación de inmediato. ¡Lo superaremos juntos!”, escribió en Twitter Trump, al dar la noticia de su positivo.

Para Anthony Zurcher, corresponsal de la BBC para Norteamérica, es difícil decir exactamente cuán trascendental es esto a tan solo 32 días de las elecciones estadounidenses.

Esta ya era una campaña muy particular, sin eventos masivos debido a la pandemia.

El segundo debate presidencial entre Trump y Biden está programado para el 15 de octubre en Miami, Florida, y todavía no está claro cómo afectará el contagio del presidente a su organización.

No obstante, Mica Mosbacher quien forma parte del equipo de asesores de la campaña de Trump, dijo este viernes en el programa Today de la BBC que se sienten “muy optimistas” y no descarta que el debate se pueda hacer de manera virtual.

“Siguiendo los lineamientos de los CDC, (Trump) no podrá asistir a eventos masivos”, dijo Mosbacher, “pero es totalmente posible hacer un debate virtual en dos semanas”.

“El presidente continuará trabajando desde la Casa Blanca”.

También está por ver cómo maneja esto la campaña del mandatario, que según Zurcher tendrá que responder por qué el presidente adoptó una actitud aparentemente tan arrogante hacia la pandemia, y cuántos altos cargos en la Casa Blanca pueden haberse vistos expuestos.

Debate presidencial entre Trump y Biden.

Getty Images
Donald Trump y Joe Biden se enfrentaron en el primer debate presidencial el pasado 29 de septiembre.

Hace solo dos días, durante el primer debate, Trump menospreció al oponente demócrata Joe Biden por usar con frecuencia mascarillas y no dar mítines de campaña del mismo tamaño que los suyos.

¿Bajo qué circunstancias se podrían retrasar las elecciones?

En cualquier caso, el período de cuarentena del presidente Trump tiene un impacto en su capacidad para hacer campaña y por eso otra de las cuestiones que surge es sobre las posibilidades de que la elección se retrase.

Según la ley estadounidense, las elecciones presidenciales se llevan a cabo el martes después del primer lunes de noviembre, cada cuatro años, por lo que este año son el 3 de noviembre.

Cambiar la fecha dependería de los legisladores estadounidenses, no del presidente. Se requeriría una mayoría en ambas Cámaras del Congreso -Cámara de Representantes y Senado- para cualquier cambio de fecha.

Eso parece poco probable dado que la Cámara de Representantes está controlada por los demócratas.

Pero incluso aunque se cambiara, la Constitución estadounidense establece que una administración presidencial solo dura cuatro años. Entonces, el mandato del presidente Trump expirará automáticamente al mediodía del 20 de enero de 2021.

¿Qué pasa si Trump cae gravemente enfermo y no puede cumplir con sus deberes?

Por ahora, no se ha informado que el presidente se encuentre mal, y este es un escenario que no anticipan desde la campaña de Trump.

“Es un guerrero y un luchador y no anticipamos en este momento que quedará incapacitado”, dijo Mosbacher en el Today. “Así que nos sentimos muy optimistas acerca de esta situación”.

Donald Trump y Mike Pence.

Getty Images
La Constitución de Estados Unidos establece que el presidente puede entregar el poder a su vicepresidente si no puede seguir con sus deberes.

No obstante, si resulta gravemente enfermo y no puede cumplir con sus deberes, la 25ª Enmienda la Constitución de Estados Unidos establece que el presidente puede entregar el poder a su vicepresidente, lo que significa que Mike Pence se convertiría en presidente interino.

Pence dio negativo en la última prueba que se le realizó, este viernes, según informó su vocero.

Una vez recuperado, Trump podría reclamar su posición.

Esto sucedió durante las administraciones de Ronald Reagan y George W. Bush.

Si Pence quedara incapacitado también, bajo la Ley de Sucesión Presidencial Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, una demócrata, sería la siguiente en la fila, aunque los expertos constitucionales dicen que tal transferencia de poder generaría batallas legales.

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