Gobernador saliente deja a Q.Roo endeudado por 20 años
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Gobernador saliente deja a Q.Roo endeudado por 20 años

Este martes concluye el gobierno en Quintana Roo del priista Félix González Canto, quien deja una deuda histórica en las arcas del estado. A la opacidad en el manejo de los recursos públicos, críticos de su gestión señalan que también tuvo una abierta inclinación por colocar a sus familiares en cargos donde se manejara éste dinero
Por Juan Veledíaz
5 de abril, 2011
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Cancún, Quintana Roo.- La sonrisa del diputado priista Luis González Flores aquella tarde del pasado 19 de octubre de 2010 era como la síntesis de su quehacer parlamentario en los últimos meses. Parecía irónica, a ratos sarcástica, pero quienes lo observaron ese día en el salón de plenos del Congreso del estado, cuentan que no cabía de gusto luego de que la mayoría priista que encabezaba autorizó al gobierno de Quintana Roo que contratara un préstamo por 2 mil 700 millones de pesos.

Su andar pausado por los pasillos del recinto, luciendo su pelo cano con entradas prominentes y un bigote blanco, lo habían hecho ubicable durante su cabildeo  para que, en menos de un año, el poder legislativo quintanarroense avalara un segundo decreto para endeudar al estado en los siguientes 20 años. Meses antes, en diciembre de 2009, operó con su bancada y la del Verde Ecologista para que, sin el aval del PAN ni del PRD, se aprobara que el gobierno estatal adquiera un préstamo por 2 mil 661 millones, también a pagar en 20 años. En ambos se argumentó que los fondos serían para financiar “obra pública productiva”.

Luis González Flores, ex líder del Congreso de Quintana Roo.

Cuando en el año 2008 González Flores llegó como diputado y líder del Congreso, tenía una encomienda de su sobrino, el gobernador Félix González Canto. Como la legislatura saliente había estado dominada por la oposición, las propuestas del gobierno del estado para adquirir deuda habían sido rechazadas. Pero en ésta, donde el PRI tendría mayoría, y que además encabezaría su familiar, el gobernador recibió su primer aval en noviembre de aquel año cuando se le autorizó que adquiriera un préstamo por mil 900 millones de pesos. Tres años después Quintana Roo se encuentra en la lista de los 10 estados de la República más endeudados, con poco más de 7 mil 261 millones de pesos, cantidad que no incluye la deuda contraída por los nueve municipios del estado durante este lapso, que sumarían alrededor de dos mil 417 millones de pesos.

Este martes 5 de abril, la sonrisa del hoy exdiputado del PRI podría volver a las planas de los periódicos locales cuando Roberto Borge Angulo tome posesión como nuevo gobernador de Quintana Roo. Entre la clase política local se da como un hecho que González Flores, en “pago por sus servicios” en la gestión de su sobrino, haya recomendado a su sucesor ponerlo como nuevo secretario general de gobierno, es decir, número dos del estado.

*   *    *    *

Félix Arturo González Canto se caracterizó por encabezar un gobierno (2005-2011) “peleado con la transparencia en el uso de los recursos públicos”, dice William Souza Calderón, quien fue diputado local independiente hasta hace unos días y hoy está afiliado a Acción Nacional. Explica que si algo caracterizó al gobernador saliente durante su gestión, fue su “preocupación por el culto a su personalidad”. Fue como una suma de “banalidades, alejadas del interés general, viendo solo el interés personal. Un autoritario que no le gusta la democracia, caracterizado por el despilfarro de recursos públicos y quien exigía siempre sumisión”.

Felix Arturo González, durante la inauguración de la terminal tres del Aeropuerto Internacional de Cancún.//FOTO: Cuartoscuro

Un ejemplo fueron los 300 millones de pesos que gastó el gobierno en la construcción del centro de convenciones de Chetumal. Un inmueble en la capital del estado que sólo se usó durante sus últimos informes de gobierno. El resto del año, no se le da algún uso, es “un elefante blanco”. Otro caso fue la compra de parque vehicular para “la alta burocracia”, un gasto del que no se tuvo el reporte completo y del que sólo se informaron generalidades. “El empleo constante del avión del gobierno para fines personales, pasó a ser de uso particular en su gestión. Félix es un hombre alejado del cuidado de los recursos, sólo llegó a beneficiarse y a disfrutar del puesto. En esta legislatura que concluyó presentamos una iniciativa que exigía rindiera cuentas de sus viajes, tanto nacionales como al extranjero. Se echó abajo. Entre que sale del país, gastó lo que quiso sin rendir cuentas”.

La opacidad fue quizá el rasgo de gobierno pero no podría desdeñarse el nepotismo, dice por su parte José Hadad, diputado local por Acción Nacional en la legislatura que concluyó sus labores a finales de marzo pasado. Siempre se le cuestionó por qué le daba a sus familiares cargos cuya responsabilidad algo tenía que ver con los dineros públicos.

