¿Y si Blanca Nieves se uniera al crimen organizado?
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¿Y si Blanca Nieves se uniera
al crimen organizado?

25 de agosto, 2011
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Hay una sobrecarga de energía en los adolescentes que siempre genera conflictos, pero que ahora, al paso del tiempo, han escalado de gravedad. Un libro que surgió de un taller literario para adolescentes en problemas con la ley, expone a través de la reinterpretación de personajes del mundo infantil, cómo la realidad ha permeado el imaginario donde las drogas y la violencia aparecen como algo cada vez más común.

Portada de "La princesa loba en el bosque de los hongos alucinógenos".

Por Juan Veledíaz

Era un alboroto poco usual para que ocurriera tan cerca de su casa. Sucedió una tarde a principios de junio pasado, cuando Julia escuchó un rumor de voces que venían de la calle y que de pronto se transformaron en el estruendo seco de unos golpes. Se asomó y observó a un grupo de adolescentes que aporreaban a un chico en el suelo, alcanzó a distinguir en medio de aquel zafarrancho que la víctima era ese muchachito que apenas unos días antes se había convertido en su novio, salió a toda prisa y en medio de empujones, patadas, jaloneos de pelo y uno que otro rasguño logró zafarlo. A sus 16 años esta adolescente menuda y de apariencia frágil sabía que cualquier “extraño” que rondara por las calles donde ella vivía, en una de las colonias más conflictivas de Iztapalapa, era blanco fácil de las pandillas de chicos de su edad que por ahí rondaban.

Desde que era más pequeña Julia dejó entrever que el carácter recio y cierto aire de liderazgo, serían algunos de los  rasgos que perfilarían su personalidad en su paso por la adolescencia. Lo opuesto era su novio, quien con ese halo de timidez y nobleza, lucía como carnada para regocijo de la jauría de púberes que buscaban amedrentarlo en sus primeras expediciones amorosas. Las golpizas entre jóvenes no sólo estaban establecidas como el lenguaje primigenio de los barrios marginales en la ciudad de México, también eran parte de los códigos de identidad que utilizaban para reafirmarse y dotarse de cierta aura de respeto. Era como un juego simbólico de poder que usaban para “marcar su territorio”, consecuencia de estar excluidos –sin escuela o empleo— del tejido social.

Para un adolescente crecer en esa cotidianeidad donde las dificultades económicas y los conflictos familiares se imponían como denominador común, cualquier riña podría ser el preámbulo de situaciones más complejas.  Hubo un día en que Julia tuvo dificultades con la ley, un delito menor la llevó a juicio ante un tribunal para menores donde el dictamen final fue que quedaría bajo tratamiento en la comunidad externa de adolescentes, dentro de lo que antes era el Consejo Tutelar para Menores conocido hoy como dirección general de Tratamiento para Adolescentes.

Ahí comenzó a compartir aula con chicos que como ella cumplían su sanción en libertad. Desde los primeros días Julia mostró una necesidad de atención que se tradujo en actitudes y comportamientos que ameritaban en ocasiones un regaño, o hasta una sanción severa, dice Paola Gutiérrez Cuevas, una socióloga que forma parte del equipo especializado en atender a estos adolescentes. Su conducta  se transformó de manera paulatina cuando se unió a Bunkos, el espacio de lectura de la comunidad, donde nació hace unos meses el taller de creación literaria al que se sumaron varios de su edad. Fue una catarsis a través de la cual plasmó pasajes de su mundo interior, surgidos del día a día de su vida cotidiana en esa franja de riesgo donde nació. El resultado fue un cuento que tituló “La princesa Ósea Yo”, donde reflejó a través de  personajes de su universo infantil, el rol que tuvo que asumir frente a la violencia en calles de su barrio cuando se convirtió en la “ruda” que defendía a su novio.

Las batallas de Peter Pan.

Los poetas improvisados Maconha

Una tarde de abril pasado, Paola Gutiérrez llegó con sus alumnos del taller de literatura en la comunidad de tratamiento y les comunicó: “Ahora ustedes van a escribir”. Comenzó a repartir lápices, hojas y plumas mientras anunciaba que a partir de ese momento escribirían en completa libertad lo que quisieran. Era el inicio del cambio de actividad, después de semanas de libros y charlas, de lo que la joven socióloga llamó “sensibilización a la lectura”.

