El fatalismo irreverente de un artista vago
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El fatalismo irreverente
de un artista vago

Por Moisés Castillo
19 de junio, 2011
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Gustavo

¡¡¿Qué demonios está pasando aquí?!! Es la primera expresión que arranca de la garganta la obra de Gustavo A. Rodríguez Nava. Sus fotografías, collages, ilustraciones y dibujos, pueden ser calificados como las ruinas de un gran edificio en un paisaje desolado, en donde para sobrevivir inventa un mundo irónico, con monstruos verbales, personajes en plena lucha: un despliegue fragmentado de elementos para crear un mundo desconocido. Lo que la mente se llevó.

Las imágenes de tiempo de Gustavo son instantes que ya pasaron y que se van a otras vidas. Su estilo es pulcro e impertinente, ácido e hilarante: cuerpos bañándose en luz colorida del trazo. Aquí no existen los buenos modales, sólo la diversión y la carcajada. Todos se burlan de todo, las bromas de la vida y la locura de lo cotidiano, encapsulada en el Cuaderno Negro, La libreta Roja o en series como Horsie´s of God, Mecánica Popular, Inventario, My Bloody Fear.

Gustavo me recordó mucho a la película American Splendor, donde la vida ordinaria es insufrible para el protagonista Harvey Pekar: un archivista frustrado que trabaja en un hospital gris, fanático de los cómics y del jazz. Su escape de lo cotidiano se traslada al contar su vida a través de una historieta, donde su amigo el ilustrador Robert Crumb fue fundamental.

Mientras come unas papas a la francesa, el afamado Crumb revisa el material del amargado Pekar. Su voz ronca le dice que las palabras y dibujos podrían ser una forma artística de reflejar la realidad. De repente, Crumb de sombrero y lentes, le pregunta:

-¿Es todo sobre ti?

-Sí.

-Te convertiste en un héroe de historieta, jajaja…

Y de alguna forma, Gustavo si bien no busca ser el héroe de sus mundos, los crea y recrea para olvidarse y sobrevivir a la realidad: la gente común es bastante compleja.

“Casi te puedo contestar que soy una persona que tiene muchas vidas dentro de una vida. Muchas posibilidades de seguir vivo. No es que diga ‘soy un artista’, detesto esa figura de blofear. Hago muchas trampas y lo que más me gusta es bailar, jajajaja…”

A sus 30 años, Gustavo ha sido autogestivo por necesidad y por convicción. No pertenece a ninguna Galería y ni le interesa. Por mucho tiempo estuvo tocando puertas y se las azotaron en la cara, por eso dice que tiene la nariz chata. Toda su obra se puede apreciar en Internet. No se siente el clásico “artista incomprendido”, porque no es su estilo, no hace berrinche y prefiere seguir dibujando e imaginando mundos inútiles.

-¿Qué es el Cuaderno Negro?

Es un proyecto en el que estoy trabajando desde hace tres años. Es una especie de libro-objeto virtual donde traslado todo lo que quiero decir de manera hermética. Algunos le pueden decir bitácora o diario. Por un lado puede ser que sí, pero es un pretexto para vagar y divagar. Finalmente sí lo utilicé para ser el eje en el algún momento de mis emociones, sin tener una obligación de crear series sublimes, imágenes maravillosas para todo el mundo, la historia de las 10 mil manzanas. A mí no me interesa tener un tema predeterminado. El cuaderno es un espacio para actuar con la libertad del azar.

-¿Cuáles son los temas y preocupaciones que plasmas en tus fotos, collage, ilustraciones?

Hace mucho una amiga me dijo que tenía una visión fatalista. Es verdad, desde hace mucho pienso que no hay salvación. Trabajo en las ruinas, en un mundo que ya existió y pasó, un destino que ya no fue. Mis padres tuvieron una utopía o algo por qué luchar y en este valle de la desolación vemos las ruinas que nos heredaron. Vemos el vestigio, lo que quedó de aquello que construyeron y edificaron, que nunca se alcanzó, ese sueño que para ellos valía la pena. La pena está aquí entre nosotros.

-¿Cuáles son tus preocupaciones ante la cerrazón de espacios como las galerías?

