Denuncian tráfico de órganos en el 20 de Noviembre; el ISSSTE lo niega
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Denuncian tráfico de órganos en el 20 de Noviembre; el ISSSTE lo niega

La doctora Guadalupe Jiménez acusó que en el hospital Centro Médico Nacional existe una red de tráfico de órganos y robo de medicamentos especializados, y denunció que por ello fue cesada de sus funciones y amenazada de muerte.
16 de junio, 2011
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Doctora Guadalupe Jiménez. Foto: Cuartoscuro.

La doctora Guadalupe Virginia Jiménez acusó que en el hospital Centro Médico Nacional 20 de noviembre del ISSSTE existe una red de tráfico de órganos y robo de medicamentos especializados, y denunció que por ello fue cesada de sus funciones y amenazada de muerte.

Como respuesta a estas acusaciones, el director del hospital, Rafael Navarro Meneses, dijo en conferencia de prensa que “resultan dolosamente falsas las manifestaciones que erige la doctora Virginia Jiménez García, con lo cual se presupone que pretende desvirtuar la verdad de los hechos pretendiendo afectar la imagen pública de este Centro Médico Nacional 20 de Noviembre”.

En el comunicado oficial, Navarro Meneses explicó lo referente a las acusaciones por tráfico de órganos, sin embargo, no tocó el tema del robo de medicamentos especializados.

Según el diario Vanguardia, la Procuraduría General de la República (PGR) giró una orden de presentación contra el director del hospital, Rafael Navarro Meneses, y una alta funcionaria, Fedra Irazoque Palazuelos, como resultado de las denuncias de la doctora Jiménez por amenazas derivadas de su denuncia del “presunto tráfico de órganos y robo de medicamentos biológicos de alto costo en ese centro hospitalario”.

La doctora Jiménez dio a conocer estos hechos a Felipe Calderón; al secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos; el secretario de la Función Pública, Salvador Vega Casillas; a la procuradora General de la República, Marisela Morales, y a la procuradora Federal de la Defensa del Trabajo, Rosalinda Vélez.

El origen del problema

La doctora Jiménez era coordinadora médica del Centro Médico Nacional desde mayo de 2009, sin embargo, fue despedida el pasado 10 de mayo, junto con cuatro médicos residentes, presuntos testigos del robo de medicamentos especializados.

¿Cómo se dio cuenta Guadalupe Jiménez de las irregularidades en el hospital? La doctora dijo que tuvo en sus manos “la lista de trasplantes donde, para mi sorpresa, aparecía como paciente en el primer lugar o con el llamado Código Cero o prioritario, Juan Sergio Barrón Morales, médico adscrito del servicio de nefrología, quien se encontraba totalmente sano o al menos lo estaba en ese momento”.

Jiménez dice que esta práctica es una de las formas del tráfico de órganos, “pues una vez que el donante se encuentra listo, se asigna el nombre del receptor, que seguramente no es derechohabiente del ISSSTE, institución que no ha realizado oficialmente trasplantes desde por lo menos dos años atrás”.

Por otra parte, la doctora Jiménez denunció que los cuatro médicos residentes que fueron despedidos con ella fueron testigos del robo de medicamentos utilizados en oncología: el Rituximab, que cuesta en el mercado unos 60 mil pesos, y el Infliximab, de 15 mil pesos.

Además, Jiménez también denunció el silencio cómplice y omisión de sus superiores, el director del hospital, Navarro Meneses; el director médico, Ricardo Gabriel Manuel Lee, y el director general, Jesús Villalobos López.

La respuesta del ISSSTE

El director del Centro Médico Nacional, Rafael Navarro, dijo que de las auditorías realizadas por el Órgano Interno de Control en el ISSSTE, actualmente no se cuenta con ninguna observación de bajo, medio y alto riesgo pendiente por solventar, y que en la última revisión realizada por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) no se cuenta con ninguna observación relacionada con tráfico de órganos.

Asimismo, Navarro dijo que las supervisiones del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra) no cuentan con observaciones de tráfico de órganos.