Paola es una especialista en lidiar con adolescentes que no rebasa las tres décadas de edad, luce un cabello azulado, es de trato relajado y hablar directo, lo que se ha traducido en una señal de proximidad para ganarse la confianza de los chicos que forman la comunidad externa. Recuerda que uno de los detonadores de la curiosidad por la lectura entre los menores fue la presencia de Eduardo Robles, conocido como “el Tío Patota”, escritor de novelas para adolescentes y uno de los narradores de cuentos más reconocidos de la literatura infantil en México. Su presentación fue una motivación que sirvió de antecedente, rememora, aunque en las primeras sesiones de escritura los chicos mostraron cierto temor para expresar en el papel lo que vivían y percibían de su entorno. Escribían muy preocupados, tenían presente que lo que hicieran se engrapaban e iba a dar a su expediente, un legajo que crecía cada día y que en cualquier momento podían solicitar del tribunal para revisar cómo evolucionaban en su  tratamiento.

Versión moderna de "Blanca Nieves".

Apareció entonces la autocensura, que a ratos se hacía parte del juego como en “Blanca Nieves del sur”, donde uno de los chicos escribió una breve interpretación al día de hoy de lo que podría ser el personaje del cuento infantil en la vida cotidiana. Por todos lados estaba la actitud rebelde, intrínseca a esta etapa de la vida. “La violencia y ellos son uno mismo”, recuerda Paola que le llegaron a decir algunos de los integrantes del taller. Hubo chicos que se jactaron de que sus personajes fumaban mota (El Lobo Pacheco), otros que utilizaban estimulantes para jurarse amor eterno (La bella y la bestia activos por siempre), y algunos más que utilizaron simbología vinculada a otras  drogas como los personajes de “El día de ayer”, donde las rayas de una cebra son una metáfora de la coca en pleno “acelere” en busca del Dios de la velocidad.

“La escritura fue un ejercicio de introspección, les hizo ordenar sus pensamientos, hacer una síntesis y aportar algún significado a lo que contaban”, añade Paola. De entrada había indicadores de cómo hoy día los adolescentes tienen acceso a drogas de manera más fácil, como el caso de los inhalantes, y que forman parte desde hace tiempo del léxico juvenil, como se lee en “Y le pidió unas monas”.

Estos cuentos “tiernos y dulces”, se adaptan a esta realidad a la que les ha tocado vivir, dice Víctor Hugo Ruíz Franco, psicólogo de la comunidad. “El taller fue un ejercicio de libertad, la libertad les caracteriza, y es aquí donde la familia no ha sabido cómo manejarla“, añade. “El chico ahora va más allá, los padres en este momento no han sabido contener, poner límites, y la sociedad se enfrenta a esta ansiedad de libertad”. La mayoría vienen de una franja de alto nivel de riesgo y sufrimiento social, controlar el entorno es imposible, pero se les dota de herramientas para que sepan que hay alguien que cree en ellos, explica. “Aquí se les generan necesidades, un proyecto de vida, se les enseña que hay más cosas, una vez que llegan están obligados a estudiar. (…) Se les evalúa y se desarrolla un programa personal, sicológico, social, cultural, la medida que dicta el tribunal puede ser un año y seis meses promedio, o 10 meses o más”.

El ejercicio fue una introspección para estos jóvenes.

Paola dice que no todos los cuentos fueron adaptaciones del universo infantil traídos al presente, hubo casos donde salieron a relucir situaciones más próximas a la violencia que reflejaban por qué algunos de esos adolescentes aún se encuentran en conflicto con la ley. Cuando se presentaron los trabajos se hizo una selección de los textos, los autores más “rudos” fueron canalizados a otro tipo de terapias, comenta.

La selección también generó otra catarsis que comenzó cuando surgió la posibilidad de publicar los escritos. El día que Paola se los comentó hubo reacciones encontradas. Algunos dijeron que no lo merecían, no aceptaban que fueran creativos. Otros pensaban que sus historias de vida no tenían mayor importancia. El consenso fue que nadie era escritor, menos poeta, entonces les dijo que por el hecho de haber logrado concretar sus preocupaciones y realidades era un mérito en sí mismo.

