Procuraduría de Morelos procesa una de cada 10 averiguaciones
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Procuraduría de Morelos procesa una de cada 10 averiguaciones

Por Francisco Sandoval Alarcón
12 de abril, 2011
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Cuatro de cada 10 averiguaciones previas que se inician en la Procuraduría de Justicia del Estado de Morelos, se encuentran sin resolver, mientras que de las seis restantes, sólo una logra ser procesada ante un juez penal, según estadísticas oficiales de dicho estado.

Pedro Luis Benítez, procurador de justicia de Morelos.

De acuerdo con el documento de transparencia de la administración morelense, en el 2010, la dependencia a cargo de  Pedro Luis Benítez, inició un total de 58 mil 693 investigaciones, de las cuales al menos 25 mil 214, es decir el 42.95%, quedaron sin resolver.

Del total de averiguaciones sin resolver, 42 mil 491  se iniciaron a través del Nuevo Sistema de Justicia Penal, lo que significa que fueron delitos menores, mientras que 15 mil 892 tuvieron su origen en el Sistema de Justicia Tradicional.

En el documento de 14 cuartillas, las autoridades estatales, que como fuentes citan a las Direcciones Generales de Averiguaciones Previas y Procedimientos Penales de la PGJE, indican que en el caso de las  investigaciones tradicionales, en 4 mil 797 asuntos se dio el “no ejercicio de la acción penal” porque el ofendido otorgó el perdón, toda vez que 2 mil 83 expedientes se procesaron ante un juez, lográndose emitir 525 sentencias, de las cuales 365 fueron condenatorias y 160 absolutorias.

Aun cuando no hablan directamente de las investigaciones inconclusas, los números de la Procuraduría de Justicia arrojan que al menos 9 mil 322 asuntos quedaron pendientes de resolver.

En el caso de las investigaciones sin finalizar en el Nuevo Sistema de Justicia Penal, los representantes de la PGJE reconocen que en mil 172 asuntos se dio un acuerdo del no ejercicio de la acción penal, mientras que 15 mil 892 expedientes están archivados.

Otro problema que afronta Morelos, según se observa en sus estadísticas, es que la tasa criminal  entre 2009 y 2010 se incrementó en un 26%.

El asesinato de Juan Francisco y seis personas más, se suman a la estadística de las  investigaciones iniciadas por la PGJE que están sin resolver.

Movimientos en el gabinete de Morelos.//FOTO: Cuartoscuro

“Veo muy complicado que se resuelva (el homicidio de Juan Francisco Sicilia) en el tiempo fatal que le pusieron al Procurador (Pedro Luis Benítez) y ése pudiera ser el desenlace definitivo de su salida”, aseguró el diputado Fidel Demédicis, quien se mostró sorprendido por las estadísticas.

“Esos datos a nosotros (los diputados) no nos los proporcionan”, agregó el también Presidente de la Comisión de Justicia en el Congreso de Morelos, quien dijo desconocer las estadísticas de Procuración de Justicia 2010, las cuales se encuentran en un informe que el gobernador del Estado, Marco Antonio Adame, publicó en el portal de transparencia y rendición de cuentas de su administración.

El lunes 28 de marzo,  policías de Morelos localizaron los cadáveres de siete personas en el interior de un vehículo abandonado a un costado de la autopista México-Acapulco en el municipio de Temixco. Entre las víctimas se encontraba Juan Francisco Sicilia, hijo del escritor Javier Sicilia, quien el miércoles 6 de abril fue uno de los participantes de la Marcha por la Seguridad y la Justicia.

Durante su participación en el acto, el padre del joven de 24 años asesinado, emplazó a las autoridades estatales y federales para que a más tardar el 13 de abril, capturaran a los responsables de los crímenes, pues de lo contrario –anunció- convocará a una nueva marcha en la Ciudad de México, en la que exigirá la renuncia del gobernador estatal panista y el alto impostergable a la guerra contra el narcotráfico.

En el 2009, por ejemplo, la dependencia registró 46 mil 591 delitos, esto es 12 mil 102  ilícitos menos que los reportados en 2010.

Demédicis explicó que el argumento principal que ofrecen las autoridades de procuración de justicia a nivel estatal cada vez que se les cuestiona sobre el rezago en sus investigaciones, es que se requiere personal para atender el número de expedientes archivados.

El hecho de que las estadísticas que demuestran el rezago existente en la PGJE no han sido entregadas a los diputados será un tema que el procurador de Justicia, Pedro Luis Benítez, tendrá que ofrecer en la comparecencia que hará ante el Congreso Estatal en los próximos días, luego del asesinato de las siete personas ocurrido el 28 de marzo en el municipio de Temixco.

