Arte en tandas, una nueva forma de auto marketing cultural
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Arte en tandas, una nueva forma
de auto marketing cultural

Por Paola Morales M.
29 de junio, 2011
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“Una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad.

Es la naturaleza de su origen quien la juzga”

Rainer Maria Rilke.

 

Historias de gente atormentada en el mundo del arte, sobran, sí de esas donde figura al menos un enfant gâté. Ya sea por la impiedad del mundo, por la tormentosa relación con algún miembro de su familia (de preferencia con la madre o el padre), por una infancia terrible, por la ausencia de un mecenas o por las malditas, malditas drogas. Bueno, la razón que sea siempre hay métodos para ponerse en forma para ser un maldito artista atormentado.

Y es que en el mundo del arte no hay muchas opciones o se es un artista-máquina-de-hacer-dinero como Damien Hirst, quien en el año 2008 se embolsó aproximadamente 3 mil 200 millones de pesos por la venta de sus extravagancias, aunque tres años más tarde vio cómo sus ganancias caían 73%.

O se es de los otros, de los del mundo del arte real, de los que no tienen un apellido de pe$o detrás o becas con palanca incluida, de los que buscan producir y difundir su arte por el simple hecho de llevarlo muy en la vena.

De este modo es que cinco artistas emergentes (Banquetalab) se reunieron en torno a un proyecto (Transpúblico) financiado a través de un sistema flexible de autogestión de proyectos culturales (Rotatorio) basado en una bonita práctica de ahorro del mexicano: la tanda.

Pero a diferencia de la tanda de la oficina, ésta sirve para generar su propio “guardadito” para realizar un proyecto específico durante 2 meses. Además de la lanita mensual con la que se caen, se financian, además, por medio de suscripciones externas, cuyo costo asciende a 500 pesos cada una.

Pero vayamos por partes, con un pequeño glosario justo aquí, en medio:

banquetaLAB es un colectivo independiente de cinco artistas trabajando de forma horizontal en proyectos enfocados en los aspectos sociales y culturales de las zonas urbanas de la Ciudad de México.

Rotatorio es un sistema flexible de autogestión de proyectos culturales basado en hacerse de sus propios recursos por medio de tandas, rifas y/o cualquier método de supervivencia.

Transpúblico es un proyecto de cuatro trabajos del colectivo banquetaLAB para generar una transformación creativa de distintos espacios públicos por medio de la poesía, el graffiti, el video, la instalación, la escultura y el performance.

Ahora regresemos al #asuntoaquel de los abonos chiquitos…

Andrés Garibay, Imelda Montiel, Dulce Martínez, Noel Castro y Armida Aponte son los cinco artistas que ven detrás de este proyecto la particularidad de hacer las cosas diferentes, al ser ellos quienes financian su creación artística, quienes buscan su mercado y quienes buscan a sus receptores.

Además, como explican Imelda Montiel y Noel Castro, en entrevista con Animal Político, esta nueva forma de auto marketing del arte resulta atractiva para los suscriptores “porque son los iniciadores de una forma diferente de ser coleccionistas, sin ser un gran empresario o un mecenas para comprar arte, además de conocer cómo es el proceso artístico, que eso generalmente no se ve, de darse cuenta cómo nuestros proyectos se convierten poco a poco en las piezas que tendrán en sus manos”.

Pero la “ganancia”  de este proyecto autogestivo y autosustentable no sólo radica en la capacidad de financiar y difundir el trabajo artístico emergente, sino también en una especie de comuna del arte en que el trabajo en equipo es fundamental.

Al respecto, la gestora Armida Aponte comentó: “En Transpúblico todos decidimos y trabajamos, eso hace que el quehacer profesional se enriquezca, aunque a veces se complica porque hay que entender a cada uno de los artistas; el proceso creativo es duro y muchas veces puede faltarte sensibilidad en cuestiones de logística o gestión. Pero el trabajar en equipo facilita la apertura al diálogo y al entendimiento de sus motivaciones y/o cambios que llegan a experimentar en los procesos creativos de sus proyectos.”

Quiénes transpublican y qué transpublican

Imelda Montiel se inserta en un grupo de skaters de la colonia Adolfo López Mateos para crear En mis trazos están los otros o bien cómo un lugar común se convierte en zona de reconocimiento y perpetuación del otro a través de la poesía, el cómic, el video, el graffiti y el dibujo.

Dulce Martínez es quien trata de hacer menos ásperas las Grietas de tensión a través de 10 acciones itinerantes que buscan “sanar” el mismo número de sitios en la calle Granada, ubicada en el Barrio de Tepito, que hayan sido escenario de actos violentos.

