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Busca PAN impulsar candidaturas indígenas

Por Francisco Sandoval Alarcón
7 de mayo, 2011
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Por primera vez en la historia, desde su fundación en  1939, el Partido Acción Nacional (PAN) tomó la decisión de conformar un Consejo de Pueblos Indígenas, que a decir de su Coordinadora Nacional, la indígena zapoteca Eufrosina Cruz Mendoza, no sólo buscará impulsar candidaturas para los indígenas, sino que además pretende convertirse en órgano mediador para promover el dialogo y la solución de conflictos en las comunidades más atrasadas del país.

Identificado por sus opositores como un partido “elitista” y “cerrado” con las causas sociales y los grupos vulnerables como son las comunidades indígenas, con la puesta en marcha de esta nueva Coordinación el PAN pretende en palabras de su propio presidente nacional, Gustavo Madero, “destruir las mentiras” con las que los han calificado como un organismo “insensible” con la causa indígena.

Es algo que está más allá de lo electoral…Creemos que los 15 millones de indígenas que hay en el país comparten y compartimos muchos de los principios y valores fundamentales –del PAN- y por eso nos hermanamos por eso los vamos a apoyar e incluir no sólo en nuestra plataforma si no en toda nuestra estrategia de gobierno”, indicó Madero tras el anuncio e instalación del Consejo.

De candidata indígena a Diputada del PAN

Desde los partidos políticos se hacen las cosas más rápido. No podemos esperar otros  100 años a que se salde la deuda histórica que se tiene con nuestras comunidades”, señala la indígena zapoteca Eufrosina Cruz, cuya historia en la política inició hace más de tres años y medio cuando en su comunidad ubicada en el sierra de Oaxaca, los hombres de su pueblo no le permitieron votar y ser votada.

Su historia incluso no sólo es conocida en México sino que ha rebasado fronteras. En noviembre de 2007,  ganó la presidencia municipal de Santa María Quiegolani, sin embargo, aludiendo los usos y costumbres de su pueblo, que señalan que las mujeres no pueden ser electas para un cargo de elección popular, los varones de esa pequeña localidad anularon su triunfo.

Fue tres años más tarde, tras una larga lucha política y social que la Indígena Zapoteca, así como las organizaciones que la apoyaban, lograron que en su alejado pueblo –de la capital de Oaxaca hasta su comunidad son siete horas de camino, de los cuales tres horas y media es de terracería- las mujeres tuvieran el derecho a votar y ser votadas.

Con un camino recorrido como activista indígena y con pocos meses de haberse inscrito al Partido Acción Nacional (PAN), en noviembre de 2010 se convirtió en Diputada local de Oaxaca por la coalición PAN, PRD, PT y Convergencia, alianza que a su vez logró que el PRI perdiera la gubernatura por primera vez en más de 80 años.

Un mes más tarde, el 14 de diciembre de 2010, fue nombrada Coordinadora de Asuntos Indígenas del PAN[, cargo que se hizo tangible el pasado jueves 5 de mayo con la instalación del Consejo de los Pueblos Indígenas, acto que se celebró en las instalaciones de la Sede Nacional del Partido.

¿Dialogo con el EZLN?   ]

De estatura media, piel morena y portadora de una mirada limpia, la indígena zapoteca Eufrosina Cruz, es de las que piensa que el hecho que el PAN haya instalado por primera vez en su historia un Consejo de los Pueblos Indígenas es la muestra que la institución se está abriendo, pero además sostiene que se trata de una especie de pago a la deuda que se tiene con estas comunidades.

Para que un partido como éste (PAN) conozca el rostro indígena y conozca lo que queremos, es importante abrir espacios”, sostiene la también Presidenta de la Mesa Directiva del PAN en el Congreso de Oaxaca, quien de paso señala que aun con esta apertura tendrán que ser los indígenas y no las autoridades o políticos, los que tengan que decidir y decir cómo quieren que se hagan las cosas.

De la forma en que la coordinación que dirige actuará en las comunidades indígenas que se han declarado en rebeldía con el gobierno, como son los municipios chiapanecos donde el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ejerce su influencia, Eufrosina es clara al señalar que aun cuando serán respetuosos de las decisiones de cada pueblo, es necesario construir un dialogo para avanzar en la solución de los conflictos.