“Tenemos que reconocer que hay un rezago económico en la Procuraduría, pero también hay deficiencias que son evidentes como son los altísimos índices de corrupción que ahí se viven y aun cuando lo estamos combatiendo, hay resistencias muy fuertes. De ahí que se esté solicitando la salida del Procurador”.

Sobre la exigencia de Javier Sicilia de resolver el crimen de su hijo a más tardar el miércoles 13 de abril, el diputado de origen perredista, señaló que para cualquier autoridad es una situación complicada que se impongan plazos fatales. “Pero evidentemente ante el tortugismo, ante la serie de situaciones que se dan, veo muy complicado que se resuelva”, reiteró el legislador.

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¿Es la inflación más dañina que la recesión?

Las medidas que toman las autoridades para detener la inflación, como subir el costo de los créditos, le ponen un freno a la economía. Si las tasas de interés son demasiado altas y el freno económico demasiado profundo, puede llegar una recesión.
11 de agosto, 2022
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Hay que apagar el fuego antes de que se salga de control.

Esa parece ser la consigna de los países afectados por la gigantesca inflación que recorre el mundo y que ha llegado a máximos históricos en décadas.

Con Alemania marcando el nivel más alto en casi medio siglo -en medio de una crisis energética derivada de la guerra en Ucrania-, Estados Unidos y Reino Unido en el más alto nivel de los últimos 40 años y América Latina también bajo presión por la escalada en el costo de la vida, los bomberos están trabajando a toda velocidad.

Bomberos encargados de la política fiscal y monetaria de los países que intentan apagar una hoguera sin descuidar otro foco de incendio: la recesión.

Empleado de un fondo de inversiones mira varias pantallas de computadora

Getty Images

Pues bien, ¿qué tiene que ver la inflación alta con una recesión económica?

Mucho. Cuando se dispara la inflación, los bancos centrales suben las tasas de interés (el costo de los créditos) para desincentivar la compra de bienes o servicios.

Es una política que busca reducir el consumo y las inversiones con la esperanza de que bajen los precios.

Con este mecanismo se controla la inflación pero, al mismo tiempo, se frena el crecimiento económico.

Si el frenazo es demasiado grande, la economía se estanca y aumentan las posibilidades de que el país entre en recesión.

Trabajador estadounidense

Getty Images

Frente a este dilema las autoridades tienen que hacer de equilibrista y preguntarse: hasta dónde puedo subir las tasas de interés sin ahogar demasiado la economía.

Y ese equilibrio precario entre inflación y recesión es lo que tiene a los economistas tratando de apagar un incendio sin echarle leña al otro.

De ahí viene la pregunta: ¿es peor la inflación o una recesión económica?

El mal menor

No es tanto cuál es peor, sino qué es lo primero que hay que atajar. Yo creo que un país que quiere mantener su estabilidad macroeconómica, no puede permitirse una inflación elevada”, argumenta Juan Carlos Martínez, profesor de Economía en la universidad IE Business School, España.

“Una recesión es un mal menor comparado con una inflación persistente en la economía”, dice en diálogo con BBC Mundo.

cONSUMIDORA CON CAJA DE FRESAS EN LA MANO

Getty Images

Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del centro de estudios Wilson Center y profesor de la Universidad Johns Hopkins, en EE.UU., también argumenta que disminuir el costo de la vida es algo prioritario.

Las dos cosas son malas, pero la inflación es más difícil de superar en muchos casos”, apunta el experto.

Una inflación crónicamente alta, agrega, le impone muchos costos a una sociedad.

No solo se trata del frenazo económico. “También crea tensiones sociales, ya que los trabajadores exigen aumentos salariales recurrentes, los propietarios exigen subidas del alquiler y los comerciantes deciden aplicar repetidos aumentos de precios”, le dice Gedan a BBC Mundo.

Desde otra perspectiva, José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC) de México, agrega al debate que controlar una inflación elevada puede tomar muchos años, mientras que las recesiones, al menos en los últimos años, se han podido superar más rápidamente.

Persona comprando gasolina en Estados Unidos

Getty Images

“En este momento es fundamental contener la inflación porque las experiencias de los últimos 50 años nos muestran que una espiral inflacionaria acaba desencadenando una recesión”, le dice el economista a BBC Mundo.

“Se puede atajar una recesión sin que esto implique inflación, pero en el otro caso, la inflación termina provocando una crisis”.

Estados Unidos, por ejemplo, “está pagando el costo de un error”, agrega, porque las autoridades dejaron pasar mucho tiempo antes de subir las tasas de interés para controlar el consumo y la inversión.

De esa manera, la demanda siguió alta y los precios continuaron escalando, señala de la Cruz, sin que se eliminaran los incentivos para seguir gastando.

¿Qué pasa en América Latina?