–Tú eres poeta—le dijo a uno de los chicos. –Sí, sí, pero improvisado—contestó. ¿Por qué no llamarse los poetas improvisados?—preguntó una de las chicas. Lo comentaron entre ellos, algunos no estuvieron de acuerdo en que sus textos aparecieran en forma de libro, quienes dieron su anuencia les gustó la idea de ser improvisados y comenzaron a sugerir nombres. Entre pláticas y bromas alguien propuso la palabra maconha  (marihuana en portugués), y al final acordaron llamarse los Poetas Improvisados Maconha. Para la edición del libro buscaron cómplices entre miembros de la comunidad, y los encontraron en el taller de computación, de donde salieron las ilustraciones a manos de quienes llamaron los “Ciberméndigos”.

El taller de creatividad literaria está dentro de las actividades culturales de la comunidad, se trata de una reinterpretación individual, “yo como me expreso al mundo y al mismo tiempo cómo estoy aprendiendo el mundo”, comenta Paola. Existe una ansiedad por expresar, por decir, hay una carga de energía que genera conflictos, explica, entonces se trató de que la sacaran por medio de la escritura, sin censura, que fueran  conscientes de que sí se pueden comer al mundo, pero aguas con la empachada.

La nueva"Bella".

A finales de junio pasado se celebró una tertulia literaria donde se presentaron los trabajos. Ese día los adolescentes comenzaron su jornada muy temprano con una visita al museo, muchos de ellos –desertores escolares a nivel secundaria—se preguntaron qué tenían que ver con esa actividad. No imaginaron que por la tarde habría otra sorpresa, los invitados de honor a la lectura serían sus familiares. Cuando los padres no están, dice el psicólogo Ruíz Franco, se busca en la red familiar, siempre hay alguien que los va a apoyar. Hay un rasgo en estos chicos de que la mayoría “se fuma” a sus padres, no existen. También hay una tendencia de que los papás buscan instituciones que se hagan cargo de sus hijos porque ellos no pueden, no los entienden.

Aquella noche hizo su aparición “La princesa loba en el bosque de los hongos alucinógenos”, como titularon al libro, donde se preguntaban desde el inicio: “¿Cómo reaccionará el mundo cuando Blanca Nieves se una al crimen organizado?” Fue un shock para muchos de ellos que entre el público estuvieran sus familiares escuchando y aplaudiendo sus lecturas, recuerda Paola. “Como traen el chip muy clavado de que ‘no merezco reconocimiento porque es un elemento de debilidad’ y los pone en evidencia de que necesitan a alguien más, fueron muy reticentes hasta que reconocieron que pueden mejorar”.

Contemporáneos del Ponchis

Se le conoce como el “triángulo de los niños salvajes” y lo conforman la confluencia de las colonias Guerrero, Morelos y Valle Gómez, en la frontera que une a las delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza. El término es del argot policiaco capitalino porque a plena luz del día, en cualquier calle de estas zonas, puede aparecer un menor que arrebate un bolso, otro que rompa el cristal de un auto estacionado y uno más que apunte con una pistola a un transeúnte para arrebatarle la cartera. De ahí provienen más del 30% de los cinco mil 187 adolescentes “en conflicto con la ley”, como se les denomina desde el año 2008, a los menores que han cometido algún delito. De esta cifra, alrededor de mil 50 se encuentran internos en algunos de los cinco centros distribuidos por la ciudad. El resto, poco más de cuatro mil 432, son externos sujetos a tratamiento. Apenas unos puntos debajo de estas zonas aparecen San Miguel Teotongo y  Ejército de Oriente, en Iztapalapa, dos de los referentes citadinos cuando se trata de hablar de los núcleos de población juvenil más conflictiva.

“Una cosa es dónde cometen el delito y otra es de dónde vienen”, dice Claudia Navarro, directora de la Comunidad Externa de Atención para Adolescentes. Hay un respeto por el barrio, muchos de estos adolescentes delinquen en calles de la delegación Cuauhtémoc pero vienen de Iztapalapa, explica. Esta socióloga asegura que a partir del año 2008, cuando comenzó el cambio en el modelo de rehabilitación y trato a menores, las líneas que conforman el nuevo esquema han permitido canalizar el talento y la energía de los chicos a otras actividades. Por ejemplo, añade, uno de los adolescentes ganó en meses recientes un certamen de dibujo y diseño de la Unicef.

