El adiós a Leonora Carrington, la “novia del viento”
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El adiós a Leonora Carrington,
la “novia del viento”

La artista falleció anoche en España víctima de neumonía. Tenía 94 años.
Por Redacción Animal Político
26 de mayo, 2011
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Leonora con Max Ernst

Leonora con Max Ernst

Leonora Carrington murió anoche, alrededor de las 10:35 PM en el hospital inglés de la ciudad de México, víctima de neumonía a los 94 años de edad.

Consuelo Saízar, titular de Conaculta, comentó en primícia con Animal Político que este sábado a la 1 de la tarde se le hará un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, aunque los funerales se prevén en la casa J García López del Pedregal, en Avenida San Jerónimo número 140.

El sábado a las 13 horas se celebrará en el Palacio de Bellas un homenaje público a Leonora Carrington.less than a minute ago via Twitter for BlackBerry® Favorite Retweet Reply

Sobre la muerte de la artista, Consuelo Sáizar (@CSaizar) dijo: “Me enteré muy temprano y estoy muy triste y sacudida por esta noticia que impacta al mundo del arte y de la cultura y lo atraviesa como un rayo”.

Poniatowska recuerda a Carrington

“Es irreparable la pérdida de Carrington”, dice Elena Poniatowska en entrevista con Animal Político.

Poniatowska escribió la novela Leonora , una obra basada en conversaciones que sostuvo con Carrington en múltiples entrevistas, así como con sus hijos, según dijo en una entrevista en La Jornada:

“También entrevisté a Gaby y a Pablo, guardianes del puente levadizo que lleva hacia su madre… Los dos hijos toman con paciencia el culto a su madre y estoy segura de que a veces esa devoción es un peso que cargan como una lápida sobre sus hombros.

La puerta que lleva hacia Leonora es estrecha. Pocos son los elegidos. Leonora, a veces, lamenta su soledad pero rehúsa a salir de ella“.

Aquí la entrevista:

Un escritor ve a la inmortal Leonora Carrington

El escritor Pável Granados, autor de El ocaso del porfiriato, Mi novia la tristeza, entre otros habló esta mañana con Animal Político sobre la muerte de la artista Leonora Carrington: “Pensaba que no se iba a morir nunca, que era inmortal, aunque en cierto sentido lo es porque su obra es una fuente de sueños, una obra tan vital y tan fuera del tiempo. Pienso que Leonora Carrington es una de las mentes más extravagantes, fuera de serie, es una obra que se mantuvo a lo largo de los años”.

Y es entonces cuando recuerda la exposición que en 2008 le dio otra cara a Paseo de la Reforma, cuando la locura lívida de sus 17 esculturas fue compartida entre muchos: “Fue una especie de regalo para la ciudad de México, uno pensaría que era una obra antigua, pero era la obra reciente de Leonora Carrington, su mente estaba trabajando tan bien como siempre. Había gente de todas las edades, era asombroso, hasta conmovía.

Leonora Carrington es capaz de conocer los sueños

que tras ella ya no pueden ser abandonados

Carlos Monsiváis

Admirada por todos, Carrington perteneció a un grupo de artistas que habían vivido en Francia antes de la Segunda Guerra Mundial, antes de la ocupación nazi, y, según han dicho algunos, esto fue lo que la motivó a que se casara con Renato Leduc y llegara a México en 1941: “Estuvieron juntos un tiempo, él siempre decía que Leonora Carrington era una mujer de otra especie, completamente ajena.

“A veces me la encontraba en la calle y una de las cosas más surrealistas que me han pasado en la vida es ver salir a una pintora surrealista de la tiendita o del cajero automático”.

Entonces al escritor le viene a la mente el recuerdo de Leonora caminando por las calles de la colonia Roma, donde vivía, en la calle de Chihuahua, con su andar erguido, vigilado de cerca por una enfermera. Le vienen a la mente esos encuentros donde Leonora hablaba de París, de Renato Leduc, de su amistad con Agustín Lara, a quien curiosamente no conoció en París, aunque coincidieron en la capital francesa en 1938.

“Ahora veo con terror el mundo”: Leonora Carrington

La reportera Nélida Alejandra Cabrera, de la revista Farenheit, entrevistó a la artista hace seis años.

