Nazis mexicanos: antiguo y nuevo testamento
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Nazis mexicanos:
antiguo y nuevo testamento

Por Paris Martínez
15 de marzo, 2011
Comparte

Caminaban en un andén del Metro, muy juntos, cargando una coliflor y algunas guayabas en las manos. Él, de un metro 75 centímetros, pantalón camuflado, con el dobladillo metido bajo las botas militares, y el cabello a rape. Ella, de un metro 60, con una camisa sin mangas, la tez muy blanca y el pelo negrísimo. Podrían pasar por una típica pareja chilanga de jóvenes anarcopunks… si no fuera por las suásticas tatuadas en sus brazos.

Saludan con una sonrisa y un estrechón de manos, mientras permiten apreciar más de cerca el dibujo de doble trueno que él lleva en la camisa (emblema de las SS, grupo de élite del ejército de Adolfo Hitler), así como la leyenda en alemán que surca, tatuada, el pecho de ella.

Son neonazis mexicanos, lo dicen con orgullo, pero en una versión moderna, muy distintos a los integrantes de la vieja guardia sinarquista de los años previos a la Segunda Guerra Mundial, y también a los “revisionistas” que tuvieron en el capitalino Salvador Borrego al mayor ideólogo no sólo del país, sino de Iberoamérica.


Enrique y Andrea
aclaran que ellos son otra cosa: no son violentos, sino “pacifistas”; no defienden la supremacía aria, sino “la preservación de la herencia genética de todos los pueblos”; no son católicos, sino “cristianos”; están coaligados, pero no para la militancia activa, “sino para difundir el mensaje entre quienes la quieran oír, pasando la voz”; “idealistas” que califican la democracia como un “veneno”; en fin, son “conservadores” que usan la ciencia ficción para hacerse entender y que instan a “salir de la Mátrix, apagar la tele y prender el cerebro, buscar a Dios en una flor y no en una laptop.”

La vieja guardia

Hacia finales de 2009, Salvador Borrego , autor uno de los libros neonazis más vendidos en el mundo (Derrota Mundial, prologado por José Vasconcelos y con más de medio millón de ejemplares impresos desde 1953), permitió grabar una conversación desarrollada en su modesto departamento de la colonia Juárez, que pretendía convertirse en una entrevista para un medio de circulación nacional.

“Únicamente pido que no cambien nada de lo que diga –fue su solicitud en ese momento–, si se van a cambiar mis palabras, mejor no saquen nada”, una condición que sólo puede cumplirse a cabalidad poco más de un año después de formulada, y no en la prensa tradicional.

Borrego es un anciano delgado, de cabello totalmente encanecido, que viste de traje aún dentro de su vivienda, de la que salir es cada vez más difícil, no tanto por la edad del viejo y polémico escritor, como por la antigüedad del crepitante elevador que lleva del tercer nivel a la planta baja.

Sentado en una silla del comedor, por hallarse todos los sillones de la sala ocupados con sus libros, aclara la primera interrogante: ¿Cómo acabó un mexicano siendo el ideólogo del neonazismo en Argentina, Chile, España y, obviamente, en México?

– Yo fui el primer revisionista, o negacionista, como le dicen ahora, es decir, el primero en negar el Holocausto judío… eso de los 6 millones de muertos fue una cifra inflada para cobrar indemnizaciones y, a la fecha, Alemania ha tenido que pagar más de 150 mil millones de dólares por compensaciones de guerra; primero cobraron por cada judío muerto, luego por los que estuvieron trabajando en los campos de concentración y luego por los que tenían un seguro de vida. Así fue como vino la idea de escribir Derrota Mundial, que ha sido reimpreso 48 veces.

De hecho, en 1955, José Vasconcelos, primer secretario de Educación Pública de México, calificó la difusión de este libro como una misión “del más alto interés patriótico en todos los pueblos de habla española”, a través del prólogo que él mismo se ofreció a escribir, tal como recuerda Borrego.

Además, 58 años después de su aparición, el principal argumento de Derrota Mundial aún es defendido en Europa por propagandistas pronazis como el historiador inglés David Irving, quien incluso ha enfrentado procesos judiciales por antisemitismo.