Siempre estoy dudando del futuro. Me interesa que mi trabajo se conozca, pero mi mejor caballo es el que va a correr la próxima carrera, no estoy pensando en mi edad ni nada. Tengo 30 años y no soy millonario jajaja. No es que tenga una preocupación, me ocupo todos los días en dibujar bien. No me quita el sueño ni me dan pesadillas. Dicen que algunos hombres fueron a casa de Goethe en su búsqueda, y la mujer dio la siguiente explicación: Goethe no se encuentra, él vive en el Paraíso, viene a veces a comer. Por años he estado buscando ese Paraíso.

-¿Qué espacio de creación es tu favorito? ¿La fotografía, el collage, la ilustración?

Lo que más me gusta es moverme de un sitio hacia otro, no quedarme estático, eso me agobia. Lo que siempre hago es cargar una cámara, una libreta y cazar imágenes. Antes recogía objetos de la calle y mi cuarto ya lo tenía saturado de basura: es hermosa pero ahora he aprendido que la puedo fotografiar, no me la puedo llevar, puede permanecer donde tiene su vida. Es una situación, escena o imaginación donde puedo divagar.

-¿Cuál sería la imagen más entrañable de tu colección?

La más entrañable de mis piezas que voy a componer es la que sigue. La que todavía no es. Se me hace maravilloso, tiene un dejo de nostalgia de lo que hiciste y tiene un arriesgue y una voluntad para crear. Lo que es más entrañable de mis piezas es el contenido del Cuaderno Negro. Es la obra que me refleja y me encuentra. Llevo 30 imágenes y es una apuesta para el resto de mi vida. Horsie´s of God es una serie que hice y también está El bebé está loco, son divertimentos. Pero el Cuaderno Negro es mi irreverencia y mi patada.

-¿Qué esperas de tu obra en el corto plazo? ¿Cuáles son tus planes?

A lo que apuesto es que el Cuaderno Negro pueda coexistir en otra persona. Que mi obra sea difundida, viva y perviva. Tengo una visión tan caóticamente triste de lo que es la humanidad, que no me importa si llega mi obra a una galería. Me importa más que llegue una persona y la pueda observar. Este trabajo se ve en la web, lo que sigue es otro tipo de distribución: vas a poder visitar el Cuaderno, lo vas a poder descargar en tamaño real y tendrás unas instrucciones de papel y tintas que se recomiendan para que lo puedas imprimir y puedas tener una pieza original en tu casa. De nada me sirve tenerlo en mi disco duro. Y si quieres que te firme la pieza ‘maravillosa’, ‘sublime’, invítame a comer, pisteamos y la firmó, jajaja.

En el hoyo, Minolta y la UAM

La charla con Gustavo es de carcajadas. Vaya que su sentido del humor describe el tono de su obra. Viste de azul marino y resalta su playera de David Bowie. Sus botas semi viejas Dr. Martens lanzan el anzuelo hacia los 90’s: Pearl Jam, Nirvana, Sonic Youth y las camisas de franela.

Mientras se agarra su mostacho, dice que su padre fan de The Doors y The Police, lo llevaba a las tocadas del mítico Rockotitlán y le enseñó las leyes de la calle: en la prepa recorría la avenida Cuauhtémoc y sus callejones vendiendo libros de viejo. Su jefe tenía una librería llamada El hallazgo sobre Coahuila y, a sus 18 años, ya había pasado por varias escuelas de educación media superior con nombres de dudosa procedencia: Centro Unión alias “Circo Unión”, Centro Universitario, Instituto Escuela. En fin, tardó un sexenio en graduarse.

“En la prepa hice en paralelo una carrera técnica de fotografía. En muchas escuelas fui que ya perdí la cuenta. Me hice correr de casi todas, me ponía a llorar en los pasillos, jajaja… Llegó una época en que sí fui muy drogo, atascado. No tengo ningún juicio sobre esa etapa, me salía de clases, leía cosas ajenas de los cursos y perdí en el camino a muchos amigos”.

Dice que fue muy afortunado de niño porque su tía, la más querida, le regalaba muchos libros y en su casa había una colección enorme. Su mamá fue uamera y estudió sicología; su padre también estudió en la UAM-Xochimilco física-química. El pequeño Gustavo agarraba un montón de libros y los hojeaba como si fueran sus juguetes favoritos, de ahí se interesó por lo visual y por los talleres de artes plásticas.

Siguiendo la tradición familiar, Gustavo terminó hace dos años Diseño Gráfico en la UAM-X, antes ya había estudiado en la Escuela Activa de Fotografía. Tuvo que soportar una vez más el rechazo de la ENAP y de la Esmeralda: el calor trae migraciones y recuentos.

