Ángela extraña y regresa a Egipto
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Ángela extraña y regresa a Egipto

Por Moisés Castillo
26 de febrero, 2011
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Dice la poeta Elsa Cross que el mar se hizo para tormentas y naufragios, y la mexicana Ángela García y su familia vivieron días turbulentos en Alejandría, el principal puerto de Egipto, luego de 18 días de movilizaciones populares que acabaron con tres décadas de Hosni Mubarak en el poder.

A partir de un sueño, Alejandro Magno tomó la decisión de fundar la ciudad sobre una loma situada en el delta del río Nilo, que separa el lago Mareotis del mar Mediterráneo. Un anciano de cabellos blancos como la leche le recitaba incasablemente un pasaje de la Odisea: “Hay a continuación una isla en el mar turbulento, delante de Egipto, que llaman Faros”. Así, el Rey de Macedonia imaginó que sería un lugar donde se podría comer la miel de la felicidad.

Desde hace 20 meses, Ángela y su familia viven en Alejandría: luz de oro viejo en el camino. Directos desde Torreón cruzaron el Atlántico para aterrizar en uno de los países más turísticos del mundo. A su esposo Alejandro, le ofrecieron dirigir una planta textil y tomaron la decisión de trasladarse con sus pequeñas Regina y Luisa a otro continente. Ángela y Alejandro no dudaron que sería una aventura extraña pero única en sus vidas.

Sin embargo, casi dos años después, tuvo que volver a México con sus hijas por los disturbios y actos vandálicos que sufrió la ciudad el pasado sábado 29 de enero. Alejandro se quedó por cuestiones laborales supervisando la maquiladora trasnacional.

“Todo esto nos agarró por sorpresa, nos dijeron que habría manifestaciones y cerraron las escuelas. Los extranjeros comenzaron a irse. En casa el mayor temor es que el vandalismo comenzara a llegar”, contó Ángela García al momento de llegar al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México el 4 de febrero, luego de que su travesía comenzara en Alejandría ante la imposibilidad de llegar a El Cairo por los bloqueos. Junto con sus hijas tuvo que pasar por Bahrein, Frankfurt, Alemania y finalmente al Distrito Federal.

A pesar de la incertidumbre que vive el país africano, Ángela y sus niñas Regina de 8 años y Luisa de 7 años de edad, regresaron este fin de semana a Egipto para abrazar a Alejandro, recuperar su vida cotidiana y llevar a tiempo en el reinicio de clases a sus chiquillas al British School of Alexandria, donde cursan el cuarto y segundo grado de primaria.

De la boca de Ángela sale una voz nostálgica, en todos los sonidos del día piensa en el griterío del mercado, el tráfico insufrible y las calles sucias de Alejandría. A la arena movediza que sobrevivió fue al idioma. Para la Ingeniera en Electrónica egresada del ITESM campus Monterrey, fue frustrante sentirse por un momento sola en el mundo e incomunicada, ajena a los destinos, ajena a las maravillas humanas.

Sin embargo, empezó a estudiar árabe y en poco tiempo ya regateaba en los mercados, platicaba con la gente y se reía sin parar al percatarse que era muy común ver a los hombres insultarse y gritarse con unos ademanes teatrales. También es normal encontrarlos discutiendo cuando salen de las mezquitas o manejando sus autos de una forma agresiva. Vuelven a la calma cuando rezan cinco veces al día. La primera plegaria es cuando sale el sol y la última cuando la luna bebe su fuego.

A través del cine, la literatura o de las noticias, se sabe que la mujer egipcia vive en la opresión, a pesar de que logró sus plenos derechos políticos desde la firma de la Constitución en 1955. El entorno sociocultural y religioso, no ha favorecido a que puedan ejercer esos derechos en plenitud. Y esto lo sufrió un poco Ángela en su forma de vestir, aunque ella se dice “conservadora”.

“Sólo es cosa de no mostrar mucho escote, sobre todo en lugares como el mercado, la estación de trenes o en el centro de la ciudad. En una ocasión me un muchacho me aventó un bote de refresco aplastado a los pies, traía yo una blusita sin mangas. Fuera de ese incidente no he vivido otros, al contrario, al ver la gente que soy extranjera siempre tratan de ayudar. Creo que en el fondo todos quisieran poder vivir como en occidente, sin tantas prohibiciones sin sentido como estar tapadas de la cabeza o totalmente del rostro y con guantes negros”.