No es una mujer fácil. Depende del día, especialmente cómo interactúes con ella. No debes hablarle de su pasado ni de política, tampoco de su relación con Max Ernest. Demasiadas advertencias para ir relajada al encuentro con una de las últimas protagonistas vivas de un movimiento que puso, allá por los años treinta, al mundo del arte de cabeza: el surrealismo.

Una anécdota contada por quienes dicen conocerla suma cierto cosquilleo: hace mucho un periodista le preguntó: “Leonora, ¿qué cosas le hacen gracia?”. Ella, con una sonrisa, contestó: “tu cara”.

El misterio se develó cuando, 15 minutos después de la hora pactada para la entrevista, llegó Leonora Carrington. El escenario fue la galería El Estudio, casa de arte que representa a este mito de aquella tendencia artística que se originó en París, Francia, se expandió por el mundo y encontró en un nuestro país un refugio para muchos de sus fundadores, entre ellos André Breton, Wofgang Paalen, Alice Rahon y Remedios Varo.

Pintora, escritora y escultura, Leonora (Lancashire, Inglaterra, 1917) despierta admiración en las nuevas generaciones, aunque ella haya dicho: “en mi opinión, no es bueno admirar por completo a alguien, incluido al propio Dios, porque al hacerlo se excluye una de las facetas más importantes del ser humano: su lado oscuro, que no debe despreciarse”.

Vestida con una camisa y falda de jean, una figura muy delgada, cabello blanquísimo recogido, una mirada clara y profunda, se planta en el lugar, su imagen irremediablemente recuerda a esas criaturas fantasmagóricas que merodean en su obra. Saluda, comenta lo tardado que es hacer trámites en los bancos, se prende un cigarrillo y pregunta: “¿qué quiere saber?”.

¿Qué está haciendo en la actualidad?
Ir al supermercado, a la farmacia, comprar comida, sobrevivir como puedo, esa es la verdad. Ahora, si quiere que le invente algo…

Así inició la plática. Repasar su vida no sería una tarea sencilla, Leonora no es difícil, más bien es una mujer provocadora, de frases cortas y verba filosa, como lo ha sido a lo largo de sus 88 años de existencia.

“Tengo tantos problemas que me cuesta guardar en la cabeza todas las cosas que me vienen. Lo que más me interesa es poder dormir toda la noche, para poder recuperarme y seguir otra vez”.

Alguna vez aseguró que usted no inventó un mundo, más bien el mundo la inventó a usted. ¿Qué mundo la está creando en la actualidad?

Mi marido, Chiki (Emerico Weisz, fotógrafo húngaro con quien se casó en 1946), tiene 94 años, apenas puede caminar. Yo tengo 88 años, así que hoy en día invento una casa de viejos muy agradable, adonde me dejan en paz.

La lectura ha sido determinante en su vida. Justamente fue a partir de un libro que le regaló su madre, El surrealismo, de Herbert Read, cuya portada es un cuadro de Max Ernest, Dos niños amenazados por un ruiseñor, que se introdujo en el movimiento surrealista, tenía 19 años. Más tarde alimentó ese fantástico universo con tratados de alquimia, astrología, cábala y mitología celta, y ahora se sumerge en la física para encontrar respuestas a ciertos misterios de la vida.

¿Qué encontró en esta ciencia?
No sé de esto. Yo solamente soy una persona muy ignorante de la física y de la matemática, me enseñan un número y no sé de qué lado hay que escribir.

Me interesa tratar de saber qué somos, porque no sabemos de dónde venimos. Sabemos sólo los detalles sexuales de los papás, pero esto realmente no explica mucho, porque ¿qué es el sexo, de dónde viene?

¿Qué le preocupa del mundo exterior?
Todo el planeta, con todos los seres encima y todo lo que está a su alrededor, que es mucho.
Creo que el ser humano es un animal muy peligroso, estropea el planeta con las agresiones, las matanzas, los otros animales tienen una moral, qué puedo decir… no creo que las mujeres sean tan maravillosas tampoco. Ahora veo con terror el mundo.

¿Ahora más que antes?
Sí, ahora más que antes.

Pero, ¿hubo mujeres importantes que marcaron su vida?
“Importante” me parece una palabra vacía.