Gustavo se pone otro cigarro en la boca y dice que su etapa uamera fue su época de “esplendor”. Trabajó en la producción del documental En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo y sintió que todas las noches caían dones del cielo. Hizo fotografía fija para animación Time Lapse en los llamados diurnos y nocturnos. Gracias a su técnica y a su mejor compañera, una Minolta 1982 X 700 que le regaló su padre a los 14 años de edad, pudo hacer clicks fácilmente como si destapara una cerveza.

“De chamaco encontraba una gran curiosidad en la calle y de repente como no puedo poseerlo todo, me cargaba una cámara desde entonces la Minolta, siempre está en mi mochila. Fotografiaba cosas ‘chistosas’ y se las mostraba a mis amigos.Luego descubro el laboratorio de foto y me pierdo en la magia de los trucos”.

Fan de Cindy Sherman, Nan Goldin, Pier Paolo Pasolini, Fernando Pessoa, explica que su peor etapa pero definitiva en su vida fue cuando quiso ser “serio y formal” en su trabajo. Su profesor, Carlos Aguirre, se dio cuenta de este cambio radical y se burló en su cara por su actitud “sublime”. Satirizó la obra de Gustavo y fue una trifulca de gatos en el tejado.

“Me marcó pero más que eso me retruncó, fue una vuelta de tuerca. Me decía ‘wey tu hacías esto hace un tiempo y ahora quieres reafirmarte con la solidez de un mundo de cagada’. Esa fractura fue muy chingona”.

Pareciera que a Gustavo le gusta siempre caminar sobre la cuerda floja. Su pasatiempo favorito es andar en bicicleta y ya lo han atropellado dos veces. Y no tiene miedo de tomar todos los días su bici y pedalear y esquivar el golpe. No busca explicaciones. Al final, como siempre, un acto de fe.

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Ketanji Brown Jackson: quién es la primera mujer negra en llegar a la Corte Suprema de EE.UU.

La jueza de 51 años fue confirmada este jueves por el Senado de EE.UU. para ocupar un puesto en el máximo tribunal del país. ¿Quién es Ketanji Brown Jackson?
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7 de abril, 2022
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Ketanji Brown Jackson hizo historia este jueves.

Con 53 votos a favor, la jurista de 51 años se convirtió en la primera mujer afroestadounidense en ser nombrada jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos.

Los demócratas y tres republicanos del Senado votaron a favor de su nombramiento luego de que el pasado febrero el presidente de EE.UU., Joe Biden, la nominara para reemplazar al juez Stephen Breyer, quien anunció su retiro.

“En esta votación, los ‘sí’ son 53, los ‘no’ 47. Y esta nominación es confirmada”, dijo la vicepresidenta de EE.UU., Kamala Harris, quien asumió su función de presidenta del Senado en la sesión.

La mayoría demócrata aplaudió y ovacionó el resultado. Chuck Schumer, el líder de la mayoría, lo calificó como un “día jubiloso” para Estados Unidos.

La senadora por Alaska Lisa Murkowski, una de los tres republicanos que votaron a favor de la jueza Jackson, dijo que su decisión era, en parte, una señal de “rechazo a la corrosiva politización” en torno a los procesos de confirmación.

La nueva magistrada “aportará a la Corte Suprema una experiencia en tribunales que pocos pueden equiparar dado su historial en litigios”, añadió Murkowski.

En 233 años de historia de la Corte Suprema, es la tercera persona de la comunidad negra en sentarse en el máximo tribunal del país, después de los jueces Thurgood Marshall (fallecido en 1993) y Clarence Thomas (actualmente en el cargo).

Con la llegada de Jackson, la composición de la Corte Suprema -clave en muchas decisiones del país- quedará con una representación de seis jueces conservadores y tres progresistas, incluida Jackson entre estos últimos.

El origen de Ketanji Brown Jackson

Al nominarla para la Corte Suprema, el presidente Biden dijo que Jackson es “una de las mentes legales más brillantes de la nación”. Su trayectoria es amplia.

Nacida en Washington DC en 1970, creció en Miami en los años en los que aún había efectos de la segregación racial en el sureste del país.

Ketanji Brown Jackson

Getty Images

“Mis padres me enseñaron que, a pesar de las muchas barreras que tuviera que enfrentar al crecer, si trabajaba duro y creía en mí misma y en Estados Unidos, podría hacer cualquier cosa o ser cualquier cosa que yo quisiera ser”, dice Jackson.

