Paola Tinoco, una escritora ejemplar
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Paola Tinoco, una escritora ejemplar

Por Moisés Castillo
30 de abril, 2011
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A Gabriela le pagan mil pesos para ser humillada en público. Uli roba libros, se vuelve adicto a la lectura y pierde a su mujer. Ramses, un escritor no cotidiano hace de su casa un lugar donde todo puede suceder. Mario se sumerge a las profundidades de un cementerio para encontrar un cadáver cojo. Enrique es un súper actor en los hospitales públicos. Una jefa de prensa de una editorial ve la sangre de un escritor narco…

Estos son los trabajos que muchas personas con imaginación ejercen para sobrevivir ante el desempleo y las crisis económicas, que en nuestro país ya son una enfermedad crónica.

Los 14 cuentos que ofrece la escritora Paola Tinoco en su libro debut “Oficios ejemplares” (Páginas de Espuma) reflejan precisamente una realidad cruda pero que con su narrativa refinada nos traslada a escenarios asombrosos, llenos de humor negro, cinismo, ternura y maldad. Si un cuento no sorprende de inmediato muere. Y las historias de Paola Tinoco tienen el factor sorpresa en la línea exacta, en el diálogo honesto o en la frase contundente.

Dicen que el escritor debe tentar al lector y el comienzo de cada uno de los cuentos despierta una poderosa curiosidad que poco a poco refleja una realidad agridulce. Los relatos de Paola Tinoco tienen algo que decir, sus palabras son pasos leves que nos llevan a lugares donde fuimos protagonistas o testigos privilegiados de situaciones que aparentan ser normales pero que se vuelven delirantes.

Seguramente habrá algún lector que en este mismo instante está sumergido en “Oficios ejemplares” y dirá convencido “Sí, me caso con este libro”.

Gay Talese, padre del Nuevo Periodismo, dice que los escritores le roban al periodismo temas todo el tiempo. Cambian los nombres de la gente, dramatizan aquí y allá, y lo llaman ficción. Paola Tinoco hizo el trabajo completo hace seis años: reporteó muchas de estas crónicas que aparecieron inicialmente en la extinta revista DF por Travesías y la idea original consistía en encontrar algunos oficios poco comunes y contar historias increíbles.

Es por ello que “Oficios ejemplares” tiene la verdad del periodismo y la verosimilitud de la ficción, establece al instante un pacto sincero con el lector. Es una forma narrativa que es tan natural para la escritora de la Escandón, que le da la libertad para moverse en mundos que otros comparten o en el que otros se reconocen.

-¿Qué sucedió en el intermedio de las historias periodísticas a la publicación del libro?

Cuando leí las crónicas que había escrito a lo largo de dos años, me di cuenta que muchas de éstas podían crecer y convertirse en cuentos. Obviamente trabajándolas, haciendo ficción en muchas de ellas y eso pasó. No todas estuvieron publicadas, pero por ejemplo “Cenicienta humillada”, que es con la que abre el libro, sí es parte de las crónicas de la revista. Después me di cuenta que había una línea. No creo que todos los libros tienen que tener siempre un tema, por ejemplo el de Guadalupe Netel, “Pétalos”, es el título de uno de los cuentos pero todos son distintos, no hay un hilo conductor. En este caso me pareció que estaba bien que se quedará con el tema de los oficios y así lo dejé.

-¿Fue difícil trasladar este trabajo periodístico a cuentos?

En realidad las historias ya se habían contado y yo nada más como que uní puntos, no me costó mucho trabajo. Creo que lo mas difícil fue corregir, nunca estás contento con eso, con alguna coma, línea, pero las historias se dejaron ir solitas.

-¿El periodismo es menor a la literatura? ¿Cómo ubicas esta combinación?

