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¿Cuánto cuesta morir
a manos del Ejército?

El señor Adán Abel Esparza Parra, cuyos hijos, esposa y hermana fueron acribillados en un retén militar, conoce la respuesta: la vida de un civil vale un promedio de 147 mil pesos.
Por Francisco Sandoval Alarcón
31 de mayo, 2011
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El señor Adán Abel Esparza Parra, cuyos hijos, esposa y hermana fueron acribillados en un retén militar, conoce la respuesta: la vida de un civil vale un promedio de 147 mil pesos.

De acuerdo con una solicitud de transparencia hecha por Animal Político, la SEDENA ha pagado en promedio esta cantidad a las familias que pierden a uno de sus miembros cuando se ven fortuitamente envueltos por un tiroteo. “Daños colaterales” les llaman.

En contraste,  la misma instancia encabezada por el general Guillermo Galván Galván ha entregado a las familias de los militares caídos en combate, alrededor de 784 mil pesos.

Interrogados sobre el número de bajas civiles “inocentes” en el combate al narcotráfico, la SEDENA elude dar los datos precisos y los nombres porque corresponden a “datos personales que requieren del consentimiento de los individuos para su difusión”, pero al menos señala que ha pagado en los últimos 4 años un total de 67 indemnizaciones por personas muertas y heridas, que equivale a una bolsa de 11 millones 966 mil 553 pesos.

Además, en respuesta a una segunda solicitud de transparencia, el Ejército  reconoce la muerte de 153 militares de diferente rango de 2007 a la fecha, cuyas familias han recibido en promedio 784 mil pesos por indemnización, lo que arroja a su vez una bolsa total de 120 millones de pesos.

En el caso de los soldados que han muerto en accidentes aéreos en el marco de la “lucha permanente contra el narcotráfico”, más el apoyo que por ley tienen que recibir, la SEDENA ha pagado 100 mil dólares a cada familia, como parte de las pólizas de vida estipuladas por manejar equipos de alto riesgo, las cuales están establecidas en dólares.

I.-Le mataron a toda su familia

Esparza Parra perdió a toda su familia y el pulgar de la mano izquierda el 1 de junio de 2007. Un regimiento de 19 militares mató a su esposa, a sus tres hijos, así como a su hermana cuando viajaban camino al poblado de Ocorahui en el municipio de Sinaloa de Leyva.

Los sobrevivientes quedaron gravemente heridos.

Por arrancarle de un balazo el dedo, el Ejército le pagó 36 mil 916 pesos. Por cada uno de sus hijos muertos, le dieron 147 mil 664 pesos.

El pago por el asesinato de su esposa, una suma similar a la entregada por sus hijos, fue para su suegra.

La suma global arrojó un total de 847 mil 70 pesos, cantidad que representa la indemnización más alta pagada por el Ejército a  familiares de civiles muertos por los errores o excesos cometidos por los militares durante la “guerra” contra el narcotráfico.

En la actual administración la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) ha pagado, vía cargo al erario, más de 12 millones de pesos por concepto de indemnizaciones a familiares de civiles  muertos y heridos.

II. Súplicas de un herido

La familia de Adán Abel, así como una maestra rural que los acompañaba, todos originarios de la comunidad serrana de La Joya de los Martínez, Sinaloa, viajaban en una  camioneta cuando se toparon con el regimiento de militares, quienes les dispararon.

Con el pulgar destrozado, Adán abandonó el asiento del conductor y le gritó a los uniformados que no dispararan porque los pasajeros eran mujeres y niños. La respuesta militar fueron más tiros, hasta que la camioneta se colapsó al fondo de una breve barranca.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) no sólo evidenció la mortal “equivocación” en la recomendación 040 de 2007, sino se fue más allá: Documentó  que los militares, “lejos de proporcionar el auxilio y la atención médica oportuna o implementar las acciones correspondientes para tal fin”,  mantuvieron a los heridos en el lugar de la agresión “por más de tres horas”.

Descubrió también que el responsable del pelotón buscó relacionar a los Esparza con actividades delictivas, pues ordenó a sus subalternos colocar un “costal de hierba verde, al parecer marihuana”, en las inmediaciones donde quedó volcada la camioneta que tripulaba la familia agraviada.

III.-Los pesos de la muerte

Adán Abel Esparza ha recibido, aparte, más de 70 mil pesos de 2008 a la fecha, por los gastos de  rehabilitación que forzosamente ha tenido que llevar para recuperar la movilidad de su mano.

Entre el primero y los siguientes pagos, la SEDENA ha erogado cerca de un millón de pesos por la muerte de los 5 miembros de la familia Esparza y las heridas ocasionadas a otros tres acompañantes.

