Tengo a Luis Miguel en casa
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Tengo a Luis Miguel en casa

Karina Flores se enamoró de El Sol cuando aún no cumplía los 10 años. A sus 34 pagó por una inseminación artificial que se tradujo en un bebé con algunas características del cantante de La Incondicional.
Por Abenamar Sánchez
23 de enero, 2011
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Karina Flores Cabrera se encontró por vez primera en su vida con Luis Miguel en la puerta de una discoteca un mediodía de 1982 en el centro de Tuxtla Gutiérrez, la capital de Chiapas, en el sur de México. Ella iba de vestido de flores y cintillo en la cintura, con el cabello oscuro recogido en coleta, y él, sonriente, con pose de divo, desde un cartel, vestía pantalón y chaqueta ajustados, de colores brillosos.

Se soltó de la mano de su madre y dejó que ella y sus dos hermanos y su padre se adelantaran. Quedó absorta por un rato frente al muchachillo a quien le colgaba un dije de sol del tamaño de una rodaja de naranja en el pecho descubierto y llevaba el cabello largo y sedoso cortado a lo príncipe valiente. Luis Miguel. Sintió el jalón de mamá, pero ella, niña de ocho años, quiso admirar más: quería seguir frente al que luego soñaría para novio, para el papá de su hijo.

Esa misma tarde, en casa, sintió que extrañaba al niño que se promocionaba con su primer álbum titulado Un sol. Pronto se le hizo hábito sintonizar música en la radio y esperar por si Luis Miguel aparecía en el programa televisivo Siempre en Domingo: cuando se anunciaba la presentación de El Sol, aguardaba con sensación de mareo. También llegaron los sinsabores. No le gustó la escena de la boda de Luis Miguel y Lucero en la película Fiebre de Amor y tampoco la imagen de portada de una revista: Luis Miguel y Lucero vestidos de blanco. Creyó que en verdad se habían casado. Se puso triste. Luego, temerosa de llevarse más sorpresas, cogió la revista y buscó más. Se alegró: la fotografía correspondía a la misma película. Entonces ya bromeaba, con su madre Edna Betzabet Cabrera, que estaba enamorada de Luis Miguel. ¿Su canción favorita? 1+1=2 enamorados.

El Sol, lo dice ahora, sentada en un sofá color pistache, en la pequeña sala de una casa de tres plantas donde vive con su bebé de meses, es un hombre bonito. ¿Bonito? Sí: sus ojos, sus labios, su cabello. ¿Enamorada? Sí, soy una enamorada. Tengo a mi Luis Miguel en casa. Se llama Leonardo Gael Flores Cabrera. Nació el 21 de marzo de 2009, midió 49 centímetros y pesó 3 kilogramos. Es de ojos verde aceitunados, de cabello lacio y rubio oscuro, de piel blanca.

El pediatra le proyecta una estatura de 1.78 centímetros y un cuerpo atlético. Se llama Leonardo porque admiro a Leonardo Dicaprio y a Leonardo de Lozanne, del grupo Fobia. Gael, porque a mi padre, Porfirio Flores Salgado, y a mis dos hermanos les suena bien Gael. Y en cuanto a los apellidos, me hubiera gustado que primero fuera Cabrera, para llamarlo Leonardo Cabrera. Tiene ritmo.

El Origen

El padre de Leonardo mide 1.79 de estatura.

Es canadiense.

En la ficha del donante de semen que en la clínica del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) le presentaron en México cuando hizo una visita de información, Karina Flores Cabrera leyó estos datos:

1.79 de estatura.

Piel blanca.

Ojos azules.

Cuerpo atlético.

Cabello lacio y rubio claro.

Dice que acudió al IVI —con clínicas en siete países— porque fue adonde las llevó un buscador electrónico a ella y a una de sus primas, entre las cien a doscientas mil referencias reportadas, muchas repetidas, al digitar en la opción búsqueda reproducción asistida en México e inseminación artificial en México. Se estima operan cerca de cincuenta hospitales en todo el país. No familiarizada con el mundo de la Internet, había solicitado ayuda de alguien que supiera navegar en la red.

Así fue como apareció la clínica donde pagó cerca de mil 400 dólares:

300, la muestra del semen.

675, la aplicación que duró menos de diez minutos.

412, una ampolleta de hormonas para diez aplicaciones.

—¿Cuesta lo mismo tener un bebé rubio que uno moreno? —Pregunté y me dijeron que es el mismo costo.

—¿Y por qué un bebé blanco?

—Tenía la libertad de escoger y fue lo que hice.

Pero antes, Karina, mujer de 35 años, con aire débil; que mide 1.57 centímetros y es morena clara, ya ha platicado que no le gustaría que su hijo fuera víctima de burlas, como ella antes que se enamorara de Luis Miguel.