Sin embargo, de acuerdo a un estudio realizado en 2009 por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), un 46.4% de los presos en cárceles de la ciudad de México y el Estado de México, estuvieron internos en un centro de atención para menores infractores. El trabajo coordinado por Elena Azaola y Marcelo Bergman, refiere que uno de cada tres sentenciados había estado detenido antes de cumplir los 18 años en alguno de estos centros. Una de las preocupaciones a partir de los resultados fue que la reincidencia se incrementó, ya que quienes salen en libertad lo hacen convencidos de volver a cometer algún ilícito.

Navarro asegura que en lo que se invierte al trabajar con los adolescentes es a reconstruir la red social desde el hogar. Un doble factor que sale a relucir en casos de menores que delinquen–como el de Édgar, el chico conocido como el “Ponchis” que actuaba como verdugo del crimen organizado en Morelos—es la ausencia de una figura de autoridad desde la familia y la presencia de una red de delincuencia. Esa red es la única que está presente en amplias zonas del país, donde se incrementó el número de menores involucrados en la delincuencia organizada. Con esa realidad de fondo, añade, el cambio de modelo no sólo implicó que a los antiguos custodios ahora se les llame, “guías técnicos” y actúen como tales, sino que cada chico que llega se le da una hoja de ruta donde tendrá que saber reconocer sus habilidades sociales, aprender cómo se relaciona con un grupo y por qué lo hace de esa manera. También poner límites, decir no, discernir en qué momento va más allá y se pone en riesgo. Aunque al final uno de cada 10, según sus cifras, se vuelva reincidente.

La colección de cuentos:
cuentos

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Los días que la reina Isabel II escuchó La cucaracha, comió recalentado y vio actuar a Pedro Vargas en México

La soberana británica visitó, junto a su esposo, el príncipe Felipe, México en 1975 y 1983. Te contamos detalles de sus viajes y los recuerdos que han evocado en la monarca.
4 de junio, 2022
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Fue sin duda un homenaje especial, que además coincidió con el Día de la Bandera.

El 24 de febrero de 1975 una multitud se congregó en el Zócalo de la capital de México para recibir a la reina Isabel II, que ese día iniciaba junto a su marido, el príncipe Felipe, la primera visita oficial de un monarca británico a ese país.

Para celebrarla hubo flores, música, cantos, aplausos, pompones, gimnastas. Y audaces apuestas artísticas.

En una de ellas, un grupo de jóvenes consiguió hacer una animación en la que se observaban a Charlie Chaplin y a Cantinflas -los emblemáticos humoristas de ambos países- correr el uno hacia el otro hasta darse la mano y finalmente abrazarse.

Seguidamente formaron la frase: “United by friendship” (“Unidos por la amistad”). También otras oraciones, en inglés y español, como “Larga vida Isabel II” y “Viva México”.

“El cariño que se le manifestaba era muy evidente. Había una demostración de alegría y de buena voluntad para enviarle un mensaje a la soberana de que era muy bienvenida a México”, le cuenta a BBC Mundo César Lajud, profesor mexicano de Economía en la Universidad Nebrija de Madrid, que estuvo presente en la ocasión.

Los diarios cubrieron en detalle el inédito viaje.

Así reseñó el diario El Universal la cena de honor que Isabel II ofreció en la embajada británica en México en honor del presidente Luis Echeverría y su esposa, María Ester Zuno, el 25 de febrero.

“Con sus exquisitos dotes de anfitriona sirvió como platillo principal pollitos tiernos rellenos de paté, con guarnición de corazones de alcachofa. Un conjunto musical ejecutó música de autores europeos y estadounidenses, además de un arreglo de ‘La Cucaracha’“.

“Recuerdo el detalle de ‘La Cucaracha’…. Entiendo que escucharla les resultó muy agradable a los visitantes”, rememora Lajud.

“Es una canción históricamente vinculada a la Revolución Mexicana, que se ha ido adaptando a la cultura del país, y se ha convertido en un referente cuando se quiere alegrar cualquier momento”, indica.

Renovar lazos

La visita de la reina conmemoraba el 150 aniversario de un importante acuerdo comercial y de navegación entre Reino Unido y México, firmado en 1825.

Hasta 1945, Reino Unido había sido el principal socio comercial de gran parte de América Latina.

La reina Isabel II con el presidente mexicano Luis Echeverría

Serge Lemoine/Getty Images
La reina Isabel II con el presidente mexicano Luis Echeverría durante su visita a México en 1975.