Una solicitud de transparencia hecha a la SEDENA reveló que del 1 de enero de 2007 a la segunda semana de abril de 2011, la institución castrense pagó 67 indemnizaciones a familiares de muertos y heridos, suma equivalente a una bolsa de 11 millones 966 mil 553 pesos.

El número de civiles muertos, sin embargo, no fue revelado por los representantes de la SEDENA, bajo el argumento de ser información clasificada.

Por tratarse de datos personales se requiere del consentimiento de los individuos para su difusión —respondió el General de Brigada del Estado Mayor, Genaro Robles, en una carta enviada al IFAI ante la solicitud de Animal Político.

Lo que sí informó el Ejército es que 30 de los 67 pagos correspondían a  indemnizaciones por montos superiores a 147 mil pesos, que es el dinero que han pagado a familiares de civiles muertos.

Según el listado entregado por la SEDENA, la indemnización más alta se dio en 2007 y fue de 849 mil 70 pesos. Esa cantidad coincide con el pago que los militares hicieron por el asesinato de los cinco miembros de la familia Esparza.

IV.-Los civiles muertos

Trece en cinco meses.Aunque la SEDENA se negó a dar los nombres de las víctimas de las agresiones y las fechas en las que ocurrieron, en al menos otras  dos solicitudes ciudadanas realizadas al  IFAI la institución castrense dio a conocer esos datos.

A finales de 2010, por ejemplo, la SEDENA reconoció que del 13 de mayo al 8 de septiembre —es decir, un lapso de 5 meses— 13 civiles sin vínculos con la delincuencia habían muerto en retenes o por fuego cruzado, por lo que fueron indemnizados.

Por los 13 decesos, así como por los pagos a otros seis civiles que resultaron heridos, la SEDENA desembolsó 1 millón 794 mil 521 pesos.

Los casos se dieron en los estados de Sinaloa, Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, y todas estas muertes se dieron en retenes militares, justo cuando las víctimas conducían o tripulaban sus vehículos.

Por estos hechos un oficial, cuatro tenientes, dos cabos, un subteniente, un capitán y 32 soldados del Ejército han sido procesados por los tribunales militares.

Sólo dos de los 13 asesinatos fueron dados a conocer por el Ejército a través de un comunicado de prensa emitido en septiembre de 2010. En el texto se informó que en la carretera federal Nuevo León-Monterrey cuatro militares que se encontraban en un retén dispararon contra un vehículo en el que viajaban siete civiles, de los cuales dos murieron y cinco resultaron heridos.

Por este error, la SEDENA pagó 335 mil 566 pesos a la esposa de una de las víctimas.

V.- Indemnizaciones a soldados

La familia de un teniente coronel de Infantería asesinado en Michoacán durante un enfrentamiento con presuntos narcotraficantes, que hasta enero de 2011 era el militar de más alto rango asesinado en la “guerra” contra el narcotráfico, recibieron por el seguro de vida que el Ejército otorga a los militares caídos en cumplimiento de su deber alrededor de 543 mil pesos.

El Artículo 63 de la Ley de Instituciones de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas señala que cuando un militar muere en cumplimiento de su labor se le debe pagar, de acuerdo con su salario vigente, un seguro de vida por 40 meses de sus haberes y sobre haberes, de ahí que al coronel le tocara una suma mayor a medio millón de pesos.

De enero de 2006 a enero de 2010, según informes publicados en su página de transparencia, la SEDENA tenía reportada la muerte de 153 militares en el marco de su “campaña permanente contra el narcotráfico”.

Del total de muertos, uno era coronel de Infantería, cuatro tenientes coroneles, dos mayores, dos capitanes de primera, nueve capitanes de segunda, 31 tenientes, 10 subtenientes, ocho sargentos de primera, 25 sargentos de segunda, 60 cabos, 96 soldados y un cadete.

En el caso de los soldados muertos, el Ejército pagó a cada una de sus familias un seguro de aproximadamente 175 mil pesos, lo que multiplicado por 96 arroja una suma de 16 millones 819 mil 200 pesos.

Por los 153 soldados muertos en los últimos 5 años, la SEDENA pagó más de 55 millones de pesos por los seguros de vida a los que eran acreedores, sin contar que las familias de los fallecidos siguen recibiendo una pensión del 100 por ciento, según el sueldo percibido antes de morir.

Vi.-Cinco a uno

Adicionalmente a la cifra mencionada, hay 79 familias que de 2008 a la fecha han recibido entre 500 mil pesos y 100 mil dólares cada una, por un seguro de protección que tenían los militares que conducían o tripulaban vehículos terrestres y aeronaves del Ejército.

Según una segunda de solicitud de información hecha a la SEDENA, la “mayoría” de los accidentes ocurridos a personal terrestre y aéreo se dieron en el marco del combate a las “operaciones contra la delincuencia organizada”.