Unos compañeros de escuela le decían fea.

Pero ella no se considera ni fea ni guapa. Aparenta unos cinco años menos. Tiene unos ojos color café.

Insiste:

—No soy fea, aunque sí insegura y tímida en el amor, pero no quiero que mi Leonardo crezca con traumas. Quiero que sea feliz.

—¿Que sea actor o cantante?

—No, no, no, no. Esos llevan una vida triste: creo que no tienen descanso. Quiero que tenga una vida de calma.

Leonardo es un niño quieto. Tiene un cesto de mimbre, pero su madre prefiere que duerma con ella.

Si no está con su madre, está en brazos de los abuelos o los tíos o los primos o las tías, hasta en los de aquellos que intentaron convencer a Karina descartara la inseminación artificial.

Karina no pidió aprobación. Si llegó a comentar sobre su decisión, fue sólo para informar.

—Sí, así fue —coincide su madre.

Quedó fecundada con la primera aplicación, es decir, a la segunda visita que hizo al IVI, y cuando confirmó el embarazo, nada comentó a su padre: no le daría la noticia sino una semana después.

Su padre era quien más se había opuesto. En su afán de hacerla cambiar de opinión, le había ofrecido un viaje a Canadá o a Cuba para que tomara unas vacaciones y, si se daba la oportunidad, consiguiera un novio.

Porfirio Flores soñaba, o sueña, con tener un yerno.

El abuelo

Porfirio Flores Salgado tiene aspecto de sacerdote retirado. De bigote rasurado, lleva corto el cabello entrecano, viste pantalón y camisa que parecen recién planchados y calza unos zapatos negros que lucen brillantes. Me extiende la mano, en su nevería Las Delicias en una comunidad de campesinos que está a poco más de una hora de Tuxtla Gutiérrez, y dice: adelante, tengo una hora para responderle, porque a las tres como y a las cuatro me tomo una siesta.

Él era tornero mecánico. Trabajó 16 años en la construcción de presas, pero desde hace 20 se dedica a su negocio de helados y pasteles. Dice que le va bien. Casi todos, en su familia, tienen negocios: él y su esposa, la paletería; uno de sus hijos una pequeña empresa de construcciones y Karina un salón de belleza. Constituyen una familia de economía media en un estado de cuatro millones de habitantes, de los cuales uno de cada dos padece pobreza alimentaria, dos de tres de patrimonio y no pocas familias sobreviven con trescientos veces menos de lo que a diario ingresa un diputado local a su bolsillo: poco más de dos mil pesos. Karina, la menor, abrió el negocio cuando no tenía más que veinte años y desde entonces tiene independencia económica.

—Es mi única hija. Yo quería tener yerno.

Porfirio, complexión gruesa, moreno, habla con cierto dejo de tristeza, pero apenas menciono a Leonardo Gael, se alegra. Es como mi hijito, dice, y continúa: cuando vi que todo salió bien, cambié de opinión. Temía que a mi hija se le complicara el embarazo; ahora viajo seguido a Tuxtla —dos o tres veces por semana— para ver a mi nieto. Ya me reconoce.

En un rapto de alegría, me invita a pasar a conocer los otros compartimentos de la casa y el amplio patio que da, del otro lado, a una pequeña pieza donde él toma la siesta. Le digo que son las tres de la tarde y me contesta que sin ningún problema puede disponer de media hora más.

—Él es mi adoración —me repite cuando ya estoy abordando un taxi que me llevará a la terminal.

También es Aries

De cumplirse el diagnóstico de su pediatra, Leonardo Gael llegará a tener la misma estatura y un cuerpo parecido al de Luis Miguel, el cantante que lleva vendidos más de 52 millones de discos y ganados 9 premios Grammy, 90 discos Platino y 31 discos Oro.

Son Aries y tienen el mismo color y tonos de ojos y cabello. Luis Miguel —hijo de Marcela Basteri y Luis Gallegos— nació en San Juan, Puerto Rico, 39 años antes que Leonardo Gael, pero se dice mexicano.

—Claro que es mexicano —dice Karina.

—Mexicano como Gael.

—Claro —repite.

Sonríe, con su bebé en brazos. Trato de buscarle parecido con alguna de las mujeres famosas que han sostenido romances con Luis Miguel: Stephanie Salas, Issabela Camil, Daysi Fuentes, Sofía Vergara, Mariah Carey, Mirka Dellanos, Luciana Salazar, Genoveva Casanova y Araceli Arámbula.

En eso estoy, cuando:

—Me enamoré pero también entendí que no era posible. Soy feliz con Leonardo.

