México no es un estado fallido, sus instituciones sí: The Guardian
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México no es un estado fallido, sus instituciones sí: The Guardian

9 de junio, 2011
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Instituto Nacional de Migración.

El diario inglés The Guardian dice que está claro que aunque México todavía no es un estado fallido, muchas de sus más importantes instituciones sí, y como ejemplo pone el caso del Instituto Nacional de Migración (INM).

Las quejas de El Salvador contra las autoridades mexicanas han ganado gran peso con el reciente encarcelamiento de 40 funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) –por cargos de violación, tráfico de personas, extorsión, secuestro, asesinato y colusión con el crimen organizado-, así como por el reporte más reciente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el cual reveló que hay unas 128 quejas contra el INM en este año, dice The Guardian.

“Asimismo, la CNDH resaltó el crecimiento de los abusos contra migrantes, después del descubrimiento de las fosas clandestinas en Durango y Tamaulipas, donde se cree que muchos muertos podrían ser migrantes secuestrados por grupos del crimen organizado cuando se dirigían a Estados Unidos.

The Guardian dice que aunque México no es como Arizona –donde las leyes antiinmigrantes fueron aprobadas por ciertos grupos con intereses políticos-, es muy similar a China, India y Filipinas, donde la pobre aplicación y supervisión de las leyes han dado lugar al enriquecimiento de los funcionarios de gobierno a través de la trata de personas y la complicidad con el crimen organizado.

Según el diario inglés, para los cárteles mexicanos, el tráfico de personas es un negocio de unos 15-20 mil millones de dólares (segundo lugar en “prosperidad” sólo después del tráfico de drogas) por la cercanía que tiene México con Estados Unidos, es decir, el camino de los migrantes para cruzar la frontera.

INM, una “disfuncional agencia de inmigración”

The Guardian dice que el gobierno federal se ha unido a los reclamos contra el INM y han dejado claros los esfuerzos para limpiar la “disfuncional agencia de inmigración”, que incluyen los vuelos de las autoridades federales por la “Ruta del migrante” y la expulsión de siete altos funcionarios del INM (después de tres años de quejas).

“Los legisladores de los principales partidos políticos de México exigieron investigaciones a la gerencia del INM, así como a la ahora secretaria general del PAN, Cecilia Romero Castillo.”

El gobierno federal, según The Guardian, ya hace un reconocimiento tácito del sistema de corrupción dentro del INM, lo que contrasta con las quejas del embajador de El Salvador en México, Rubén Beltrán Guerrero.

Sin embargo, el completo reconocimiento de los problemas del INM está lejos de ser “universal”, dice The Guardian. El actual titular del INM, Salvador Beltrán del Río, continúa negando que su agencia tiene problemas, al mismo tiempo que el embajador Rubén Beltrán insiste en que México no es Arizona (aparentemente es mucho peor) y que los escándalos recientes no son sintomáticos de una enfermedad a nivel institucional.

El diario inglés informa que al tiempo en que las autoridades mexicanas comienzan a entender la relación entre la corrupción en el país y la batalla contra el crimen organizado, los derechos humanos van “de mal en peor”.

Para demostrar que existe abuso a los derechos humanos por parte del gobierno, el reporte de la organización civil id(heas) llamado Litigio Estratégico en Derechos Humanos analizó las quejas de los migrantes detalladamente e identificó patrones de abuso a los derechos humanos por parte de la Policía Federal, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), entre otras instancias.

Según el diario inglés, ahora que México está en su quinto año de “guerra contra el narcotráfico” serviría que el gobierno federal reconociera el fallo de la estrategia nacional de seguridad.

 

 

 

 

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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