Creo que se tienen que sentar las primeras bases para conocer cómo quieren resolver sus conflictos.  Preguntarles cómo quieren su desarrollo, su educación. Pero para eso es necesario construir un consejo donde confluyan académicos, líderes sociales, políticos, organizaciones y con ellos construir mecanismos para alcanzar acuerdos”.

Eufrosina reconoce que se encuentran a favor del dialogo, pero explica que no harán un llamado expreso a las comunidades donde ejerce su influencia el EZLN, porque la Coordinación no pretende representar a nadie.

Cada uno de los rostros indígenas es capaz de representarse a sí mismo. Sería un error decir que vamos a  representar a alguien. Yo me represento a mí misma por eso soy libre…Lo que tenemos que hacer es invitar a los que quieran sumarse a este reto de construir nuevos liderazgos para impulsarlos en candidaturas, en presidencias municipales, en el desarrollo de sus propias comunidades”.

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El desertor homosexual que escapó de Corea del Norte (y de su matrimonio) y encontró el amor a los 62 años

Jang Yeong-jin huyó de Corea del Norte escapando de un matrimonio sin amor. Ahora se ha prometido con su novio.
22 de marzo, 2021
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Jang

Oh Hwan
A los 62 años, Jang ha encontrado el amor y se va a casar con su novio estadounidense.

La singular historia del único desertor abiertamente homosexual de Corea del Norte fue cubierta por la prensa internacional cuando publicó su autobiografía. Ahora, 25 años después de huir de su país, cuenta a la BBC sus planes para casarse con su novio estadounidense.

Jang Yeong-jin nunca le habían parecido atractivas a las mujeres. Pero no fue hasta la noche de bodas, a los 27 años, que esto le hizo su vida más difícil.

Jang se sintió intensamente incómodo. “No podía poner un dedo sobre mi esposa“, recuerda.

Aunque la pareja finalmente consumó su matrimonio, el sexo era poco habitual.

Cuatro años después, su esposa seguía sin quedar embarazada, y uno de los hermanos de Jang comenzó a averiguar. Jang admitió que jamás se había sentido atraído por una mujer, y su hermano lo mandó rápido al doctor.

“Fui a muchos hospitales en Corea del Norte porque pensé que tenía algún problema“.

Nunca se le ocurrió a Jang, o su familia, que podía haber otra razón por su falta de interés hacia su esposa.

Pruebas médicas

“La homosexualidad no es un concepto en Corea del Norte”, dice.

Si se ve a alguien correr a saludar a un amigo del mismo sexo, se asume que son buenos amigos. De hecho, con frecuencia se ve a adultos del mismo género agarrados de la mano en la calle, explica.

“Corea del Norte es una sociedad totalitaria. Tenemos mucha vida comunitaria, así que es normal para nosotros”.

Echando la vista atrás, Jang piensa que no era el único incomprendido.

Cuando ingresó en el hospital durante un mes para hacer pruebas médicas, conoció a otros pacientes.

“Descubrí que muchos habían tenido una experiencia similar: hombres que no podían sentir nada hacia una mujer”.

Pero explorar lo que realmente sentían era casi imposible.

“En Corea del Norte, si un hombre dice que no le gusta una mujer, la gente piensa que está enfermo”.

Un hombre con el que Jang había servido en el ejército lo visitó varias veces después de ser dado de alta. Le confió que su noche de bodas también había sido un desastre y que ni siquiera podía tomar de la mano a su esposa.

“Creo que era alguien como yo”, reflexiona Jang.

Park Jeong-Won, profesor de leyes en la Universidad Kookmin en Seúl, Corea del Sur, no tiene conocimiento sobre alguna ley explícita en Corea del Norte contra las relaciones homosexuales.

Pero agrega que las leyes del estado contra las relaciones extramaritales y la violación de las costumbres sociales probablemente serían utilizadas para enjuiciar cualquier acto sexual gay.

Jang

Oh Hwan
El caso de Jang se conoció abiertamente cuando publicó su biografía hace 25 años.

Otro académica en Seúl, Kim Seok-hyang, ha entrevistado docenas de desertores sobre esto, y dice que ninguno había escuchado jamás hablar sobre el concepto de homosexualidad.