Leonardo tiene el cabello ralo, como el de Miguel —el mayor de los dos hijos de El Sol con Araceli Arámbula— en unas fotos publicadas en 2007, un par de meses después de haber nacido. No tanto como los hijos de Luis Miguel, también ha aparecido en algunas publicaciones: un periódico y una revista de moda locales han dado cuenta de su concepción y nacimiento.

Karina Flores insiste en que tratará que su hijo viva una vida tranquila.

Sabe que aquel muchachillo que conoció un mediodía en la puerta de una discoteca,  ahora lleva corto y peinado hacia atrás el cabello, ha cantado a dúo con Frank Sinatra, también tuvo una hija con Stephanie Salas, recibió su primer Grammy a sus 14 o 15 años y es un misterio el paradero de su mamá.

—Una vida difícil, creo —resume.

Tengo a Luis Miguel en casa

La primera vez que llamé por teléfono a Karina, me respondió que al día siguiente platicaría conmigo. Empecé a complicar en mi cabeza una pregunta aparentemente sencilla: ¿Qué la llevó a tomar esa decisión? Cuando se la hice, ella evadió la respuesta. Se levantó del sofá y trajo a su bebé. Ya pesa 8 kilos, dijo orgullosa. Por un bebé así, vuelvo a pagar, pero quiero que él sea hijo único.

—¿Queda descartado un posible matrimonio?

—Tuve un novio, estuve enamorada de él. Lo dejé porque consideré que no era lo que yo quería. Además, no pocas historias tristes he escuchado de mis clientas, y yo no quiero sufrir eso.

Se estima que una de cada dos mujeres en edad reproductiva en México educa sola a su hijo o hijos, ya sea porque ha enviudado, ha sido abandonada, se ha divorciado u optó por ser madre soltera.

Las madres solteras representan seis de cada diez casos de madres solas. También, aunque no hay una cifra exacta de cuántas se han sometido a ese proceso en todo el país, son solteras más de la mitad de cada diez mujeres que recurren a la inseminación artificial.

Karina calla. Se la ve meditabunda. Levanta la vista a la pared. La sala tiene paredes también color pistache y sin adornos ni cuadros, con aspecto frío y puro.

Baja la mamá. Pregunta cómo vamos.

Habla Karina de un recuerdo de cuando tenía unos cinco años. Dice que su padre era celoso y, a veces, discutía con su madre. “Ella tenía bonitas piernas, y cada que mi papá la veía con falda corta, la regañaba y le desgarraba la ropa para que ya no se la volviera a poner”. Sí, dice la madre, mi esposo es muy atento y amable, pero tuvo sus momentos de celos y errores, y lo llegué a correr de la casa. Tal vez eso también influyó en la decisión de mi hija. Tal vez, dice Karina. Insiste: lo que sí es cierto es que soy insegura en el amor y también quiero proteger mi corazón.

—¿No será porque no ha aparecido alguien parecido a Luis Miguel?

—No creo. Mi exnovio no es guapo y lo amé.

—Optó por un hijo con algunas características de él.

—De niña soñaba con tener un hijo de él.

—¿Y ya lo tiene?

Ríe.

—Tengo a Luis Miguel en casa.

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Qué tan ‘rutinarias’ son las suspensiones de ensayos como el de la vacuna de AstraZeneca

El anuncio de la suspensión temporal de las pruebas clínicas de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca hizo énfasis en el carácter "rutinario" de la medida. ¿Significa eso que no hay motivos para preocuparse?
Getty Images
9 de septiembre, 2020
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El anuncio de la suspensión temporal de las pruebas clínicas de la vacuna contra el coronavirus que desarrollan la universidad de Oxford y AstraZeneca, hecho el martes, hizo énfasis en el carácter “rutinario” de la medida.

“Esta es una acción de rutina que tiene que darse siempre que haya una enfermedad potencialmente inexplicable en uno de los ensayos”, aseguró la portavoz de la farmacéutica, Michelle Meixel, en un comunicado.

“En pruebas a gran escala habrá enfermedades por casualidad, pero deben revisarse de forma independiente para verificar esto con cuidado”, insistió la vocera.

Y hasta las autoridades de salud de México -uno de los países llamados a participar en la fabricación de la vacuna- pidieron no sacar las cosas de proporción como producto del anuncio.

“Quiero dejar claro, no hay que anticipar vísperas, no empezar a especular sobre la seguridad, en general de las vacunas, y en particular de esta que está involucrada porque no tenemos la información correspondiente”, dijo el subsecretario de salud mexicano Hugo López Gatell.

Y, efectivamente, todavía es demasiado pronto para saber si los problemas de salud que motivaron la hospitalización del voluntario que participaba en la fase tres de los ensayos clínicos en Reino Unido fueron provocados por la vacuna.

