El destino de los tesoros de Monsiváis
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El destino de los tesoros
de Monsiváis

Por Alberto Tavira Álvarez
17 de junio, 2011
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Carlos Monsiváis en su casa de la Ciudad de México.//FOTO: Cuartoscuro

El 4 de mayo hubiera cumplido 73 años. El escritor Carlos Monsiváis, quien falleció el pasado 19 de junio de 2010, probablemente se hubiera dejado consentir por sus amigos con alguna celebración, pero existe la misma probabilidad de que no. “Todo dependía del humor con el que se despertara. Carlos en algunas ocasiones era un hombre difícil de entender y el día de su cumpleaños no era la excepción”, comenta para Animal Político, Beatriz Sánchez Monsiváis, prima de uno de los más importantes cronistas del México contemporáneo.

La señora Sánchez –quien todo mundo conoce como Bety–, además de trabajar con Carlos como su asistente desde 1985, forma parte de los herederos de “Los tesoros de Monsiváis”: colecciones que comprenden un importante acervo de libros, películas, música, pinturas, fotografías, litografías, maquetas en miniatura y objetos que el intelectual mexicano fue haciendo suyos a lo largo de casi 40 años.

La biblioteca por fin conoce el orden

Entrevistada en la casa de la colonia Portales que el ensayista ocupó durante las últimas décadas de su vida, Bety asegura que limpiar y poner orden en la biblioteca de Monsiváis ha sido lo más titánico que le ha tocado hacer en este último año. “Yo calculo que 10 meses antes de morir Carlos ya no se ocupó de su biblioteca, ya no acomodó los libros. A pesar de que era muy desordenado generalmente lo que hacía era amontonar los ejemplares en libreros que tenía divididos por temas. Al final ya ni eso hacía. Luego de su muerte pasaron cinco meses para que nosotros empezáramos a poner orden”.

Carlos Monsiváis, acompañado de uno de sus gatos, en su estudio de la colonia Portales.

En la que fuera la sala –en la planta baja de la casa de Monsiváis– se quitaron los sillones viejos y maltratados por los gatos y en su lugar se pusieron cuatro anaqueles de metal en los que se acomodaron libros que Carlos tenía en dos grandes libreros en su cuarto. En este nuevo espacio también se incluyeron ejemplares que habitaban en el piso u ocultando a otros, amontonados en libreros con doble fondo.

La encargada de ponerle fin al caos asegura que por ahora el proyecto se encuentra en la etapa de acomodo y limpieza de los libros. Es decir, los ejemplares están colocados aleatoriamente unos con otros. En una segunda fase se estará catalogando la obra del escritor y, ahora sí, dividiendo por autores y temas.

Monsiváis en las calles de Argentina.

Ante la pregunta de que si hay alguna institución gubernamental que les esté ayudando con personal o recursos económicos para el mantenimiento de la biblioteca, Bety asegura que no. Que ella misma contrató a particulares para aspirar los libros, fumigar la casa (en dos ocasiones) y acomodar los ejemplares en estantes nuevos. “Había muchos material que necesitaba restauración y yo lo llevé para que lo arreglaran. Ese gasto está corriendo por cuenta de la familia”.

En un primer conteo de los libros que conforman la biblioteca de Monsiváis, Bety asegura que hay alrededor de 25 mil ejemplares que, por supuesto, ni siquiera se les ha ocurrido la idea de vender. “Lo que nos gustaría es que esto de pie a una biblioteca pública que lleve el nombre de Carlos Monsiváis. Ya estoy en pláticas con el Conaculta”.

Un video de la visita de Animal Político a la que fuera la última morada de “Monsi”:

Las películas rumbo a un cineclub

No se atreve a dar una cifra la heredera de Monsiváis. Pero la colección de películas (en DVD, VHS y BETA) del escritor es tan grande como su afición por el cine. “Afortunadamente ese material sí está registrado y contabilizado” dice Bety, quien confiesa que aunque por ahora está amontonado en la casa de Portales –pues se le está dando prioridad al acervo bibliográfico– Carlos, antes de morir, tenía el proyecto de que toda su colección de películas formaran parte de un cineclub que tuviera su sede en el Museo del Estanquillo, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Bety asegura que es probable que en el corto plazo el deseo de su primo se pueda hacer realidad, pero por ahora, los libros tienen monopolizado su tiempo… y presupuesto.

