Testimonio: Lo que es vivir como Médico Sin Fronteras
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Testimonio: Lo que es vivir como Médico Sin Fronteras

19 de agosto, 2011
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Franking Frías, mexicano de Médicos Sin Fronteras, cuenta sobre las misiones de apoyo humanitario que ha cumplido en el mundo y el parecido de la situación que viven algunos pueblos mexicanos con escenarios de alta pobreza y hambre de otros países.

Por Francisco Sandoval Alarcón @Mrterremoto

Franking Frías, un joven integrante de Médicos Sin Fronteras, conoce perfectamente de lo que habla cuando dice que hay comunidades en Chiapas, en el sur de México, que no están lejos de vivir lo que en África: la hambruna.

La única diferencia entre los africanos y algunos pueblos de Chiapas, zanja el hombre que ha cumplido misiones en Chile, África y Chiapas, es la escala de volumen en cuanto al número de personas desnutridas.

Franking Frías nació en la ciudad de México, tiene 34 años, egresó de la Universidad Autónoma Metropolitana, y aquí cuenta cómo es que llegó a Médicos Sin Fronteras, qué misiones ha llevado a cabo y el por qué se llama Franking: Fran, por su padre, Francisco, y King, por el apellido de los padrinos de bautizo.

Franking Frías.

En los últimos siete años ha brindado apoyo humanitario a indígenas de Chiapas, a enfermos con VIH Sida en República del Congo, a heridos del conflicto armado de Costa de Marfil y a los damnificados del terremoto de Chile.

—Allá (en África) son millones, pero aquí tenemos comunidades enteras que se encuentran en esa misma situación (alta pobreza), narra.

Fue en 2004 que Franking sintió el deseo de brindar el servicio social, requisito que deben cumplir los estudiantes de medicina recién concluidos sus estudios, en un pueblo en el que no hubiera ningún médico.

Más adelante, llegó a Médicos Sin Fronteras (MSF), la organización internacional que en la actualidad brinda apoyo a más de 10 mil niños con desnutrición severa en centros y clínicas que se han instalado para atender la crisis de hambruna que se vive en el llamado Cuerno de África, principalmente en el pueblo somalí.

La realidad de Chiapas

—Sabía que si me quedaba en la ciudad de México, bien o mal, habría otros médicos — dice.

Confía que no tuvo mucho que pensar cuando se vinculó a una organización también no gubernamental que por esos tiempos requería un voluntario que brindara servicios en la comunidad indígena de Amador Hernández, zona de influencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en Chiapas.

Amador Hernández es un lugar muy alejado de la capital, la única forma de llegar es en una avioneta desde un municipio ubicado a 20 ó 30 minutos al aire. Allí atendió a los indígenas que sufrían de algún padecimiento, pero luego se trasladó a la comunidad de Oventic, también zona de influencia zapatista, donde brindó consultas médicas por espacio de cinco meses.

No se sentía con ganas de regresar a la ciudad de México; quería continuar ayudando a la gente en esas comunidades. Finalmente lo hizo, casi dos años después: regresó a la casa de su madre. Pero su vocación de servicio lo acercaría a la organización Médicos del Mundo que en ese tiempo buscaba voluntarios que quisieran viajar a Chiapas para brindar ayuda a los damnificados del huracán Stan.

Población marginal en México.

Recién llegó a la zona afectada, Franking, espigado y de piel morena, bigote y barba rala, atendió varias comunidades en la costa de Chiapas y al poco se trasladó a las montañas, donde el medio de transporte común eran los caballos y las mulas. Ocasionalmente se transportaba en helicóptero, cuando algún funcionario de la Comisión Federal de Electricidad visitaba esas zonas y los trasladaba.

Su buen desempeño generó que la organización lo invitara, por espacio de tres años, a sumarse a un nuevo proyecto en materia de salud en algunos pueblos indígenas del mismo estado. Además de estar encargado del programa de tuberculosis, su tarea era la de formar personas que tuvieran la capacidad de identificar y atender los problemas de salud más comunes y sencillos en los pueblos indígenas, como desparasitar a los niños, ubicar los signos de emergencia para solicitar el traslado de algún enfermo grave, curar heridas o bajar la fiebre.

Vocación de servicio

Tras cumplir el ciclo de trabajo en Médicos del Mundo, volvió a la ciudad de México con la pretensión de llevar una vida de médico citadino, pero su vocación de servicio humanitario lo llevó enrolarse en la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), quienes al ver la labor que ya había desarrollado en Chiapas no duraron en aceptarlo y enviarlo a su primera misión a un campo de refugiados en Dadaab, Kenia.

Franking en África.

Allí, en Kenia, por espacio de siete meses, fue responsable de cuatro puestos de salud, además al personal nacional y a la gente que se formaba para que ayudara en el peso y medición de niños o curaciones sencillas, y lo que más le impactó allí, en el campo de refugiados, fue el sufrimiento de las personas.

— Para llegar ahí, la gente sufre mucho por la cuestión de la violencia, la guerra, la falta de alimento; para llegar, tienen que lidiar con un camino desértico por varios días, no hay agua, son asaltados, vejados, violados y golpeados, para finalmente toparse con un refugio sobrepoblado en el que la ayuda resulta insuficiente. El campo está en medio del desierto y el agua escasea. Una persona sólo tiene acceso a 2 litros de agua al día, pero la tiene que racionar para beber, asearse y cocinar. Se carece de muchas cosas.