Con respecto al cambio de la lista de espera para trasplantes, Navarro dijo que no se pueden registrar nombres de personas que no sean pacientes, porque para asignar órganos los registros los lleva el Cenatra y por ello la autoridad fiscalizadora se daría cuenta de cualquier irregularidad.

Sobre las dos denuncias penales presentadas ante la PGR en contra de la doctora Fedra Irazoque Palazuelos, Navarro solicitó a las autoridades competentes “la coadyuvancia, a efecto de perfeccionar la averiguación previa y conocer la verdad histórica de los hechos, y de lo que se desprenda, solicitar a la autoridad ministerial actuante, se proceda conforme a derecho”. Además, reveló que ha sido requerido en calidad de testigo en el caso.

Sobre el despido de la doctora Jiménez, Navarro explicó que recurrió en faltas injustificadas dos veces.

Tráfico de órganos en México, ¿un mito?

Hasta el momento, la PGR ha recibido 36 denuncias por tráfico de órganos, de las cuales sólo ha consignado ante un juez federal cuatro averiguaciones previas, por las que obtuvo las órdenes de captura.

Sin embargo, hay funcionarios que se niegan a aceptar que el tráfico de órganos en México existe. Uno de ellos es la titular de la Unidad de Investigación de Tráfico de Menores, Indocumentados y de Órganos de la PGR, Guillermina Cabrera.

Otro que lo niega es el director del Centro Nacional de Trasplantes, Arturo Dib Kuri, quien ha afirmado que las condiciones técnicas para llevar a cabo un trasplante hacen imposible que pueda darse el tráfico de órganos en el país.

Aquí, la declaración oficial de Rafael Navarro:

Declaración de Rafael Navarro Meneses

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Prueba del coronavirus: para qué sirven y para qué no los distintos tests de la covid-19

Existen multitud de pruebas para saber si estamos infectados de coronavirus o lo hemos estado en el pasado. ¿Para qué sirve cada una? ¿Qué información nos dan?
26 de noviembre, 2020
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Conforme avanza la pandemia la población se va anegando en una terminología médica que hace menos de un año desconocía.

Los términos anticuerpo, antígeno y PCR son ya habituales en las conversaciones, aunque muchas veces no se tenga clara la utilidad y la repercusión de cada uno de ellos en la salud individual y colectiva.

La introducción reciente de nuevas pruebas diagnósticas como la prueba de detección de antígenos, más fiable ahora que al inicio de la pandemia, ha hecho que se amplíe el número de herramientas disponibles para la detección de infecciones por SARS-CoV-2.

Con ello, aumenta la necesidad de disponer de guías que ayuden a decidir qué prueba se debe realizar en cada caso particular y cómo interpretar sus resultados.

Entornos diferentes necesitan pruebas diferentes

Son muchas las situaciones en las que es necesario aplicar pruebas diagnósticas pero, en líneas generales, podemos plantear los siguientes escenarios:

  • El cribado masivo de la población asintomática.
  • El cribado de la población de alto riesgo (por ejemplo, en residencias de la tercera edad y a personal sanitario).
  • La investigación de los contactos estrechos que ha tenido una persona infectada.
  • El diagnóstico clínico de una persona sintomática.
  • El seguimiento de la severidad de la enfermedad una vez diagnosticada o de la duración de la infectividad del paciente.
  • El estudio serológico poblacional de infecciones pasadas.

Hasta la fecha ninguna prueba diagnóstica cumple los requerimientos para ser aplicada con fiabilidad en todos y cada uno de estos escenarios.

Esta situación ha generado mucha confusión en la interpretación de los resultados obtenidos por las distintas pruebas en cada uno de estos escenarios. No solo entre la población sino a veces entre los propios sanitarios.

Cada prueba, con sus limitaciones, puede tener utilidad en un entorno concreto y es necesario conocerlas para poder tomar las decisiones clínicas oportunas en función de sus resultados.

En la siguiente tabla se muestra un resumen de las situaciones clínicas donde se puede aplicar cada prueba y cuáles, dentro de las aplicaciones recomendadas, son aquellas situaciones donde hay más probabilidad de que se obtenga un falso positivo (un positivo en personas no infectadas) o un falso negativo (un negativo en personas que sí están infectadas).

Todo esto asumiendo que no ha habido errores en la toma de muestras, su transporte y el procesado preanalítico.