El periodismo es una base para escribir una buena historia. Porque ahí de entrada ya tienes una historia contada, después “ficcionas” o digamos que le das forma a la historia. Es una herramienta muy importante. Hay muchos periodistas que son escritores. En Estados Unidos se utiliza el término escritor para los dos, para los que escriben ficción o columnas en un periódico. Creo que de alguna manera es así. Pero en México lamentablemente hay muchos periodistas que en realidad no escriben, no escriben de oficio y escriben por escribir y, en ese sentido, yo no los llamaría escritores.

-¿Todos tus protagonistas son reales?

Muchos de ellos sí. El escritor también tiene que hacer su trabajo de investigación como el periodista. En el caso de “Buzo de cementerio” estuve hablando con gente que se encargaba de la administración de cementerios. Nunca pude ver uno, pero me basé en las historias que me contaban de cómo él hacia su trabajo y escribí su historia.

-¿Por qué en varios de tus cuentos encontramos mujeres “sumisas”, “manipulables”, “sin autoestima”?

No lo pensé. Cuando los escribí eran personas que me llamaban la atención, la forma en que resolvían o no resolvían su vida y lo usé. No había ningún ánimo de “retratar” a la mujer mexicana.

-¿El cuento “Jefa de prensa” es un poco autobiográfico por tu labor en Anagrama-México?

Sí tiene que ver con mi trabajo, definitivamente tomo de allí muchas situaciones. No tengo un escritor narco pero sí tiene que ver. Algunas vez me tocó ir a la embajada Colombiana tratando de que me ayudaran a traer a un escritor y la respuesta fue tal y como está ahí. En realidad todas la embajadas de los países latinoamericanos no tienen mucho dinero para esas cosas, pero lo intenté.

-¿En el medio literario abundan los “rockstar”, es decir, los que no escriben tan bien y se sienten lo máximo o se comportan humildes como el escritor colombiano?

Más que hablar de buenos o malos, hablaría de temas comerciales o más como para un nicho de lectores. Por ejemplo, Daniel Sada es un gran escritor pero no vende tanto como Francisco Martín Moreno. A ti y a mi no nos gusta lo que hace pero hay como dos millones de personas a las que sí y eso es lo que vende el señor. Sí hay mucho “rockstar”, que hacen peticiones como “yo no voy a tal feria del libro si no me pagan el avión de mi asistente, de mi esposa…”. Sí hay gente así en el medio. Pero saben que pueden hacer esas cosas porque su trabajo rinde. Como el caso de Martín Moreno que sabe que vende dos millones de libros y entonces pide una limusina.

Carlos Fuentes y El dragón mágico

Desde los 15 años, Paola Tinoco escribía y escribía pequeñas historias en sus libretas de la escuela, y nunca pensó que se convertiría tiempo después en una “joven escritora dedicada a su trabajo y con gran futuro” como dice el argentino Ricardo Piglia.

Pola Tinoco confiesa que cuando entró a la UAM-Xochimilco a estudiar sociología escribía poco, pero al hacer su servicio social a la revista Proceso en un proyecto editorial que se llamó “México. Su apuesta por la cultura. El siglo XX”, tuvo la oportunidad de realizar investigaciones periodísticas y entrevistar a escritores como Carlos Fuentes. Fue una señal luminosa que la guió al mundo de las letras.

Sin embargo, como en casi todos los universitarios el dinero no fluye y menos en realizar “practicas profesionales”, tuvo que trabajar un tiempo de bibliotecaria, hasta que un amigo escritor le presentó a gente de la distribuidora de Anagrama y desde el 2003 es la representante de la editorial española en México.

Paola Tinoco se siente cómoda en su casa. Detrás de sus lentes inconfundibles de pasta delgada, sus ojos no parpadean, siempre están atentos. Sus respuestas son contundentes y sin paja como sus cuentos. Dice que en su casa no había muchos libros pero su padre se dio cuenta que su pequeña le atraía la lectura, así que le compró “La isla del tesoro”, “La vuelta al mundo en 80 días”, “Mujercitas”, historias para una niña de 8 años. Posteriormente, ya escogía sus propios libros y recuerda con mucho cariño “El dragón mágico”, de Pearl S. Buck.