¿Cómo ve la posición social de la mujer en la actualidad?
Mejor que cuando nací. Provengo de una familia muy convencional, tuve tres hermanos y yo era la única mujer. Mi padre era bastante autoritario y mi madre lo era menos.
“Las sensaciones son muy difíciles de expresar con palabras intelectuales, porque los sentimientos son diferentes a lo intelectual… a veces entran en conflicto”.

¿Qué movimiento artístico de las nuevas generaciones le gusta?
No puedo dar una opinión porque no soy crítica de arte. Lo que hacen, hacen. Si me gusta o no me gusta es cosa personal, mía. Pero los artistas hacen lo que les viene en gana.

¿Existe en la actualidad un movimiento surrealista?
Surrealista en la actualidad, no. De lo que he visto no hay. Esto es una cosa que ya pasó y lo que hacen ahora es lo que le salen, uno hace lo que sale, uno hace lo que sabe, ¿no?

¿El surrealismo fue una actitud?
No hay que poner la palabra antes de la realidad, hay que poner primero la realidad. La realidad es que encontré el surrealismo en un libro que me regaló mi mamá en Navidad, que estaba escrito por un inglés que se llamaba Herbert Read. Tenía una afinidad muy cercana con ese movimiento, por lo que no fue una decisión propia. Esa es la verdad.
El encuentro fue sumamente ordinario y sencillo. Mi mamá me dio un libro porque le gustó la portada.

Cuando llegó a México ¿con qué país se encontró?
Primeramente no había tanto smog, no había tanta gente y tampoco tantos coches. Era más fácil de respirar, la gente era más amable, aunque conmigo siempre han sido muy amables.

¿Y el México de hoy cómo lo ve?
Mis informantes son los choferes de taxi y cada uno dice algo diferente, yo sé muy poco de lo qué pasa.

Leonora no quiere hablar de lo que ella llama política, aunque pertenezca a una generación de artistas cuyo pensamiento crítico los llevó a ser protagonistas de una ruptura. Además de formar parte de una emigración europea, muchos de ellos refugiados políticos, que llegaron bajo el amparo del gobierno de Lázaro Cárdenas entre 1934 y 1940.
Antes de desembarcar en México, Leonora se instaló en Nueva York junto a su marido, el mexicano Renato Leduc, con quien se casó en Portugal. Pero fue aquí donde se consolidó como artista.

De todos esos lugares que recorrió, ¿cuáles le resultaron más pictóricos?
Todos me gustan como lugares de sorpresa, de enseñanza o físicamente hermosos. Por ejemplo, París y Londres son muy sublimes, Nueva York es muy interesante, Chicago también.

¿Y qué le fue aportando para su obra?
En México he tenido más posibilidades, ahora cambió un poco. Aquí empecé hacer algo que llegó al público, pero no lo pensé de esta manera cuando yo estaba trabajando.

¿Qué es para usted la vejez?
Creo que la naturaleza es muy feroz. Es muy desagradable nacer, estamos condenados a nacer. Llegamos a la vejez que tampoco es muy agradable, y la muerte no sé, nunca en mi memoria me he muerto.
Yo no conozco a nadie, ni a mí misma. Uno no puede conocerse, los seres vivos no sabemos nada. Estoy convencida de la enorme y oscura ignorancia en la cual todos vivimos. Somos una cosa tan chiquita en el enorme universo y no sabemos nada. Usted me pregunta cosas que no puedo contestar, no puedo. Porque tengo conciencia de estar prácticamente invisible.

Pero usted es una persona pública…
Esto llegó, pero no juego ese papel, trato de no jugar papeles, no tengo tiempo. Todos estamos en una enorme oscuridad y la única sabiduría para mí es saber que no sabemos nada.

Leonora deja entrever a una mujer que posee una sensibilidad diferente al resto. Es consciente de que ante una entrevista se calza su mejor traje blindado. De ahí que, al final, ofrece disculpas.

Los años no la han hecho indiferente a la “descomposición del mundo”, sino que lo denuncia. Tampoco le robaron belleza, la colmaron de misterio y elegancia, porque desde ese mapa que la vida ha dibujado sobre su rostro se asoma ese rasgo de “oscuridad”, que no es más que el espacio que ha reservado para sí misma. Por ello es una mujer mágica.