Del trueque virtual se encarga Andrés Garibay con su proyecto Cambalache, el cual busca introducir a la comunidad artística en la filosofía del software libre como una opción real de creación y promoción artística.

Y en el rol del esteta urbano, Noel Castro abre un muestrario de estilos decorativos y fetiches dignos sólo de algunas colonias de la ciudad de México, sí de esos que sólo pueden ser Auténticos e imaginarios”.

Para saber a fondo de qué trata cada uno de los proyectos, se puede visitar http://banquetalab.mx/ o bien acudir hoy a las 18 horas a Central del Pueblo, Centro de Artes Libres AC, ubicada en la calle de Nicaragua #15, colonia Centro en la Ciudad de México, para conocer el trabajo de Imelda Montiel, quien presenta el primer proyecto de banquetaLAB.

Aquí un adelanto de lo que se podrá verse esta tarde en Central del Pueblo:

Y luego de hacer arte desde la banqueta con ahorros chiquitos, qué viene… Aquí las respuestas:

Noel: “Continuar con la explotación del espacio público y, talvez, adoptar la tanda como forma de sobrevivencia para nuestros proyectos”.

Andrés: “Seguir produciendo obras  y proyectos independientes que aporten algo a la sociedad”.

Dulce: “Nos visualizo satisfechos y contentos porque ha sido, y será, un largo camino, así que seguramente tendremos la necesidad de trabajar juntos en otros proyectos”.

Armida: “¡Vacaciones en la playa!.. bueno, en realidad, me veo muy contenta de haber finalizado una etapa más del colectivo banquetaLab. Considero que el trabajo en colectivo es complicado pues son muchas voces las que deben ser tomadas en cuenta, pero una vez logrado el objetivo es muy gratificante”.

Imelda: “Generando más proyectos transversales”.

De nuevo, citando a Rilke, “el arte, también, sólo es un modo de vida. Puede prepararse sin saberlo para él, viviendo de un modo o de otro”. Y el colectivo banquetLAB a través de sus tandas de arte nos  sugiere un camino para vivirlo. Ahora sí, que cada quien escoja el modo que mejor le acomode.

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#YoSoyAnimal

Cómo es el kawésqar, el idioma que solo hablan 8 personas en el mundo

¿Qué particularidades tiene el idioma nativo de los kawésqar? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes? Aquí te lo contamos.
27 de abril, 2022
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Entre laberínticos archipiélagos australes —donde los vientos, las lluvias y el frío no dan tregua—, vivían los kawésqar.

El grupo nómada pasaba gran parte del día en sus canoas (o hallef) recorriendo los canales entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes, rodeados de densos bosques y en busca de lobos marinos, nutrias, aves y moluscos para alimentarse.

Los hombres eran los responsables de la caza terrestre (que incluía el icónico huemul) y marítima, mientras las mujeres recolectaban mariscos mediante el buceo, para lo que cubrían su piel con grasa de lobo marino.

Al igual que el resto de los pueblos originarios que poblaron América hace miles de años, los kawésqar tenían su propia lengua, marcada profundamente por su geografía. Eso explica, por ejemplo, por qué tenían 32 maneras de decir “aquí”.

Pero con el paso del tiempo y la llegada de los colonos a esta zona austral de Chile, denominada Patagonia Occidental, el grupo étnico sufrió una transformación brutal: no sólo abandonó su vida nómada —estableciéndose en Puerto Edén, una pequeña villa situada al sur del golfo de Penas—, sino que también relegó a segundo plano su idioma.

Kawésqar

Internet Archive Book Images
Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, los kawéskar (también llamados “alacalufes” por algunos investigadores) fueron vistos por primera vez en 1526 por la expedición del marino español Francisco José García Jofré de Loaysa.

Y es que aprender español se volvió una necesidad para ellos y, así, poco a poco se llegó a un punto crítico: hoy, solo ocho personas hablan su lengua originaria.

Cuatro de ellas son ancianos. Tres nacieron en la década de 1960 —la última generación que adquirió la lengua desde la infancia—, y solo uno, que no es miembro del grupo étnico, lo habla: Oscar Aguilera.

El etnolingüista chileno de 72 años lleva casi 50 intentando salvar este idioma, registrando el vocabulario, grabando durante horas archivos sonoros y documentando el léxico.

Ahora hay otra persona que no es de la comunidad interesada en aprender su gramática: la pareja del próximo presidente Gabriel Boric y futura primera dama, Irina Karamanos.

La dirigenta feminista se ha comunicado con Aguilera con el fin de investigar más del tema. Para ella, los chilenos tienen una relación “deficiente” con sus comunidades y pueblos indígenas, y aprender de su léxico es una forma de acercarse a ellos.