Tal como está ocurriendo en otras partes del mundo, Latinoamérica también ha sufrido la ola inflacionaria.

En países como Chile, la inflación se disparó a un histórico 13,1% (la mayor en casi tres décadas), seguido por Brasil y Colombia (superando los dos dígitos), mientras países como Perú y México, donde la espiral inflacionaria es un poco menor, también han sufrido las consecuencias de precios que están dejando huellas aún más profundas en los sectores más vulnerables.

Mujer en supermercado, foto genérica.

Getty Images

Argentina, que sufre un problema crónico de inflación, tiene la herida abierta con un aumento anual del costo de vida de 64%.

Ante este escenario, los bancos centrales de la región han aplicado históricos aumentos de las tasas de interés para tratar de sacarle la presión a la olla.

En los buenos tiempos económicos, muchos gobiernos solían ponerse como meta inflacionaria un rango de entre 2% a 4%.

Pero ahora que el costo del crédito está disparado, esas metas se esfumaron, al menos por ahora.

Brasil, por ejemplo, tiene sus tipos de interés en 13,7%, mientras que en Chile el costo de los préstamos escaló a un máximo histórico de 9,7% y en Colombia al 9%.

Pocas ganas les quedan a los consumidores que aspiraban a comprarse una casa con un crédito bancario, o a los empresarios que pensaban renovar equipos, ampliar sus operaciones o iniciar nuevos proyectos de inversión.

Manos con billetes chilenos

Getty Images

Claramente la época del “dinero barato”, es decir, de los préstamos más asequibles, quedó en el pasado.

Tan veloz y profundo han sido el aumento del costo del crédito, que los economistas esperan ver resultados prontamente.

De hecho, en países como Estados Unidos o Brasil, la inflación dio una tregua y disminuyó levemente, aumentando las expectativas de que los precios podrían estar alcanzando sus niveles máximos.

¿Quiénes son los más perjudicados con la inflación?

“Lo peor de todo es que la inflación es un impuesto sobre los pobres, que tienen escasos ahorros y normalmente trabajan en el sector informal, con poca capacidad para proteger su poder adquisitivo”, explica Gedan.

“Dada la pobreza generalizada de la región y el gigantesco sector informal, los impactos de la inflación son particularmente severos en América Latina”, apunta.

Trabajadora colombiana en empresa textil.

Getty Images

En ese sentido, las autoridades no han dudado en subir las tasas, especialmente por los episodios de escalada de precios en Latinoamérica en las décadas pasadas.

“Es que dados los traumas pasados ​​de la región con la hiperinflación y el deseo de conservar la credibilidad ganada con tanto esfuerzo de los bancos centrales, no sorprende ver medidas rápidas en muchos países para frenar los aumentos de precios”, dice el experto.

El debate en Estados Unidos

Si bien inflación y recesión son dos amenazas económicas de alto calibre, en Estados Unidos el debate se ha centrado en cuánto y a qué velocidad la Reserva Federal (el equivalente al banco central en otros países) debe seguir subiendo las tasas para detener la escalada de los precios.

Criticada por no haber actuado antes, la Fed se ha embarcado este año en una serie de subidas de los tipos de interés.

Y como esas subidas le ponen un freno a la economía, la pregunta que muchos se hacen es si Estados Unidos caerá o no caerá en una recesión con todas sus letras.

Porque ya está atravesando lo que se conoce como una “recesión técnica”, equivalente a dos trimestres seguidos de contracción económica.

Foto genérica de buque carguero con contenedores y bandera de Estados Unidos.

Getty Images

Pero en EE.UU. esos números rojos no representan una verdadera recesión, según los estándares que se utilizan en ese país.

El árbitro que la define, por decirlo de alguna manera, es una organización independiente: la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).

En ella participan destacados economistas que se reúnen regularmente y analizan todas las variables que pueden incidir en un proceso recesivo.

La definición que ellos utilizan está lejos de ser una fórmula matemática: “Una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses”.

El enfoque del comité de economistas es que, si bien cada uno de los tres criterios (profundidad, difusión y duración) debe cumplirse individualmente hasta cierto punto, las condiciones extremas reveladas por un criterio pueden compensar parcialmente las indicaciones más débiles de otro.

Precisamente porque no es una fórmula infalible hay tanto debate en Estados Unidos sobre si realmente el país va camino a una recesión o si no llegará a ese punto.

Las máximas autoridades del país (encargadas de la política fiscal y monetaria) se han mostrado optimistas argumentando que el mercado del trabajo se mantiene fuerte.

Y en julio la inflación bajó levemente (de 9,1% a 8,5%), aportando una cuota de alivio frente a los pronósticos que consideraban como inevitable una recesión en el país.


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