“Cuando les preguntaba sobre homosexualidad, les costaba entender. Así que tenía que explicarlo a cada persona”, dice Kim, profesora de estudios norcoreanos en la Universidad de Mujeres Ewha.

Todos los desertores le confesaron que si alguien les descubría explorando relaciones con alguien del mismo sexo, serían condenados al ostracismo, incluso posiblemente ejecutados.

Jang fue dado de alta con un historial médico limpio. Todas las pruebas médicas solicitadas por su hermano mostraron que no tenía nada malo.

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BBC

La decisión de marcharse

Por otro lado, la esposa de Jang seguía siendo infeliz.

“Pensaba: ‘Debería dejar marchar a esta persona. Deberíamos encontrar una forma de ser felices'”, cuenta el desertor.

Jang solicitó el divorcio. Sin embargo, este proceso no es fácil en Corea del Norte. Se requiere el permiso de un tribunal, y estos priorizan la unidad familiar, dice el profesor de leyes Park Jeong-Won.

Solo autorizan una separación si el matrimonio es visto como una amenaza a la ideología del país, explica.

Fue entonces cuando Jang se dio cuenta que solo le quedaba la opción de huir, de abandonar Corea del Norte. Esto anularía automáticamente su matrimonio y permitiría volver a casarse a su mujer.

Pero el catalizador de su decisión fue una visita del mejor amigo de Jang, un hombre llamado Seoncheol.

Habían crecido juntos en el pueblo norteño de Chongjin. Eran muy cercanos, y dormían en la misma cama cuando uno se quedaba en casa del otro durante la infancia.

Pero cuando crecieron, los sentimientos de Jang por Seoncheol se intensificaron.

“Realmente Seoncheol me gustaba mucho. Todavía sueño con él”.

A veces Seoncheol le visitaba para cenar y, una noche, preocupado por lo tarde que se había hecho, Jang persuadió a Seocheol para que se quedara a dormir.

Unas horas más tarde, Jang se encontró saliendo de su propia cama y acercándose a Seoncheol. Estaba devastado cuando su amigo dormido ni siquiera se movió.

“No sé exactamente qué quería de él, tal vez solo que me abrazara fuerte”, dice Jang.

Aquel momento le hizo sentir que su vida en Corea del Norte había llegado a su fin.

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BBC

La fuga

Jang llegó a Corea del Sur en abril de 1997 arrastrándose por la zona desmilitarizada (DMZ) llena de minas que divide las dos naciones, después de que su ruta inicial le dejara varado en China.

Cruzar la DMZ es tan arriesgado e infrecuente que su fuga fue noticia en el sur.

Zona desmilitarizada en Corea del Norte.

Getty Images
Jang escapó a través de las verjas fortificadas de la zona desmilitarizada llena de minas que divide las dos Coreas.

Las dinámicas en Seúl eran muy distintas a las de Corea del Norte, pero incluso aquí el caso de Jang desconcertó a los funcionarios surcoreanos.

Todos los desertores de Corea del Norte se someten a varias semanas de interrogatorios obligados del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) para comprobar que no son espías.

Jang fue interrogado durante más de cinco meses porque se resistía a explicar la verdadera razón por la que desertó.

Cuando finalmente admitió que simplemente no se sentía atraído por su esposa, se le permitió quedarse, pero una vez más fue enviado al médico.

“Los funcionarios del NIS me dijeron que debía haber alguna razón por la que no me gustaban las mujeres”.

En aquel tiempo, incluso en el sur había poca conciencia sobre las distintas orientaciones sexuales. Varios doctores le recomendaron buscar ayuda psicológica, pero ignoró sus consejos.

Descubrimiento y decepción

Entonces, en la primavera de 1998, 13 meses después de llegar a Corea del Sur, Jang abrió una revista para leer una entrevista que dio sobre su deserción.

Al pasar la página, descubrió un artículo sobre hombres homosexuales saliendo del armario, con una escena de una película estadounidense que mostraba dos hombres besándose sobre una cama.

Ahí se convenció de que él también era homosexual.

“Cuando vi aquello, supe enseguida que era ese tipo de persona. Por eso no me gustaban las mujeres”.

Aquella revelación transformó la vida de Jang, quien se volvió un cliente habitual de los bares para gays en Seúl.

Pero años después, este nuevo mundo expuso a Jang a un fraude devastador.

