Rodolfo, un romántico incurable
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Rodolfo, un romántico incurable

Por Moisés Castillo
23 de abril, 2011
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Aunque lo pague con el precio de mi vida/aunque comprenda lo que tengo que sufrir/ puedo jurar que tú serás mi consentida/ y que nadie quiero tanto como a ti/

Esta fue la canción con la que Rodolfo conquistó a Blanca Estela, su amor del alma.

Hace 18 años, una mujer de mirada múltiple llegó a Garibaldi con unos amigos a   cantar y arrancarse la tristeza. A los pocos minutos, vieron pasar a un hombre bigotón de estatura media, que caminaba lento con una guitarra color caoba. Sin querer, Rodolfo y Blanca Estela se miraron y de pronto apareció un silencio entre los gritos de la noche.

Mientras tocaba “Mi linda esposa”, del trío Los Santos, la última canción de las cuatro rondas pactadas, Rodolfo sintió que la dulce sensación que le provocó esa mujer de cabello negro se estaba esfumando acorde tras acorde. Se percató que se quedaba sin aire, se le empezó a cerrar la voz pero terminó la melodía.

-Gracias señor, cuánto le debemos… Alcanzó a decir uno de los amigos de Blanca Estela.

-No, no, ¡No se vayan! Les voy a cantar una canción de cortesía. Con todo cariño para ella… Y Rodolfo mientras la veía fijamente a los ojos, se arrancó con “Consentida”, de Alfredo Núñez de Borbón.

Por primera vez, en mucho tiempo, mientras cantaba y raspaba las cuerdas de su guitarra, Rodolfo estaba en una inagotable certidumbre. Apenas la conocía, no sabía su nombre, pero quien quiera que fuera esa mujer, ya la amaba.

El trovador de Garibaldi nunca imaginó que en su lugar de trabajo encontraría a la que en poco tiempo se convertiría en su esposa.

“Consentida me trae un recuerdo único en mi vida. Fue la canción que tenía que cantarle a Blanca Estela en ese momento, la vida es de momentos y si no provocas algo te puedes arrepentir toda tu vida. Se la canté y se la sigo cantando como un himno de nuestro amor”.

*****

A sus 53 años de edad, Rodolfo se siente feliz. Mientras saca su cajetilla de cigarros Kent, aparece como fantasma un perro güero-rojizo con larga melena y se le queda observando con curiosidad. Quizá también nota sus zapatos desgastados, sus pantalones grises de “brinca-charcos” y su chamarra negra tipo gabardina un poco sucia.

Rodolfo le grita al señor del carrito que vende pan y café, y le pide uno bien caliente para su garganta. Entre su pelo negro, se asoman algunas canas del tiempo, que también se expanden a su bigote abundante. Dice que tiene el privilegio de hacer feliz a los demás, aunque sea por unos cuantos minutos que duran sus canciones. Vive de lo que le gusta hacer, pocos pueden decir lo mismo, por lo menos con la honestidad del quien fuera músico en “La Hora con Paco Malgesto”.

Desde 1976, Rodolfo trabaja como trovador independiente en la Plaza Garibaldi y tienen un largo recorrido musical. A los 16 años comenzó a tocar la guitarra por el ambiente bohemio que había en su casa. Cada fin de semana, su padre, Rodolfo Colorado y su madre, Beatriz Mena, tocaban la guitarra y el piano, cantaban toda la noche con familiares y amigos, entre el humo espeso del cigarro y el alcohol que nunca se terminaba.

Dice que la música romántica la trae de nacimiento, en la sangre. Escuchaba de niño mucho bolero, música ranchera, pero sus canciones favoritas siempre fueron las que interpretaban aquellos baladistas como Alberto Cortez, Leo Dan, Víctor Iturbe “El Pirulí”, José José, Rafael, Julio Iglesias, Napoleón, Roberto Carlos, Camilo Sesto, Gualberto Castro, Juan Gabriel, José Luis Perales, Leonardo Favio, Violeta Parra, entre otros.