Su tío, como líder del Congreso, operó los tres decretos para endeudar al estado de aquí hasta el año 2030. A su primo Javier Zetina González lo puso al frente de la Administración Portuaria Integral de Quintana Roo, instancia que maneja siete terminales marítimas ubicadas a lo largo de la Riviera Maya y percibe ingresos superiores a los 120 millones de pesos anuales.

Javier Zetina González, director de la API en Quintana Roo.

A otro de sus primos, Óscar Conde Canto, lo colocó como director de ingresos del municipio de Cancún, la ciudad que más beneficios fiscales capta en el estado. A Manuel Conde Canto lo nombró director de la zona federal marítima y a Juan Carlos González Hernández, como alcalde de Cozumel, su tierra natal, lo apoyó para que durante su gestión, que concluye este 10 de abril, adquiriera varios préstamos que dejaron “hipotecado el futuro de la isla”.

Hadad coincide con Souza en que en  la zona sur de Quintana Roo, fuera de Cancún y las arenas blancas de las playas en la Riviera Maya, nunca se vio que el gobernador saliente tuviera una estrategia para reactivar la economía. “No hubo una obra que beneficiara a la población, las que hay son inversiones federales”, comenta Hadad. “Se requiere generar empleos, que el sur se active con infraestructura. Seis años después no hay nada de eso. La queja es que se promocionó a la zona norte y el sur no existe”, opina por su parte Souza.

Fuera del coro de aduladores que impera en el estado, donde políticos del PRI, del Verde Ecologista y hasta algunos perredistas, optaron por no cuestionar al gobernador saliente, los dos exdiputados fueron de las pocas voces que desentonaron. Souza dice que González Canto ahora le apuesta a dejar a alguien afín como su sucesor, que más que le ayude a incrementar su bienestar, “le cuide las espaldas para continuar tras bambalinas manejando el gobierno”.

Cauto, en ocasiones callado, González Canto no ha querido responder a los dichos que señalan la opacidad y el nepotismo como rasgos de su gobierno. Hace unas semanas salió al paso de la única cuestión que al parecer le preocupa: el que se tenga a su gobierno como el que triplicó la deuda pública que dejó su antecesor en el cargo Joaquín Hendricks. Un rotativo capitalino publicó en marzo pasado que las corredurías financieras Fitch Ratings y Standard & Poors, colocaron en negativo las calificaciones crediticias de Quintana Roo, debido al incremento de su deuda a corto y mediano plazo. El gobernador desmintió que la deuda de corto plazo ascendiera a 2 mil 880 millones de pesos y que a largo plazo haya un débito de 5 mil 300 millones.

Dijo que cuando se llegara al techo del último endeudamiento, éste oscilaría en 4 mil 800 millones de pesos, “pero no los ocho mil que se comenta”. Consideró que esto no pone en peligro la calificación que tiene el estado ante las corredurías internacionales pues, si bien reconoció que es a la baja, “un punto no es significativo”.

Y como si fuera dedicatoria, uno de sus paisanos, el exgobernador Pedro Joaquín Codwell, actual senador de la República y presidente de la comisión de puntos constitucionales, con quien no tiene buena relación, aparece como uno de los legisladores que impulsan una iniciativa de reforma a la Constitución, la cual buscaría como primer paso, evitar excesos en el endeudamiento de las arcas públicas por parte de los gobernadores.

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3 trucos que usan los latinos para hablar en Espanglish

Hablar 'espanglish' puede ir mucho más allá de meter unas palabritas en inglés 'here' and 'there'. Aquí te mostramos tres de las prácticas lingüísticas más comunes al hablar español en Estados Unidos.
26 de noviembre, 2019
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Si te pregunto “¿dónde tú vas?”, seguramente supongas que vengo de algún país caribeño. Si hablando de mi madre te dijera que “la di un beso”, posiblemente pensarías que soy de España. ¿Y si te contara que “estoy aplicando para principal de mi escuela”?

Las tres frases evidencian un uso coloquial de nuestro idioma, pero lo que hace más llamativa a la tercera es la marcada influencia del inglés, típica de la variedad de español que se habla en Estados Unidos.

Muchos llaman espanglish a esta manera de hablar, en la que se mezclan elementos del léxico y la gramática del español y el inglés.

https://www.youtube.com/watch?v=NphJULxY5ng

Los lingüistas están enzarzados desde hace años en un debate académico sobre si es apropiado o no usar ese término. Hay una corriente de expertos que lo rechaza y prefiere hablar de español de Estados Unidos, sin más etiquetas.

Pero en las calles, entre los hispanohablantes o latinos, se usa el término espanglish tanto como se habla.

