#50 Películas para todo tiempo
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#50 Películas para todo tiempo

Por Miguel Cane
14 de agosto, 2011
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Ya ayer te recomendamos #30 libros para terminar el año, pero hoy te dejamos una lista de 50 películas. No es que sean para terminar el año, porque tendrías que ver una cada tercer día y a veces casi no hay tiempo.

Dependerá del pretexto elegir una de las películas, lo que sí es seguro, es que hay de todos los géneros, desde lo más terrorífico y extraño, hasta lo más cursi del mundo.

La lista, igual que la de los libros, no responde a una jerarquía, ni qué tan buenas estén, simplemente se acomodaron para mientras iban llegando a la memoria.

 

 

1. El Bebé de Rosemary, de Roman Polanski, con Mia Farrow y Ruth Gordon (1968): O la madre dulce y sensible de un engendro infernal.

2. The Go-Between, de Joseph Losey con Julie Christie y Alan Bates (1971): O el pasado es un país extranjero, todo es distinto ahí.

3. Sólo con tu pareja, de Alfonso Cuarón, con Claudia Ramírez y Daniel Giménez Cacho (1991): O Don Giovanni estilo Condesa.

4: El Año Pasado en Marienbad, de Alain Resnais, con Delphine Seyrig y Giorgio Albertazzi (1961): O el rompecabezas perfecto.

5: Repulsión, de Roman Polanski, con Catherine Deneuve y John Fraser (1965): O el monstruo más bello del mundo.

6: Mulholland Drive, de David Lynch, con Naomi Watts y Laura Harring (2001): O un Wonderland siniestro a través del espejo.

7. Chinatown, de Roman Polanski, con Jack Nicholson y Faye Dunaway (1974): O el imperio del vicio.

8. The Sound of Music, de Robert Wise con Julie Andrews y Christopher Plummer (1965): O las novicias también tienen su corazoncito.

9. Desayuno con Diamantes, de Blake Edwards, con Audrey Hepburn y George Peppard (1961): O dos prostitutos y el verdadero amor.

10. El Cumpleaños del Perro, de Jaime H. Hermosillo con Jorge Martínez de Hoyos y Héctor Bonilla (1975): O la inquietante cercanía.

11. El Resplandor, de Stanley Kubrick, con Jack Nicholson y Shelley Duvall (1980): O la deshumanización del paterfamilias.

12. Los Pájaros, de Alfred Hitchcock, con Tippi Hedren y Rod Taylor (1963): O la ira enplumada de la naturaleza.

13. Interiores, de Woody Allen, con Geraldine Page, Diane Keaton y Mary Beth Hurt (1978): O casa de muñecas para almas rotas.

14. El Inquilino, de Roman Polanski, con Isabelle Adjani y Jo Van Fleet (1976): O el sacrificio ritual del pobre infeliz.

15. Petulia, de Richard Lester, con Julie Christie y George C. Scott (1968): O el verano del amor psicodélico.

16. Espera la oscuridad, de Terence Young, con Audrey Hepburn y Alan Arkin (1967): O el alarido en las sombras.

17. Vértigo, de Alfred Hitchcock, con James Stewart y Kim Novak (1958): O la obsesión por posesión como tragedia que ocurre.

18. Sunshine, de Danny Boyle, con Cillian Murphy y Chris Evans (2007): O el retorno de la Ciencia Ficción para adultos.

19. Sunday, Bloody Sunday, de John Schlesinger, con Glenda Jackson y Peter Finch (1971): O la herida de amor compartida.

20. La Notte, de Michelangelo Antonioni, con Marcello Mastroianni y Jeanne Moreau (1961): O escenas de la muerte de un matrimonio.

21. Cabaret, de Bob Fosse, con Liza Minnelli y Michael York (1972): O you have to understand the way I am, mein herr.

22. Metropolis, de Fritz Lang, con Brigitte Helm y Gustav Fröhlich (1927): O la siniestra robota que domina al mundo.

23. Frenzy, de Alfred Hitchcock, con Jon Finch y Anna Massey (1972): O el maestro se suelta el pelo, explícitamente.

24. Picnic en Hanging Rock, de Peter Weir, con Anne Louise Lambert y Helen Morse (1975): O un sueño dentro de un sueño.

25. El Ángel Exterminador, de Luis Buñuel, con Silvia Pinal y Enrique Rambal (1962): O exquisito salvajismo muy bourgeois.