“Fue mi padre quien me inició en este camino. Cuando yo era niña, lo vi estudiar y se convirtió en mi primer ejemplo profesional”.

En la escuela secundaria fue campeona de debate y presidenta de su clase.

Jackson posee dos títulos de la Universidad de Harvard, institución a la que ingresó con solo otros tres compañeros afroestadounidenses.

“En esos primeros momentos en los que te preguntas si perteneces, ella fue el ancla. Luego se aseguró de que todos lo fuéramos. Ella es la que se convirtió en el cimiento de todos nosotros”, dice su excompañera Lisa Fairfax.

En esa época conoció a su esposo, Patrick Jackson, que era estudiante de medicina de Columbia y proviene de una familia blanca de Boston.

Su carrera

Jackson actualmente forma parte del influyente Tribunal de Apelaciones de EE.UU. para el circuito de DC.

Previamente estuvo en la defensa pública, lo que la convierte en la primera jueza de la Corte Suprema en haber sido abogada pública ante los tribunales.

Joe Biden y Ketanji Brown Jackson

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Jackson fue nominada por el presidente Joe Biden.

En 2012, el entonces presidente Barack Obama nominó a Jakcson como jueza del tribunal de distrito de DC. Durante los ocho años que pasó ahí escribió más de 500 opiniones.

Entre ellas, dictaminó que Donald F McGhan II, el exabogado de la Casa Blanca del presidente Donald Trump, tenía que testificar en la investigación sobre la intromisión de Rusia en las elecciones de EE.UU.

Al ser nominada, la jueza Jackson habló de su familia y sus mentores legales y modelos a seguir.

Dijo que al trabajar como secretaria del juez Breyer (al que sustituye) de 1999-2000, aprendió lo que se necesitaba para ese cargo: “el más alto nivel de habilidad e integridad, civilidad y gracia”.

La jueza Jackson también habló brevemente sobre su enfoque de la ley: “He sido juez durante casi una década y me tomo muy en serio esa responsabilidad y mi deber de ser independiente”.

“Decido los casos desde una postura neutral. Evalúo los hechos, interpreto y aplico la ley a los hechos del caso que tengo ante mí, sin temor ni favoritismo, de conformidad con mi juramento judicial”.

Senadores republicanos

EPA
La mayoría de los republicanos optó por rechazar la nominación de Jackson.

Pero, durante las 30 horas de audiencias de confirmación, muchos republicanos consideraron que hubo fallas en sus decisiones pasadas.

La criticaron por no responder si se deberían agregar escaños a la Corte Suprema (algo que rechazan los republicanos) y por no querer definir el término “mujer”. También la acusaron de indulgencia en casos de pornografía infantil.

Sin embargo, los demócratas dijeron que tiene “todas las credenciales” para el máximo cargo al que fue confirmada.

Casos polémicos

Algunas de las decisiones en su carrera judicial fueron repasadas en las audiencias de confirmación.

El senador Dick Durbin se refirió a acusaciones de que “tiene un patrón de dejar libres a los delincuentes de pornografía infantil”.

Fue señalada por haber dado sentencias “indulgentes” a procesados y abogar por reducir sus penas cuando fue vicepresidenta de la Comisión de Sentencias de EE.UU., que asesora al Congreso sobre las pautas federales de sentencias.

Las afirmaciones son engañosas, según varios sitios de verificación de hechos.

“Nada podría estar más lejos de la verdad”, dijo Jackson, quien eludió las críticas a sus sentencias que en ocasiones estuvieron por debajo de las pautas emitidas por el Congreso, pero no muy diferentes a las de otros jueces.

Optó por hablar del daño causado por los delincuentes sexuales y de las vidas que habían sido destrozadas Describió la gama de castigos que los procesados recibieron a través de sus fallos.

Senadores republicanos

EPA

Otro de sus momentos cuestionados fue haber sido defensora pública de detenidos de Guantánamo.

Los republicanos criticaron que hubiera dado “servicios legales gratuitos para ayudar a los terroristas a salir” de la prisión militar.

La jueza dijo que a los defensores públicos se les asignan casos y no eligen a quién representar, y que todos los acusados tienen “derecho a representación y a ser tratados de manera justa” bajo el sistema de justicia de EE.UU.

Pero reconoció que defender a los detenidos significaba, a veces, ayudar a liberar a personas que luego estaban en contra de los intereses estadounidenses.


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