Rodolfo dejó la escuela por la música. Apenas terminó la secundaria, iba en la Técnica No. 131 por el Centro de Tlalpan. Su niñez fue muy divertida, ya que vivió en la ex Hacienda de Coapa, todo era campo, visitaba caballerizas, gallineros, establos, olía el pasto fresco y las flores multicolores. La ex Hacienda se ubicaba en lo que ahora es Calzada del Hueso y que a mediados de los 60s se fue poblando gradualmente hasta cubrir en su totalidad esas tierras productoras de forraje.

A los 16 años, ingresó a la mítica Escuela Libre de Música y Declamación, en la calle de Sinaloa, colonia Roma. Esta escuela fue fundada en 1920 y tuvo como presidente a Antonio Caso. Ahí, Rodolfo tomó clases de solfeo, aprendió cómo entonar canciones y desarrolló una voz muy particular. Estudiar le sirvió para encontrar el tono y su estilo musical: un rumor de mar en la ciudad.

Su padre trabajaba en Televisa, en el noticiero 24 Horas de Jacobo Zabludovsky. Era un camarógrafo reconocido en ese tiempo de la televisión mexicana y siempre apoyó al joven Rodolfo en su sueño de ser una estrella de la canción romántica.

“Mi padre fue un hombre maravilloso, siempre lo respeté. Me decía que tenía que esforzarme, tenía que ganarme las cosas. Hay que aprender a pescar el pescado, es como yo me crié en el medio de la música”.

Don Rodolfo le presentó a personas del medio televisivo y de la farándula pero no sirvió de nada. Siempre soñó con grabar un disco y ser famoso, tener un nombre como baladista pero nunca llegó “un padrino” que se arriesgara e impulsara su carrera musical.

Antes de llegar a Garibaldi, estuvo en la TV tocando en el programa de Jacobo y en “La Hora del Aficionado”, trabajó muchos años en La Hostería de Plutarco Elías Calles, en la Hostería El Faisán, en el Café “El Pirulí”, a un costado del Teatro de los Insurgentes; estuvo de gira un tiempo con los Hermanos Carreón y tocó algunos meses en la Zona Rosa.

Sus canciones románticas se escucharon también en hoteles como el Camino Real, en el Bar La Cantina, en centros nocturnos como el Polly´s Belget, Las Fabulosas y otros lugares bohemios.

*****

Como trovador, Rodolfo no tiene prestaciones ni servicios médicos. Sólo su voz y su guitarra le dan de comer a su esposa Blanca Estela y a Mateo, su hijo de 18 años. Según las horas de trabajo es el salario y Rodolfo cobra tres canciones por 50 pesos. Su rutina trata de hacerla agradable, a pesar de que todos los días, excepto el domingo, llega a Garibaldi a las cinco de la tarde tras un viaje en transporte público desde la Colonia del Mar, Tláhuac.

Todos los días, de lunes a sábado, llega exhausto de trabajar a las siete de la mañana, duerme seis horas, come y se arregla para cantarle a la gente. A veces puede sacar 100 pesos en un día para olvidar, 500 en un viernes bueno o hay días en que su guitarra simplemente no suena.

Dice que la crisis que vive Garibaldi es el reflejo de la sociedad. Las crisis económicas recurrentes en el país le han pegado al sector restaurantero y a la vida nocturna de la ciudad de México. Ahora la gente necesita traer en su bolsa un “buen billete” para divertirse y prefiere comprar una botella por fuera y sentarse a escuchar el mariachi mientras comparten sorbo a sorbo el buen tequila.

“En los 70s y principios de los 80s había mucho ambiente, mucha bohemia. La noche invitaba a la gente a que acudiera a los centros nocturnos, oír música, a bailar y cantar bolero. Hoy se ha perdido el romanticismo, se ha perdido la tradición de comprarle rosas y dedicarle una canción a la mujer amada. Ahora los jóvenes tienen una mentalidad de reggaeton”.

Es miércoles y no hay mucha gente. El viento sopla tierra y pasea de un lado a otro a Rodolfo sin conseguir nada. Se sienta frente al Tenampa y dice que la Plaza antes era más bonita, más tradicional. Con los trabajos de rehabilitación y el Museo del Tequila y el Mezcal, la clientela bajó y el ambiente se perdió.

