Las transexuales: El infierno de las otras putas
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Las transexuales:
El infierno de las otras putas

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Por Alberto Tavira Álvarez
10 de junio, 2011
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Transexuales.

“No. No son prostitutas”, dice levantando al aire el dedo índice Gloria Hazel Davenport, activista transexual que en los últimos años se ha dedicado, a través de diversas asociaciones, a orientar sobre derechos humanos a la comunidad TTT (Transexual, Transgénero y Travesti), cuyos miembros muchas veces ofrecen servicios sexuales a cambio de dinero.

Gloria Hazel. Foto: Cuartoscuro.

La mujer que reparte sus 41 años en 1 metro con 90 centímetros de estatura, explica en entrevista con Animal Político que el término prostitución se refiere a una figura que en muchas ocasiones es considerada como delito.

La idea que comparte, junto con otras instituciones a nivel internacional, es que la persona que ejerce una actividad intelectual o física y recibe una remuneración es porque está haciendo un trabajo –obviamente actividades que no sean delictivas–, por lo tanto “el nombre correcto para referirse a las compañeras es: trabajadoras sexuales”.

Aunque no hay cifras oficiales en México sobre cuántas mujeres trans se dedican a esta actividad, Gloria estima que “alrededor de un 70% de lo que se considera trabajo sexual masculino en la ciudad de México, en realidad es ejercido por mujeres trans” quienes, a decir de la entrevistada, ofrecen sus servicios principalmente las noches de los viernes y sábados en las equinas de las calles que desembocan en Eduardo Molina, Puente de Alvarado, Chabacano y, sobre todo, en las avenidas Tlalpan e Insurgentes.

A pesar que a Hazel Davenport no la hace muy feliz que al oficio más antiguo del mundo se le denomine sexoservicio -“pues la palabra incita a la idea de servidumbre”-, la contratación de estas mujeres está sujeta, como cualquier otro producto o servicio, a la Ley de la Oferta y la Demanda, donde queda muy claro que cuando la oferta excede la demanda el precio tiende a disminuir.

“Hay muchísima competencia. Está muy abaratado el mercado. Así como hay unas compañeras jovencitas y con transformaciones de cuerpo extraordinarias que en un día considerado como bueno se pueden llevar hasta 500 pesos, también hay otras que rebasan los 40 años y casi no tienen clientes, a ellas si les va bien ganan 200 pesos a la semana”.

El grupo de trans dedicadas al trabajo sexual se ha multiplicado significativamente en los últimos tiempos porque, a decir de Gloria, no existen muchas opciones donde puedan laborar. Y ejemplifica: “No hay transexuales que estén trabajando como gerentes de bancos, tampoco se ven ejerciendo como abogadas, doctoras, profesoras. Aunque tengan los estudios que se requieren están destinadas, en su mayoría, al trabajo sexual por la discriminación que hay en nuestro país”.

Gloria Hazel. Foto: Cuartoscuro.

De no ofrecer su cuerpo a cambio de un beneficio económico, las trans pueden emplearse como estilistas, maquillistas o haciendo shows imitando a las cantantes del momento ya sea en antros gay o en fiestas privadas. “Para la primera opción necesitas un gran talento que no todas tenemos. Yo quise cortar el pelo y te aseguro que nunca dejé un corte simétrico”, dice Hazel Davenport.

Para las que eligen pararse frente a un micrófono e imitar a Thalía, Paulina Rubio o Mónica Naranjo, entre otras, les espera aproximadamente una remuneración de 500 pesos por show. Desde luego, previamente tuvieron que haberle invertido a la ropa, la cara y el cuerpo.

Antes de que Gloria decidiera sacar a la mujer que lleva por dentro, trabajaba como reportero en la agencia de noticias Notimex. “Cuando me volví transexual pasé de la mesa de redacción a estar parada en la calle con una minifalda, porque nadie me daba trabajo. ¿Y tú crees que mi coeficiente intelectual disminuyó un centímetro? Claro que no. Nomás por tener voz de hombre y chichis no me contrataban”.

Pero la calle “está dura”, así que en los terrenos del placer, la exreportera se tuvo que especializar. Se volvió Dominatrix: “En el sadomasoquismo se supone que la Dominatrix es la que se encarga de dar latigazos, pero no sólo es eso, también hay juegos de autoridad, de dominio, hay juegos de jerarquías simbólicas que son padrísimas y que jamás le tienes que poner la mano encima a alguien”. Bajo este esquema, Gloria tuvo alrededor de unos siete clientes cautivos durante tres años.

Las “gallinas” de los huevos de oro

Transgénero. Foto: Cuartoscuro.

Hasta en el trabajo sexual los tiempos han cambiado. Hace diez años, cuando Gloria alquilaba su talento, comenzó a darse cuenta que los clientes ya no eran los mismos, que las fantasías de los hombres que se llevaban a un hotel a una transexual, eran otras.

Al menos un par de décadas atrás ellos iban a buscar una mujer trans para jugar el rol de activos (donde ellos penetran a ellas). Sin embrago, Gloria asegura que en el último lustro ha surgido una nueva generación de clientes que prefieren ser pasivos (piden que ellas los penetren a ellos). “Nosotras les llamamos ‘gallinas’, porque con todo y sus botas de macho acaban cacareando. Tendrán muchos huevos en sus trabajos y en sus casas, pero con nosotras son unas ‘gallinas’”, dice.