–Antes, durante y después de la Segunda Guerra, ¿cómo se discutían esas ideas en México?

–El resentimiento de los mexicanos contra Estados Unidos, existente desde antes de las hostilidades en Europa durante los años 40, se manifestó en progermanismo. En los cines –recuerda Borrego–, cuando se proyectaban noticiarios, había una especie de referéndum: cada vez que salía Rooselvelt, había silvidos; pero cuando salía Hitler, la gente aplaudía. Y eso parte de un principio nacionalista, se consideraba a Estados Unidos como un país materialista, se veía al americano como alguien de poca tradición familiar, en contraste con lo mexicano, todo lo cual hacía que los mexicanos pudieran identificarse más con los alemanes. Esa Alemania nacionalista era una especie de cortina que contenía los males del mundo y, cuando se vino abajo, se desató el liberalismo feroz.

–¿Se refiere al liberalismo económico?

Ignacio Gómez, El Nazi, luchador hidalguense de los 40, ejemplo de la simpatía que alguna vez hubo entre los mexicanos por el nacional-socialismo

–No, sino a todo lo que estamos viendo ahora: la defensa del aborto, las bodas entre homosexuales, la rebeldía de la juventud hacia los padres, la pornografía desatada, la legalización de las drogas, todo eso es consecuencia de la derrota de Alemania. Ese mal era contenido por el nacional-socialismo y por la iglesia católica.

–¿Qué se pensaba del discurso supremacista de los nazis?

–Los mexicanos no tomaban mucho en cuenta esas acusaciones, porque todos los países son racistas, incluido México, de modo que pasaba como un ataque infundado contra el nacionalsocialismo.

–Grupos que defienden la supremacía “criolla” en América Latina tienen a Derrota Mundial como libro de cabecera, ¿escribe usted para esos sectores?

-No, yo soy mestizo y creo que las diferencias entre sectores sociales se dan por factores económicos, no raciales. Los descendientes de españoles que están en buena posición económica ven abajo a los que no lo están y pintan su raya clamando su orgullo criollo (en referencia a la organización México Criollo). Pero, más bien es una reacción de clase, más que de raza.

–¿Cómo se imagina al mundo, y a México, si Hitler hubiera ganado la guerra?

–No existiría una economía especulativa, sino una productiva, en donde el trabajo es la base. En la actualidad, se especula en la Bolsa de Valores, que si subió, que si bajó, y la gente pierde su empleo, le suben los precios de los comestibles o la renta sin tener acciones en la Bolsa, donde los operadores se enriquecen comprando a la baja y vendiendo al alza. En México no habría TLC, habría suficiencia alimentaria, no habría miles de familias sin padre de familia, porque éste se halle trabajando en Estados Unidos o tratando de cruzar la frontera, no habría nada de eso.

–¿Usted cree que el nazismo puedan tener algún valor en la actualidad?

–No –dice con toda calma–. El nacionalsocialismo tiene los días contados, esas ideas están condenadas a muerte en todo el mundo. Tal vez permanezcan como expresiones individuales, pero no como planteamiento político, con organizaciones que lo defiendan, no los dejarían…

Antes de dar por concluida la plática, Salvador Borrego suelta una metáfora.

–Ningún grupo podría operar abiertamente… Para el enemigo judío, las tinieblas no son completas si hay un cerillo prendido.

La nueva ola

Enrique nació en España, pero emigró a México siendo aún niño, junto con toda su familia, luego que su abuelo, un militar franquista, “pasó de héroe a perseguido”, con la llegada de los socialistas al gobierno ibérico, en 1975.

Mi abuelo fue parte de la Falange (partido ultraderechista de los años 30), así como de la División Azul (el grupo de voluntarios españoles que sirvió entre 1941 y 1943 del lado alemán) y peleó en el Sitio de Berlín (la batalla en la que el Ejército Rojo venció a las fuerzas nazis y orilló a Hitler al suicidio)”, narra Enrique con admiración.

