Un chapuzón en el Monumento a la Revolución
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Un chapuzón en
el Monumento a la Revolución

Por Paris Martínez
24 de abril, 2011
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En este balneario no hay salvavidas, sólo agentes de tránsito que cuidan a los bañistas de ser atropellados.

Tampoco hay alberca, aunque eso no impide a uno que otro echarse un clavado, de forma voluntaria o arrojado por sus acompañantes.

En bicicletas, triciclos, carreolas, sillas de ruedas y patines, la Plaza de la República, ubicada justo enfrente del Monumento a la Revolución, se encuentra tomada por un plantón permanente de chilangos en shorts y chanclas, que se rebelan contra el calcinante Sol de los últimos días, empapándose en las aguas de la fuente a ras de suelo inaugurada el año pasado, como parte de las obras conmemorativas del Bicentenario.

La muchedumbre, integrada por cientos de personas, se posa sobre las lozas amarillas de la explanada, esperando los chorros danzantes que lamen sus cuerpos y vuelven a esconderse bajo suelo, mientras, alrededor, reposan algunas señoras bajo sombrillas de playa o se tuestan recostadas sobre una toalla de baño.

–Venimos de Iztapalapa –cuenta un adolescente, mientras se pone ropa seca, junto a otros nueve jóvenes–, somos de la prepa…

–No es cierto –lo interrumpe Rachel, una niña morena, que se calza los tenis–, somos de secundaria… Es el segundo fin de semana que venimos y ahora ya no estuvo tan padre, porque el agua huele muy feo, creo que no la han cambiado.

Es la queja generalizada, aunque no es razón suficiente para que nadie se abstenga del baño.

Doña Isabel y su esposo Mauro cuidan al pequeño Alejandro, un bebé de brazos, cubiertos por la sombra del Monumento a la Revolución, y miran, a lo lejos, a sus hijos y nueras cuando brincan junto con el agua.

–Para todos nosotros es muy provechosa esta fuente –dice, con una sonrisa–, no tenemos recursos para irnos a la playa, así que aquí nos venimos a mojar y asolearnos.

–¿De dónde vienen?

–De Ixtapaluca, somos seis adultos y dos niños. Nos trajimos pollo rostizado, pan y, al rato, cuando hagamos digestión, a lo mejor subimos al mirador del Monumento, pero de mientras, los hijos están allá, mojándose, pasándosela contentos.

En el otro extremo de la plaza, a unos metros del paso de los autos, don José, un hombre de voluminoso abdomen, pantalón corto, gorra de pescador y sandalias de baño, sorbe refresco de un vaso de unicel, con dificultad, por la temperatura que ha adquirido su bebida.

Aún así, está satisfecho.

–Buen trabajo el que hizo el gobierno con esta fuente…

–¿De dónde viene usted?

–Mi gente y yo venimos de Toluca, somos como 20 cabrones –don José hace una mueca cuando su mujer lo reprende con la vista, a causa de su lenguaje–, al final resultó una buena opción para el Sábado de Gloria, todos están divirtiéndose.

–¿Sabía que abajo de la fuente está el Museo de la Revolución?

Don José da un trago a su refresco caliente y lo deja resbalar lentamente por su garganta, aprovechando el tiempo para pensar.

–Sí sabía… pero no creo entrar. Mi gente está pasándosela bien, no hay razón para sacarlos del agua. Trajimos comida, pescaditos fritos, hicimos sándwiches de sardina con ensalada, refresquito…

Aunque no todos lucen contentos. Junto a su esposo Manuel, la joven Claudia, quien empuja una carreola por un costado de la explanada, se detiene para mirar el espectáculo que ofrecen los cientos de cuerpos empujándose para encontrar un espacio en la fuente, lo mismo niños que adultos, y protesta:

–El problema no es si el agua huele feo o no, lo que está mal es la incultura de la gente –Claudia pone el freno a la carreola, para impedir que ruede por la pendiente, mientras extiende su alegato–. Todas estas personas no vinieron a admirar el baile del agua, ésta es una fuente danzante, pero la borregada viene a mojarse, supongo que para los medios económicos que se manejan, está bien para ellos.

