Los desaparecidos tomaron Bucareli
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Los desaparecidos tomaron Bucareli

Por Paris Martínez
30 de julio, 2011
Comparte

Parecían gente normal,  gente llana, gente como cualquier otra, algunas amas de casa de edad madura, acompañadas de otras tantas mujeres jóvenes, además de un reducido grupo de muchachos y de señores que, todos juntos, no sumaban más de 80 personas.

Parecían inofensivos.

Arribaron al antiguo Palacio de Cobián andando lentamente, marchando hasta la colonia Juárez provenientes de la aledaña San Rafael, aunque en realidad han llegado aquí, a la sede de la Secretaría de Gobernación, tras un camino aún más largo, que algunos emprendieron en Coahuila, Durango y Nuevo León, mientras que otros lo hicieron desde Zacatecas, Guanajuato, Veracruz y Oaxaca.

Sus nombres fueron inscritos en una rigurosa lista, que es como una llave con la que se abren (solo para ellos) las puertas del antiguo edificio desde el cual es dirigida la política interior del país.

Ingresan aún con el rostro desencajado y dentro aguardan, pacientemente, a que la manecilla del reloj se detenga en el número 13.

Es entonces que fuera inicia la lluvia… y, dentro, ellos comienzan a transformarse: los viejos parecen rejuvenecer y los jóvenes adquieren rasgos de adulto. Las madres se convierten en sus hijos e hijas y las esposas en sus maridos. Incluso, el grupo se multiplica, deja de ser un puñado menor a la centena y, de un segundo para otro, se tornan en los 185 hombres y mujeres que, paradójicamente, han sido buscando sin descanso desde meses y años atrás por sus familiares.

Se trata de los desaparecidos de la guerra contra el crimen organizado. Aquellos de los que no quedó rastro luego de topar con un retén de sujetos armados, o que fueron secuestrados por policías ante la vista de testigos y que nunca más volvieron a casa, son los padres, madres, cónyuges, hijos e hijas, hermanos y hermanas que, en voz de sus familiares, han llegado a Bucareli y que encaran a Francisco Blake, luego de que hace su aparición en el salón Jesús Reyes Heroles.

Familiares de desaparecidos encaran a Blake, enarbolando los rostratos de sus padres, hijos, maridos y hermanos.

Lo que es…

Blake los mira de frente, reunidos como están en la butaquería ubicada medio metro debajo de él. Es una mirada fría la que tiene para el grupo de ciudadanos, todos integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

“Recibimos con los brazos abiertos a quienes vienen aquí”, les lanza el secretario de Gobernación, a cuya diestra se apostan Carlos Reynoso (de la Unidad de Gobierno, de Segob) y Felipe de Jesús Zamora (subsecretario de Asuntos Jurídicos), mientras que a siniestra quedan Patricia Bugarín (subprocuradora de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada) y José Cuitláhuac Salinas (coordinador de asesores de la procuradora General de la República, Maricela Morales).

Las orillas del podium son para Juan López y Yolanda Morán (de la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila, Fundec), el obispo de Saltillo y defensor de los derechos humanos, Raúl Vera, así como para Jorge Verástegui, Lourdes Valdivia y Ángeles López, familiares de víctimas de “desaparición forzada”.

–Pero no en todos los casos debemos ceñirlos a la desaparición forzada –argumenta Blake–, porque ésta es la perpetrada por autoridades, y no es el caso de todas las víctimas.

Es Verástegui quien responde a este planteamiento.

–Para definirla así –aclara el joven activista–, nosotros nos basamos en el artículo 2 de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada, donde si bien se habla de que ésta tiene que ser perpetrada por gente del Estado, también puede ser perpetrada por grupos que operan con aquiescencia, convivencia o complacencia del Estado, y nosotros podemos decir que, al menos en el norte del país, la autoridad local está permitiendo las desapariciones.

Blake, interpelado por familiares de víctimas.

Los que son…

Unos dicen que son 10 mil, otros que 20 mil… otros afirman que son menos los ciudadanos que han desaparecido, desde que el presidente Felipe Calderón emprendió hace cuatro años lo que él mismo calificó como “guerra” contra el crimen organizado.

Pero, si bien no existe una estadística confiable, Verástegui afirma que sí es posible trazar la silueta de las víctimas.

“Su edad promedio es de 30 años, mayoritariamente hombres, trabajadores con familias dependientes, profesionistas y comerciantes; algunos han sido desaparecidos en grupo; muchos, víctimas en tránsito carretero. En su búsqueda ha resultado nula la actuación de las autoridades, habitualmente las procuradurías se deslindan de la persecución de este delito, sea el estado de la República que sea; no se inician las averiguaciones previas cuando los familiares denuncian la desaparición, sino que sólo levantan actas, y para no investigar, las autoridades afirman que se trata de levantones (relacionados con el crimen organizado).”

Y Juan López agrega: “No importa si es soldado, policía, delincuente o ciudadano inocente, a un desaparecido igual lo busca su familia.”