La colección de arte se vuelve itinerante

Los Monsiváis quedaron como herederos de las más 400 piezas que conforman la colección del Museo del Estanquillo. En ese recinto las estrellas son las pinturas, litografías, grabados, dibujos, acuarelas, miniaturas, maquetas y un sinfín de objetos y obras de arte que alimentaban la otra afición del escritor: el coleccionismo.

Museo del Estanquillo en el Centro de la Ciudad de México.

Sin embargo, Bety comenta que en ese terreno el que tiene la última palabra es el director del recinto cultura, Moisés Rosas Silva, quien desde antes de que falleciera Monsiváis ya había palomeado con él algunas exposiciones como la del Centenario de la Revolución y otra de los grabados de Posada.

A Carlos todavía le tocó saber que sus tesoros serían expuestos en Oaxaca. Lo que ya no supo es que, tras su muerte, su colección ha sido muy solicitada al interior de la República mexicana y, por lo pronto, ya se mostró con gran éxito en Guanajuato, Guadalajara y Monterrey. Pero apenas comienza la gira.

La música se queda en la familia

Aunque en un inicio pensaron en donarlos a una fonoteca, los Sánchez Monsiváis finalmente decidieron que los cientos de CDs que Carlos acumuló en toda su vida se quedarán con ellos. “Tienen un valor emocional muy fuerte porque era de los placeres que más nos unían a mis cuatro hermanos y a mí con Carlos. Es más, todavía me afecta tanto que no se ha vuelto a tocar música en esta casa”.

Bety no tiene encono en decir que no hay nadie en México con una colección de Espirituales e Himnos como la que formó Carlos. Ella misma también presume que el arsenal de música clásica del acervo Monsiváis es la envidia de todo melómano. Pero todo eso se queda en su familia.

Los gatos pasaron a mejor vida

Pero no porque les hayan arrancado sus siete vidas de jalón, sino porque a decir de Bety “se fueron a un lugar donde iban a vivir mejor”. Y es que desde que Monsiváis estaba hospitalizado, la feminista Marta Lamas, amiga muy cercana de Carlos que compartía su pasión por estos animalitos, le propuso a Bety que los gatos más viejos los canalizaran a un asilo que ella conocía y donde los trataban muy bien.

“Marta nos hizo el favor de encargarse de los cuatro gatitos mayores, pero desafortunadamente, pocos días antes de que Carlos falleciera, Mito Genial, el mayor de sus mascotas, se murió aquí en la casa. Así que sólo tres se fueron al asilo”. Con respecto al escándalo que se desató de que la familia de Monsiváis estaba durmiendo a sus gatos, tras su muerte, Bety asegura que eso salió “de una persona desiquilibrada (sic) que no tenía idea de lo que estaba pasando aquí”.

La entrevistada asegura que el resto de los mininos se los fueron llevando varios amigos de Carlos, como Susana Fisher, quien adoptó a Miau Tse Tung. Eso sí, con carta responsiva de por medio donde se comprometían a hacerse cargo de uno de los tesoros más queridos de Monsiváis.

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Coronavirus: el lugar en América del Norte donde no ha habido casos de covid-19

Mientras los casos de coronavirus siguen aumentando en muchas partes del mundo, hay una región en Canadá que ha logrado permanecer libre del virus.
20 de octubre, 2020
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niños inuit

AFP via Getty Images
Dos niños inuit regresan de la escuela en Iqaluit.

Los casos de covid-19 están aumentando en muchas partes de Canadá, pero una región, Nunavut -un territorio del norte-, es un raro lugar en norteamérica que puede decir que sus comunidades están libres de coronavirus.

En marzo pasado, cuando las fronteras de todo el mundo se cerraban a medida que aumentaban las infecciones del coronavirus, los funcionarios de Nunavut decidieron que no tomarían riesgos.

Impusieron algunas de las regulaciones de viaje más estrictas en Canadá, prohibiendo la entrada a casi todos los no residentes.

Los residentes que regresan a su casa desde el sur primero tienen que pasar dos semanas, a expensas del gobierno de Nunavut, en “centros de aislamiento”: hoteles en las ciudades de Winnipeg, Yellowknife, Ottawa o Edmonton.

