Puente Grande: A punto del colapso por sobrepoblación
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Puente Grande: A punto del colapso por sobrepoblación

Por Víctor López
20 de febrero, 2011
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Guadalajara, Jalisco.- El complejo penitenciario de Puente Grande está colapsado desde hace varios decenios por la sobrepoblación de internos, en su mayoría, delincuentes de baja peligrosidad e “inocentes”.

Las autoridades penitenciarias del Estado lo reconocen: El Centro de Readaptación Social debería atender a 2 mil 256 personas y habitan poco más de cinco mil; en el Centro Preventivo se construyó para 3 mil y hay más de 7 mil. El Reclusorio Femenil, con capacidad para 230, hay 500. Este es un ejemplo de lo que sucede en todo el país.

El hacinamiento es evidente y tiene un origen: el uso irracional de la prisión preventiva. El autogobierno en las prisiones es un hecho, aunque las autoridades no lo quieran reconocer de manera abierta, advierte el investigador Guillermo Zepeda Lecuona, de la universidad jesuita Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

Jalisco, dice, es uno de los estados con mayores índices de personas en prisión preventiva y cada año absorbe mil 200 millones de pesos del presupuesto de seguridad.

A decir del investigador, en el país hay un problema grave de la privación de la libertad, que ha propiciado el sistema penal vigente. “El uso irracional de la prisión preventiva es injusta y con un costo exorbitante. Por eso, en las cárceles, un 70% de las personas que sufren la prisión preventiva, son “inocentes”.

Para el Proyecto Presunción de Inocencia en México, de la Open Society Justice Initiative, Zepeda Lecuona publicó el año pasado el estudio ¿Cuánto cuesta la prisión sin condena? Costos económicos y sociales de la prisión preventiva, en donde revela que en México, cada día, fluyen 30 millones de pesos en mantener a los reclusos, esto significa que uno de cada tres pesos del presupuesto que estaba destinado a la seguridad, lo absorben las cárceles

“Es un gasto irracional que le quita dinero a otras áreas realmente delicadas, por ejemplo al patrullaje o la prevención del delito”.

Revela otro dato: al menos el 75 % de los procesos penales en todo el país, son por delitos menores y de bajo impacto (por ejemplo, el robo simple).

Zepeda Lecuona ha estudiado a profundidad el caso de Jalisco. En el Código Penal, para el delito de robo, hay 26 agravantes. Y cita un caso real de “un delito grave”. En la noche, tres personas ingresan a una farmacia, uno de ellos esconde un desodorante en su bolsillo. Los detienen y la Procuraduría estatal los consigna por el delito de robo calificado. Las agravantes, según la legislación penal, son: nocturnidad, asociación delictuosa, y robo.

Permanecen 6 meses en prisión preventiva en Puente Grande mientras seguían el proceso penal. Al llegar con el juez, éste les dicta una sentencia de 6 meses por “robo simple” o se conmuta por una multa de 620 pesos.

Los cálculos del investigador son éstas: a cada jalisciense, un solo desodorante le costó 8 mil pesos de averiguación previa, más de dos mil del proceso penal y 140 diarios para su manutención en la prisión. En total, suman 60 mil pesos para un proceso penal que en nada benefició a la seguridad, afirma el entrevistado.

Por eso, las cárceles están saturadas y los índices de violencia no bajan, asienta el académico, quien es también autor del libro Crimen sin castigo: Procuración de Justicia Penal y ministerio público en México  (2004, FCE) un libro pionero en documentar la tragedia del sistema penal mexicano.

“Jalisco es uno de los estados que utiliza en exceso la prisión preventiva: casi el 58% de los presos en el Estado, se presumen inocentes y más del 42% de las personas privadas de su libertad, el día que le dictan la sentencia, obtienen la libertad. Es una irracionalidad: mientras estuvieron en prisión purgando una pena, eran inocentes, y al final son culpables en libertad”.

Cada año, según los cálculos del investigador, más de 9 mil 700 millones se destinan a la prisión preventiva. Esto es, el Estado mexicano destina alrededor de 140 pesos diarios por cada recluso y la familia le entrega otros 80 pesos que lo utiliza para sobornar o pagar extorsiones al interior de la cárcel.

–¿Hay otros costos, invisibles?

