4 de cada 10 mexicanos no permitiría que un homosexual viviera en su casa
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4 de cada 10 mexicanos no permitiría que un homosexual viviera en su casa

Por José Merino
12 de abril, 2011
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Marcha del Orgullo Gay en Reforma.//FOTO: Cuartoscuro

Cuatro de cada 10 mexicanos no permitiría que una lesbiana o un homosexual vivieran en su casa. Éste es el grupo con una proporción de rechazo más alta, seguidos por quienes tienen VIH o sida (35.9%), y las personas extranjeras (26.6%). Esto, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis 2010), publicada este 12 de abril por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

Es un porcentaje alto de rechazo, pero una lectura parcial. El otro lado obvio, es decir que para todos los grupos vulnerables, más de la mitad de los mexicanos aceptaría (“sí” o “sí, en parte”) que vivieran en su hogar. Por ejemplo, en los grupos más rechazados, lesbianas y homosexuales, el 52.2% y 53.7%, respectivamente, estarían dispuestos a permitir que alguno de ellos viviera en sus hogares.

Otro ángulo posible. Respecto a 2005, la proporción de rechazo se redujo en todos los grupos que fueron medidos también en 2010. En la encuesta de 2005 no se separó a lesbianas y homosexuales, y la proporción de rechazo a “homosexuales” fue de 48.4%, casi cinco puntos porcentuales más alta que en 2010; ello a pesar de la intensa presencia en medios de ambos grupos dada la aprobación en la Ciudad de México de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

La caída es aún más dramática en los demás grupos: entre extranjeros pasó de 42.1% a 26.6%; gente con ideas políticas diferentes de 38.3% a 25.9%; otras religiones de 36.2% a 24.2%; y de otras razas de 31.8% a 23.3%. Como en 2005, en 2010 las personas con discapacidad son las menos rechazadas, 12.5% de los entrevistados manifestaron no estar dispuestos a que alguien de este grupo viviera en su casa.

No, no es que no sepamos que algunos grupos son excluidos del ejercicio pleno de sus derechos. Notoriamente, para ningún grupo más de la mitad de los entrevistados consideró que sus derechos se respetaran “mucho”. Es curioso, no obstante, que sólo 19.5% considerara que se respetan los derechos de homosexuales, y al mismo tiempo cuatro de cada 10 se negara a que alguien de este grupo viviera en su casa.

Después de los homosexuales, los grupos en los que se percibe un respeto más bajo a sus derechos fueron: migrantes; indígenas; y trabajadoras del hogar.

A cinco de cada 10 mexicanos les parece justificable hablar a la policía si hay muchos jóvenes reunidos en la esquina. Éste es, por mucho, el rubro de mayor justificación. Curiosamente, sólo 28% consideró justificable oponerse a que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio. La conclusión pareciera ser: se violan sus derechos, no debo oponerme a que los tengan, pero eso no implica que los quiera bajo mi techo.

A uno de cada cuatro entrevistados les pareció justificable darle de comer las sobras de la comida a la trabajadora del hogar y/o pegarle a un niño o niña para que obedezca. Hay por supuesto, signos positivos, a menos del 15% de los mexicanos les parece justificable: expulsar a alguien de una comunidad por tener una religión distinta de la mayoría; no permitir que las personas practiquen sus tradiciones por ser distintas a las mexicanas; pegarle a una mujer; o insultar a alguien por su color de piel.

¿Y tú, de qué color eres?

Ocurre que las mujeres tienden a autoidentificarse con tonos de piel más claros que los hombres, cuando se les presentan distintas opciones:

Pero en el agregado, 64.6% de los mexicanos se definió como “moreno”, y únicamente 10.9% como “blanco”; y claramente, estamos a gusto con nuestro tono de piel (9.4 en una escala del 0 al 10). Ahora bien, apenas 40.4% consideró que el tono de piel no implica tratos desiguales; mientras que 28% manifestó que a distintos tonos de piel hay tratos desiguales; y 29.3% tratos iguales o desiguales “en parte”.

Los grupos vulnerables en tres números

La Enadi 2010 contiene además los resultados de cuestionarios específicos aplicados a diez grupos vulnerables, aquí te presentamos los que nos parecieron los tres números más sintomáticos de cada uno de ellos.

Diversidad sexual

–         52% de lesbianas, homosexuales o bisexuales manifestaron espontáneamente que el principal problema de su grupo es la discriminación.

–         La proporción sube a 58.5% en el nivel socioeconómico muy bajo, y cae a 37.4% en el nivel socioeconómico medio alto y alto.

–         Los dos grupos percibidos por este grupo como menos tolerantes fueron “la gente de su iglesia” con 24.1% y la policía con 22.7%.