Pruebas que detectan infección pasada o en fases finales

Las pruebas serológicas consisten en la detección de anticuerpos (IgM, que indica infección resolviéndose, e IgG, que indica infección pasada). Pueden ser útiles en las encuestas epidemiológicas a nivel poblacional en las que se quiere evaluar la prevalencia de personas que han estado en contacto con el virus.

En concreto, los anticuerpos IgM aparecen a los 6-7 días del inicio de la infección y se detecta mayor positividad a los 15 días. Alrededor del día 20 desde el inicio de los síntomas ya no se detectan.

Los anticuerpos IgG aparecen aproximadamente a los 15 días del inicio de la infección y confieren probable inmunidad (aunque en la actualidad se desconoce por cuánto tiempo).

Este es el caso de las encuestas de seroprevalencia realizadas en España desde el Instituto de Salud Carlos III y en las que se pudo conocer la prevalencia y características de la población que se había contagiado durante la primera ola de la pandemia, a través de la medición de los anticuerpos IgG .

Tubo con muestra para prueba molecular de covid-19

Getty Images
Si te has hecho la prueba contra el covid-19, ¿sabes qué tipo de análisis te has hecho?

Sin embargo, estas pruebas tienen un uso muy limitado (si es que tienen alguno) en la evaluación de la infección activa, a pesar de que con este fin se estén aplicando erróneamente en algunas comunidades autónomas y en otros ámbitos.

Además, tienen importantes limitaciones, especialmente las relacionadas con la presencia de resultados falsos positivos por su reacción cruzada con otros virus.

Existen diferentes técnicas para la determinación de anticuerpos: ELISA (Enzima-Inmunoensayo) y CLIA (Quimio-luminiscencia) (pruebas de referencia para la determinación de anticuerpos) e inmunocromatografía (o también llamada prueba rápida).

Los resultados de las pruebas de ELISA/CLIA son cuantitativos. Es decir, se indica el título (o número) de anticuerpos presentes.

Por otra parte, los resultados de las pruebas rápidas son cualitativos (presencia o ausencia de anticuerpos).

La sensibilidad y especificidad es mayor en las pruebas de ELISA y CLIA que en las pruebas rápidas. No obstante, dada la facilidad de realización de las pruebas rápidas (muestra de sangre capilar frente a suero o plasma y menor complejidad en su realización), se ha extendido su uso, sobre todo en laboratorios privados, a pesar de la mayor probabilidad de resultados falsos negativos y positivos.

Pruebas que detectan infección activa

Entre las pruebas para detectar la presencia del virus, el uso de la PCR -que detecta el genoma viral- se ha establecido como la prueba de oro para la detección de infección activa.

Entre sus limitaciones, además de la complejidad en términos de equipamientos de laboratorio, coste y tiempo, hay que destacar los falsos negativos que pueden depender del inicio de los síntomas o la carga viral, así como falsos positivos en función de las características del entorno en que se realizan y la dinámica temporal de la infección.

En general, en personas con baja probabilidad de estar infectadas (como ocurre en los cribados de población general) aumenta la probabilidad de obtener falsos positivos.

Por otro lado, un resultado positivo semanas después de la aparición de los síntomas puede ser debido a la detección de fragmentos no viables del virus en personas que ya no tienen capacidad infecciosa.

Dentro de esta categoría de pruebas infección activa se encuentran las nuevas pruebas de detección de antígenos que se consideran “rápidas y baratas”.

Detectan la presencia de proteínas virales de SARS-CoV-2 y tienen las ventajas de dar resultados en 15-30 minutos y poderse realizar fuera del ámbito del laboratorio clínico, en el ámbito cercano al paciente.

Su recibimiento por parte de la población y la clase política ha sido entusiasta.

No obstante, su sensibilidad (especialmente en poblaciones asintomáticas) es menor a la de la PCR, con una mayor tasa de falsos negativos, por lo que un resultado negativo en alguien con sospecha de estar infectado necesita confirmación con una determinación por PCR.

Raspado nasal para aplicar una prueba molecular de covid-19 a un paciente.

Getty Images
La prueba molecular se aplica sobre muestras del tracto respiratorio del paciente.