En lo que se refiera a los montos entregados por la muerte de accidentes aéreos, las aseguradoras han pagado pólizas de 100 mil dólares a 42 familias, lo que arroja un total de 4 millones 200 mil dólares (en moneda nacional son 49 millones 140 mil pesos, con un tipo de cambio de 11.70).

Por accidentes vehiculares, la cantidad pagada es de 18 millones 500 mil pesos, lo que significa que 37 familias recibieron 500 mil pesos cada una por estos hechos, según información que entregó el Ejercito a Animal Político a través de segunda solicitud de transparencia.

Entre lo que se ha pagado por seguros de vida que exige la Ley de Instituciones de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas y las pólizas de accidentes, los familiares de los 153 militares muertos han recibido más de 120 millones de pesos, es decir, un promedio de 784 mil pesos para familia.

Aquí lo explicamos gráficamente para visualizar las diferencias entre civiles y militares muertos

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Reuters

"Ojalá nos hubiéramos muerto": la pareja que sobrevivió a un ataque del Estado Islámico el día de su boda

Una pareja afgana que sobrevivió a un atentado suicida de Estado Islámico en su boda dice que sus familiares y quienes eran sus amigos ahora los odian. El novio le dijo a la BBC que quieren abandonar el país, para escapar de la hostilidad de la que son víctimas.
Reuters
17 de septiembre, 2019
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Solo cuando el humo se disipó fue posible apreciar la escala de la tragedia.

Una escena de devastación llenó el salón de bodas de Kabul, la capital de Afganistán, blanco de un ataque con bomba del grupo extremista Estado Islámico (EI).

Los futuros novios sobrevivieron al atentado, que mató a 80 personas. Pero el resentimiento de los familiares de quienes murieron los atormenta todos los días.

El sábado 17 de agosto, Mirwais Elmi fue llevado a empujones a una pequeña habitación llena de miembros varones de su familia y amigos cercanos.

Elmi, de 26 años, estaba lleno de sueños y expectativas. Estaba orando por un nuevo amanecer para su vida el día de su boda, en un país que ha vivido en guerra durante más de cuatro décadas.

Cientos de invitados esperaban pacientemente en el inmenso salón de bodas a que terminara la ceremonia, a la que le seguiría una cena de celebración.

Pero nunca llegarían a probar el banquete.

La explosión

Su futura novia, Rehana, de 18 años, estaba disfrutando de algunos manjares con la hermana y la madre de Elmi en otra habitación.

Docenas de personas murieron en la escena, como producto de la explosión.

Getty Images
Docenas de personas murieron en la escena, como producto de la explosión.

Ante la llamada del clérigo musulmán al que se le da por nombre Molvi, Elmi se abrió paso rebosante de expectativas para firmar el acta de matrimonio conocido como nikah nama. Fue entonces cuando un sonido atronador sacudió el edificio y detuvo el proceso.

Un terrorista suicida había provocado una explosión dentro del salón de bodas, justo en el medio de la sección donde estaban sentados los invitados masculinos. Arrancó los paneles del techo y rompió los cristales de la fachada del recinto.

El fuerte estallido se escuchó a kilómetros de distancia.

Los amigos y familiares, a quienes Elmi había recibido con una sonrisa radiante unas horas antes, habían quedado reducidos a huesos carbonizados y trozos de carne.

Mirwais Elmi conocía personalmente a muchas e las víctimas del ataque.

Reuters
Mirwais Elmi conocía personalmente a muchas e las víctimas del ataque.

La onda expansiva de la poderosa explosión dejó a Elmi inconsciente. Su novia y otros familiares estaban conmocionados.

Cuando se despertó unas horas más tarde, estaba en su casa.

A los pocos minutos se dio cuenta de que sus amigos y familiares estaban ocupados contando a los muertos.

“La gente venía y me decía que un primo había muerto, un amigo había muerto. Los amigos mencionaban a otros amigos que fueron asesinados. Mi hermano perdió a siete de sus amigos”, recuerda Elmi.

Ataque suicida

El joven afgano habló con la BBC sobre cómo su vida cambió después de la carnicería en que se convirtió su boda.

“Perdí a mi primo y mi esposa perdió a su hermano menor. La explosión le arrancó la cabeza. Solo pudimos enterrar su cuerpo decapitado”.

Apenas un día después de la explosión, su suegro le dijo a los medios afganos que 14 miembros de su familia habían muerto en el ataque.

"Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena", dice Elmi.

Getty Images
“Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena”, dice Elmi.

“Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena”, dice Elmi.

Poco después, EI se atribuyó el bombardeo.

El horror de la explosión fue inmenso, incluso para los estándares de Afganistán, un país devastado por la guerra.

Él y su esposa salieron ilesos. Así que, cinco días después de la explosión, Elmi buscó la ayuda de otro clérigo para completar su boda, que había sido detenida abruptamente por la explosión.

El matrimonio tuvo lugar de una manera más que discreta.