La entrevista pactada dos días antes en el Metro, termina por concretarse en la entrada de su centro de trabajo, una biblioteca pública especializada en Derecho Agrario a la que acude sin ocultar ningún elemento de su estética neonazi: cabeza rasurada, botas y pantalón tipo militar, camiseta negra, con las mangas enrolladas para dejar ver sus emblemas marcados sobre la piel, una suástica negra en un lado, y una cruz blanca sobre una bandera española, del otro.

“La primera suástica me la tatué a los 14 años –recuerda–, mi abuelo estaba orgullosísimo, aunque a mi madre le parecen aberrantes; ahora tengo diez tatuajes”, afirma y muestra sus brazos, cada uno con una frase en alemán, que luego él traduce: “Mi honor es lealtad” y “Dios con nosotros”.

El nazismo nos ha acercado a Cristo, se trata de una receta que te ayuda a encontrarte con lo que realmente importa en la sociedad: cuidar tu dieta, tu cuerpo, tus relaciones interpersonales, hacer tu trabajo lo mejor posible, aunque México es el lugar del ‘no hay, no existe y no se puede’, aquí donde trabajo es la tierra del ‘sí hay, sí existe, sí se puede’; soy un servidor público, no servil sino servidor, y eso me lo enseñó el nazismo.”

Enrique habla sin alzar de más la voz, pero al poco tiempo de que inicia la plática un policía preventivo que vigila el acceso al Tribunal Agrario (ubicado a un costado de la biblioteca) se aproxima dando grandes zancadas.

La grabación se suspende, ante el temor de un reclamo del agente, pero éste, por el contrario, sonríe al llegar junto al skinhead y le pide asesoría en el uso del francés.

–¿Tú sabes que quiere decir Pepé le Pew? –inquiere el uniformado.

–Nada –responde, solícito–, es un personaje de caricatura, un zorrillo… te están diciendo zorrillo. Ahora tú contéstales “mange merde”…

El policía corre de vuelta a su puesto, pero sólo da unos pasos y regresa, esta vez para preguntar el significado de la segunda oración.

–Come mierda –le explica Enrique, lúdicamente–, eso quiere decir.

Luego vuelve a su descripción del movimiento al que pertenece.

“Somos un grupo de alrededor de cien personas en todo el país (se reserva el nombre de su agrupación), pero no solemos reunirnos y, cuando lo hacemos, procuramos que no identifiquen nuestra línea ideológica, somos discretos; no somos activistas, no vamos a marchas ni manifestaciones, sólo nos asociamos de manera ideológica para concientizar a los demás. Nuestros valores son tres: Dios, Patria y Familia.

Estamos contra el capitalismo y el comunismo, creemos que la democracia es un veneno para los pueblos, el mejor Estado es el de mano dura.

“Creemos en hacer el bien, en regresar a la época en la que la comida no tenía transgénicos, en regresar a la moral, a una época en donde existía bondad, somos un movimiento pacífico, no nos consideramos el brazo vengador de Dios, no creemos en la violencia… aunque estamos entrenados para pelear.”

A un costado pasa esta vez un joven moreno y fortachón, encargado de la recolección de la basura en esta zona de la colonia Roma. Ambos se saludan fraternalmente.

–Repites mucho el concepto de Dios y Jesucristo, ¿eres católico?

–No –aclara–, el catolicismo está infiltrado por las fábulas judaicas, nosotros somos cristianos: no creemos en santos, ni reconocemos vírgenes, acudimos al templo, pero no los domingos, sino los sábados, en el shabat (sic), y ahí oramos y cantamos.

–¿Tienen un templo especial en donde se reúnen sólo personas afines al nazismo?

–El templo al que acudimos es para todo tipo de personas, cada quien puede acudir al templo e incluso seguir el credo que guste. Pero, a diferencia de los católicos, nosotros no consideramos enemigos a los que piensan distinto, sólo intentamos explicar nuestro punto, por ejemplo, nuestra oposición al darwinismo y nuestro apoyo al creacionismo (la teoría conservadora según la cual todos los seres vivos fueron creados en siete días, como dice el libro del Génesis, desde los dinosaurios hasta los humanos) y si no estás de acuerdo allá tú, que Dios te lo demande… pobre de ti.

