"Antes el cuerpo se vendía bien"
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"Antes el cuerpo se vendía bien"

Por Rosario Carmona/ Uriel Ricardo Hernández
16 de junio, 2011
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Por fin llegó la hora de quitarse las zapatillas doradas; siete horas de llevarlas puestas y apenas consiguió 200 pesos.

Vanessa ha tenido días y años mejores, en ocasiones llegó a juntar  hasta 2 mil 500 pesos; pero eso era cuando “el cuerpo se vendía bien, ahora hasta quieren que les regales el trabajo”.

Han pasado unas horas del operativo en Manzanares donde “rescataron” a unas 64 sexoservidoras, pero ella dice que ya todo está normal.

El día ha sido difícil, reconoce, pero no por las incursiones de la policía sino por la falta de clientes. Antes de aceptar la charla, Vanessa  botó sus zapatillas de 10 centímetros de alto que le han sacado ampollas y ya le provocaron calambres, enfundó sus pies en unas chanclas  y  se despojó de sus recuerdos.

Son ya 16 años de dedicarse a esta actividad, primero en una casa de citas, pero no le gustó y mejor se fue a una esquina de avenida Circunvalación en el centro de la ciudad.

“Yo estaba casada con un abogado, pero cuando nació mi bebé, me di cuenta que él andaba con otra mujer, una abogada también y entonces me separé. Fueron casi cuatro meses sola, yo trabajaba en un centro comercial pero no alcanzaba el dinero; en una ocasión  leí un periódico donde decía que se solicitaban muchachas, jóvenes y bonitas para una casa de citas, estaba bien especificado, bien claro, nadie  me engañó”.

En ese instante Vanessa definió su futuro.

Le pidió permiso a su mamá, las dos primeras ocasiones le dijo que estaba loca. La tercera se limitó a decir que hiciera con su vida lo que quisiera, así lo hizo.

De la casa de citas se salió porque la obligaban a beber y no le gustó. Se fue a la Merced y se paró en la calle, entonces cuando el “cuerpo se vendía bien”.

“Hasta 9 ó 10 clientes llegué a tener, pero ahora, a veces en la madrugada llegan y te dicen que te dan 100 pesos y a mí me cobran 55 del hotel; casi, casi te cobran por estar con ellos”.

En la soledad

Vanessa dice que sus horas en la calle pueden ser muy largas, dolorosas y hasta tristes, sobre todo cuando se pierde de los momentos importantes para sus hijos.

Ahí comparte la soledad y el peso de su tragedia personal con cientos de mujeres, algunas, apenas unas niñas, pero pocas son sus amigas, la mayoría son compañeras anónimas de un trabajo que, al menos para ella, fue su elección.

Durante las madrugadas en la calle de la Soledad, Vanessa espera que lleguen sus clientes, pero sobre todo espera que llegue el amanecer.

En la plaza rodeada de hoteluchos y casas viejas que ya no tienen cuartos, donde apenas dividen los cubículos con cortinas que alcanzan a cubrir asientos de cemento, ahí la basura se acumula en las esquinas y la desesperanza se respira, ahí Vanessa comparte sus temores y hasta sus recuerdos.

“Todos los días comemos”. Vanessa justifica con esta frase el motivo de su trabajo, del que asegura no estar arrepentida, pues le ha permitido sacar adelante a sus tres hijos: un varón de 16 y dos jovencitas de 14 y 12 años, aunque reconoce que muchas veces los ha descuidado porque pasa muchas horas fuera de casa.

Antes, su madre se hacía cargo de sus hijos, pero desde que murió las cosas se le han complicado.

A diferencia de varias de sus compañeras, Vanessa no viste minifaldas ni ropa transparente que deje ver su tanga; dice que no es bueno porque en la zona pasan muchos niños y no está bien el ejemplo que les pueden dar.

De fácil hablar, y con un buen sentido del humor cuenta, desde que se inició en esta actividad, a los 21 años, hasta de su futuro en el que sólo busca ser una mamá y una tía buena onda.