Uno de los familiares que participa en el acto, sin embargo, se apresta a aclarar que “este movimiento fue muy cuidadoso y sólo traemos casos de personas sin antecedentes criminales, que fueron víctimas de desaparición forzada.”

Pancarta desplegada en el encuentro entre el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y el Poder Legislativo, el pasado jueves.

Lo que será…

Formalmente, el encuentro arranca con la protesta de Yolanda Morán, quien con tono suave pero conciso reclama “la ausencia de la procuradora General de la República, Maricela Morales, titular de la dependencia que debe dar respuesta a 90% de las exigencias que traemos”.

Y es que, aunque ya estaba pactada su asistencia, la encargada de la PGR canceló “un minutito antes de que entráramos –según explica Patricia Bugarín, titular de la SIEDO–, porque tuvo que salir a una comisión fuera del país.”

–Seguramente tuvo otros asuntos fundamentales –remata Blake.

Aún así, las siete demandas de las víctimas son planteadas: 1) el establecimiento de un programa emergente de búsqueda de desaparecidos; 2) realizar un censo de todos los reportes de desaparición presentados en el país; 3) la creación de un área de la PGR que se encargue exclusivamente de investigar cada reporte, y cuyos fiscales sean avalados por el Movimiento por la Paz; 4) crear un protocolo único para la investigación de estos casos, que aplique en todo México; 5) la conformación de un sistema de atención a familiares de desaparecidos, que cubra sus necesidades de salud, educación, vivienda y trabajo; 6) aceptar las recomendaciones formuladas por el grupo especial de trabajo de la ONU sobre desapariciones forzadas y 7) que la PGR atraiga las pesquisas de todas las denuncias presentadas en este rubro a nivel estatal.

Los primeros cinco puntos fueron aceptados por la autoridad, pero los dos últimos fueron descartados… incluso aduciendo demencia.

“Estoy de acuerdo en lo urgente –espeta el secretario de Gobernación– y en que tenemos que trabajar a fondo, pero me están pidiendo atraer todos los casos, ¿cuáles casos? Yo no sé si son todos los homicidios, todos los secuestros o todas las desapariciones”.

Es a gritos que los familiares de víctimas de desaparición forzada devuelven al funcionario a la realidad.

Entonces, Blake intenta con otro argumento: “Hay que seguir concretando pronunciamientos específicos sobre cada caso, para definir si son atraídos por la PGR o si la investigación permanece en manos de las procuradurías estatales, en las cuales también se impulsan avances. Me he reunido con gobernadores, he ido a la conferencia de procuradores, les hemos dado recursos para que tengan posibilidad de certificar y crear un centro de control de confianza para evaluar la labor de los ministerios públicos locales”. De ahí, ni los testimonios más dolidos logran moverlo.

–Nos ofende que digan que van a trabajar con las fiscalías estatales, que nos han ignorado por años –le explica un hombre de edad avanzada, y después narra la más reciente amenaza sufrida–. A mi hijo lo desaparecieron policías municipales, cómo confiar en la investigación que se haga a nivel local. De hecho, acabo de recibir una llamada anónima, en la que un sujeto me dijo tener información sobre mi hijo y luego puso al teléfono a otra persona, que emitía gemidos, como si no pudiera hablar, como si lo estuvieran torturando, ¿se imagina el riesgo que corremos las familias?”

El que se fue…

Con el tiempo encima, el obispo Raúl Vera pide el micrófono, para disculparse, ya que debe partir, aunque el encuentro entre la Secretaría de Gobernación y el Movimiento por la Paz aún no termina.

Pero no desea irse sin hacer un último comentario al encargado de Bucareli.

“Señor secretario –dice lentamente–, el Estado mexicano aquí tiene una oportunidad para desligarse de todas estas complicidades que son comprobadas por las víctimas, una oportunidad para demostrar que quienes dirigen el país tienen capacidad para responder a las demandas ciudadanas… esto es una oportunidad de oro…”

Luego, Vera se va, en medio de un aplauso nutrido de las víctimas. Y, poco después, éstas, con cinco demandas aceptadas, de las siete que plantearon, vuelven a ser padres y madres, hijas, hijos, hermanos y hermanas afligidas por la ausencia de un ser amado.

Y con sus cinco acuerdos en la bolsa, aunque sin fechas claras de concreción, antes de las 17:00 horas se ven de nuevo con los pies plantados sobre las húmedas calles de la capital mexicana.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cuánta gente se necesita que salga a protestar para derrocar a un gobierno (según la ciencia)

¿Cuán grande tiene que ser una protesta para forzar la salida de un líder político? Un equipo de expertos de la Universidad de Harvard analizó lo ocurrido desde 1900 hasta el presente para hallar una respuesta.
20 de septiembre, 2020
Comparte
Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=5tVPAlZqgQw

https://www.youtube.com/watch?v=YPmLtudnWbo

https://www.youtube.com/watch?v=xzjd_7qkYtU

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.