Pero ¿qué particularidades tiene este idioma nativo? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes?

Aquí te lo explicamos.

¿Cuál es el origen del kawésqar?

Los lingüistas e investigadores siempre intentan responder la misma pregunta: ¿de dónde vienen las lenguas de los pueblos, cuál es su verdadero origen?

Kawéskar

Oscar Aguilera
Mujer kawéskar en Puerto Edén.

En el caso del kawésqar —así como de muchas otros hablas indígenas—la respuesta aún no está clara.

Esto se explica en parte porque se le considera una lengua “aislada” o “no clasificada”.

Es decir, no forma parte de una familia lingüística ni tiene vínculos con ninguna otra lengua viva (como sí lo tiene, por ejemplo, el español, que procede del latín y es parte de las lenguas romances).

Al ser “aislada” es más difícil descubrir de dónde vienen sus palabras, su estructura o su gramática.

Aunque se cree que los kawéskar habitan la Patagonia Occidental hace unos 10 mil años, el primer testimonio que se conoce de su lengua aparece recién entre los años 1688 y 1689, elaborado por el aventurero francés Jean de la Guilbaudière.

Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, hacia el siglo XIX su población alcanzaba las 4 mil personas, y la mayoría hablaba el idioma ancestral.

A fines del siglo XIX, sin embargo, su población descendió abruptamente a 500 personas y luego a 150 en la década de 1920.

Actualmente, hay cerca de 250 kawéskar en la región de Magallanes, pero son monolingües —hablan solo español— y no dominan la lengua de sus antepasados.

¿Qué características tiene?

Por sus características morfológicas, el kawéskar es una lengua aglutinante (al igual que el turco y otras) y polisinética; es decir, tiene “palabras, oraciones o frases” que no se pueden traducir con una sola palabra al español.

“No hay una equivalencia de uno a uno, como por ejemplo, el table inglés y el ‘mesa’ español. En kawésqar tenemos palabras como jerkiár-atǽl, un verbo que significa ‘el movimiento que hace el mar de flujo y reflujo'”, le explica Oscar Aguilera a BBC Mundo.

Puerto Edén.

Oscar Aguilera
En Puerto Edén viven unos 200 kawéskar actualmente.

A pesar del amplio contacto de los kawésqar con los colonos, se resisten a aceptar préstamos del español. Así, han creado sus propias palabras para llamar, por ejemplo, a los aparatos han ido adquiriendo (como el televisor o el teléfono).

Las pocas palabras que se han adoptado del español han sufrido una “nativización”; es decir, una transformación a la fonética kawéskar.

Es el ejemplo de “barco”, que se dice jemmáse pero también wárko. La “b” en castellano se reemplaza por la “w”, pues no existe el sonido “b” en kawésqar.

Además, hay un lado cultural que, según Aguilera, “difiere notablemente de la manera en como nosotros nos expresamos”.

Si el kawésqar no tiene certeza de lo que dice, no lo dice. Siempre usa el condicional. Culturalmente ellos rechazan la falta de veracidad, es sancionada por el grupo. La persona que miente se la señala con el dedo”, explica.

Así, por ejemplo, los kawésqar nunca dirían que tal persona los llamó desde Londres. Como no tienen seguridad de que esa persona estaba en Londres (porque no lo ven), dirían “me habría llamado” desde Londres.

¿Por qué está en peligro de extinción?

Al ser hablado solo por ocho personas, está entre las lenguas que la Unesco considera en vías de extinción.

“El problema es que, en términos generales, no es una lengua práctica. Es mejor aprender español o estudiar inglés”, dice Aguilera.

Según el experto, entre las razones que explican por qué el español penetró tan fuerte entre los kawésqar está la comercialización de sus productos con los nuevos habitantes de la zona.

Oscar Aguilera

Oscar Aguilera
El etnolingüista Oscar Aguilera se mudó a Punta Arenas en 2015. Hoy es profesor de la Universidad de Magallanes.

Además, de acuerdo al especialista, se sentían discriminados por los pueblos aledaños, como los chilotes (habitantes de la isla de Chiloé).

“Los chilotes los miraban en menos e incluso se reían de cómo hablaban su idioma. Entonces ellos decidieron no hablar más su idioma en público, sino que solamente en la casa”, explica el lingüista.

El Estado de Chile tampoco ha priorizado su rescate o sobrevivencia. Hasta el día de hoy no hay suficientes incentivos para revitalizar el idioma. La única escuela que hay en Puerto Edén, por ejemplo, enseña en español.

“Hay algunas personas que están haciendo esfuerzos por aprender la lengua, pero la falta de continuidad y persistencia, además de tratarse de una lengua gramaticalmente tan diferente del español, lo hace difícil para ellos”, cuenta Aguilera.