26. Godzilla (Gojira), de Ishiro Honda, con Takashi Shimura y Akira Takarada (1954): O la fábula antinuclear, con monstruos.

27. La Pasión Según Berenice, de Jaime Humberto Hermosillo, con Martha Navarro y Pedro Armendáriz (1976): O Hitchcockiana vernácula.

28. La Ventana Indiscreta, de Alfred Hitchcock, con James Stewart y Grace Kelly (1953): O de cómo el ocioso encuentra un crimen.

29. Diabolique, de H.G. Clouzot, con Simone Signoret y Vera Clouzot (1955): O juegos amorales de consecuencias mortales.

30. La Edad de la Inocencia, de Martin Scorsese, con Daniel Day-Lewis y Michelle Pfeiffer (1993): O jaula de oro para hombre solo.

31. La Dolce Vita, de Federico Fellini, con Marcello Mastroianni y Anita Ekberg (1960): O el chachachá nihilista a la Romana.

32. Victor/Victoria, de Blake Edwards, con Julie Andrews y James Garner (1982): O este alegre vodevil pansexual.

33. A Kind of Loving, de John Schlesinger, con Alan Bates y Thora Hird (1962): O la fábula del muchacho enamoradizo.

34. El Coleccionista, de William Wyler, con Terence Stamp y Samantha Eggar (1965): O trampas del amor maldito.

35. El Cocinero El Ladrón Su Mujer y Su Amante, de Peter Greenaway, con Helen Mirren y Michael Gambon (1989): O venganza por gula.

36. Sixteen Candles, de John Hughes, con Molly Ringwald y Michael Schoeffling (1984): O el placer culpable vuelto momento icónico.

37. Sweet Charity, de Bob Fosse, con Shirley MacLaine y Chita Rivera (1969): O la proverbial puta con el corazón de oro, à go-gó.

38. Performance, de Nicolas Roeg y Donald Cammell, con James Fox y Mick Jagger (1970): O Gángsters vs. Pop stars, en ácido.

39. Esplendor en la Hierba, de Elia Kazan, con Natalie Wood y Warren Beatty (1961): O los delirios dolorosos de jovencita.

40. Otra Mujer, de Woody Allen, con Mia Farrow, Gena Rowlands y Sandy Dennis (1988): O el paso trascendental de la señora.

41. El Tercer Hombre, de Carol Reed, con Orson Welles y Joseph Cotten (1948): O como Harry Lime vivirá por siempre

42. Barry Lyndon, de Stanley Kubrick, con Ryan O’Neal y Marisa Berenson (1975): O la deshumanización del trepador decimonónico

43. Sonata de Otoño, de Ingmar Bergman, con Ingrid Bergman y Liv Ullmann (1978): O dueto de madre caníbal e hija monstruo.

44. El Padrino (I y II), de Francis Ford Coppola, con Marlon Brando, Al Pacino y Diane Keaton (1972/74): O las joyas de la familia

45. Hace Mucho Que Te Quiero, de Philippe Claudel, con Kristin Scott Thomas y Elsa Zylberstein (2008): O el alma bajo el peso.

46. Las Vírgenes Suicidas, de Sofia Coppola, con Kirsten Dunst y Kathleen Turner (2000): O la angustia adolescente como nostalgia

47. Viridiana, de Luis Buñuel, con Silvia Pinal, Fernando Rey y Francisco Rabal (1961): O bien, la desgracia de la virtud.

48. M, de Fritz Lang, con Peter Lorre (1931): El angustioso viacrucis del monstruo perseguido.

49. Rachel Getting Married, de Jonathan Demme, con Anne Hathaway y Debra Winger (2008): Todos nos hemos sentido así alguna vez.

50. Doctor Zhivago, de David Lean, con Julie Christie, Omar Sharif y Geraldine Chaplin (1965): Una manera de iluminar la nieve.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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