De lunes a jueves se para en una esquina de avenida Circunvalación, desde las 11 de la mañana hasta las seis de la tarde y las madrugadas de viernes y sábado  trabaja en la calle de la Soledad.

Todo tiempo pasado fue mejor, para la mujer que ahora tiene 37 años de edad.

“Si vas a gastar tanto el cuerpo, pues va a valer la pena,  es porque vas a comer bien, vestir bien, pero de unos tres,  cuatro años para acá, el trabajo ha bajado mucho, antes cuando empecé sacaba 2 mil, mil 500 pesos diarios, con 9 ó 10 clientes, pero en ese tiempo el cuerpo sí se vendía correctamente”.

Años atrás cobraba 400 pesos, pero cuando el cliente quería un trabajo completo, todavía le cobraba extra “porque te desnudaras, porque tocaran arriba de la cintura, te besaran o por el francés eran 50 hasta 80 pesos más y ahora la economía pues afecta, la edad también. Depende incluso de la experiencia que tengas, el buen trato, el buen trabajo”.

Que me agarren suavecito, con cariño…

De sus clientes, dice que la mayoría la tratan bien, incluso a veces la ayudan económicamente. Le dan más de lo que regularmente cobra, pero eso es por hacerles un buen trabajo, “con unos 15 minutos bien trabajados se van contentos y rápido”. En alguna ocasión que estaba muy cansada y se lo hizo saber a un cliente recurrente, éste le dio dinero y le dijo que se fuera a descansar un mes completo.

Su única queja es que algunos son muy toscos, parecen luchadores; sobre todo los que no están acostumbrados a estar con una mujer,  los que no tienen pareja o no están casados, asegura.

Cuenta que una ocasión le dejaron los dedos marcados en las caderas, por eso  lo único que pide es que la agarren suavecito; “si yo no les estoy haciendo nada, no los estoy golpeando”, dice Vanessa mientras sonríe.

Ella superó 12 años de drogadicción, se anexó cinco veces a centros de rehabilitación y cuatro veces la internó su mamá, incluso pasó meses sin aparecerse por su casa, hasta que estaba anémica y a punto de la muerte.

“Me quedé 12 años estancada en eso”, recuerda. “Pero ahora, el día que no regreso a casa  es porque voy a divertirme con mis compañeras, correctamente. Pero sí llegaron  a ser hasta ocho meses sin regresar, me quedaba en los hoteles, este trabajo es socorrido y parece que cuando uno se está haciendo daño, el diablo anda suelto y más trabajo nos da”.

Aún así, dice que siempre respetó a su mamá, incluso cuando decidió dedicarse a la prostitución, por eso le pidió permiso.

De pronto el llanto la  ahoga cuando habla sobre una relación que tuvo con un hombre que vive en Las Lomas de Chapultepec.

Tuvimos una relación muy bonita de dos años y cuando mi mamá estuvo en el hospital, le hablé para pedirle 500 pesos para la ambulancia y no me ayudó. Le dije a mi hermano, mi mamá me enseñó a trabajar y si ella sacó adelante a 9 hijos yo cómo no voy a poder.

La dejé y me fui a trabajar, saqué el dinero que necesitábamos y tres días después la sacamos del hospital en un ataúd.

Recuerda que en sus inicios, en la Merced  llegaron  a ser más de mil 500 sexoservidoras. Ahora, dice, son unas 500 de diferentes edades y algunas, quizá un 10%, víctimas de esclavitud sexual, pero otras no tienen padrote, “trabajamos para mantener a nuestros hijos, no a un hombre”, dice la mujer que viste pantalón de mezclilla ajustado y blusa escotada en tono azul, sus lentes cubren su rostro, mientras sus manos se mueven al compás de sus recuerdos.

¿Y cómo le haces para dejar a Vanessa y volver a ser la mamá? No es fácil, hay que trabajar mucho la cabeza para poder despojarte del cuerpo, pero con el tiempo sí lo logras. Yo dejo aquí todo y me voy para mi casa, como todos”.