-¿Cómo fue el paso de decidir ser escritora?

Nunca lo pensé. En realidad yo seguí escribiendo y en algún momento dije “bueno puedo presentar este proyecto a un editor”, y tuve la fortuna que le gustara a la primera, no es algo que pase muy seguido y menos en este medio que es muy chico. Aquí prácticamente todos nos conocemos, es como el patio de una escuela. Pero escribía sin pensar en hacer un libro o publicarlo en una revista, trabajando en prensa te das cuenta que no es complicado, lo presentas si te dicen sí, pues bien. La verdad me ha ido muy bien en eso. Publiqué en Play boy, en Laberinto Milenio, en la revista Replicante y por supuesto en la revista DF.

-¿Los escritores mencionan mucho el “tono” de su lenguaje? ¿Ya lo alcanzaste?

A mí me gusta lo que escribo, estoy muy cómoda utilizando la primera persona y creo que eso me ayuda ha hacer mis cuentos más fluidos porque se convierte en una especie de diálogo interior. A veces muy teatral, pero creo que tiene onda. A mí me gusta y ha recibido buenos comentarios mi estilo…

-¿El narco está de moda?

Sí hay mucho de narco, es el tema de moda pero es el reflejo de lo que está sucediendo en el país. Es inevitable que se hable del narcotráfico si lo tenemos a la vuelta de la esquina, pero no es mi tema favorito. A la editorial llegan muchos manuscritos, hay cosas muy buenas y cosas espantosas. En “Jefa de prensa” traté el tema pero en lugar de escribir sobre un trama policíaco, me busqué el oficio de alguien que trabajara para ellos, pero no que necesariamente estuviera involucrado.

-¿Percibes una crisis en las editoriales grandes y un repunte de las independientes?

No. Creo que las editoriales grandes están tratando de mantener las ganancias sacando libros que tienen más oportunidad comercial que otros, volviendo al tema de Francisco Martín Moreno. Las editoriales independientes siempre empiezan muy bien, he visto crecer un montón desde que llevo trabajando aquí en el mundo editorial y he visto a crecer a Sexto piso, Almadía, Textofilia, Tumbona, El billar de Lucrecia y algunas de ellas mantienen su línea, pero la mayoría buscan a alguien que les levante. Por ejemplo, Sexto piso sacó un libro de Carmen Boullosa, después de haber publicado a Etgar Keret y Goran Petrovic, pues dices qué diferencia. Almadía hace las mismas cosas.

-¿A qué jóvenes escritores hay que seguirles la pista?

Hay un escritor chileno que se llama Alejandro Zambra y sus “Formas de volver a casa”, es uno de mis escritores favoritos. El argentino Pedro Mairal, que es buenísimo, tiene unos cuentos estupendos, escribe con una naturalidad bárbara. Andrés Neuman me gusta mucho, más los cuentos que las novelas. Guadalupe Nettel, claro. Ahorita me llama la atención un chavo que es poeta y es muy original que se llama Feli Dávalos, tiene un programa en radio Ibero, su poesía es como rapeada. Es como si estuvieras leyendo hip-hop, es muy simpático, lo publicó Aldus.

Paola Tinoco aclara que no tuvo ningún antecedente familiar en el mundo de la escritura. Su padre trabaja en un hospital, su madre fue comerciante al igual que uno de sus hermanos. Otro es diseñador y el último es instructor de pilates. Dice que si no se dedicara a contar historias seguramente le gustaría ser diseñadora gráfica, pero no es buena para dibujar.

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La Mona Lisa: el detalle oculto que revela un nuevo significado del cuadro de Leonardo da Vinci

La pintura de 1503 de Leonardo da Vinci es la obra de arte más famosa del mundo. Kelly Grovier explora un objeto que suele ser pasado por alto y que ofrece una perspectiva diferente de la obra maestra.
2 de marzo, 2021
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Museo del Louvre

Getty Images
La Gioconda es una de las joyas del Museo del Louvre en París.