La fascinante historia de Oscar Aguilera

En el invierno de 1975, Oscar Aguilera emprendió una aventura que cambiaría su vida para siempre.

Siendo un joven inexperto, recién egresado de Filología Clásica, Germanística y Lingüística de la Universidad de Chile, decidió viajar a Puerto Edén, el lugar donde viven actualmente los kawésqar.

“Quedé muy impresionado porque me habían pintado un cuadro completamente distinto. Me imaginaba que me iba a encontrar con personas vestidas con pieles, casi con harapos, y viviendo en chozas icónicas. Pero no, ellos vivían en casas común y corrientes, y se vestían igual que yo”, dice.

En ese viaje —que se extendió por todo el invierno— conoció a la familia Tonko, quienes lo ayudaron a comenzar con el registro de la lengua, compartiendo con él largas jornadas de grabación.

Al año siguiente, publicó un primer léxico que perdura hasta el día de hoy.

Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

La fascinación de Aguilera con los kawésqar fue tal que siempre encontró razones para volver.

Y así es como decidió embarcarse en una segunda expedición, de la cual volvió con dos miembros de la comunidad a su casa en Santiago, donde vivía con sus padres y su abuela.

Estuvieron viviendo con nosotros durante cuatro meses. Mi familia los recibió bien, los aceptaron”, afirma.

Aguilera era en ese entonces profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile.

Cada tarde, cuando se acababan las clases, se quedaba con los dos kawésqar grabando parte de su léxico y registrando información etnográfica.

Luego, regresaron todos juntos a Puerto Edén.

“A mí me gustaba ir porque la lengua de una comunidad tiene un componente cultural muy importante. Así que me dediqué no solo a salvar el idioma sino también al rescate cultural que implica mucho más, toda la forma de vida y el testimonio propio de ellos”, explica.

La mayoría de los kawéskar que conoció en esos viajes hablaban español pero con distintos grados de competencia. Los más ancianos, por ejemplo, solían tener más interferencia de su lengua materna, cometiendo errores como la no diferenciación entre el singular y el plural.

Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

El académico reconoce que se enamoró de su gente.

“Hice todo lo contrario a lo que los libros de texto le recomendaban a un investigador: ‘Usted saque información, describa la lengua y váyase’. Yo me involucré con la comunidad”, dice.

“Adopción mutua”

En los años 80, la relación entre Oscar Aguilera y los kawésqar se profundizó aún más cuando decidió adoptar a dos niños de la comunidad para que recibieran una buena educación en Santiago.

Los niños pertenecían a la familia de los Tonko. En total, eran ocho hermanos. Uno de ellos, José, amaba la lectura.

“Con el permiso de sus padres, le compré un pasaje a Puerto Montt y lo fui a buscar para irnos a Santiago. Ingresó a la escuela, al Liceo Alessandri, donde yo también había estudiado”, cuenta.

José Tonko

Oscar Aguilera
José Tonko.

Cuatro años después, el hermano de José, Juan Carlos, también se fue a vivir a Santiago con Aguilera. Vivían todos juntos en una casa que el académico arrendaba en la comuna de providencia.

“Yo los adopté. Es que su familia había sido muy buena conmigo, me recibieron siempre como si fuera parte de ellos. Así que en realidad fue una adopción mutua”.

Cuando cumplieron 18 años, José y Juan Carlos ingresaron a la universidad. El primero, estudió Trabajo Social y Antropología, y el segundo, periodismo.

“Ellos son mi familia”

Actualmente, los hermanos —que bordean los 60 años— viven en la ciudad de Punta Arenas, al igual que Aguilera, quien dicta seis cursos en la Universidad de Magallanes.

“Hasta el día de hoy ellos son mi familia. Es como si fueran mis hijos, me cuidan y yo los cuido”.

Ambos han trabajado con él en la ardua tardea de rescatar el idioma.

José es coautor de distintas publicaciones —como “Gente de los canales” (2019)—, y ha colaborado en la creación de un diccionario kawésqar-español, que aún no logran terminar.

Además, entre 2007 y 2010, redactaron un texto y un archivo sonoro que se encuentra hoy en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad James Cook, en Australia.

Sin embargo, el lingüista cree que aún falta mucho por hacer.

José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

Oscar Aguilera
José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

“Detrás de las lenguas hay un gran conocimiento y por eso se deben preservar, porque albergan información única sobre el medioambiente donde vive la gente que lo habla”, dice.

De cara al futuro del idioma, su esperanza está depositada en la futura primera dama, Irina Karamanos.

Quizás su interés —dice— ayude a revitalizar realmente la lengua de quienes considera su verdadera familia.


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