Reporte semanal: México en el exterior
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Reporte semanal:
México en el exterior

Por Ana Francisca Vega
15 de abril, 2011
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El seguimiento informativo que esta semana hicieron los medios internacionales sobre México estuvo básicamente concentrado en el tema de la violencia. En particular, los medios hicieron una amplia cobertura del terrible hallazgo de al menos 126 cuerpos de personas que fueron asesinadas por el crimen organizado en Tamaulipas. Además, destacaron dos artículos sobre efectos de la violencia en los niños mexicanos y otro más que pone la lupa en la forma en que el fenómeno del ‘narco’ ha modificado nuestro lenguaje.

Arranquemos el recorrido.

1.    The Washington Post, “Mexican drug cartels targeting and killing children”

El Post asegura que una nueva tendencia de los grupos de crimen organizado en México es que “están matando niños para aterrorizar a la población o para probar que su salvajismo no tiene límites”. En la “brutal lucha contra las drogas”, asegura el diario “cada vez hay más víctimas menores de edad, inocentes que mueren en el fuego cruzado, que son asesinados junto con sus padres o que son intencionalmente atacados”.

El diario cita las cifras de la Red por los Derechos de la Infancia en México: de fines de 2006 a fines del 2010, 994 niños han muerto a consecuencia de la violencia generada por la guerra contra las drogas. El Post cita también el trabajo de la periodista Marcela Turati y del académico de la Universidad de Miami Bruce Bagley. Ambos coinciden en que los criminales están fijándose s los niños como un objetivo legítimo.

Dato interesante: el reportaje del Post fue republicado por varios diarios alrededor del mundo con el crédito correspondiente. Otros más –como el Daily Mail británico – lo reproducen casi todo…sin dar crédito al Post (en todos lados se cuecen habas, dicen por ahí).

2. El Tiempo (Colombia), “Los niños huérfanos de Ciudad Juárez, generación marcada por el odio”

El diario colombiano y decenas de medios de comunicación en de habla hispana –como la cadena Univisión, La Vanguardia, Terra  – publicaron un reportaje sobre los por lo menos 12 mil huérfanos que ha dejado la violencia en Juárez.

La nota tiene un inicio demoledor: “A sus seis años, Jorge llena la alcancía con la que espera comprar un cuerno de chivo para matar a los asesinos de su papá”.

¿Algo más que agregar? La nota, originalmente escrita por un reportero de la agencia AFP, dice que en Juárez no hay más de 100 sicólogos para atender a estos niños, y cita la frustración que esto provoca en personas como Gustavo de la Rosa, visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y de activistas sociales involcrados en buscarles ayuda para superar los traumas que les  ha dejado la violencia vivida en carne propia.

3. The Canadian Press, “Mexico’s drug war penetrates everyday language”

The Canadian Press y otros medios internacionales recogieron el interesante artículo de la agencia Associated Press (AP) en el que explican –para un público evidentemente extranjero– cómo es que los mexicanos –ciudadanos comunes, medios de comunicación y hasta autoridades– hemos adoptado en buena medida el lenguaje de los ‘narcos’ en nuestras vidas diarias, en nuestras coberturas informativas.

Palabras como ‘narcofosas’, ‘encajuelados’, ‘narcomensajes’, ‘levantones’ y demás términos que hasta hace algunos años no eran parte de nuestro lenguaje hoy son ya comunes. La AP dice: “esta tendencia tiene a la gente preocupada de que México esté desarrollando una especie de jerga que anestecia a las personas para que éstas vean en la escalada de violencia una cosa de rutina. Algunos expertos dicen que los eufemismos pueden ayudar a las personas a lidiar con los horrores que los rodean”.

Un buen texto que nos permite ver cómo es que un medio extranjero trata de explicar la situación a la que nos enfrentamos hoy en México y nuestras respuestas como sociedad, medios de comunicación y autoridades…un texto que nos recuerda nuevamente que no debemos acostumbrarnos al lenguaje de la violencia.

4. La Nación (Argentina), “Estrategias que llevan a la derrota del narcotráfico”

El sociólogo argentino y experto en temas de crimen organizado transacional, Juan Gabriel Tokatlian, escribe un artículo especial para el diario argentino La Nación que vale la pena por dos razones esencialmente: 1. Porque presenta un retrato del que poco sabemos en México sobre el problema de las drogas y el narcotráfico en Argentina y 2. Porque en su análisis el académico nos recuerda cuáles fueron los principales errores de omisión y percepción que se cometieron en México en el ámbito de la lucha contra la criminalidad organizada…errores cuyos costos estamos pagando hoy.

Sirva un pequeño párrafo de ejemplo:

“¿Qué sucedió? En los noventa, el caso “descarriado” era Colombia: de allí que Washington le retirase la visa de entrada al presidente Ernesto Samper y sometiera al país andino a una inclemente política coercitiva. México, por el contrario, y debido a razones de política interna en Estados Unidos, era el caso “ejemplar”, a pesar de que el narcotráfico crecía a los ojos de todos, a uno y otro lado de la frontera. A México y a Estados Unidos les servía, por motivos distintos, negar la dimensión que ya tenía el crimen organizado mexicano.”

5. CNN, “Officers arrested in connection with Mexico mass graves”

Durante la semana los medios internacionales dieron puntual seguimiento al paulatino descubrimiento de al menos 126 cuerpos de personas asesinadas por el crimen organizado en Tamaulipas.

Las coberturas, en general, fueron informativas y con poca opinión: “ncontraron”, “hallaron”, “descubrieron”. Prácticamente todos los medios recogen también el dato sobre la recomepensa de 15 millones de pesos que ofrece el Estado mexicano por información que lleve a la captura de los responsables, así como los antecedentes del caso: la fosa en la que se encontraron a los 72 migrantes asesinados el año pasado.

Aún así, hubo lugar a análisis e interpretaciones. La agencia Reuters, por ejemplo, comenta: “la incesante violencia relacionada con las drogas amenaza con dañar las posibilidades de que el partido del presidente Calderón pueda retener la presidencia en las elecciones federales del año próximo”.

En la red hay más de mil artículos relacionados con el caso… y contando.

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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