Algunas cosas son tan obvias que nunca las notas.

Y eso ocurre en una imagen omnipresente como la Mona Lisa.

El inagotable retrato de Leonardo da Vinci de 1503 protagonizado por Lisa del Giocondo, mujer de 24 años, madre de cinco hijos y esposa de un rico comerciante de seda florentino, es sin duda la obra de arte más famosa del mundo.

Sin embargo, ¿cuántos de nosotros hemos notado alguna vez conscientemente el objeto del cuadro que está más cerca de nosotros que cualquier otro: la silla en la que se sienta la misteriosa mujer?

No importa que sea lo único que la modelo de Leonardo agarra con su mano (literalmente todos los dedos de su mano la tocan o señalan), la silla seguramente debe ser el aspecto que más pasa desapercibido de una pintura que ha sido sobreobservada.

Escondida a simple vista, también puede ser la flecha que nos señala el camino hacia los significados más profundos de la obra.

Más allá de la sonrisa

Durante siglos, nuestra atención se ha centrado en gran medida en otro lugar en el pequeño panel de óleo sobre álamo (77×53 centímetros) que Da Vinci nunca terminó por completo y con el que se cree que continuó jugando obsesivamente hasta su muerte en 1519.

Museo del Louvre

Getty Images
La Gioconda es una de las obras más vistas y fotografiadas, pero aún guarda muchos misterios.

La preocupación por la sonrisa inescrutable de Mona Lisa es casi tan antigua como la pintura, y se remonta al menos a la reacción del legendario escritor e historiador renacentista Giorgio Vasari, que nació pocos años después de que Da Vinci comenzara a trabajar en la imagen.

“La boca, con su abertura y sus puntas unidas por el rojo de los labios a los tintes de la carne del rostro”, observó Vasari en sus célebres “Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos”.

“Parecían, en verdad, no ser colores sino la propia piel (…) en el fondo de la garganta, si uno lo miraba con atención, se podía ver el latido del pulso”.

Y concluyó: “En esta obra de Leonardo, había una sonrisa tan agradable que era algo más divino que humano de contemplar, y se consideraba como algo maravilloso, en el sentido de que era algo vivo”.

El fascinante misterio de la sonrisa de Mona Lisa y de cómo Leonardo la aprovechó mágicamente para crear “algo más divino que humano” y, sin embargo, “nada más y nada menos que con vida” resultaría ser demasiado intenso para muchos.

La Gioconda

Getty Images
La sonrisa es lo más estudiado, pero sus manos también guardan secretos.

El crítico de arte francés del siglo XIX Alfred Dumesnil confesó encontrar la paradoja de la pintura completamente paralizante.

En 1854, afirmó que la “sonrisa está llena de atracción, pero es la atracción traidora de un alma enferma que retrata locura”.

“Esta mirada, tan suave pero ávida como el mar, devora”.

Si hay que creer en la leyenda, la “atracción traicionera” de la sonrisa irresoluble de la Mona Lisa consumió también el alma de un aspirante a artista francés llamado Luc Maspero.

Según el mito popular, Maspero, quien supuestamente terminó sus días al saltar desde la ventana de su habitación de hotel en París, fue conducido a una distracción destructiva por los susurros mudos de los labios absortamente alegres de la Gioconda.

“Durante años he luchado desesperadamente con su sonrisa”, se dice que escribió en la nota que dejó. “Prefiero morir”.

Las manos y los párpados

Sin embargo, no todo el mundo se ha contentado con localizar el centro de la mística magnetizante de la Mona Lisa en su enigmática sonrisa.

El escritor victoriano Walter Pater creía que era la “delicadeza” con la que se pintan sus manos y párpados lo que nos paraliza e hipnotiza haciéndonos creer que la obra posee un poder sobrenatural.

“Todos conocemos el rostro y las manos de la figura”, observó en un artículo sobre Da Vinci en 1869, “en ese círculo de rocas fantásticas, como en una tenue luz bajo el mar”.