En 2004, el dueño de uno de los bares favoritos de Jang le presentó a un auxiliar de vuelo.

Salieron durante tres meses y Jang se enamoró.

El auxiliar de vuelo le pidió a Jang mudarse juntos, pero le explicó que, como vivía con su padrastro, primero debían comprar una casa más grande.

Jang se mudó de su apartamento alquilado y le dio US$82.000 de sus ahorros y todas sus pertenencias.

Nunca más volvió a verle. Acudió cada día a la estación de policía durante dos semanas hasta que le dijeron que se diera por vencido.

Jang jamás pensó que alguien pudiese engañarle de esta manera.

“En Corea del Norte tenemos una vida muy controlada. Si hubiera dicho que alguien me había estafado, el partido lo habría rastreado y castigado con dureza”.

Jang enfermó y fue hospitalizado durante un mes. Piensa que fue producto del estrés. Esto significó perder su trabajo en una fábrica. Como consecuencia, se quedó sin dinero, sin casa y desempleado.

Poco a poco fue reconstruyendo su vida. Consiguió un trabajo como limpiador, ahorró para rentar una nueva casa y comenzó a escribir en su tiempo libre.

De niño ganó una vez un concurso de escritura, pero entonces se requería que los estudiantes solo escribieran para honrar al régimen norcoreano.

Ahora, finalmente, Jang podía escribir lo que quisiera. Su autobiografía A Mark of Red Honor (“La marca del honor rojo”) fue publicada en 2015.

Encontrar el amor

Tomó un largo tiempo antes de que Jang se arriesgara a tener una cita. El año pasado, con 62 años, Jang conoció a Ming-su, el dueño de un restaurante, en un sitio de citas.

Cuatro meses más tarde, Jang viajó a la nación que conocía como “el país de los lobos”, el término despectivo de Pyongyang hacia Estados Unidos.

Pero cuando Jang vio a Min-su esperándolo en la sala de llegadas, su corazón se hundió. Min-su llevaba pantalones cortos y gorra, y dice Jang que esto le decepcionó.

“Al ver cómo se vestía, asumí que era un hombre maleducado y brusco“, dice Jang.

Jang

Jang Yeong-jin
Compartiendo vinos y picnics, la pareja se ha ido conociendo cada vez más.

El confinamiento por coronavirus les dio espacio para conocerse mejor, bebiendo vinos y organizando picnics.

“Cuanto más le conocía, más podía ver su buen carácter. Aunque es ocho años menor que yo, es el tipo de persona que primero se preocupa por los demás”.

Tras dos meses, Min-su decidió proponerle matrimonio.

Ahora Jang está finiquitando sus documentos para probar que su matrimonio en Corea del Norte está terminado y esperan casarse a fines de este año.

“Siempre me sentía miedoso, triste y solitario cuando vivía solo. Soy muy introvertido y sensible, pero él es una persona optimista. Somos buenos el uno para el otro”, dice.

Jang y su prometido.

Jang Yeong-jin
Jang y su prometido tienen varios planes para cuando terminen las restricciones por coronavirus.

Pero a pesar de su felicidad recién descubierta, Jang sigue obsesionado por el impacto que su deserción tuvo en su familia.

Varios de sus parientes fueron desterrados a una aldea remota en el helado norte, un destino brutal para aquellos cuyos familiares se perciben como desleales al régimen. Seis de sus familiares murieron de hambre y enfermedad, incluida su madre y cuatro de sus hermanos.

Jang dice que la única forma en que puede lidiar con esa culpa es escribiendo.

“Siempre que pienso en mi familia es muy doloroso para mí, por eso decidí escribir. Pienso que es la única manera en que puedo compensarle”, reflexiona.

Pero al menos le consuela que su decisión de abandonar Corea del Norte dio nuevas oportunidades a su esposa. Escuchó que había vuelto a casarse.

“Siempre pensé que era muy talentosa, así que me sentí muy feliz por ella”.

Y dice que espera expandir sus horizontes una vez se flexibilicen las restricciones por el coronavirus y quiere visitar Washington, a media hora en auto, con Min-su.

“Escuché que hay muchos bares gay allí. Quiero ir a esos bares con él”.

Mientras tanto, dice que disfruta de la tranquilidad de los suburbios, que describe como si estuviera en un “cuento de hadas”.

Min-su es un nombre falso.


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