Las reacciones en Twitter

Conaculta lamenta el fallecimiento de Leonora Carrington.less than a minute ago via web Favorite Retweet Reply

Para Gaby y Pablo Weisz Carrington un abrazo, tan grande como la enorme luz de Leonora Carrington.less than a minute ago via Twitter for BlackBerry® Favorite Retweet Reply

Lo siento, No puedo seguir. Tengo mucha pena. Leonora fue para mí una Maestra que enriqueció mi alma. ¡Hasta mañna! Ai lab llú.less than a minute ago via web Favorite Retweet Reply


Descanse en paz doña Leonora Carrington, surreal y libre a pesar de los tetos netos de Breton, #Ebrard y Poniatowska.less than a minute ago via Twittelator Favorite Retweet Reply


Estas son algunas reacciones de los tuiteros ante la muerte de Leonora Carrington:

COMERCIAL …. murio Leonora Carrington … gran exponente, su obra a mi parecer era honirica con toques de ilusiones de epocas pasadas.less than a minute ago via TweetDeck Favorite Retweet Reply


@JorgeContrerasN Leonora Carrington, creo que el único surrealismo verdadero que quedaba en vida. Grande, grande.less than a minute ago via web Favorite Retweet Reply


“@Pajaropolitico: “Leonora #Carrington no es una poeta sino un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sonrisa…” De acuerdoless than a minute ago via Twitter for BlackBerry® Favorite Retweet Reply

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#YoSoyAnimal

Cómo tu personalidad cambia a medida que cumples años

Por mucho tiempo se ha pensado que nuestra personalidad se fija, aproximadamente, para cuando alcanzamos los 30 años de edad. Investigaciones recientes revelan que no es así.
1 de febrero, 2021
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“Señor presidente, quiero plantearle un tema que creo que ha estado rondando durante dos o tres semanas y presentarlo específicamente en términos de seguridad nacional… “, dijo el periodista Henry Trewhitt, mientras miraba fija y seriamente al presidente estadounidense Ronald Reagan.

Era octubre de 1984, y Reagan estaba en el circuito de debates, luchando por permanecer en el cargo por un segundo mandato.

Unas semanas antes había tenido un mal desempeño frente a su rival principal. Entonces se rumoreaba que, a los 73 años, simplemente era demasiado mayor para el trabajo.

En ese momento, Reagan ya era el presidente más mayor en la historia de Estados Unidos, un récord que ha sido superado por Donald Trump (74) y ahora por el actual presidente Joe Biden, de 78 años.

Trewhitt quería saber si Reagan tenía alguna duda de si podría funcionar en circunstancias estresantes.

“No, ninguna, Trehwitt”, respondió Reagan, conteniendo una sonrisa.

Expresidente de EE.UU. Ronald Reagan en 1984

Getty Images
En 1984, Reagan era el presidente de mayor edad que había gobernado EE.UU. hasta la fecha.

“Y quiero que sepa que tampoco voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

Su respuesta fue recibida con risas estridentes y aplausos, que precedieron a una victoria aplastante en las elecciones.

La broma de Reagan, sin embargo, contenía más verdad de lo que sabía entonces.

No solo tenía la experiencia de su lado, también tenía una “personalidad madura”.

Cambio misterioso

Todos estamos familiarizados con la transformación física que conlleva el envejecimiento: la piel pierde su elasticidad, las encías retroceden, nuestra nariz crece, los pelos brotan en lugares peculiares -a la vez que desaparecen por completo de otras partes- y esos preciosos centímetros de altura a los que nos aferramos comienzan a desaparecer.

Ahora, después de décadas de investigación sobre los efectos del envejecimiento, los científicos han comenzado a descubrir cambios más misteriosos.

“La conclusión es exactamente esta: que no somos la misma persona durante toda nuestra vida“, señala René Mõttus, psicólogo de la Universidad de Edimburgo.

Mujer mayor disfrutando de una piscina de agua caliente.

Getty Images
Si bien nuestras personalidades cambian constantemente, lo hacen en relación a quienes nos rodean.