Pater procede a meditar sobre la Mona Lisa de una manera tan singularmente intensa que en 1936 el poeta irlandés William Butler Yeats se vio obligado a tomar una frase de la descripción de Pater, dividirla en versos libres e instalarlos como poema de apertura en el Oxford Book of Modern Verse que Yeats estaba compilando entonces.

El pasaje que Yeats no pudo evitar replicar comienza: “Es más vieja que las rocas entre las que se sienta; como el vampiro, ha muerto muchas veces y ha aprendido los secretos de la tumba; se ha sumergido en mares profundos, y guarda sus últimos días en torno a ella; traficó por redes extrañas con comerciantes orientales, y, como Leda, era la madre de Helena de Troya, y, como Santa Ana, la madre de María; y todo esto fue para ella como un sonar de liras y flautas “.

El retrato “vive”, concluye Pater, “en la delicadeza con que ha moldeado los rasgos cambiantes y teñido los párpados y las manos”.

Manos de la Gioconda

Getty Images
Todos los dedos de la Mona Lisa o tocan la silla o la señalan.

La descripción de Pater aún asombra. A diferencia de Dumesnil y del desafortunado Maspero antes que él, Pater ve más allá de la trampa seductora de la sonrisa del retrato.

Se fija en una vitalidad más grande que se filtra como desde lo más profundo de la superficie.

Al argumentar que la pintura representa una figura suspendida en una incesante lanzadera entre el aquí y ahora y algún reino de otro mundo que se encuentra más allá, Pater señala la esencia mística del atractivo perenne del cuadro: su sentido surrealista de flujo eterno.

Al igual que Vasari, Pater es testigo de una presencia que late y respira -“características cambiantes”- que trasciende la materialidad inerte del retrato.

El agua

La clave de la fuerza del lenguaje de Pater es la insistencia en las imágenes acuáticas que refuerzan la fluidez del ser esquivo de la modelo (“luz tenue bajo el mar”, “sumergida en mares profundos” y “traficó… con comerciantes orientales”), como si la Mona Lisa fuera una fuente inagotable de agua viva, una ondulación interminable en los remolinos sin fin del tiempo.

Quizás lo sea. Hay motivos para pensar que tal lectura, que ve a la modelo como un manantial de eterno resurgimiento que cambia de forma, es precisamente lo que pretendía Leonardo.

Flanqueado a ambos lados por cuerpos de agua que fluyen y que el artista coloca ingeniosamente de tal manera que sugiere que son aspectos del ser mismo de su modelo, el sujeto de Da Vinci tiene una cualidad extrañamente submarina que se acentúa con el vestido verde algas.

La Mona Lisa usa una segunda piel anfibia que se vuelve más turbia y oscura con el tiempo.

La silla pozzetto

Al girar su mirada ligeramente hacia la izquierda para encontrarse con la nuestra, la Mona Lisa no está sentada en cualquier banco o taburete viejo, sino en la conocida popularmente como silla pozzetto.

Con el significado de “pozo pequeño”, el pozzetto introduce un sutil simbolismo en la narración que es tan revelador como inesperado.

Detalle de la cara de la Mona Lisa

Getty Images
La Mona Lisa es un paisaje en sí misma, dicen algunos expertos.

De repente, las aguas que vemos serpenteando con un movimiento laberíntico detrás de la Mona Lisa (ya sea que pertenezcan a un paisaje real, como el valle del río italiano Arno, como creen algunos historiadores, o enteramente imaginarias, como sostienen otros) ya no están distantes y desconectados de la modelo, sino que son un recurso esencial que sustenta su existencia. Literalmente fluyen hacia ella.

Al situar a la Mona Lisa dentro de un “pozo pequeño”, Da Vinci la transforma en una dimensión siempre fluctuante del universo físico que ocupa.

Martin Kemp, historiador del arte y destacado experto en Da Vinci, también ha detectado una conexión fundamental entre la representación de la Mona Lisa y la geología del mundo que habita.

