¿Qué revela internet sobre nuestros deseos sexuales?
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¿Qué revela internet
sobre nuestros deseos sexuales?

Por Redacción Animal Político
2 de agosto, 2011
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Que algunos mexicanos buscamos pornografía en internet los domingos por la noche, ya lo habíamos comentado en alguna ocasión. Pero además del simple hecho de realizar una búsqueda está lo que hay detrás, es decir, lo que subyace cuando alguien teclea en su computadora algo relacionado sobre el sexo.

Pero ¿qué es lo que realmente busca el individuo, hombre o mujer que utiliza la red para encontrar algún contenido sexual? ¿Qué revela internet sobre los deseos sexuales de la persona?

La BBC presentó un reportaje sobre un estudio de los neurocientíficos computacionales Sai Gaddam, y Ogi Ogas, quienes aseguran que “la ciencia de la sexualidad y la ciencia del deseo sexual no ha progresado porque hay tantas restricciones morales y culturales. No sólo eso, sino que a menudo nos da vergüenza hablar de lo que realmente nos gusta, porque tememos que nos ridiculicen o nos hostiguen”.

Por ello es mucho más fácil saber qué se desea realmente cuando nadie observa, cuando desde el anonimato se busca lo que se quiere a través de internet, lo que nos permite estudiar la sexualidad como nunca antes.

“La gente concibe a la red como una herramienta eficiente pero realmente es un genio mágico que nos concede todos los deseos que tengamos. Incluso si no sabemos cuáles son nuestros deseos, uno se conecta y aparecen toda clase de deseo en el mundo virtual”, dijo a la BBC Sai Gaddam.

Para realizar el estudio, ambos científicos recopilaron mil millones de búsquedas, analizaron “el contenido del millón de websites más populares del mundo”, así como “millones de historias eróticas y anuncios clasificados, novelas románticas”.

“Lo que queríamos era tener una visión exhaustiva de la verdadera naturaleza de los deseos sexuales de las mujeres y los hombres”, agregó el experto.

La muestra

Para el estudio, ambos científicos tomaron en cuenta “sujetos que tenemos para este tipo de estudio son occidentales, educados, industrializados y democráticos… básicamente estudiantes de universidad. Lo que nosotros tuvimos fue una muestra mucho más diversa que la típica. Y las cantidades son sencillamente vastas: cientos de millones de personas”.

Una vez determinado el universo, para saber si esos individuos son mujeres u hombres, heterosexuales u homosexuales, Gaddam explica que se determina por medio de métodos como el análisis del historial de búsquedas de las personas, o con acceso a información sobre el uso de tarjetas de crédito, que contienen identificadores demográficos, después de eso, se dedicaron a “trazar y detallar el paisaje entero de los deseos sexuales”.

A los hombres les atraen los penes

Entre los descubrimientos, y aunque los hombres reclamen y pataleen, se encontró que les atraen los penes. Sí. No importa su preferencia sexual, “los hombres tienen un interés subconsciente en penes”, dijo Gaddam. Al parecer es resultado de una conducta de adaptación: “La razón es que si ven un pene erecto, usualmente eso sugiere que un encuentro sexual está por suceder. Y fue adaptado en el pasado para que la persona que viera esa señal se apresurara a ser la primera en participar en ese acto”.

Gaddam explicó a la BBC que los hombres no están conscientes de que les atrae el pene. Pero si lo ven, eso dispara la excitación.

Y a las mujeres…

Quizá sea porque ellas son mucho más complicadas, es decir, son mucho menos visuales que los hombres, que les atrae algo mucho más complicado que un pene erecto.  “A las mujeres heterosexuales les gusta leer sobre hombres explorando entre ellos su sensibilidad y también teniendo relaciones sexuales entre ellos”, comentó el neurocientífico.

“Eso también es muy interesante, pero desglosémoslo. A las mujeres heterosexuales les gusta leer sobre hombres explorando entre ellos su sensibilidad y también teniendo relaciones sexuales. Estos hombres tienden a ser personajes de ficción de obras conocidas, como por ejemplo Harry Potter con Draco Malfoy. Lo interesante aquí es la distinción de que no son gays sino hombres heterosexuales copulando”.

Según los científicos, a la mujer lo que le atrae es la exploración del tacto, las personalidades y los matices de dos hombres varoniles.

Lo que de facto acontece

Tanto impactó el estudio en los neurocientíficos, que lo han llevado a un libro titulado A billion wicked thoughts en el que además de lo que ya comentamos, se pone de manifiesto una verdad que muchos saben: el sexo nos gusta.

Lo que el libro tiene de nuevo, es que nos cuenta qué deseamos cuando no tenemos sobre nosotros el ojo vigilante de la moral, ni el peso de lo que los demás pensarán de nosotros. Nos revela que los hombres se excitan con imágenes mientras que las mujeres necesitan una historia.

“El cerebro sexual del hombre no necesita de mucho para excitarse. Y lo visual es lo más fácil. Mientras que el de las mujeres requiere de un montón de estímulos. Así que mientras el hombre sólo tiene que ver a una mujer atractiva, para la mujer él no sólo tiene que ser atractivo, buenmozo, muscular, competente, sino también tiene que decir las palabras correctas y quizás llevarle un ramo de rosas”, encontraron los investigadores.

“El primer paso era averiguar cómo es la gente, y eso no se puede hacer con una muestra aleatoria pequeña. Uno tiene que preguntarle a todo el mundo, y eso es exacto lo que está en internet: el mundo. Éste es el primer paso significativo, el que tenía que darse antes de poder empezar a refinar los resultados”, concluyeron Ogi Ogas y Sai Gaddam.

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

Getty Images
El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

Getty Images
B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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https://www.youtube.com/watch?v=Yd02AZz63Sw

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