Por la comida Ángela nunca se preocupó, aunque a veces hay desabasto de ciertos productos. Ella y su familia disfrutan mucho el magdi kusa, son unas calabacitas rellenas; el babaganugh, una ensalada de berenjena; las hojitas de parras y la repostería árabe es deliciosa. Ángela no pierde el sabor mexicano y prepara un picoso guacamole, que siempre es un éxito con sus amigos extranjeros. Hace una imitación de rajas con crema con pimiento, porque no hay chile poblano. Dice que en las maletas regresará esta vez con mole, chilorio, chile en polvo y algunas frutas secas

El pasado 19 de febrero, Ángela y Alejandro cumplieron 11 años de casados, es la primera vez que no festejan esta fecha especial. Ella en Torreón, él en Alejandría: la ausencia se construye también sobre el quebranto. Ambos nacieron en la ciudad de México, pero Ángela se trasladó al norte con su familia donde estuvo 15 años. Por su parte, Alejandro llegó muy pequeño a la Comarca Lagunera y vivió 35 años en la región.

Ambos se conocieron en la empresa Global SGS Advanced Systems, que desarrolla e implementa soluciones tecnológicas para optimizar la productividad y la calidad en las distintas actividades del negocio minero.
Para Ángela y Alejandro ya nada importaba salvo su contacto. Juntos caminaron distinto entre las mismas piedras y el mismo polvo.  

La trasnacional le propuso al esposo de Ángela radicar a Alejandría con su familia para hacerse cargo de una filial maquiladora. Hubo voces en la familia de Ángela que le preguntaban ‘¿por qué vas a un país raro?’, pero al final decidieron vivir la aventura y la experiencia que les ofrecía la tierra de los faraones.

Ángela hace un pequeño flashback y recuerda varios momentos felices, y eso es la vida: la acumulación de momentos luminosos. Cuenta que en Alejandría sólo viven dos familias mexicanas, mientras que en El Cairo sí existe una comunidad mexicana amplia, la cual se reúne muy seguido. En la celebración del día del niño, por ejemplo, la familia Cardona asistió al evento organizado por la embajada mexicana, fue muy divertido: Regina y Luisa casi lloran de la felicidad al ver unas piñatas coloridas que se paseaban por el aire.

“Mi familia y yo hemos viajado muchísimo. He conocido personas muy interesantes, hemos tenido la oportunidad de unirnos más como familia. Los momentos tristes han sido pocos. Creo que lo más difícil es estar tan lejos de casa, pero de alguna manera estamos unidos por medio de internet”.

Sí tuve miedo aquel sábado

El 29 de enero fue una fecha decisiva y caótica para la familia Cardona. El gobierno retiró a la policía de las calles y grupos de manifestantes aprovecharon esta medida para realizar actos vandálicos. Muchos querían tomar a los edificios habitacionales como rehenes, sacaban a las familias de sus departamentos y agarraban de todo como si estuvieran en un gran supermercado.

Ángela no lo podía creer, hasta que recibió llamadas de sus amigos a altas horas de la noche que le informaron que estaban atrincherados con muebles detrás de las puertas principales. El departamento familiar tenía las luces apagadas y las persianas cerradas. Ángela y Alejandro respiraban una tensa calma mientras sus hijas dormían profundamente. Eran las dos de la mañana cuando se escuchó un griterío inmenso en la calle como si activaran mil megáfonos a la vez. De repente, escucharon disparos y pudieron observar que muchos hombres estaban destrozando los vidrios de los carros que se encontraban a su paso.

En la planta baja del edificio se encontraban los porteros con palos y cuchillos por si los grupos intentaban ingresar al inmueble. A Ángela casi le dio una crisis nerviosa, estaba muy asustada y sólo pensaba en sus hijas. Su marido trataba de disimular su rostro alterado, casi no parpadeaba. Aquel sábado, Ángela y Alejandro decidieron suspender su aventura. Ángela saldría de Alejandría con sus hijas, no tenía caso de arriesgar su seguridad.