Pero con su rol protagónico en la lucha contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y dado que la mayor parte de sus colonias estaban en Asia y África, comenzó a prestarle menos atención a Latinoamérica.

La situación cambiaría en la década de los 70.

Y es que ante su imagen muy eclipsada por el peso de Estados Unidos, “Reino Unido quería decir: vamos a regresar“, le explica a BBC Mundo el profesor Harim Gutiérrez, de la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

En ese contexto, “la visita de la reina era una buena oportunidad para mejorar las relaciones con México y con otros países de América Latina y de promover la imagen del Reino Unido en la región”, señala el experto.

Un México que se proyectaba

A medida que avanzaba el siglo XX, los gobiernos mexicanos se habían dado cuenta de “la necesidad de ampliar sus horizontes internacionales” para no restringirse únicamente a las relaciones con Washington, su principal socio comercial.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe

Serge Lemoine/Getty Images

De acuerdo con Gutiérrez, hasta ese momento ningún mandatario había tenido una política exterior tan activa como Luis Echeverría (1970-1976).

Entre el 29 de marzo y el 24 de abril de 1973, el presidente visitó Canadá, Reino Unido, Bélgica, Francia, la entonces Unión Soviética y China. Y en su paso por Inglaterra fue invitado junto a su esposa al Castillo de Windsor a una cena privada con la reina Isabel y el príncipe Felipe.

Fue en esa gira que Echeverría invitó a jefes de Estado para que visitaran su país.

Y, por supuesto, la reina Isabel II fue una de ellas.

“Hasta lo que recuerdo, fue apenas la tercera vez que un monarca extranjero visitaba México”, indica Gutiérrez.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images

El primero fue el emperador etíope Haile Selassie I, en 1954, y la segunda fue la reina Juliana de Holanda, en 1964.

“Pero por la preponderancia económica y cultural que ha tenido el Reino Unido, despertó mucho más interés en la población mexicana la visita de la reina Isabel que las previas”, comenta el experto.

El príncipe Felipe ya había visitado México, en los años 60, en un viaje considerado no oficial.

“De alguna forma ya había un antecedente de que la realeza británica iba a ser bien recibida”.

El papel del PRI

“Algo que fue llamativo para la reina es que decía que solamente en la India había sido recibida por multitudes más numerosas que en México”, recuerda Gutiérrez.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe en un automóvil descubierto bañados con confeti

Serge Lemoine/Getty Images

De acuerdo con el experto, muchos de los eventos fueron organizados por el gobierno.

“El gobernante Partido Revolucionario Institucional, el PRI, era una organización que tenía muchísima habilidad y experiencia para movilizar a sus simpatizantes“, lo cual no sólo se reflejaba en los comicios electorales, sino en otro tipo de actividades, explica Gutiérrez.

“Muchas de esas personas iban con gusto a los actos que convocaba el gobierno, pues eran como una fiesta popular, no les costaba dinero, les daban transporte, algún refrigerio y, bueno, no todos los días venía la reina Isabel II a México”, indica.

“Eran contingentes de sindicatos, de obreros, de organizaciones de campesinos, de vecinos, deportistas, estudiantes, que además podían hacer espectáculos como formar, con cartones de colores, letreros y hasta animaciones”.

“En el Zócalo, por ejemplo, hicieron una tribuna y en ella cientos de personas formaron dibujos en honor a la reina”.

Y una composición gigante de los rostros de la soberana y del presidente y de las banderas de ambos países, con la palabra “Amistad” en el medio de ambos líderes.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe en un automóvil descubierto

Serge Lemoine/Getty Images

Un viaje cultural

Isabel II y su marido entraron a México a través de Cozumel a bordo del yate real Britannia. Desde allí volaron a Ciudad de México.

Además de la capital, visitó otros lugares.

“La reina dijo que ella había aprendido de la cultura maya en libros y que le emocionaba mucho poder visitar el lugar y conocerlo con sus propios ojos”, evoca Gutiérrez.

Estuvo en la zona arqueológica de Monte Albán, una de las ciudades más importantes de Mesoamérica, ubicada a 8 kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez, y en Yucatán inauguró el Parque Zoológico La Reina en Tizimín, que fue nombrado en su honor.