Manifestación de Neo Nazis en el Zócalo en 2003


–Y, más allá de lo religioso, ¿qué reclaman los nazis ahora?

–Creemos que el matrimonio debe ser hombre-mujer, si hay homosexuales, Cristo es la cura; estamos contra el divorcio y el aborto. Reconocemos que cuando La Biblia dice que el hombre está por encima de la mujer, es porque el hombre debe amar a la mujer como copa de cristal fino, debemos adorarlas y cuidarlas… y ellas deben obedecer y sujetarse a nosotros. Las parejas de nazis funcionamos mucho mejor, son mucho más estables, el hombre es el que toma las decisiones, como La Biblia establece.

Eso explica la ausencia de Andrea, su novia, durante la entrevista.

–¿Se consideran antisociales?

–Sí –dice, mientras ve pasar a un hombre de raza negra–, vivimos en este mundo pero no somos parte de él. Yo, por ejemplo, jamás me mezclaría con ellos. Las mujeres negras no me gustan. No tengo nada contra la gente de otras razas, pero yo deseo preservar mi patrimonio genético.

–Y eso, ¿no te parece racista?

Enrique sonríe, antes de responder.

México es un país racista. Aquí, el mejor insulto es ‘pinche indio’, las rubias y los rubios son los estereotipos de belleza. Y, aún así, espero que aquí nazcan mis hijos. Este país tiene una libertad de la que pocos gozan, en Europa mis suásticas o mi ropa me conducirían sin escalas a prisión; en Estados Unidos, me llevarían a un hospital por la golpiza que me propinarían los negros o los latinos y, eventualmente, también terminaría en prisión. Sin embargo, aquí puedo salir como me apetezca y pensar lo que quiera, tal vez la gente te pone caras, pero nadie te agrede. Eso amo de este país. ¡Viva México!

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Shutterstock

Así lucha el COVID contra las vacunas para intentar escapar de ellas

El virus lucha constantemente contra las vacunas para intentar escapar de ellas. Sin embargo, nuestros linfocitos B productores de anticuerpos también pueden “mutar” para hacerle frente.
Shutterstock
20 de julio, 2021
Comparte

Las variantes de SARS-CoV-2 y su contagiosidad están causando una gran atención mediática en las últimas semanas.

A medida que ha ido pasando el tiempo, el virus ha ido cambiando. Ha introducido mutaciones puntuales en su secuencia génica, muchas de las cuales se traducen en cambios de aminoácidos de sus proteínas.

Con estos cambios, el virus adquiere ventajas evolutivas en el proceso de adaptación a nuestras células y organismos, que son el medio en el que se replica.

Este proceso de adaptación no implica necesariamente una mayor virulencia, pero si avances en mejorar la unión al receptor, una optimización de su replicación, la producción más efectiva de partículas virales y su transmisión, la modulación de la patología o, eventualmente, el escape parcial de alguno de los mecanismos inmunes.

Cuando no teníamos vacunas, el virus campaba a sus anchas

Uno de los mecanismos inmunes más importantes frente a la infección es la producción de anticuerpos por parte de los linfocitos B y su capacidad de reconocer y neutralizar al virus.

Hasta el comienzo de la campaña de vacunación, cada vez que el SARS-CoV-2 infectaba a alguien, se encontraba con el reto de superar las distintas barreras del hospedador infectado.

Pero si el individuo no había contagiado previamente, había pocas posibilidades de que el virus se encontrase con algún anticuerpo que le reconociese.

De esta forma, en cada infección, las mutaciones que el virus pudiera generar iban a ser seleccionadas e incorporadas en las nuevas partículas virales en la medida en la que supusieran ventajas evolutivas independientes del escape de los anticuerpos.

Pero cuando se encuentra con personas vacunadas, el escenario cambia.