Para el 70% de los jóvenes de origen hispano hablar espanglish es algo habitual o constante, según una encuesta de 2009 del Pew Research Centre.

Y esta manera de hablar, aunque espontánea, tiene características recurrentes. Aquí te hablamos de tres de las prácticas lingüísticas más típicas del español en contacto con el inglés de Estados Unidos: el cambio de códigos, la extensión y los préstamos, y de un factor subyacente que de fondo lo afecta todo.

‘Code switching’ o cambio de códigos

Chicas latinas

Getty Images
El español que se habla en Estados Unidos tiene características propias, igual que el español que se habla en España y en otros países de América Latina.

Este es probablemente el rasgo más llamativo del español de Estados Unidos: el cambio frecuente de un idioma al otro, dentro de una misma frase o conversación.

Lo interesante es que ese vaivén de idiomas no sucede al azar, sino que sigue ciertos patrones.

Aunque no hay puntos de cambio fijos, hay lugares en los que jamás se da, explica Kim Potowski, profesora de lingüística hispánica en la Universidad de Chicago, coautora del libro “El español de los Estados Unidos” y una de las académicas que rechaza el uso del término espanglish.

Según Potowski, casi nunca vamos a ver cambio de códigos entre el auxiliar y el participio. Nunca escucharíamos frases como “yo he gone” o “yo no have esa información”.

Sí es frecuente, en cambio, pasar al otro idioma en el objeto directo.

I don´t have your peine”, dice en la peluquería de su madre el personaje de Laritza, encarnado por la actriz cubano-estadounidense Jenny Lorenzo, conocida en YouTube por sus personajes latinos, como “la abuela cubana”.

See, I know que tú tienes my peine”, le replica su madre, Maruchi, en una rítmica frase en espanglish con dos puntos internos de cambio.

Familia hispana de Estados Unidos.

Getty Images
Según la lingüista Ana Celia Zentella los hispanohablantes en Estados Unidos han pasado por una historia de “opresión lingüística”. Hoy en día el dominio de los idiomas está ligado a la generación migratoria.

Este tipo de virajes varía mucho según el dominio que el hablante tiene de los dos idiomas y según los hábitos de la comunidad de habla a la que pertenece, que pueden ser muy distintos dentro de Estados Unidos.

Según Potowski, la gente que tiene un dominio de la sintaxis muy fuerte en las dos lenguas puede hacer cambios de códigos más complejos, por ejemplo, dentro de la misma oración.

Mientras, quienes carecen de esa habilidad totalmente bilingüe tienden a cambiar de código tras fragmentos de lengua más largos.

Curiosamente el dominio de los dos idiomas y el grado de influencia del inglés están ligados a la generación migratoria.

“La primera generación que llega puede mostrar ciertos cambios, pero no tantos como la segunda, ni mucho menos como la tercera”, comenta Potowski.

Muchos nietos de migrantes tienden a hablar casi todo en inglés pero hacen cambios de códigos “emblemáticos” en español: “Echan ahí un órale“, o un “mijo“, o algo así, solo para dejar saber que “hey, yo pertenezco a este grupo étnico, si bien no tengo todas las destrezas lingüísticas”.

La extensión

Imagen de la actriz Jenny Lorenzo interpretando al personaje de Maruchi la peluquera. Cortesía de Jenny Lorenzo.

Jenny Lorenzo
“See, I know que tú tienes my peine”, dice el personaje de Maruchi en perfecto espanglish en esta escena en una peluquería, interpretado por la actriz cubano-estadounidense Jenny Lorenzo.

Esta práctica lingüística frecuente en el español de Estados Unidos consiste en “extender” o aplicar el significado de una palabra en inglés a una en español que es igual o muy parecida.

Ejemplos ilustrativos de este fenómeno son el uso del verbo moverse (del inglés to move) como mudarse , soportar (del inglés to support) como sustentar, o vacunar (del inglés to vacuum) como pasar la aspiradora.

Se podría decir que hay distintos “grados” de extensión: algunos usos informales, como el de aplicar por solicitar, ya son tan habituales en Estados Unidos que algunos profesores de español los aceptan en sus clases.

Otros pueden sonar más ajenos, como el uso del verbo realizar con el significado de darse cuenta de algo (del inglés to realize). Por ejemplo, “Laritza realizó que sí tenía el peine y entonces se lo dio.

Además de léxica, la extensión también puede ser morfosintáctica, es decir, afectar a la estructura de la frase.

Un ejemplo de esto sería el uso del gerundio como sujeto, una sintaxis típica del inglés, como en la frase smoking is bad for your health.

Así, en algunas comunidades de latinos pueden decir “fumando es malo para su salud”, en lugar de usar el infinitivo, fumar.

Ahora, hay ciertas extensiones estructurales que son típicas de hablantes con un menor dominio del español.