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar en nuestra personalidad como algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida. Pero diversas investigaciones sugieren que este no es el caso.

Nuestros rasgos cambian constantemente, y para cuando entramos en la década de los 70 y 80 años, hemos experimentado una transformación significativa.

La modificación gradual de nuestra personalidad tiene algunas ventajas sorprendentes. Nos volvemos más conscientes, agradables y menos neuróticos.

Los niveles de los rasgos de personalidad de la llamada “Tríada Oscura” -el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía- también tienden a disminuir, y con ellos, nuestro riesgo de caer en comportamientos antisociales como el crimen y el abuso de sustancias.

Las investigaciones han demostrado que nos convertimos en personas más altruistas y confiadas. Nuestra fuerza de voluntad aumenta y desarrollamos un mejor sentido del humor.

Finalmente, los adultos mayores tienen más control sobre sus emociones.

Es sin duda una combinación ganadora, y una que indica que el estereotipo de que las personas mayores son gruñonas y cascarrabias necesita ser revisada.

Nuestras personalidades son fluidas y maleables

Lejos de asentarse en la infancia, o alrededor de los 30 años -como pensó la comunidad científica durante años-, parece que nuestras personalidades son fluidas y maleables.

“Las personas se vuelven más agradables y más adaptadas socialmente”, dice Mõttus.

“Son cada vez más capaces de equilibrar sus propias expectativas de vida con las demandas de la sociedad”.

Los psicólogos llaman al proceso de cambio que ocurre a medida que envejecemos “maduración de la personalidad”.

Mujer mayor

Getty Images
Aquellos con mayor autocontrol serán probablemente más saludables de mayores.

Es un cambio gradual e imperceptible que comienza en nuestra adolescencia y continúa al menos hasta nuestra octava década en el planeta.

Curiosamente, parece ser universal: la tendencia se observa en todas las culturas humanas, desde Guatemala hasta India.

“Generalmente es controvertido hacer juicios de valor sobre estos cambios de personalidad”, dice Rodica Damian, psicóloga social de la Universidad de Houston, en Estados Unidos.

“Pero al mismo tiempo, tenemos evidencia de que son beneficiosos”.

Por ejemplo, la falta de estabilidad emocional se ha relacionado con problemas de salud mental, tasas de mortalidad más altas y divorcios.

Entretanto, Damian explica que la pareja de alguien con un grado elevado de conciencia probablemente sea más feliz, porque es más probable que estas personas laven los platos a tiempo y sean menos propensos a engañar a su pareja.

Un lado más estable de nuestra personalidad

Resulta que, si bien nuestra personalidad cambia en cierta dirección a medida que envejecemos, lo que somos en relación con otras personas del mismo grupo de edad tiende a permanecer bastante estable.

Por ejemplo, es probable que el nivel de neurosis de una persona vaya bajando en general, pero los niños de 11 años más neuróticos siguen siendo, en general, los ancianos de 81 años más neuróticos.

“Hay una base de quiénes somos en el sentido de que mantenemos nuestro rango en relación con otras personas hasta cierto punto”, dice Damian.

“Pero en relación a nosotros mismos, nuestra personalidad no está escrita en piedra, podemos cambiar”.

¿Cómo se desarrollan estos cambios de personalidad?

Dado que la maduración de la personalidad es universal, algunos científicos piensan que, lejos de ser un efecto secundario accidental de haber tenido más tiempo para aprender las normas sociales, las formas en que cambia nuestra personalidad podría estar genéticamente programada, tal vez incluso moldeada por fuerzas evolutivas.

Por otro lado, otros expertos creen que nuestra personalidad está en parte forjada por factores genéticos y luego esculpidas por presiones sociales a lo largo de nuestra vida.

Por ejemplo, una investigación de Wiebke Bleidorn, psicóloga de la personalidad de la Universidad de California, concluyó que, en culturas donde se esperaba que las personas maduraran más rápido (en términos de casamiento, empezar a trabajar, asumir responsabilidades adultas), sus personalidades tienden a madurar a una edad más temprana.

Niño con traje

Getty Images
Las personas de culturas donde se espera que se casen o empiecen a trabajar más jóvenes, tienen personalidades que maduran antes.