Un pequeño niño se acerca, empapado y aterido, a saludar a la joven pareja, avecindada a un costado del Monumento. Su nombre es Antonio, también de la zona.

–Nosotros sí nos la pasamos bien –arguye el pequeño–, yo sí he visto cómo brinca el agua y también me gusta meterme, aunque hay un peligro…

–¿Y cuál es?

–Que algunos chorros de agua salen muy fuerte y la gente no se da cuenta, pero como hay tantos, se empiezan a empujar y puede ahogarse alguien.

–¿Crees que tanta gente aventándose puede accidentarse?

–Sí –dice Antonio, con los brazos pegados al pecho, temblando de frío, pero antes de que la grabadora se aleje de su rostro, la pezca con ambas manos.

–¿Te gustaría decir algo más?

Antonio dice que sí con un movimiento de cabeza. Toma aire, y luego grita:

–¡¡Viva México!!

La fuente danzante es encendida todos los días entre las 11:00 y las 19:00 horas, en periodos de 15 minutos. Hasta el momento no se ha reportado ningún accidente, aunque, ciertamente, tampoco hay puestos de auxilio que pudieran contabilizarlos…

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Fin de la cuarentena: "burbujas sociales", la estrategia que aplica Nueva Zelanda y analizan otros países

Nueva Zelanda, uno de los países más exitosos en la lucha contra la covid-19, ha permitido a sus ciudadanos ampliar el círculo de contactos. Te contamos cómo funciona esta propuesta y por qué está siendo evaluada por varios gobiernos.
2 de mayo, 2020
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Con la extensión de la cuarentena en muchos países que llevan semanas en aislamiento, y la falta de claridad sobre cómo salir de ella sin que aumenten drásticamente los casos de covid-19, los ánimos de la gente se han ido desgastando.

Más allá del golpe económico que representa para quienes dependen del trabajo diario para su subsistencia o del caos logístico para los padres que tienen hacer malabares para trabajar desde la casa y ocuparse de sus hijos, muchos sufren el impacto de la soledad y la ausencia de contacto físico.

Por esta razón, una de las estrategias que algunos gobiernos están barajando para salir de este atolladero es la de crear o ampliar las llamadas “burbujas sociales”.

El término empezó a ganar prominencia después de que Nueva Zelanda —uno de los países más exitosos en la lucha contra la pandemia— anunciara el descenso de su nivel de alarma de 4 a 3.

Mientras que la recomendación de permanecer en la casa y evitar en lo posible las interacciones sociales en dicho país sigue en pie, las nuevas reglas que entraron en vigencia el lunes autorizan a la población a ampliar su círculo de contactos.

“La gente debe continuar dentro de la burbuja de su hogar pero puede expandirla para reconectarse con su familia extendida, o para traer cuidadores, o para ayudar a personas aisladas“, dice el gobierno en su página web, “siempre y cuando todos vivan en el mismo pueblo o ciudad”.

El contacto entre este grupo de personas debe exclusivo: es decir, las personas que forman parte de esta burbuja no pueden formar parte de otra.

Jacinda Ardem

Getty Images
El gobierno de Jacinda Ardem anunció el pasó de nivel 4 al 3 que entró en vigencia el lunes a la medianoche hora local.

“Esta aproximación es una manera de aumentar el contacto social a la vez que se minimiza el riesgo de transmisión de la enfermedad, ya que si se produce una infección se queda dentro de la burbuja y no puede transmitirse a otras”, le explica Stefan Flasche profesor asociado de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

“Es una forma eficiente de relajar las restricciones que, en principio, es viable en casi cualquier situación donde ya no esté aumentando el número de contagios”, dice.

En su opinión, es una herramienta importante para lidiar con la situación, mientras continúa la búsqueda de una vacuna, “aunque cada país deberá priorizar qué medidas necesitan flexibilizar más urgentemente”.