Dos días después, supieron que la carretera hacia El Cairo estaba cerrada, no había trenes ni bancos. Internet no funcionaba y la gasolina escaseaba como los turistas extranjeros. La anarquía y la confusión reinaban en Egipto. De inmediato Ángela buscó a la embajada mexicana, quien las ayudó a salir desde Alejandría a través de un vuelo comercial.

A pesar de las 40 horas que tardó en llegar al AICM, Ángela era la persona más dispuesta a hablar con la prensa, aunque confiesa que las preguntas de los reporteros la alteran y la confunden. En sus ratos libres, luego de cuidar a sus hijas y ordenar su departamento, le gusta ir al cine, a los museos, escuchar música pop y viajar a lugares cercanos a la ciudad. Recuerda la calma en el paisaje de Alejandría, intensa lentitud de la marea.

-¿Cómo está tu esposo? ¿Qué te cuenta de la situación que vive allá?

Alejandro está bien. Dice que las cosas están volviendo a la normalidad. Ya no hay barricadas en las calles, están poniendo rejas metálicas en las entradas de los edificios pero que en general todo bien. Hay el tráfico acostumbrado, los comercios están abriendo y los tanques  permanecen en su sitio. El resto se ve normal, aunque continúan los toques de queda.

-Ante la incertidumbre, ¿Por qué regresar a Egipto? ¿Cuáles son los beneficios que percibes en ese país luego de vivir 20 meses?

Allá está mi esposo, allá esta mi departamento, mis cosas y mi vida. El colegio de las niñas reinicia clases para primaria el día 20 de febrero, nosotras llegaremos unos días después. Espero de todo corazón que todo vuelva a ser como antes.

Es difícil saber cómo será Egipto después de la Revolución del 25 de enero, pero confío en que las cosas estarán bien, porque los egipcios se lo merecen, son personas trabajadoras y amables.

-¿Pensaste en que se iban a solucionar las cosas rápidamente?

Siempre he pensado que esto se tiene que resolver, no puede un país tan hermoso estar parado. La gente necesita trabajar, necesita del turismo para ganar dinero y alimentar a sus hijos.

-¿Cómo encontraste a Torreón luego de vivir casi dos años en Egipto? ¿Qué información recibías allá de México?

Después de vivir en Egipto todo me parece limpio y ordenado, aunque tristemente me he sentido más amenazada en las calles de Torreón que en las de Alejandría antes de la revuelta. Allá siempre he estado al tanto de lo que sucede en México y en Torreón por medio de internet. En más de una ocasión mi familia y mis amigos me han dicho ‘qué bueno que estás lejos, porque acá la violencia nadie la para’.

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Getty Images

El punto débil del COVID que encontró una científica mexicana (y cómo puede servir para neutralizarlo)

La física mexicana Mónica Olvera de la Cruz detectó con su equipo de científicos que el nuevo coronavirus tiene un componente que puede ser bloqueado para evitar su transmisión al cuerpo humano.
Getty Images
18 de agosto, 2020
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Como especialista en física enfocada en la ciencia de los materiales, la doctora mexicana Mónica Olvera trabajaba en sus propios desarrollos tecnológicos hasta que la pandemia de COVID-19 cambió las cosas.

Un familiar suyo enfermó de gravedad en México, lo cual llevó a la científica a enfocar sus estudios en entender cómo el virus SARS-CoV-2 interactúa con el cuerpo humano a un nivel físico-biológico.

“Yo no tenía nada qué ver con medicina. Yo soy científica en ciencia de materiales. Pero a la hora de ver este problema tan fuerte, entramos en acción”, dice a BBC Mundo la especialista.

Su equipo en la Universidad Northwestern (Estados Unidos) analizó las diferencias entre el coronavirus que causó la epidemia SARS de 2003 y el causante de la enfermedad COVID-19.

Y encontró un punto débil con el que se le puede atacar.

“Estamos bloqueando el virus”, señala al explicar cómo su experimento a nivel molecular ha reducido de manera inicial en 30% la conexión del patógeno con los receptores humanos.