“Las personas simplemente se ven obligadas a cambiar su comportamiento y, con el tiempo, a volverse más responsables. Nuestras personalidades cambian para ayudarnos a enfrentar los desafíos de la vida”, dice Damian.

¿Pero qué ocurre cuando nos volvemos muy mayores?

Hay dos formas posibles de estudiar cómo cambiamos a lo largo de nuestra vida.

La primera es tomar un grupo grande de personas de muchas edades diferentes y luego observar en qué se diferencian sus personalidades.

Un problema con esta estrategia es que es fácil confundir accidentalmente los rasgos generacionales que han sido esculpidos por la cultura de un período de tiempo particular -como la mojigatería o una adoración inexplicable por las natillas y el jerez- con los cambios que ocurren a medida que uno envejece.

Estudio de largo plazo

La alternativa es tomar un mismo grupo de personas y estudiarlas a medida que crecen.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Lothian Birth Cohort (estudio de cohorte de Lothian), un grupo de personas en Escocia a quienes se les examinaron sus rasgos de personalidad e inteligencia en junio de 1932 o junio de 1947, cuando aún estaban en la escuela.

En ese momento, las personas tenían cerca de 11 años de edad.

Junto con colegas de la Universidad de Edimburgo, Mõttus rastreó a cientos de las mismas personas cuando tenían 70 u 80 años, y les hizo dos pruebas idénticas más, con varios años de diferencia.

Señor mayor en un parque

Getty Images
Un famoso estudio con personas en Escocia mostró resultados notablemente diferentes para dos generaciones de personas.

“Debido a que teníamos dos grupos diferentes de personas, y ambas fueron medidas en dos ocasiones, pudimos utilizar ambas estrategias a la vez”, dice Mõttus.

Fue una suerte, porque los resultados fueron notablemente diferentes para las dos generaciones.

Si bien las personalidades del grupo más joven permanecieron más o menos iguales en general, los rasgos de personalidad del grupo mayor comienzan a cambiar, de modo que, en promedio, se volvieron menos abiertos y extrovertidos, así como menos agradables y concienzudos.

Los cambios beneficiosos que habían estado ocurriendo a lo largo de sus vidas comenzaron a revertirse.

“Creo que esto tiene sentido, porque en la vejez las cosas comienzan a pasarle a la gente a un ritmo más rápido”, dice Mõttus, quien señala que la salud de estas personas podría haber estado en declive y es probable que hayan comenzado a perder amigos y familiares.

“Esto tiene cierto impacto en su participación activa en el mundo”.

Nadie ha investigado aún si esta tendencia continuaría después de los 100 años.

Investigaciones sobre japoneses centenarios han descubierto que tienden a obtener una puntuación alta en la conciencia, la extroversión y la apertura, pero es posible que hayan tenido más de estas características para empezar, y tal vez esto incluso contribuyó a su longevidad.

Mujer mayor asiática

Getty Images
Nuestra personalidad está muy ligada a nuestro bienestar.

De hecho, nuestra personalidad está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar a medida que envejecemos.

Por ejemplo, aquellas con un mayor autocontrol tienen más probabilidades de ser saludables en la edad adulta, las mujeres con niveles más altos de neurosis tienen más probabilidades de experimentar síntomas durante la menopausia, y cierto grado de narcisismo se ha asociado con tasas más bajas de soledad, que en sí mismo es un factor de riesgo para una muerte más temprana.

En el futuro, comprender cómo ciertos rasgos están vinculados a nuestra salud -y cómo podemos esperar que nuestra personalidad evolucione a lo largo de nuestra vida- podría ayudar a predecir quién está en mayor riesgo de padecer ciertos problemas de salud y poder intervenir.

El conocimiento de que nuestra personalidad cambia a lo largo de nuestra vida, lo queramos o no, es una prueba útil de lo maleables que son.

“Es importante que sepamos esto”, considera Damian. “Durante mucho tiempo, la gente pensó que no”.

“Ahora estamos viendo que nuestra personalidad puede adaptarse, y esto nos ayuda a enfrentar los desafíos que nos presenta la vida”, agrega.

Al menos, nos da a todos algo que esperar a medida que envejecemos y la posibilidad de descubrir en quiénes nos convertiremos.


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