Además, paseó por mercados y asistió a exposiciones de arte y artesanías organizadas exclusivamente para ella, recibió muchos regalos y aprovechó la ocasión para comprar cerámicas, cobijas, manteles.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images
La soberana visitó la zona arqueológica de Uxmal.

“También fue algo muy notorio en la prensa de la época, que una señora rompió la valla (de seguridad) y le obsequió un rebozo y que la reina lo usó durante el resto de esa jornada”.

Y aprovechando la visita de la reina, el gobierno mexicano promovió la idea de que México era un lugar seguro para visitar y un destino turístico atractivo.

“Así que si la reina era bien recibida y la prensa internacional cubría los lugares más atractivos que visitó, como por ejemplo Guanajuato, Yucatán y Oaxaca, había una posibilidad muy razonable de que eso ayudara a promover el turismo extranjero en el país, empezando por el británico y el europeo”, asegura Gutiérrez.

“Si iba a mercados de artesanía, visitaba las zonas arqueológicas, acudía a los mercados populares, le regalaban comida típica, tlacoyos, tortillas y otros platos típicos, entonces también se volvía otra promoción para el país”, afirma.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images

El canto del Rey

De acuerdo con la crónica realizada por el diario El Universal, el 27 de febrero la reina comió recalentado mientras sonaba música de Agustín Lara, ‘popurrís’ de canciones mexicanas” interpretadas en órgano.

Pedro Vargas, ‘El Tenor Continental’, hizo su aparición y después de cantar ‘Solamente una vez’, siguió con ‘Noches de ronda’ y recibió los aplausos de todos. Al pasar ante la reina, le hizo una reverencia y ella le sonrió”.

La reina Isabel II en México, bajando de un tren

Serge Lemoine/Getty Images
Quintana Roo, Guanajuato, Oaxaca y Yucatán estuvieron entre los lugares que la soberana visitó.

La monarca también visitó la Alhóndiga de Granaditas, “el edificio histórico más famoso de Guanajuato”, indica Gutiérrez.

La reina y su marido estuvieron en México hasta el 1 de marzo.

Antes de partir, la monarca destacó “el encanto y amabilidad” de los mexicanos.

“Nuestro profundo agradecimiento a todos los que planearon y organizaron nuestra visita con tanta meticulosidad e imaginación”, dijo Isabel.

Una segunda visita diferente

La reina regresó en 1983. “Volver consolidó la relación entre su país y México”, dice Lajud.

“En 1983, dado que la situación económica de México era mucho más apremiante que en 1975, la visita de la reina no tuvo tanta repercusión popular”, indica Gutiérrez.

“El ánimo del país no era festivo porque el año anterior había ocurrido una crisis económica muy fuerte causada por la baja del precio del petróleo”.

La reina Isabel II en un autobús en México

Eddie Sanderson/Getty Images
La agencia de fotografía Getty cuenta que en el interior del autobús solo estaba la reina, su asistente personal y el conductor.

Se trató, según el experto, de una visita más discreta, aunque miles de personas salieron a recibirla con alegría en las diferentes localidades a donde fue.

“También me puedo aventurar a decir que ese momento (la visita) sirvió para mejorar las relaciones entre México y Reino Unido”, tras la guerra de las Malvinas/Falklands en 1982, cuando México apoyó la demanda argentina sobre las islas.

Lajud coincide: “De alguna manera, trató de suavizar y mejorar la presencia de Gran Bretaña en Latinoamérica”.

Además, explica Gutiérrez, a diferencia de los años 70, la oposición de izquierda, “aunque minoritaria todavía, ya tenía mayor visibilidad pública”.

Y desde una posición antimperialista, republicana y antimonárquica, protestaron contra la visita de la reina Isabel “e incluso pidieron oficialmente al gobierno de México que no fuera recibida”.

La reina Isabel II en México en 1983

John Shelley Collection/Avalon/Getty Images

Aunque un tanto diferentes, ambas visitas hicieron historia en México y dejaron huella en la reina.

En marzo de 2015, en un discurso que ofreció a propósito de la visita a Reino Unido del entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, la monarca dijo:

“El Príncipe Felipe y yo guardamos cálidos recuerdos de nuestras visitas a México en 1975 y 1983, y también nos dio mucho gusto que hace apenas unos meses el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornwall hayan disfrutado una inolvidable visita a su país”.


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