Una ilustración del SARS-CoV-2 atacando una célula

Getty Images
Las espigas (amarillas) del coronavirus se conectan a las células AC2 (en turquesa) del cuerpo. Si se impidiera eso, se neutralizaría.

“Antes de entrar el virus (en el cuerpo), sí podemos atacarlo para que ya no tenga tanta energía de atracción, que no sea capaz de infectar. Y si entra, que esté bloqueado el sitio”, explica la científica.

“Es otra manera de curar. Esto no son anticuerpos , los cuales tienen el problema de que pueden hacer resistente al virus. Hay muchos casos en los que los virus se vuelven resistentes a los anticuerpos”, añade.

En tres meses Olvera espera diseñar un polímero -un compuesto químico- que triplique la efectividad del bloqueo y que esto se convierta en una forma de proteger al cuerpo de un virus tan contagioso como el SARS-CoV-2.

¿Cuál fue el hallazgo?

El SARS-CoV-2 ingresa al cuerpo a través de sus proteínas S, que hacen contacto con la enzima convertidora de angiotensina (AC2) de las células humanas.

Las células AC2 también están presentes en el corazón, en el estómago, en el riñón, “por eso cuando uno se infecta (con el virus SARS-CoV-2, este) puede dañarlos”, explica Olvera.

Gráfico de cómo se reproduce el coronavirus en el cuerpo

BBC

Así que en su estudio, hecho en colaboración con el doctor Baofu Qiao, detectó que el SARS-CoV-2 tiene conexiones con cargas positivas en la proteína espiga (o spike) de su corona que pueden ser bloqueadas.

“La energía de atracción entre ese grupo que está en la spike y las células epiteliales era más débil en el primer coronavirus que en el SARS-CoV-2″, explica Olvera.

“Nos dimos cuenta de que si mutábamos los que no estaban en el de 2003, la atracción con el receptor bajaba. Nada más lo mutamos y bajó muchísimo su atracción“, añade.

El trabajo de bloqueo se dio en uno de los tres grupos de la proteína espiga, lo que redujo en un 30% la capacidad del virus para conectarse con el receptor, en este caso las células del cuerpo.

A diferencia de otras investigaciones, Olvera y Qiao detectaron un sitio con carga positiva, llamado sitio de escisión polibásico, a 10 nanómetros (algo sorprendentemente “lejano” de la base, en términos de esas mediciones) en la proteína espiga.

https://www.youtube.com/watch?v=Zh_SVHJGVHw&t=5s

Así que si se obtiene un polímero que bloquee los tres grupos, como lo están investigando, el resultado podría triplicarse y hacer que el nuevo coronavirus tuviera muy poca oportunidad de atacar al organismo.

“Yo quiero diseñar uno que ataque a todos. Es muy complicado, es un diseño difícil. Pero la idea es crear una protección bajo un diseño que funcione y quede probado en un laboratorio”, señala la científica.

¿Cómo puede adoptarse en la medicina?

El proceso de crear un polímero que actúe contra las espigas del SARS-CoV-2 puede tomar de dos a tres meses.

Una vez creado, habría que elegir un medio de administración. Olvera considera que podría funcionar a través de un aerosol, con las ventajas que eso tiene.

“Los virus son tremendos. Pueden usar las cápsidas de otros virus y el ARN, duplicarse y mutar”, advierte.

Y es que las vacunas en las que trabajan a contrarreloj varios países y organizaciones enfrentan el problema de que los anticuerpos que generen puedan ser inefectivos ante mutaciones del SARS-CoV-2.

“Nosotros queremos crear algo que no sea biológico, que no cree resistencia. Evitar que el virus encuentre otras maneras de salir adelante. Creemos que puede ser una manera de debilitar el virus, diferente a lo que se está haciendo”, añade.

Si las mutaciones mantuvieran los mismos grupos polibásicos para atraer células receptoras del cuerpo, el remedio seguiría funcionando.

El trabajo desde diferentes ángulos de la ciencia, como la física en el caso de Olvera, puede aportar soluciones a un problema que afecta a toda la humanidad.

“Se está haciendo un esfuerzo enorme. Todos estamos de alguna manera relacionados con esto, es un problema mundial y qué mejor que todos los científicos estén trabajando en esto”, dice la científica mexicana.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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