Grupos étnicos

–         Para los indígenas la discriminación es también el principal problema, pero sólo 19.5% lo mencionaron. Seguido de la pobreza, con 9.4% de menciones.

–         La península de Baja California es la región en donde la discriminación tiene más menciones (58.6%), seguida de Chiapas/Guerrero/Oaxaca, con 34.5% de menciones.

–         39.1% de los indígenas consideran que no tienen las mismas oportunidades para conseguir trabajo.

Jóvenes

–         Por mucho, el principal problema identificado por los jóvenes es la falta de oportunidades de empleo y experiencia, con 35.4% de menciones, seguido muy de lejos por las adicciones, con 14.1%.

–         36.5% de los jóvenes atribuyeron a la falta de experiencia que no los aceptaran en algún empleo, pero un 32.7% mencionó su apariencia.

–         De quienes mencionaron la apariencia como el principal impedimento para conseguir un empleo, 53% pertenecen al nivel socioeconómico muy bajo, y 22.8% al bajo.

Minorías religiosas

–         28.7% de quienes pertenecen a una minoría religiosa mencionaron el rechazo y la falta de aceptación como el principal problema; seguido de “burlas, críticas y falta de respeto”, con 28.1%.

–         León, Toluca y Torreón fueron las ciudades en las que el rechazo y la falta de aceptación tuvieron una proporción más alta de menciones; y Querétaro en la que menos.

–         La policía y “la gente de su colonia” fueron los grupos señalados como más intolerantes, con porcentajes de tolerancia de 63.3% y 62.7% respectivamente

Mujeres

–         Tres son los principales problemas identificados por las mujeres en México: falta de empleo (21.2%); inseguridad (14.9%); y abuso, acoso, maltrato y violencia (11.4%).

–         44.9% de las mujeres adultas pide permiso a alguien (pareja o familiar), para salir de noche, y 33.3% para salir sola de día.

–         Por otro lado, 10.9% señaló haber pedido permiso a su pareja para usar anticonceptivos, y 7.7% para decidir por quien votar.

Niñas y niños

–         26.7% de los niños y niñas entrevistados dijeron que entre enero y la fecha de la entrevista les habían pegado en su casa.

–         Toluca, la Ciudad de México, y León fueron las ciudades con proporciones más altas de niños o niñas que declararon haber sido golpeados: 41.5%, 34.5% y 26.8% respectivamente.

–         El acto más reportado en las escuelas, es que les hayan dicho groserías, con 25.3%, seguido de que les hayan escondido sus cosas (22%), y se hayan burlado de ellos (19.1%).

Personas adultas mayores

–         Por mucho, el principal problema en este grupo es la dificultad para encontrar trabajo, con 36% de menciones. Seguido por problemas de salud, con 13.9%.

–         Esto es grave, dado que 56.8% de los entrevistados entre personas adultas mayores señalaron que sus ingresos no son suficientes para cubrir sus necesidades básicas.

–         Puebla-Tlaxcala, es la zona metropolitana con una proporción más alta de insuficiencia de ingresos, con 73.9%.

Personas con discapacidad

–         Desempleo, discriminación y no se autosuficientes son los tres principales problemas identificados por este grupo vulnerable, con 27.5%, 20.4% y 15.7% respectivamente de menciones.

–         38.9% de personas con discapacidad declaró que la mayor parte de sus ingresos proviene de su propio trabajo.

–         La proporción crece a 43.9% entre hombres, y cae a 18.1% entre mujeres.

Personas migrantes

–         ¿Qué tanto creen los migrantes que en México se respetan sus derechos? 58.1% dijo que poco, y 7.2% que nada.

–         En la Ciudad de México la proporción que respondió “poco” o “nada” crece a 90.8%, mientras que en Tapachula es de apenas 12%.

–         23.5% de los migrantes identificó como principal problema el desempleo, pero seguido de cerca (20.5%) por la discriminación.

Personas trabajadoras del hogar

–         El principal problema manifestado por este grupo se refirió a sus ingresos (31.1%), aunque 19.3% mencionó “abuso, maltrato, humillación o discriminación”, y 12.3% la falta de derechos laborales.

–         Toluca, Puebla-Tlaxcala, y Querétaro fueron las ciudades con una mayor mención de abuso, maltrato y discriminación, con 38.8%, 27.8% y 27.4% respectivamente. En contraste con Tijuana (18.4%), la Ciudad de México (18.2%) y Monterrey (14.5%).

–         Sólo 8.5% de las personas trabajadoras del hogar recibe un seguro médico por sus servicios; y apenas a 25.8% le dan vacaciones. En el mismo sentido, sólo 36.3% recibe aguinaldo y 48.2% puede usar el teléfono del hogar donde labora.

*La encuesta será dada a conocer hoy a las 10 de la mañana.

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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