Por ejemplo, frases del tipo “no tengo nadie para jugar con”, que hacen un calco sintáctico del inglés, ya solo se ven en las generaciones posteriores, comenta Potowski, las de “los nietos de los que emigraron”.

Los préstamos

Esta práctica lingüística consiste en tomar una palabra del inglés y adaptarla morfológica y fonológicamente al español, aplicándole sufijos o conjugaciones como si fueran palabras “nativas” de nuestro idioma.

En la frase “estaba hangueando en la marqueta“, por ejemplo, hay un verbo y un sustantivo creados a partir de palabras inglesas.

Familia hispana de Estados Unidos.

Getty Images
Muchos nietos de migrantes tienden a hablar casi todo en inglés pero hacen cambios de códigos “emblemáticos” en español: “Echan ahí un “órale”, o un “mijo”, o algo así, solo para dejar saber que “hey, yo pertenezco a este grupo étnico, si bien no tengo todas las destrezas linguísticas”.

Algunos latinos de Estados Unidos usan el verbo hanguear, del inglés to hang out, para expresar la idea de pasar un rato de manera relajada, disfrutando, sin hacer nada… en este caso, en el mercado.

Pero el uso de préstamos del inglés, o anglicismos, no solo es común en el español de Estados Unidos.

Muchas comunidades de hablantes de distintos países de América Latina y España los utilizan a menudo, particularmente en el ámbito de la tecnología.

Los usuarios de nuestro canal de YouTube nos contaron que conjugan con frecuencia verbos como chatear, postear, tuitear, guasapear, feisbuquear, laiquear, forwardear, estokear, etc.

Así como expresiones tomadas directamente del inglés, sin ninguna adaptación, como oh my god, lol, by the way, busy, full, freeky, etc.

La huella del “bullying lingüístico”

El español es la lengua minoritaria más hablada de Estados Unidos: 40 millones la hablan en casa, más gente que las poblaciones combinadas de Cuba, Ecuador y Bolivia.

Pero es también una lengua minorizada, y eso deja marcas en cómo la usan sus hablantes.

Según Potowski actualmente hay mucha presión social para que se deje de hablar y mucho bullying lingüístico“, además de agresiones físicas, incluso en público, hacia la gente que lo hace.

En un contexto así hay menos oportunidades para usar el idioma y por eso hay ciertas características de cómo se habla español en Estados Unidos que están derivadas de la falta de uso, y no necesariamente de la influencia del inglés.

Por ejemplo, muchos hablantes usan el subjuntivo menos que en otros países, explica la lingüista. Dicen frases como “espérame ahí hasta que él llega”.

“El inglés puede ser el catalizador de estos cambios, pero no los causa directamente”, matiza Potowski.

Cartel que dice: "Bienvenido a EE.UU., ahora hable inglés"

Getty Images
“Este es un país en el que hablamos inglés. ¡Hay que hablar inglés!”, repitió Donald Trump durante la campaña para las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

Según la lingüista Ana Celia Zentella, de la Universidad de California, San Diego, el uso de préstamos y de ciertas formas sintácticas en el español de Estados Unidos no suceden de una manera tan libre como podría parecer, sino que forma parte de una situación de opresión, donde el español no es el idioma subordinante, sino el subordinado.

Zentella, que defiende el uso del término espanglish, cree que esta palabra sirve para captar ese conflicto subyacente y la historia de “opresión lingüística” por la que han pasado los hispanohablantes en Estados Unidos.

Para esta experta en sociolingüística describirlo como “español de Estados Unidos” borra ese conflicto.

¿Hora de “embrazarlo”?

Hoy en día muchos jóvenes hispanos dicen que hablan espanglish con cierto menosprecio, como si su manera de expresarse influenciada por el inglés fuera una variedad del español de mala calidad o de menor categoría que el español coloquial que se habla en cualquier otro país.

Y esas actitudes negativas son las que quiere combatir la mayoría de los profesores y lingüistas en Estados Unidos, al margen de polémicas semánticas sobre el uso del término espanglish.

Niños latinos en Estados Unidos

Getty Images
Para los latinos de Estados Unidos mezclar el español y el inglés es una manera natural de expresarse como el pueblo bilingüe que son.

A lo largo de los años Potowski ha ido observando con sus propios estudiantes cómo esas percepciones están evolucionando hacia posturas más positivas, y en 2016 más de 40 universidades estadounidenses ofrecían cursos en espanglish o español de Estados Unidos, según datos citados por la cadena estadounidense NPR.

Las proyecciones demográficas dicen que en otros 25 años más el 25% de la población de Estados Unidos será de origen hispano, es decir, uno de cada cuatro estadounidenses.

Y para ellos mezclar el español y el inglés es y será una manera natural de expresarse como el pueblo bilingüe que son.

* Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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