Los otros cristianos de Iztapalapa
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Los otros cristianos de Iztapalapa

Por Francisco Sandoval Alarcón
22 de abril, 2011
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Los acordes de una guitarra retumban por toda la colonia. A la música, se agregan los tambores de una batería y la voz de un cantante que entona una melodía con alabanzas de Cristo, mientras un grupo de  40 personas corea  y aplaude la canción. “¡Que viva Cristo!”, gritan eufóricos.

Los asistentes se encuentran reunidos en el patio de una modesta vivienda, que a su vez está protegida con un techo de lona que ellos mismos levantaron. Se trata de una iglesia cristiana todavía sin nombre, ubicada en la calle San Rafael Atlixco, colonia Leyes de Reforma, en pleno corazón de Iztapalapa.

Hasta hace 5 meses la nueva iglesia operaba como un local de Alcohólicos Anónimos (AA) pero sus integrantes decidieron convertirlo en un centro cristiano.

“Ya no estábamos satisfechos con las enseñanzas del grupo, así que decimos ir más allá para encontrar a Cristo”, comenta Antonio Cruz, quien por muchos años estuvo inscrito en el programa de AA pero hoy es uno de los miembros de la recién conformada comunidad cristiana.

Un poco de historia

Localizada al oriente del Distrito Federal, la delegación Iztapalapa es la demarcación más poblada de la ciudad de México con un total de un millón 820 mil 888 habitantes, según el conteo de población y vivienda del INEGI en 2005.

Su nombre es retomado de la antigua población mexica que ahí se encontraba asentada hasta antes de la conquista,  siendo uno de los valles reales que rodeaban Tenochtitlán. Fue gobernada por Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, desde los últimos años del siglo XVI, hasta la llegada de los españoles.

 

Un estudio del Consejo Internacional de Responsabilidad Social para la Sustentabilidad A.C, revela que el crecimiento acelerado que se dio en 1990, se debió en gran medida al terremoto del 19 de septiembre de 1985, pues muchas de las familias que radicaban en las áreas centrales se desplazaron a los nuevos conjuntos habitacionales que se construyeron en la periferia.

“Esa tendencia no se detuvo hasta la mitad de la década de 1990, cuando se agotaron las tierras disponibles en Iztapalapa y se decretó la protección de la Sierra de Santa Catarina, la zona más presionada por la expansión de la mancha urbana”.

Desde hace más de 168 años, la delegación ha sido escenario de una de las representaciones católicas más grandes de México y América Latina durante la llamada Semana Santa: “La Representación de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo”, de ahí que sea uno de los bastiones más importantes del catolicismo en el centro del país, aun cuando en las dos últimas década esa religión ha perdido presencia entre sus pobladores.

Según el estudio de la A.C, hasta 1990, el 92% de los habitantes en Iztapalapa profesaban la religión católica, pero actualmente sólo un 80 por ciento la practican. En contraparte -tal y como ha ocurrido en todo el país-, las religiones evangélicas o protestantes han ganado terreno en la demarcación.

El censo 2010 del INEGI, arrojó que en México el 83.9%  de la población de 5 años y más es católica, 7.6%  es protestante o evangélica, 2.5 profesa otra religión y un 4.6%  es atea. Apenas 10 años antes, en el censo 2000,  un 92% de los mexicanos se declararon católicas, lo que habla de una disminución del 8.1% en una década.

“Ven a Jesús”

La iglesia cristiana localizada en la calle San Rafael Atlixco, colonia Leyes de Reforma, no es el único templo o inmueble utilizado para realizar actos religiosos en la delegación Iztapalapa.

En un recorrido realizado a tres colonias de la demarcación, Animal Político detectó la presencia de al menos 4 templos -entre cristianos y protestantes- que operan en un kilometro cuadrado.

Es el caso de la Asociación Civil (A.C.) “Ven a Jesús”, localizada en una vivienda de tres pisos que se ubica en la calle Alberto N. González de la colonia Constitución de 1917.

Aun cuando sus fundadores no se definen como una religión, sino como una congregación cristiana, aseguran que la necesidad de un cambio y de escuchar la “palabra de Jesucristo”, los llevó a conformarse como una A.C.

“Lo que nosotros enseñamos es que la relación (con Dios) no es a través de un sacerdote. Sino que es través de Jesucristo…Nosotros enseñamos a tener una relación personal con Jesús”, sostiene Ulises Ramírez López, un hombre que por espacio de 20 años estuvo preso.

Con voz pausada y serena, reconoce que fue en prisión donde logró un acercamiento con Dios. Incluso, comenta que estando en las Islas Marías fundó junto con otros internos, la primera A.C. con el nombre de “Ven a Jesús”, la cual sigue operando en el penal federal de mínima de seguridad.

Hace seis años, después de obtener su libertad, tomó la decisión de conformar una congregación con el mismo nombre que utilizaron en la Isla, para después instalarse en la delegación Iztapalapa.

Actualmente, la congregación que encabeza Ulises es visitada por cerca de 100 vecinos de Iztapalapa, quienes a través “de la palabra” y la música buscan  un cambio espiritual en sus vidas.

Aún cuando su preparación religiosa se dio en prisión y reconoce no ser un erudito del tema, ofrece una respuesta del por qué cada vez es más la gente que se acerca al cristianismo o a otras religiones, alejándose del catolicismo.

“En el caso de los cristianos o protestantes el que es drogadicto se deja de drogar, sus familias se empiezan a restaurar y esa es la transformación que ve la gente”

Además, explica que otra de las diferencias radica en la forma de recordar a Cristo. Mientras en Semana Santa los católicos lo hacen recreando su crucifixión y muerte, en el caso de los cristianos es por medio de la palabra o la música.

Para el llamado domingo de gloria por ejemplo, su congregación piensa celebrar la resurrección  con una obra musical no hablada.

“Lo que busca la gente es un cambio y a través de lo que han vivido en otras religiones no lo han visto…Yo estuve 20 años preso y Dios me transformó ahí. Ese es un cambio que se puede ver”.

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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