No más de 10

Mientras que la propuesta implementada en Nueva Zelanda no fija un número de individuos por unidad (aunque evidentemente la idea de una burbuja es que sea pequeña), otros gobiernos que evalúan la posibilidad de incorporar esta estrategia establecen un límite de 10 personas.

En el contexto británico, manteniendo este límite, la idea sería permitir la combinación de un grupo familiar con dos o tres otros grupos, también de forma exclusiva.

La idea también está siendo considerada entre otros por Escocia, Canadá y Bélgica.

Niños

Getty Images
Para los niños pequeños, que no pueden comunicarse tan bien con sus pares digitalmente, el contacto físico con otros niños es importante.

Para Per Block, coautor de un estudio liderado por la Universidad de Oxford sobre estrategias basadas en la reestructuración de nuestras relaciones sociales para aplanar la curva de la covid-19 después de la cuarentena, las ventajas de este modelo son evidentes.

“Cuanto más estricta es la cuarentena, más alto es el costo para la vida social y el bienestar psicológico de la gente”, le dice el investigador a BBC Mundo.

“Hay una diferencia enorme entre encontrase con alguna gente o estar solo en la casa, sobre todo para personas vulnerables desde un punto de vista psicológico, o que están en una situación poco segura, o que necesitan del contacto físico para su bienestar mental”.

Brian Dow, vicedirector ejecutivo de Rethink Mental Illnes, una ONG británica avocada a promover los derechos de las personas afectadas por problemas de salud mental, cree que esta política sería beneficiosa siempre y cuando esté bien manejada.

“Esto le permitiría a la gente aliviar la ansiedad que puede estar sintiendo al estar atrapada en su casa”, le dijo a la BBC.

“La gente ha sido muy creativa (en términos de socialización), pero, francamente lo que ahora necesita es, simplemente, un abrazo”.

Cómo armar tu burbuja

¿Pero cómo un grupo familiar o que comparte una vivienda puede armar su burbuja sin que sea un quebradero de cabeza, aceptando a algunos, rechazando a otros, y dejando a todos los integrantes de la casa satisfechos?

“Es una tarea delicada porque tienes que hacer un contrato social con otra gente que está en tu burbuja y asegurarte de que todos permanezcan dentro de ella y esto se basa en la confianza”, admite Block.

También hay muchos otros factores a tomar en cuenta como las diferentes generaciones que conviven bajo un mismo techo.

Madre con su hjio

Getty Images
Para armar una burbuja social, es importante reconocer quién tiene más necesidad de ampliar su burbuja personal.

“Si fuese por mí y mi pareja, seguramente estaríamos bien comunicándonos digitalmente con nuestros amigos, pero tengo una niña de cuatro años y su situación es peor, porque extraña la interacción física con sus amigos porque no se puede comunicar bien digitalmente”, comenta Flasche.

“Por eso debes considerar cuidadosamente quién dentro de la casa necesita más expandir su burbuja personal, y crear una unidad de acuerdo a quién realmente esto le hace falta”.

Otra cosa importante, señala Block, es crear una burbuja con un grupo que esté geográficamente cerca (como por ejemplo vecinos que sean amigos y con una estructura familiar similar), así “en caso de contagio, se puede limitar la distancia a la que se propaga la enfermedad”.

¿De qué dependerá el éxito de esta estrategia?

La respuesta es simple coinciden los entrevistados: de que la gente cumpla con las reglas.

Que, por otro lado, no son para siempre, sino “una solución intermedia entre ahora y quizás dentro de un año cuando volvamos a interactuar normalmente”, aclara Block.

“Yo lo veo como una oportunidad para la sociedad”, señala Lasche.

Si la gente sigue las reglas y limita sus contactos lo más posible, esta puede ser una estrategia viable y sostenible que nos haga la cuarentena más tolerable a largo plazo”, dice.

“Si no cumplimos con las normas y establecemos más contactos, la enfermedad se propagará, y tendremos que regresar a un aislamiento más severo. Por eso nos interesa a todos que no sea así”, agrega.

Nueva Zelanda, donde la estrategia de las burbujas sociales ya está en marcha, reevaluará el 11 de mayo cómo seguir adelante.


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