Moda, fantasía, el Apocalipsis…Lo que quiera que sea, la activista explica que esto se ha convertido en un grave problema debido a que la mayoría de las mujeres trans actualmente se encuentran o han pasado por un periodo de hormonización con el fin de que la voz se les haga más aguda y les crezcan los senos, entre otros cambios físicos.

La cuestión es que esto también conlleva a que ya no tengan funciones genitales. “Es algo muy peligroso porque los clientes quieren que te los eches y si no, se ponen violentos. En muchos casos nos golpean por no satisfacer sus fantasías, pero imagínate lo brutal que es para nosotras tener que dejar de hormonarnos porque el señorito quiere sentir placer por otro lado. Yo calculo que un 80% de los clientes de las trans salen ‘gallinitas’”.

La hipótesis de la mujer que también trabajó como reportera en la Agencia NotieSe con respecto esta nueva tendencia se basa en que en los últimos años ha habido un boom de películas porno de Shemales: Transexuales que se dedican al trabajo sexual, que tienen penes de hasta 30 centímetros y que en ocasiones juegan al mismo tiempo el rol masculino y femenino con otros hombres. “Estos DVDs son muy accesibles porque cuestan 20 pesos afuera del metro, así que yo creo que de tanto ver se les antojó y de tanto probar ya les gustó. Pero a nosotras nos traen problemas porque ya estamos alteradas y no podemos tener erecciones así que, además de todo, nos quedamos sin clientes”.

El club de las indocumentadas

Gloria Hazel. Foto: Cuartoscuro.

Como parte del calvario que tienen que vivir las transexuales –trabajadoras sexuales o no– en México, se encuentra la falta de papeles oficiales que sean acordes con su nueva apariencia.

A pesar que en 2008 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) aprobó la Ley de cambio de sexo, que permite modificar su identidad en su acta de nacimiento, “la realidad es que este trámite es todo un viacrucis”, señala Gloria, quien lo jerarquiza como uno de los principales problemas que tiene su comunidad actualmente.

“La idea era que una persona pudiera ir a un hospital público y que ahí mismo se certificara su condición transexual o trangénero y luego fluyera la información al Registro Civil para que pudiera cambiar su acta de nacimiento”, explica la mujer que trabajó como funcionaria de Censida durante tres años y que señala que como fueron a destiempo las dos reformas –primero fue en el Registro Civil y luego la de Salud–, no están vinculadas.

“Por lo tanto, el Registro Civil nos pide a las trans dos peritajes, los cuales certifican que efectivamente hemos cambiado de género, pero como eso no está en la reforma de Salud, entonces quedamos en manos de médicos privados y para que ellos nos certifiquen hay que pagar 15 mil pesos por cada uno de los peritajes. Estamos hablando de que el derecho a la identidad finalmente se convirtió en objeto de clases sociales, por lo que sólo hay 60 juicios a favor de la modificación de identidad. ¿Tú crees que las trabajadoras sexuales que están paradas en la calle con los ingresos que te platiqué tienen 30 mil pesos para pagarles a los especialistas privados?”

Sin acta de nacimiento las transexuales no pueden acceder a ninguna credencial oficial. “Somos indocumentadas en nuestro propio país. Lo más aterrador es que no tenemos nuestros documentos de mujer siendo que ya tenemos cuerpos de mujer”.

Gloria enumera lo que, a diferencia de cualquier otro ciudadano mexicano, ellas no pueden hacer: no pueden tener su propio coche porque no tienen licencia; no pueden salir del país porque no tienen pasaporte; no pueden votar porque no tienen credencial del IFE; no pueden cambiar un cheque en un banco porque no tienen una credencial oficial…

Sobreviven a través de favores de amigos y, en el mejor de los casos, se enamoran de un hombre a quien le dan todo lo que ganan para que él sirva de vínculo con la realidad.

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#YoSoyAnimal

El mercado clandestino donde los bebés robados se venden por unos cientos de dólares

Una periodista de la BBC logró infiltrarse en la próspera red clandestina de bebés activa en Kenia, que vende niños robados al mejor postor.
19 de noviembre, 2020
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Cada vez que ve a un niño, a Susan Wanjiku se le caen las lágrimas.

El suyo se le robaron en 2016 en las calles de Nairobi, la capital de Kenia, cuando su hijo tenía tan solo 3 años y pocos meses.

Ahora, dice: “preferiría enterrarlo sabiendo que está muerto, antes de saber que se lo robaron”.

A Rebecca Wanjiru, una mujer sin hogar, le robaron su bebé mientras dormía con sus hijos por la calle.

Nunca más volvió a saber de él.

Se estima que solo en Nairobi viven en la calle unos 60,000 niños, que en los últimos años se han convertido en los principales objetivos de los traficantes de niños.

Después de un año de investigación, la periodista Njeri Mwangi y el equipo Africa Eye de la BBC descubrieron pruebas irrefutables de una próspera red clandestina de bebés activa en el país africano.

Los implicados en este tráfico arrebatan los bebés a sus madres y los venden incluso por pocos centenares de dólares.

A raíz de esta investigación, la policía de Kenia arrestó a tres médicos que presuntamente dirigían una parte de este tráfico.


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