“El artista no estaba retratando literalmente el Arno prehistórico o futuro”, afirma Kemp en su estudio “Leonardo: 100 hitos (2019)”, “sino que estaba dando forma al paisaje de la Mona Lisa sobre la base de lo que había aprendido sobre el cambio en el ‘cuerpo de la Tierra’ para que acompañara a las transformaciones implícitas en el cuerpo de la mujer como un mundo menor o microcosmos”.

La Mona Lisa no está sentada frente a un paisaje. Ella es el paisaje.

El significado del pozo

Al igual que con todos los símbolos visuales empleados por Leonardo, la silla pozzetto es multivalente y sirve más que simplemente para vincular a la Mona Lisa con la conocida fascinación del artista por las fuerzas hidrológicas que dan forma a la Tierra.

La sutil insinuación de un “pocito” en la pintura como el canal a través del cual la Mona Lisa emerge a la conciencia reposiciona la pintura por completo en el discurso cultural.

Este ya no es un retrato simplemente secular, sino algo espiritualmente más complejo.

Las representaciones de mujeres “en el pozo” son un elemento básico a lo largo de la historia del arte occidental.

Cristo y la Samaritana, de Duccio di Buoninsegna (1310-1311)

Getty Images
El símbolo del pozo es habitual, como en la obra “Cristo y la Samaritana”, de Duccio di Buoninsegna (1310-1311)

Las historias del Antiguo Testamento de Eliezer encontrándose con Rebeca en un pozo y de Jacob con Rachel en el pozo se hicieron especialmente populares en los siglos XVII, XVIII y XIX, ya que todos, desde Bartolomé Esteban Murillo hasta Giovanni Antonio Pellegrini, de Giovanni Battista Tiepolo a William Holman Hunt, probaron suerte con estas narraciones.

Además, las representaciones apócrifas de la Anunciación en el Nuevo Testamento (el momento en que el arcángel Gabriel informa a la Virgen María que dará a luz a Cristo) junto a un manantial fueron habituales entre los ilustradores de manuscritos medievales, e incluso pueden haber inspirado el retrato más antiguo que sobrevive de María.

Como emblema infinitamente elástico, como sugiere Walter Pater, la Mona Lisa es sin duda capaz de absorber y reflejar todas esas resonancias y muchas más. No hay nadie que ella no sea.

“Agua viva”

Pero quizás el paralelo más pertinente entre la Mona Lisa de Da Vinci y los precursores pictóricos es uno que se puede dibujar con las muchas representaciones de un episodio bíblico en el que Jesús se encuentra en un pozo manteniendo una conversación críptica con una mujer de Samaria.

La Gioconda

Getty Images
El agua es un elemento fundamental para entender la Mona Lisa, la gran obra de Leonardo Da Vinci.

En el Evangelio de San Juan, Jesús hace una distinción entre el agua que se puede extraer del manantial natural -agua que inevitablemente dejará a uno “sediento”- y el “agua viva” que él puede proporcionar.

Mientras el agua de un pozo sólo puede sostener un cuerpo perecedero, el “agua viva” es capaz de saciar el espíritu eterno.

Las notables representaciones de la escena del pintor italiano medieval Duccio di Buoninsegna y del maestro renacentista alemán Lucas Cranach el Viejo tienden a sentar a Jesús directamente en la pared del pozo, lo que sugiere su dominio sobre los elementos fugaces de este mundo.

Sin embargo, al colocar a su modelo metafóricamente dentro del pozo, Da Vinci confunde la tradición y sugiere, en cambio, una fusión de los reinos materiales y espirituales, una difuminación del aquí y del más allá, en un plano compartido de creación eterna.

En la apasionante narrativa de Da Vinci, la Mona Lisa es ella misma una milagrosa ola de “agua viva”, serenamente contenta al ser consciente de su propia e intensa infinitud.

Lee la historia original en inglés en BBC Culture.


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