En todos los hoteles están apostados guardias de seguridad y hay enfermeras que controlan la salud de los que se aíslan.

Hasta la fecha, poco más de 7.000 residentes de Nunavut (los nunavummiut) han pasado un tiempo en estos centros como escala durante su regreso a casa.

Ha habido desafíos. Algunas personas que han sido descubiertas violando el aislamiento y se les han impuesto estadías más prolongadas.

Esto en parte ha contribuido a que haya una espera para ingresar a algunos de los centros.

También ha habido quejas sobre la comida disponible para los confinados.

Pero, a medida que las infecciones por coronavirus se propagan por todo Canadá, y con el número de casos en aumento nuevamente, el recuento oficial de casos en Nunavut sigue siendo cero.

madre inuit

Getty Images
Una madre inuit con su hija en la isla de Baffin, Nunavut.

La decisión “bastante drástica” de introducir estas medidas se tomó debido a la vulnerabilidad potencial de la población al covid-19 y los desafíos únicos de la región ártica, explica el director de salud pública de Nunavut, el doctor Michael Patterson.

Aproximadamente 36.000 personas viven en Nunavut, limitada por el Océano Ártico al norte y los Territorios del Noroeste al oeste, en 25 comunidades esparcidas en sus dos millones de kilómetros cuadrados.

Esto es aproximadamente tres veces el tamaño de Texas.

Distancias “alucinantes”

Las distancias son “alucinantes a veces”, admite el doctor Patterson.

Es probable que el aislamiento natural sea parte de la razón de la falta de casos: solo se puede llegar a esas comunidades en avión durante todo el año.

A fines de septiembre, hubo un brote vinculado a los trabajadores que volaron desde el sur a una mina de oro remota a 160 km del círculo polar ártico.

(Esos casos se cuentan actualmente como infecciones en las jurisdicciones de origen de los mineros, lo que mantiene el recuento oficial de casos del territorio en cero).

Ese brote no tiene “casi ninguna posibilidad” de propagarse en la comunidad porque no ha habido ningún viaje entre la mina y alguna de las comunidades durante meses, dice Patterson.

Inukshuk sobre Iqaluit

Getty Images
Es probable que el aislamiento natural de Nunavut sea parte de la razón de la falta de casos.

Pero si bien el aislamiento puede ayudar, también puede crear obstáculos.

La mayoría de las comunidades no tienen la capacidad de realizar pruebas de covid-19 a nivel local, por lo que las pruebas deben recibirse y enviarse en avión.

Los resultados de las pruebas pueden tardar una semana, lo que significa que “estás realmente muy atrasado en el tiempo que te toma identificar y responder”, dice Patterson.

Se están realizando esfuerzos para aumentar la capacidad de prueba y los tiempos de respuesta para obtener resultados en el territorio.

También los recursos médicos son limitados en el norte.

El Hospital General Qikiqtani en Iqaluit, la capital, cuenta con 35 camas de cuidados intensivos y puede atender a unos 20 pacientes con covid-19, estima el doctor Patterson.

En el caso de un brote, “entre las personas que necesiten tratamiento, o necesiten ingreso, muchas de ellas terminarán teniendo que ir al sur y eso supondrá otra carga para nuestro sistema de salud”.

Riesgo de infecciones

Muchas comunidades inuit, en Nunavut y en otros lugares, corren potencialmente un riesgo mucho mayor.

Hay algunos factores en juego, incluidas las condiciones de vivienda inadecuadas e inseguras y las altas tasas de hacinamiento, una realidad demasiado común en el territorio.

La alta prevalencia de tuberculosis es otra preocupación.

Los inuit, que representan más del 80% de la población del territorio, son en general un grupo de alto riesgo para las infecciones respiratorias, incluida la tuberculosis, dice el Inuit Tapiriit Kanatami, un grupo nacional de defensa de los inuit.

niños inuit

Getty Images
Muchas comunidades inuit, en Nunavut y en otros lugares, corren potencialmente un riesgo mucho mayor de infecciones.

Los inuit tienen casi 300 veces más probabilidades de contraer tuberculosis que los canadienses no indígenas.

Debido a una experiencia familiar con esta enfermedad respiratoria, Ian Kanayuk pudo ver los peligros potenciales de covid-19.