Cuando termina el turno nada más “te quitas el maquillaje y pides respeto”.

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Cinco de los métodos más prometedores para vivir más (y mejor)

Alargar la esperanza de vida es un objetivo que se plantea la ciencia y, al parecer, no es imposible de lograr.
29 de octubre, 2021
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La mayoría de la gente quiere vivir una vida larga y feliz, o al menos evitar una corta y miserable. Si te encuentras en esa mayoría, estás de suerte. Durante la última década, se ha producido una revolución silenciosa en la investigación sobre nuestra comprensión de la biología del envejecimiento.

El desafío es convertir este conocimiento en consejos y tratamientos de los que podamos beneficiarnos. Aquí rompemos el mito de que alargar la esperanza de vida saludable es ciencia ficción y mostramos que, en cambio, es un hecho científico.

1. Nutrición y estilo de vida

Hay mucha evidencia de los beneficios de hacer las cosas aburridas, como comer bien.

Un estudio de grupos grandes de personas comunes muestra que mantener el peso, no fumar, restringir el alcohol a cantidades moderadas y comer al menos cinco porciones de frutas y verduras al día puede aumentar tu esperanza de vida de siete a 14 años en comparación con alguien que fuma, bebe demasiado y tiene sobrepeso.

Mujer

Getty Images

Reducir aún más las calorías, en aproximadamente un tercio, la llamada restricción dietética, mejora la salud y prolonga la vida en ratones y monos, siempre que coman las cosas correctas, aunque eso es algo difícil de pedir a lo seres humanos, que están expuestos constantemente a la tentación de la comida.

Se cree que las versiones menos extremas del ayuno intermitente o de tiempo restringido (solo comer durante un período de ocho horas cada día o ayunar durante dos días a la semana) reducen el riesgo de que las personas de mediana edad contraigan enfermedades relacionadas con la edad.

2. Actividad física

A nivel mundial, la inactividad causa directamente aproximadamente el 10% de todas las muertes prematuras por enfermedades crónicas, como la enfermedad coronaria, la diabetes tipo 2 y varios cánceres.

Si todos en la Tierra hicieran suficiente ejercicio mañana, el efecto probablemente sería un aumento de la esperanza de vida humana saludable en casi un año.

Pero ¿cuánto ejercicio es óptimo?

Los niveles muy altos son de hecho malos para ti, no solo en términos de músculos desgarrados o esguinces de ligamentos. Pueden inhibir el sistema inmunológico y aumentar el riesgo de enfermedad de las vías respiratorias superiores.

Un poco más de 30 minutos al día de actividad física de moderada a intensa es suficiente para la mayoría de las personas. Eso no solo te hace más fuerte y te pone en forma, se ha demostrado que reduce la inflamación dañina e incluso mejora el estado de ánimo.

3. Estimular el sistema inmunológico

Por muy en forma que estés y por más que comas bien, tu sistema inmunológico, desafortunadamente, se vuelve menos efectivo a medida que envejece. Las malas respuestas a la vacunación y la incapacidad para combatir las infecciones son consecuencias de esta “inmunosenescencia”.

Todo comienza a ir cuesta abajo a principios de la edad adulta cuando el timo, un órgano en forma de corbatín en la garganta, comienza a marchitarse.

Gráfico

Getty Images

Eso suena mal, pero es aún más alarmante cuando te das cuenta de que el timo es donde los agentes inmunes llamados células T aprenden a combatir las infecciones.

El cierre de un centro educativo tan importante para las células T significa que no pueden aprender a reconocer nuevas infecciones o combatir el cáncer de manera eficaz en las personas mayores.

Puedes ayudar, un poco, asegurándote de tener en tu cuerpo suficientes vitaminas clave, especialmente A y D.

Un área de investigación prometedora está analizando las señales que el cuerpo envía para ayudar a producir más células inmunes, particularmente una molécula llamada IL-7.

Es posible que pronto seamos capaces de producir medicamentos que contengan esta molécula, lo que podría estimular el sistema inmunológico en las personas mayores.