Claro, el humano, que es incalculable, por si no basta el costo económico. ¿Cómo cuantificar cuando los niños se quedan sin un padre o la repercusión en la autoestima de los pequeños? Aunque el padre o la madre sean inocentes, ya están en la cárcel, esperando una sentencia que a veces nunca llega. Y más, el estigma social, y la víctima y la familia se sienten impotentes y además, terminan endeudados.

–Entonces, ¿para qué sirve la prisión preventiva?

Es lo paradójico: no beneficia en nada a la sociedad, tampoco tiene utilidad ni como política pública, en seguridad y mucho menos en la cohesión social.

Cada preso pierde días de vida. En promedio, por cada seis meses de prisión, la persona pierde 17 días en la expectativa de vida”.

Afirma el investigador que la probabilidad de morir es cuatro veces superior al estar en la calle. En Sinaloa es el caso paradigmático, allá es 10 veces mayor. Al interior de las prisiones, a la menor provocación surgen las riñas.

La probabilidad del suicidio también es elevado: entre 8 y 10 veces mayor, por la angustia, el sentimiento de impotencia…

Zepeda Lecuona insiste en que urge una reforma procesal y la implementación urgente de los juicios orales para desahogar las prisiones.

“El complejo penitenciario de Puente Grande está a 220% de sobre saturación. Bajo este escenario, no hay condiciones para sobrevivir, el hacinamiento es brutal y la reinserción social es humor negro. La ONU indica que una cárcel en el cual exista 120% de población, es trato cruel”.

Agrega: “En Jalisco tenemos 9 mil personas en prisión preventiva, uno de cada 10 del país. En México hay 95 reclusos sin condena. En el estado es donde se hace un uso intensivo de la prisión preventiva”.

Dice que la reforma procesar es alentadora. En los cinco estados en donde se ha implementado el nuevo sistema, el de los juicios orales, han disminuido su población carcelaria. Por ejemplo, Nuevo León es el estado con menos presos en prisión preventiva, un 22%.  El promedio nacional es de 40%.

“Y en Jalisco, tenemos el 58%, ya quisiéramos tener al menos la media nacional. En los últimos 10 años, hemos pasado de 4 mil a 16 mil reclusos. Hay 4 veces más población carcelaria y no os sentimos 4 veces más seguros”, concluye.

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La novela escrita hace 100 años que retrata la vida en cuarentena de 2020

En 1909, E.M. Forster escribió una asombrosa novela corta con un relato que parece actual en muchos aspectos, escribe el editor de arte de la BBC Will Gompertz.
5 de julio, 2020
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Mi esposa estaba escuchando un programa de radio el otro día y oyó a un hombre hablar sobre inteligencia artificial.

Mencionó una novela corta de ciencia ficción escrita por E.M. Forster llamada The machine stops (“La máquina se detiene”), publicada en 1909, y dijo que era profética.

Nosotros no sabíamos de su existencia. Sinceramente, no teníamos a Forster por un novelista de ciencia ficción, más bien lo recordamos por las adaptaciones al cine de la productora Merchant Ivory protagonizadas por Helena Bonham Carter y sus elegantes vestidos victorianos.

Compramos un ejemplar.

“¡DIOS MÍO!”, como no hubiera dicho Forster.

“La máquina se detiene” no es simplemente profética; es una increíble, impactante y asombrosamente precisa descripción literaria de la vida en cuarentena en 2020.

Si se hubiera escrito hoy, seguiría siendo excelente; el hecho de que haya sido escrita hace más de un siglo la hace sorprendente.

"La máquina se detiene" fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

WLC PUBLISHIN
“La máquina se detiene” fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

El breve relato se desarrolla en lo que debió de ser un mundo futurista para Forster, pero no lo será para ti.

Las personas vivían solas en casas idénticas (globalización) en donde escogían el aislamiento (él usa esa palabra), enviaban mensajes por correo neumático (una especie de email o WhatsApp) y chateaban en internet a través de una interfaz de video increíblemente similar a Zoom o Skype.

El burdo sistema de encuentros públicos había sido abandonado hacía mucho tiempo”, junto con el contacto con extraños (“la costumbre se había vuelto obsoleta”), ahora prohibido en una nueva civilización en la que los humanos viven en células bajo tierra con computadoras tipo Alexa al servicio de todos sus caprichos.

Si ya suena espeluznantemente cercano como para causarte preocupación, no te tranquilizará saber que los miembros de esta sociedad conocen a miles de personas a través de redes sociales controladas por máquinas que alientan a los usuarios a recibir e impartir las ideas de otros.