El estudiante de 20 años y su madre contrajeron tuberculosis hace unos años. Él pasó nueve meses tomando medicamentos, su madre tuvo una larga estadía en el hospital.

Ambos están bien ahora, pero “fue realmente serio”, dice el joven.

Por ello está a favor de las medidas de distanciamiento social, los límites a las reuniones y las reglas sobre las mascarillas que se han impuesto en todo el territorio, a pesar de la falta de casos.

El doctor Patterson asegura que las medidas todavía son necesarias porque “aunque los centros de aislamiento están ahí, éstos no son perfectos”.

También hay algunas exenciones al aislamiento obligatorio fuera del territorio, por ejemplo, para ciertos trabajadores críticos.

Pero incluso sin casos comunitarios, la pandemia ha afectado al territorio de manera similar a como ha afectado a las personas que viven en todo Canadá.

Kanayuk, al igual que muchos estudiantes universitarios en otras partes del mundo, está decepcionado de tener que estudiar de forma remota desde su casa en Iqaluit, y no en Ottawa, la capital nacional, donde planeaba asistir en persona al Nunavut Sivuniksavut, un programa para jóvenes inuit de todo el país.

“Es descorazonador no poder ir”, dice.

Iqaluit, Canada.

Getty Images
Más de 80% de los residentes de Nunavut son inuit.

También está el desafío adicional de que las lentas velocidades de internet en el territorio afectan el aprendizaje remoto.

La pandemia también ha saturado a un sistema de correo que estaba bajo presión, lo que ha provocado frustraciones por las largas colas para recoger paquetes.

La oficina de correos de Iqaluit ya era una de las más concurridas de Canadá, ya que muchos residentes dependen de la entrega gratuita de Amazon a la ciudad ártica.

Esa oficina de correos ha experimentado durante la pandemia un aumento en el número de paquetes “más allá de lo que podríamos haber anticipado”, indicó Correos de Canadá en un comunicado.

Desde que las estrictas medidas entraron en vigor en Nunavut en marzo, ha habido cierta relajación de las regulaciones.

Con algunas condiciones, los residentes de Nunavut ahora pueden viajar a los Territorios del Noroeste y regresar sin aislarse, al igual que las personas que van a Churchill, Manitoba, para recibir tratamiento médico.

Pero tal como explica el doctor Patterson, es necesario que existan medidas para limitar el contagio cuando el virus llegue a Nunavut, ya que no cree que éste permanezca libre de covid-19 para siempre.

“No, indefinidamente no,” dice. “No habría apostado a que se quedaría así por tanto tiempo”.

Toronto

Getty Images
Algunas regiones en Canadá han impuesto restricciones en las actividades en interiores.

¿Qué ocurre en el resto de Canadá?

Canadá, en general, logró detener la ola del brote durante los meses de verano mediante confinamientos completos en primavera, hasta una reapertura durante el verano.

A fines de la semana pasada se habían registrado 191.732 casos en todo el país y 9.699 muertes.

Pero con la llegada de un clima más frío, las infecciones han aumentado considerablemente en muchas partes del país, impulsadas por las provincias altamente pobladas de Quebec y Ontario.

El número promedio de personas internadas en hospitales cada día también está aumentando en los lugares con más casos, y los funcionarios de salud advirtieron que si hay un gran aumento el sistema de salud podría potencialmente quedar abrumado.

Además, las infecciones han comenzado a resurgir en los asilos y otros centros de cuidado.

Partes de Ontario y Quebec han establecido algunas medidas de confinamiento mientras intentan controlar las infecciones, con suspensiones de eventos como cenas en interiores y cierres de gimnasios en los lugares con más casos, como Montreal y Toronto.

Otras partes de Canadá lo están haciendo mejor.

Las provincias atlánticas -las cuatro provincias al este de Quebec-, han podido limitar la propagación de infecciones y han implementado “burbujas de viajes”, con libre movimiento para los residentes y estrictas órdenes de aislamiento de 14 días para los viajeros externos.

El país todavía está rezagado en la capacidad de realizar pruebas y, a medida que los niños regresaban a la escuela, en algunas áreas se han experimentado largas colas y cambios lentos para obtener resultados.

Aproximadamente 77.000 canadienses se someten a pruebas diarias, pero el objetivo es poder realizar más pruebas.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

MAPA: Alcance global del coronavirus

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