Sin embargo, Rodolfo es optimista y dice que en esto de la cantada hay que seguir estudiando y actualizándose con las canciones de moda o de algún otro baladista del momento. Presume saber la letra de 300 canciones románticas y tener en su casa una colección considerable de discos de vinilo y cassettes de todo tipo de música, desde tríos, ranchera, hasta los Bee Gees  y The Credence.

Las canciones que más le pide la gente son “Almohada”, “Amar y querer”, “El triste”, de José José; “Si nos dejan”, de José Alfredo Jiménez; “Gema”, “Tres regalos”, de Los Dandys; “Sabor a mí”, de Álvaro Carrillo; “Como quien pierde una estrella”, de Alejandro Fernández. Recientemente le han pedido mucho “Te he prometido”, de Leo Dan.

Pero a Rodolfo le gustaría cantar algún día como el argentino Alberto Cortez, su gran ídolo. En especial la canción “Mi árbol y yo”: Aquel que brotó y el tiempo pasó/mitad de mi vida/con el se quedó/hoy bajo su sombra/qué tanto creció/ tenemos recuerdos/mi árbol y yo.

En los últimos años Rodolfo ha sufrido y sus canciones no logran consolarlo. Llegó la muerte de su padre, quien falleció a los 82 años de edad víctima de enfisema pulmonar. Pocos años más tarde, su hermana mayor murió de cáncer de mama. Rodolfo sintió en esos momentos que caían en su cuerpo relámpagos y rodaban los truenos por el cielo.

Dice que mientras pueda va a seguir en Garibaldi hasta que se le acabe la voz.

“A mí siempre me ha gustado y me voy a morir con la música romántica, así que prepárense para mi funeral”.

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Aleksandr Dugin, el 'Rasputin de Putin' que ha modelado la visión del mundo del presidente ruso

El analista y estratega, conocido por sus puntos de vista ultranacionalistas, es considerado por algunos como el pensador más influyente de Rusia. Su figura se volvió central este fin de semana, cuando Rusia informó que su hija, Darya Dugina, murió el sábado en un ataque en Moscú.
22 de agosto, 2022
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Es quizás el filósofo vivo a quien más admira Vladimir Putin y se dice que es uno de los que más influencia ejerce en la forma de pensar del presidente de Rusia.

Aleksandr Dugin, analista, académico y estratega, es conocido por sus puntos de vista ultranacionalistas, y en muchos ámbitos se le considera como el pensador más influyente de Rusia.

Por su influencia sobre el presidente ruso, algunos lo llaman el ‘Rasputin de Putin’, en referencia a Grigori Rasputin, el místico que cautivó a la corte imperial de Rusia hace un siglo.

Se cree que Dugin fue el cerebro detrás de la anexión de Crimea ordenada por Putin en 2014. Y también defendió hace años que era necesaria la intervención militar en el este de Ucrania a la que llama Novorossiya (Nueva Rusia) “para salvar la autoridad moral de Rusia”.

Y en los últimos meses, mientras el mundo observa la invasión rusa en Ucrania, muchos han vuelto a revisar las ideas de Dugin y su influencia en las acciones de Putin.

Rasputin

Getty Images
Por su ascendencia sobre el presidente ruso, algunos lo llaman el ‘Rasputin de Putin’, en referencia a Grigori Rasputin, el místico que cautivó a la corte imperial de Rusia hace un siglo.

La figura del relevante pensador ultranacionalista se volvió central en la disputa con Ucrania este fin de semana, cuando Rusia informó que la hija de Dugin, Darya Dugina, murió el sábado en un ataque en Moscú.

Lee: Darya Dugina: Muere en una explosión en Moscú la hija del ‘Rasputín de Putin’, uno de sus principales ideólogos

Los servicios secretos rusos han atribuido el ataque a Ucrania, aunque Kyiv ha rechazado las acusaciones.

Mykhailo Podolyak, un asesor del presidente de Ucrania, dijo que la versión de los hechos ofrecida por el Kremlin es “propaganda rusa” de “un mundo ficticio”.

Las extrañas circunstancias en torno al ataque han levantado todo tipo de especulaciones tanto dentro como fuera de Rusia.