La OMS y el ECDC han recomendado su uso en ámbitos donde no es posible realizar la PCR o se necesita un resultado rápido para la toma de decisiones clínicas (aislamiento, hospitalización, inicio de tratamiento específico, etc.), aun señalando que deben realizarse dentro de los 5 días desde el comienzo de los síntomas.

Estas pruebas no se aconsejan para la detección de personas infectadas entre los casos asintomáticos, ya que su rendimiento diagnóstico en esta población es bajo.

Los estudios en estas poblaciones en nuestro país (España) sitúan su sensibilidad entre el 45% y 57% (un estudio que la eleva hasta al 79%, pero en una población con una prevalencia de enfermedad muy alta).

En el caso de los niños sintomáticos, con una sensibilidad en torno al 62 %, también podría ser preferible la PCR.

Pruebas en farmacias y administradas por los propios pacientes

Algunas pruebas de infección pasada (anticuerpos) se han empezado a comercializar en las farmacias comunitarias para su uso por los propios pacientes tras prescripción médica.

Igualmente, algunas Comunidades Autónomas -regiones en España- y colegios farmacéuticos han abierto el debate sobre la realización de pruebas de antígenos en las farmacias comunitarias.

Una práctica que ya se da en países como Francia, un país con un sistema sanitario muy diferente al español.

En el Sistema Nacional de Salud español (no tanto en las aseguradoras privadas) las pruebas de antígenos están disponibles en los centros de atención primaria y hay que evaluar cuidadosamente la necesidad de remitir a las farmacias comunitarias una prueba que puede hacerse inmediatamente en el propio centro.

No obstante, en la situación tan excepcional que estamos viviendo, y con la necesidad de ampliar la capacidad de detección del virus, son iniciativas a evaluar.

Pese a las discusiones en los medios sobre las competencias de cada profesión y el lugar de realización de las pruebas, el problema importante se debe centrar en el hecho de que una prueba diagnóstica exige una interpretación rigurosa de sus resultados en función de la situación clínica del paciente o la persona en que se realiza.

Esto es lo que se debe asegurar en cada caso.

El hecho de que una prueba pueda dar falsos positivos y negativos no significa que no sea útil, sino que debe ser realizada en el entorno en el que es más útil y ser interpretada teniendo en cuenta la información clínica del paciente y la prevalencia de la infección en el ámbito de actuación.

Por tanto, las iniciativas en las que es el propio paciente el que recoge el test de anticuerpos en la farmacia para hacerlo en su casa puede llevar a múltiples situaciones confusas.

Estas suponen un riesgo tanto para la salud individual como para la colectiva.

Interpretación apropiada de pruebas imperfectas

Buena parte del lío en torno a las pruebas de covid-19 deriva de la confusión entre asintomáticos y presintomáticos, del valor informativo de cada prueba en la dinámica temporal de la infección y del falso discurso de “cuantas más, mejor”.

Al mismo tiempo se olvida que, como en cualquier otra enfermedad, la medicina científica exige el uso de la prueba adecuada, en la persona adecuada y en el momento adecuado.

Más allá de la confusión, el uso de pruebas diagnósticas de covid-19 requiere no olvidar algunas reglas de extrema importancia:

  • Las personas con síntomas o que sean contacto estrecho de caso de covid-19, aunque sean asintomáticas, deben ser aisladas y controladas por los servicios de atención sanitaria. Todo esto aunque los resultados de sus pruebas, sean cuales sean, den negativo.
  • Un resultado negativo de una prueba de antígenos (o una PCR) no excluye el desarrollo de enfermedad o la posibilidad de contagiar (especialmente en los días inmediatamente siguientes). Tampoco permite relajar ninguna medida de distanciamiento social (mascarillas, distancia, aforos, etc.).
  • Una prueba de anticuerpos positiva no es un pasaporte biológico. No garantiza que una persona concreta haya pasado la infección o que no la pueda volver a contraer, sobre todo si se ha llevado a cabo mediante test rápidos.

* Blanca Lumbreras es catedrática de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Miguel Hernández y Salvador Peiró es investigador de Fisabio Salud Pública.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver la versión original aquí.


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