Vacuna contra el coronavirus.

Reuters
La farmacéutica presentó la medida como “una acción de rutina”.

Según The New York Times, el voluntario fue diagnosticado con mielitis transversa, un síndrome inflamatorio que afecta la médula espinal y puede ser causada por infecciones virales, pero también por otros trastornos de la mielina, como la esclerosis múltiple.

Esto todavía no ha sido confirmado por AstraZeneca, que insistió en que “la situación está siendo investigada por un comité independiente y es demasiado pronto para concluir el diagnóstico específico”.

Y el carácter “rutinario” de este tipo de medidas también fue estacado por el corresponsal en temas de salud de la BBC, Fergus Walsh, quien informó que esta es de hecho la segunda pausa en los ensayos de Oxford y AstraZeneca “desde que los primeros voluntarios fueron inmunizados en abril”.

¿Motivo de preocupación?

“A primera vista, puede parecer alarmante: un ensayo de una vacuna -y no cualquier vacuna, sino una que recibe una grandísima atención mundial- se pospone debido a una sospecha de reacción adversa grave”, reconoció Walsh.

“Pero tales eventos no son inauditos“, destacó el periodista de la BBC.

Prueba de la vacuna de AstraZeneca en Brasil

AFP
Esta es la segunda interrupción de los ensayos clínicos de la vacuna de AstraZeneca.

“Cuando se tienen más de 18.000 adultos en pruebas en todo el mundo, en algún momento alguien se va a enfermar. Y si hay alguna duda (acerca de las causas) lo correcto es hacer una pausa e investigar”, explicó Walsh.

Y en lo mismo insistió Sir Jeremy Farrar, un experto en control de enfermedades infecciosas y director del Wellcome Trust, una organización benéfica de investigación biomédica con sede en Londres.

“Yo he sido tanto un investigador como un participante en este tipo de pruebas de vacunas, y a menudo hay pausa. Pero para mí esto solo subraya lo importante que es que este tipo de ensayos se hagan correctamente, que haya supervisión independiente y que podamos confiar en los reguladores”, le dijo a la BBC.

“Sí, las pausas son comunes, pero tenemos que tomarlas en serio. Cada una de estas pausas debe ser tomada en serio”, insistió.

Vacunas contra la covid-19

Getty Images
Las grandes farmacéuticas se han comprometido a mantener los más altos estándares éticos y científicos.

Por lo pronto, la suspensión temporal de las pruebas se produce justo un día después de nueve grandes farmacéuticas, incluida Astrazeneca, se comprometieran públicamente a mantener los más altos estándares éticos y científicos en la búsqueda de una vacuna contra el coronavirus.

Y según Walsh, el equipo de la Universidad de Oxford cree que la pausa “demuestra que están comprometidos con la seguridad de sus voluntarios y con los más altos estándares de conducta en sus estudios”.

El futuro

Astrazeneca, sin embargo, también dijo que estaba trabajando para “acelerar” la revisión del caso, “para minimizar cualquier impacto potencial en el cronograma del ensayo”.

Y para el corresponsal de temas de salud de la BBC, una decisión sobre la continuación de las pruebas podría tomarse en materia de días.

Logos de AstraZeneca

Getty Images
AstraZeneca quiere retomar los ensayos lo antes posible, pero sin comprometer la seguridad de los participantes.

“Hasta entonces todos los lugares de vacunación en Reino Unido, Brasil, Sudáfrica y Estados Unidos estarán paralizados“, destacó Walsh.

López Gatell, sin embargo, fue más cuidadoso con respecto a los posibles tiempos de reanudación de las pruebas.

“Hay situaciones que se resuelven en 24 horas o 72 horas y ya se reactivan, pero si es algo que requiere otro tipo de investigaciones más detalladas en los tejidos humanos, en los líquidos humanos, en la historia clínica de la persona afectada, se requerirá más tiempo“, explicó el funcionario mexicano.

“Es difícil predecir cuánto durará la suspensión”, agregó, luego de explicar que como México no está participando en las pruebas clínicas, la única suspensión de las mismas para el país sería “que se retrase el momento de llegada de vacuna”.

A menos, claro está, que el peor escenario se confirme y las pruebas no logren confirmar la seguridad del producto.

La vacuna que desarrollan la Universidad de Oxford y AstraZeneca utiliza una versión genéticamente modificada del adenovirus que causa el resfriado común en los chimpancés.

Y según sus competidores rusos, “a diferencia de los muy bien estudiados vectores adenovirales humanos (como el que ellos emplean para su vacuna Sputnik V), no hay estudios de largo plazo para vacunas innovadoras basadas en ARNm y adenovirus de monos”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=sVc_VPSn_FI&t=2s

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