La reconocida analista Yekaterina Shulman opinó que el estallido de ira entre los comentaristas pro Kremlin en respuesta al ataque le pereció sospechoso.

“La reacción fue inmediata. Parecería como si estuvieran esperando que sucediera algo así”, escribió.

En criterio de Shulman, el asesinato “posiblemente podría usarse para aumentar la indignación pública dentro del país para justificar acciones represivas aún más activas por parte del Estado”.

Con anterioridad, opositores rusos han señalado que el Kremlin utiliza ataques de este tipo para justificar agresiones o despliegues armados.

En un comunicado tras el ataque, Dugin pidió una “victoria” en Ucrania tras la muerte de su hija. “Solo necesitamos nuestra victoria. Mi hija sacrificó su vida de joven mujer en su altar. ¡Así que por favor, consíganla! (la victoria)”, escribió.

Pero, ¿quién es Dugin y por qué tiene tanta influencia sobre Putin?

El “imperio eurasiático”

La filosofía de Dugin se conoce como eurasianismo.

Sostiene que la Rusia ortodoxa no es ni de Oriente ni de Occidente, sino una civilización separada y única, un “imperio eurasiático” comprometido en una batalla por el lugar que le corresponde entre las potencias mundiales.

Y la misión principal de esta civilización, cree Dugin, debe ser desafiar la dominación de Estados Unidos en el mundo.

Sus teorías han recibido amplio apoyo tanto entre la “nueva derecha” de Europa como en la alt right (derecha alternativa) de EU.

Una protesta en apoyo de "Novorossiya"

Getty Images
Una protesta en San Petesbrugo en 2015 en apoyo de ‘Novorossiya’ (Nueva Rusia) en Ucrania.

Nacido en Moscú en 1962, Dugin trabajó como periodista para después involucrarse en la política poco antes de la caída del comunismo.

En 1987, durante el segundo año de gobierno de Mijaíl Gorbachov, Dugin se unió al liderazgo de la notoria organización nacionalista rusa antisemita Pamyat, y durante los siguientes años se desempeñó como miembro del Consejo Central de la agrupación.

A principios de la década de 1990, cuando la Unión Soviética estaba cerca de colapsar, Dugin comenzó a asumir un papel político de más alto perfil.

Formó una asociación con “patriotas estatistas” en el campo comunista y estuvo, durante un breve periodo, cerca de Genadii Zyuganov, el líder del Partido Comunista de la Federación Rusa.

En un artículo en el sitio web del Centro para Europa de la Universidad de Stanford, el experto en política rusa John B. Dunlop escribe que en 1991, cuando colapsó la URSS, Dugin conoció a un importante escritor neofascista con vínculos con elementos del ejército ruso, Aleksandr Prokhanov, cuya revista Den sirvió para divulgar las ideas de la “oposición rojo-marrón” (socialista-fascista).

“Dugin pronto emergió como uno de los principales ideólogos de Den“, señala Dunlop.

Poco después comenzó a editar su propia revista, Elementy, y fundó la editorial Arktogeya.

Pero, según Dunlop, fue en 1998 cuando la carrera de Dugin dio un salto al ser nombrado asesor de geopolítica de Gennadii Seleznev, quien era presidente de la Duma y un importante actor en la política rusa.

Un año después, Dugin fundó el Centro de Experiencia Geopolítica en Moscú.

En un artículo en su revista explicó que el centro podría convertirse en “un instrumento analítico de la Plataforma Euroasiática para, simultáneamente, la Administración Presidencial, el Gobierno de la Federación Rusa, el Consejo de la Federación y la Duma Estatal”.

Putin

Getty Images
En 2000, Putin declaró públicamente que “Rusia siempre se ha percibido a sí misma como un país euroasiático”.

Sus ideas y estrategias parecieron afianzarse en el 2000 cuando conoció a Gleb Pavlovskii, uno de los principales ideólogos del gobierno del entonces recién electo presidente Vladimir Putin.

Y todo pareció quedar claro cuando ese año Putin declaró públicamente que “Rusia siempre se ha percibido a sí misma como un país euroasiático”.