“En cierto sentido, las relaciones humanas habían avanzado enormemente”, escribe con ironía el visionario autor, antes de añadir:

“Pero la humanidad, en su búsqueda del bienestar material, había ido demasiado lejos. Habían explotado en exceso las riquezas de la naturaleza, y el progreso había llegado a significar el progreso de la máquina”.

FOTO 3- FORSTER EN 1924.

Hulton-Deutsch Collection/ Corbis via Getty Images
E.M. Forster comenzó a escribir ficción en el King’s College de Cambridge, donde primero estudió Literatura Clásica y luego Historia (1897-1901).

No se me pasa por alto que estás leyendo esto en internet, en un dispositivo artificial sobre el cual todavía creemos que ejercemos dominio. No por mucho tiempo, según la historia de Forster ni, sospecho, según algunos de los cerebritos detrás de la inteligencia artificial de hoy día.

Estamos en el territorio de monstruoso de Frankenstein, otra advertencia literaria que probablemente no deberíamos ignorar.

No hay una manifestación física aterradora similar en Forster que indique que la ciencia va mal en “La máquina se detiene” (el título lo dice todo), pero eso la hace todavía más inquietante.

Los dos protagonistas de la historia, Vashti y su hijo Kuno, son gente normal, como tú o yo. Ella vive en el hemisferio sur, él vive en el norte.

Kuno quiere que su madre le visite. Ella no está dispuesta.

“¡Pero puedo verte!”, exclama ella. “¿Qué más quieres?”

“Quiero verte, pero no a través de la Máquina”, dice Kuno. “Quiero hablar contigo, y no a través de la fastidiosa Máquina”.

“¡Ay, cállate!”, dice su madre, vagamente sorprendida. “No deberías decir nada contra la Máquina”.

Yvonne Mitchell

BBC
Yvonne Mitchell interpretó el papel de la madre, Vashti, en esta adaptación televisiva de 1966 de The machine stops (“La máquina se detiene”), como parte de una serie de ciencia ficción de la BBC llamada Out of the unknown (“Fuera de lo desconocido”).

Ella prefiere el distanciamiento social y dar su conferencia en internet sobre Música Durante el Período Australiano a una audiencia invisible en el sillón de sus casas que acumula información histórica abstracta sin relevancia alguna para sus vidas subterráneas reales, más allá de ser una distracción ilusoria de su vacía existencia (no muy diferente a los cursos durante el confinamiento, tal vez).

No diré nada más sobre lo que ocurre – es una historia muy corta que leerás en menos de una hora – salvo mencionar que es, básicamente, una versión en la era de las máquinas de la Alegoría de la Caverna de Platón.

En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN DEL MUSEO BRITÁNICO
En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

La Máquina (internet, para nosotros) es la cueva solitaria, sin aire y sin sol en la que existimos, la información que imparten las sombras en la pared.

E.M. Forster publicó el cuento entre A room with a view (“Una habitación con vistas”, 1908) y Howard’s End (“La mansión, 1910), dos novelas en las que explora temas filosóficos similares en torno a mundos internos y externos, verdad y pretensión.

“La máquina se detiene” apareció por primera vez en la revista británica Oxford and Cambridge Review el mismo año en que Filippo Tommaso Marinetti publicó su furioso “Manifiesto futurista” en el periódico Le Figaro.

El poeta italiano argumentó lo opuesto a la parábola profética de Forster.

Marinetti abrazó a la máquina, argumentando que un automóvil veloz era mucho más hermoso que una escultura griega antigua. El pasado era un peso muerto que necesitaba ser destruido para dar paso al futuro.

Aunque el "Manifiesto futurista" de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Getty Images
Aunque el “Manifiesto futurista” de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Le habría caído bien Vashti, quien, cuando viajaba en una aeronave para ver a Kuno, bajaba la persiana sobre Grecia porque ese no era el lugar para encontrar ideas: una broma irónica de Forster, dado que la idea para su cuento, vino de la Atenas de Platón.

Eso es todo en cuanto a bromas en una novela donde realmente no existen cosas como la comunidad o la experiencia directa, y es imposible alejarse del constante zumbido de la máquina sin pedirle al Comité Central un permiso para salir al exterior.

En ese momento, te colocas un respirador y te aventuras en el mundo real.

Como dijo el hombre de la radio, es profética. Y muy, muy buena.


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