Un trabajador sanitario muestra ampollas que contienen la vacuna Sinovac contra la Covid-19 hecha por Biopharma en Indonesia el 22 de junio de 2021.
EPA

Sin vacunas el virus campaba a sus anchas

Un obstáculo en el camino: las vacunas

La evolución en general, y la de los virus en particular, está determinada por las condiciones reproductivas en un determinado medio.

En virología existe un concepto denominado “viral fitness”, que podría ser traducido como aptitud viral, que determina la selección de aquellas partículas virales que introducen cambios para replicarse y transmitirse de forma más efectiva.

En otras palabras, se seleccionan virus más aptos al contexto de infección con el que se van encontrando.

Cuando el virus se encuentra a más personas con inmunidad, se ve obligado a enfrentarse a las defensas con las que antes no se encontraba, además de tener que competir entre sí con otras variantes.

De esta forma, las variantes que “ganarán” serán aquellas que tengan una ventaja sobre variantes previas, no preparadas para ese nuevo escenario inmune.

Por tanto, las variantes que escapen del efecto de las vacunas serían, en teoría, las que se impondrían sobre otras. En este escenario, las vacunas dejarían de funcionar a medio o largo plazo.

Fortaleza de las vacunas

Esta situación, que pudiera parecer descorazonadora en cuanto al papel de las vacunas en la pandemia, esconde un paradigma que juega en contra del virus.

Ya conocemos la capacidad de los anticuerpos neutralizantes de bloquear la unión de la proteína S del virus a la célula hospedadora. Al prevenir esta unión, el virus no nos llega a infectar.

Para escapar de esto, una estrategia que podría utilizar una nueva variante del virus sería cambiar la región de esta proteína S donde se unen estos anticuerpos para así no ser neutralizada.

Sin embargo, estos cambios que parecieran una ventaja para el virus suponen también un coste.

Al situarse los cambios en la misma zona empleada por la proteína S para unirse al receptor celular, podría empeorar su unión al receptor y reducir, a su vez, su capacidad infectiva.

Los virus tratan de solventar este paradigma de “lo que se gana por lo que se pierde” con mutaciones que afecten mínimamente a su capacidad infectiva y replicativa y que, al mismo tiempo, sean capaces de evadir parcialmente las defensas del organismo.

Como resultado de esta continua adaptación, el virus cambia parcialmente algunas de sus proteínas más inmunogénicas, como la proteína S, en un proceso denominado deriva antigénica.

Los virus de la gripe son uno de los más estudiados en cuanto al proceso de deriva antigénica.

Esta es la fuerza responsable de la aparición de nuevas cepas que circulan cada año y que obligan a reformular la estrategia vacunal frente a la gripe.

Pero a pesar de estos cambios, las nuevas cepas gripales no evaden completamente la capacidad de luchar frente a la infección de una persona inmunizada peviamente.

¿Y si nuestros anticuerpos se adaptasen a las nuevas mutaciones?

La adaptación a las condiciones cambiantes no solamente ocurre en el lado del virus.

Nuestros linfocitos B productores de anticuerpos pueden sufrir también un proceso de adaptación denominado hipermutación somática, que se deteriora con la edad.

De esta forma, los linfocitos B productores de anticuerpos frente al virus también pueden “mutar” para mejorar la capacidad de unirse a las proteínas del virus y neutralizarlos.

Esta mejora de los anticuerpos permitiría adaptarse a los cambios de las variantes.

El escenario cambiante de la lucha entre virus y hospedador se juega a dos bandas. El virus tiene que evolucionar y adaptarse continuamente a la situación inmune cambiante o, de lo contrario, extinguirse.

Alicia

Shutterstock

Quizás esta continua adaptación recuerde a situación en la novela de Lewis Carroll “Alicia a través del espejo”, donde los habitantes del país de la Reina Roja deben correr lo más rápido posible, solo para permanecer donde están.

Justamente por eso, la continua evolución de los virus en condiciones cambiantes se denomina (debido a su similitud), “efecto de la Reina Roja”. Es decir, cambiar para tratar seguir en el mismo sitio.

*Estanislao Nistal Villán, es virólogo y profesor de microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo. Este artículo apareció originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión orginal aquí.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=PpkidolMaRw&t=6s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.