Ahora, casi un mes después, las heridas aún están frescas.

El grupo extremista Estado Islámico asumió la responsabilidad por el ataque.

Getty Images
El grupo extremista Estado Islámico asumió la responsabilidad por el ataque.

“Yo, mi papá y mi hermano nos turnamos durante la noche para proteger nuestra casa. Sentimos que podríamos ser atacados por cualquiera”.

Sus amigos y vecinos los acosan constantemente.

“Cada vez que salimos, la gente nos acusa y abusa. Es como si nos mataran todos los días. Es insoportable”, dice Elmi.

El joven incluso fue recibido con ira cuando asistió a ofrecer sus condolencias a los familiares de las víctimas.

“Una persona incluso me dijo: ‘Perdimos a nuestro hijo en la explosión. ¿Cómo es que tú y tu esposa están vivos?'”

Ataques de pánico

Durante los tres días que siguieron a la explosión, Elmi dice que no podía comer ni beber agua. Incluso ahora permanece en estado de shock y angustia.

“Les digo que esto no está en nuestras manos. Si hubiera sabido que ocurriría la explosión, habría cancelado la ceremonia”, dice Elmi.

“Somos pacientes. Los que creen en Dios entenderán que este es su destino”.

Él dice que su esposa apenas sale de casa.

“Cada vez que apagamos las luces, sufre ataques de pánico. Se asusta mucho”.

La mujer se negó a hablar con la BBC.

Elmi dice que los familiares de las víctimas del ataque lo culpan a él y su esposa de lo sucedido.

Reuters
Elmi dice que los familiares de las víctimas del ataque lo culpan a él y su esposa de lo sucedido.

La boda de ambos fue un matrimonio arreglado, como la mayoría de las bodas en esa parte del mundo. La madre de Elmi y la madre de la novia son parientes lejanos y desempeñaron el papel de emparejadores.

Elmi pertenece a la minoría hazara, que son musulmanes chiitas.

Los militantes sunitas, incluidos los talibanes y EI, han atacado repetidamente a las minorías chiitas en Afganistán y Pakistán.

Las autoridades en Afganistán quedaron pendientes de informar a Elmi sobre la investigación que se está llevando a cabo sobre lo sucedido.

“No tengo idea de por qué nos atacaron. En nuestra boda no había un solo funcionario local, empresario o político entre los invitados”, dice.

En la explosión murieron personas de diversos grupos étnicos.

Sin planes futuros

Los familiares de algunas de las víctimas obtuvieron una compensación monetaria, como está estipulado según la política del gobierno.

“Un miembro del Parlamento vino a nuestra casa y nos dio medio millón de afganos (unos US$6350)”, dice Elmi.

El joven también dice que guarda buenos recuerdos de amigos y familiares que perecieron en el ataque. A menudo piensa en ellos.

“Incluso si organizamos cientos de reuniones para aquellos que perdimos, no van a volver. Todo terminó”.

Cuando Elmi vio las fotos de su boda que fueron tomadas antes de la explosión, quiso destruirlas.

Mirwais Elmi dice que no tiene esperanza en el futuro.

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Mirwais Elmi dice que no tiene esperanza en el futuro.

“Después de ver las fotos me sentí más angustiado. No pude dormir durante toda la noche. Lloré. ¿Qué más podría hacer?”, se pregunta.

“No tengo ningún plan para mí. Estoy harto de todo. Quiero que alguien nos ayude a abandonar el país“.

Elmi también debe devolver los 1,1 millones de afganos (US$14,000) que pidió prestados para la boda.

Para tratar de despejar las emociones negativas, Elmi pensó en reabrir su sastrería, pero la decisión resultó ser contraproducente.

Un cliente le quitó la ropa que le había dado para coser.

Otro dijo: “La explosión mató a tantas personas, pero él todavía está vivo. Su tienda debería estar cerrada”.

Incapaz de enfrentar la hostilidad de vecinos y otrora amigos, cerró la tienda.

“No hay felicidad en nuestra vida”

Su esposa, Rehana, que estudiaba el décimo grado, se encuentra reacia a regresar a la escuela.

“Mirwais ¿cómo puedo regresar a la escuela?”, le preguntó ella.

Elmi insistió en que no debía renunciar a sus estudios. Pero cuando regresó encontró el aula llena de personas resentidas contra ella.

“Alguien le dijo: ‘Si estás aquí es probable que un terrorista suicida venga'”.

Esas palabras quebraron a Rehana, quien terminó por abandonar la escuela.

El hermano menor de la novia también murió en el ataque.

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El hermano menor de la novia también murió en el ataque.

“No hay felicidad en nuestra vida. Me he convertido en una persona diferente”.

El joven lamenta haber sobrevivido.

“Mi esposa y yo pensamos que ojalá nos hubiéramos muerto”.


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