Otro enfoque es utilizar el suplemento alimenticio espermidina para activar las células inmunitarias para eliminar su basura interna, como las proteínas dañadas. Esto mejora tanto el sistema inmunológico de los ancianos que ahora se está probando como una forma de obtener mejores respuestas a las vacunas contra la covid-19 en las personas mayores.

4. Rejuvenecimiento de células

La senescencia es un estado tóxico en el que entran las células a medida que envejecemos, causando estragos en todo el cuerpo y generando inflamación y enfermedad crónica de bajo grado, lo que esencialmente causa el envejecimiento biológico.

En 2009, científicos demostraron que los ratones de mediana edad vivían más y se mantenían más saludables si se les administraba pequeñas cantidades de un medicamento llamado rapamicina, que inhibe una proteína clave llamada mTOR que ayuda a regular la respuesta de las células a los nutrientes, el estrés, las hormonas y el daño.

Hombre y mujer

Getty Images

En el laboratorio, medicamentos como la rapamicina (llamados inhibidores de mTOR) hacen que las células humanas senescentes (envejecidas) se vean y se comporten como si fueran más jóvenes.

Aunque es demasiado pronto para recetar estos medicamentos para uso general, acaba de empezar un nuevo ensayo clínico para probar si la rapamicina en dosis bajas realmente puede retrasar el envejecimiento en las personas.

Descubierta en el suelo de la isla de Pascua, en Chile, la rapamicina tiene una mística significativa y ha sido aclamada en la prensa popular como un posible “elixir de juventud”. Incluso puede mejorar la memoria de ratones con una enfermedad similar a la demencia.

Pero todos los medicamentos tienen sus pros y sus contras, y dado que demasiada rapamicina inhibe el sistema inmunológico, muchos médicos son reacios a considerarla incluso para evitar enfermedades relacionadas con la edad.

Sin embargo, la dosis es fundamental y los medicamentos más nuevos, como el RTB101, que funcionan de manera similar a la rapamicina, refuerzan el sistema inmunológico en las personas mayores e incluso pueden reducir las tasas y la gravedad de la infección por covid.

5. Deshacerse de las células viejas

Deshacerse por completo de las células senescentes es otro camino prometedor.

Un número creciente de estudios de laboratorio en ratones que usan medicamentos para matar células senescentes, las llamadas “senolíticas”, muestran mejoras generales en la salud y, como los ratones no mueren de enfermedades, también terminan viviendo más tiempo.

La eliminación de células senescentes también ayuda a las personas. En un pequeño ensayo clínico, personas con fibrosis pulmonar grave informaron una mejoría general, incluida la distancia y la rapidez con la que podían caminar, después de haber sido tratadas con fármacos senolíticos.

Señoras mayores

Getty Images

Pero esto es solo la punta del iceberg.

La diabetes y la obesidad, así como la infección con algunas bacterias y virus, pueden desencadenar la formación de más células senescentes.

Las células senescentes también hacen que los pulmones sean más susceptibles a la infección por covid, y la covid hace que más células se vuelvan senescentes.

Es importante destacar que deshacerse de las células senescentes en ratones viejos les ayuda a sobrevivir a la infección por covid.

El envejecimiento y la infección son una vía de doble sentido. Las personas mayores contraen más enfermedades infecciosas a medida que su sistema inmunológico comienza a perder fuerza, mientras que la infección acelera el envejecimiento a través de la senescencia.

Dado que el envejecimiento y la senescencia están indisolublemente vinculados con enfermedades crónicas e infecciosas en las personas mayores, es probable que el tratamiento de la senescencia mejore la salud en todos los ámbitos.

Es emocionante que algunos de estos nuevos tratamientos ya se vean bien en los ensayos clínicos y puedan estar disponibles pronto para todos nosotros.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí si quieres leerlo en su versión original.

*Richard Faragher es profesor de biogerontología de la Universidad de Brighton, en Reino Unido. Lynne Cox es profesora de bioquímica de la Universidad de Oxford, Reino Unido


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