Dugin después dijo que la admisión de Putin era “histórica, grandiosa y revolucionaria” y que lo cambiaba “todo”.

Desde entonces, Dugin se ha desempeñado como profesor de la Universidad Estatal de Moscú, ha planificado cursos para instituciones militares rusas y a menudo aparece en los principales canales de televisión de Rusia.

En 2015, el gobierno de EU lo sancionó por su proximidad al Kremlin y su aparente influencia en la anexión de Crimea el año anterior.

El “libro de texto”

Dugin fundó en 2001 el Partido Eurasia para promover sus ideas euroasiáticas.

Entonces dijo que el movimiento enfatizaría la diversidad cultural en la política rusa y se opondría “a la globalización al estilo estadounidense y también se resistiría a un regreso al comunismo y al nacionalismo”.

Fue en 1997 cuando publicó Los fundamentos de la geopolítica: el futuro geopolítico de Rusia, un libro en el que establece los detalles para que Rusia reconstruya su poder a nivel mundial.

Algunos analistas aseguran que ese libro marcó la visión de Putin sobre Rusia y su lugar en el mundo y que todos los generales del ejército ruso lo leen en algún momento.

En él escribe que, para lograr sus objetivos geopolíticos, Rusia necesitaría “la desinformación, la desestabilización y la anexión”.

Además, señala que agentes rusos deberían fomentar las divisiones raciales, religiosas y regionales dentro de EU mientras promueven las facciones aislacionistas en ese país.

También indica que en Reino Unido las operaciones psicológicas deberían centrarse en exacerbar las rupturas históricas con la Europa continental (adelantándose dos décadas al Brexit) y los movimientos separatistas en Escocia, Gales e Irlanda.

Dugin también plantea que Europa occidental debería verse atraída hacia Rusia por sus recursos naturales: petróleo, gas y alimentos, mientras la OTAN colapsa desde adentro.

Igualmente, escribió que uno de los objetivos de las anexiones de Rusia debería ser Ucrania. Su idea es que una Ucrania independiente se interpone en el camino para que Rusia se convierta en una superpotencia transcontinental.

“Ucrania como Estado independiente con ciertas ambiciones territoriales representa un peligro enorme para toda Eurasia”, escribe, y “sin resolver el problema ucraniano, en general no tiene sentido hablar de política continental”.

Dugin

BBC
“La verdad es una cuestión de creencia”, dijo Dugin a la BBC en 2017.

Muchos ven que las acciones de Rusia en los últimos años inmiscuyéndose en las elecciones en EU y en el proceso del Brexit, y con conflictos como los de Georgia o el del este de Ucrania son un ejemplo de la influencia de las ideas eurasianistas de Dugin sobre Putin y sus colaboradores.

La “verdad rusa”

Para lograr esta “nueva realidad rusa”, Dugin se ha apoyado en un marco filosófico cuidadosamente construido en el que la verdad parece haber quedado de lado.

“La verdad es una cuestión de creencia”, dijo Dugin en una entrevista con el programa Newsnight de la BBC en 2017.

“La posmodernidad muestra que en cada supuesta verdad lo único que cuenta es lo que tú crees”.

“Así, creemos en lo que hacemos, creemos en lo que decimos. Y esta es la única manera de definir la verdad. Así que nosotros tenemos nuestra verdad rusa especial y usted tiene que aceptarlo”, expresó.

Agregó: “Si Estados Unidos no quiere comenzar una guerra, se debe reconocer que Estados Unidos ya no es un único amo”.

“Y (con) la situación en Siria y Ucrania, Rusia le está diciendo: ‘No, tú ya no eres el jefe’. Esa es la cuestión de quién gobierna el mundo. Solo la guerra puede realmente decidirlo”.

Según escribió David Von Drehle en The Washington Post, la obra de Dugin “se puede resumir en una idea: la alianza equivocada ganó la Segunda Guerra Mundial”.

“Si tan solo Hitler no hubiera invadido Rusia, Reino Unido podría haberse roto. Estados Unidos se habría quedado en casa, aislado y dividido, y Japón habría gobernado a la antigua China como socio menor de Rusia”.


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