Al volver de esa misión, Médicos Sin Fronteras lo envió a Chile donde le tocó atender a muchos de los damnificados del terremoto, donde le llamó la atención la respuesta y organización del pueblo. Pero aún así, se topó con gente que tenía miedo: el sismo dejó más de 500 muertos; hubo otras réplicas y las personas que estaban enfermas de diabetes o hipertensión, empeoraron su salud.

Tras finalizar su misión en Chile, fue enviado a República del Congo, donde vivió muchos momentos desgastantes, no sólo por el agotamiento físico de trabajar hasta 13 ó 14 horas diarias, sino por las emociones que se viven en uno de los pueblos con los índices más altos de VIH Sida y de conflictos internos entre grupos rebeldes. Se enteraba de raptos, de abusos y optó por las conversaciones, lecturas y películas, como terapia para lidiar con las emociones.

Si tú no estás bien, es difícil prestar ayuda — cuenta a manera de máxima.

Del Congo a Costa de Marfil

Imágenes de Médicos sin Fronteras en Somalia.

Tras su misión en República del Congo, viajó a Costa de Marfil en apoyo de los heridos por el conflicto armado que se dio a finales de 2010, luego de las elecciones internas.

Cuando sus compañeros y él llegaron a la zona de conflicto, se percataron que no habían servicios de salud, que los hospitales no estaban funcionando, que mucha gente había huido de la zona, pero que otros se habían quedado escondidos en sus casas, así que tenían que actuar y encontrar un lugar para brindar el servicio.

Comenzaron a dar consultas en hospitales abandonados. En los primeros días se registraban combates fuera del hospital, mientras Franking y los otros médicos daban consultas. Y cuando cesaban los combates, los rebeldes pasaban de ser combatientes a pacientes del mismo hospital frente al que habían combatido.

El conflicto armado fue controlado a principios de 2011, pero cuando las balas cesaron, comenzó el brote de cólera, y el equipo de Médicos Sin Fronteras pasó de curar heridas de bala a atender las diarreas, los vómitos. Se controlaba un mal y empezaba otro, y con él una nueva misión para Franking, a quien esas experiencias vividas lo llevan a decir que existen comunidades en Chiapas que no están lejos de vivir lo que está pasando en África: Gente que se encuentra en condiciones terribles, niños con mucha desnutrición, con una panza grande llena de parásitos, como los niños de África.

Aquí un video de la entrevista que Animal Político tuvo con el médico sin fronteras:

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5 características que hacen tan mortal a la COVID-19

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26 de octubre, 2020
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Un simple virus ha frenado en seco la vida tal y como la conocíamos.

Nos hemos enfrentado a amenazas virales antes, incluyendo pandemias, pero el mundo no se detiene por cada nueva infección o temporada de gripe.

Entonces, ¿qué pasa con este coronavirus? ¿Cuáles son las peculiaridades en su biología que representan una amenaza única para nuestros cuerpos y nuestras vidas?

Maestro del engaño

En las primeras etapas de una infección el virus es capaz de engañar al cuerpo.

El coronavirus puede estar corriendo desenfrenadamente en nuestros pulmones y vías respiratorias y, aun así, nuestro sistema inmunológico piensa que todo está bien.

“Este virus es brillante, te permite tener una auténtica fábrica viral en la nariz y tú sentirte completamente bien”, dice el profesor Paul Lehner de la Universidad de Cambridge.

Las células de nuestro cuerpo empiezan a liberar sustancias químicas -llamadas interferones- una vez que son asaltadas por un virus y esto es una señal de advertencia para el resto de nuestro organismo y el sistema inmunológico.

Pero el coronavirus tiene una “asombrosa capacidad” para desactivar esta advertencia química, asegura el profesor Lehner. “Lo hace tan bien que ni siquiera sabes que estás enfermo”.

Cuando miras las células infectadas en el laboratorio, no puedes decir que han sido realmente infectadas y, sin embargo, las pruebas muestran que están “gritando” de la acumulación de virus existente. Y este es solo una de los comodines que el virus puede jugar, sostiene.

Se comporta como un asesino a la fuga

La cantidad de virus en nuestro cuerpo comienza a alcanzar su máximo el día antes de que empecemos a enfermarnos.

Pero toma al menos una semana antes de que el COVID progrese hasta el punto de que el infectado necesite tratamiento hospitalario.

“Esta es una táctica evolutiva realmente brillante porque no te metes en la cama de inmediato, sino que sales por ahí y te diviertes”, dice Lehner.

Así que el virus es como un conductor que huye de la escena del accidente: ha pasado a la siguiente víctima mucho antes de que se recupere o muera.

Hablando claramente, “no le importa” si mueres, continúa el profesor Lehner, “es un virus que te golpea y se fuga”.

El contraste con el comportamiento del coronavirus original, el SARS, que se manifestó en 2002, es radical. Este último era más infeccioso días después de que el paciente se sintiera enfermo, así que fue fácil de aislar.

Coronavirus

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La cantidad máxima del virus se concentra en el cuerpo antes de que el infectado se sienta enfermo y, por tanto, es más susceptible de contagiar a otros.

Es nuevo, nuestros cuerpos no están preparados

¿Recuerdas la última pandemia? En 2009 hubo grandes temores sobre el H1N1, también conocido como gripe porcina.

Sin embargo, no resultó ser tan mortal como se había previsto porque las personas mayores ya tenían cierta protección. La nueva cepa era lo suficientemente similar a algunas que se habían encontrado en el pasado.

Hay otros cuatro coronavirus humanos, los cuales causan síntomas de resfriado común.

La profesora Tracy Hussell, de la Universidad de Manchester, explica la diferencia: “Este es uno nuevo, de modo que no creemos que haya mucha inmunidad previa”.

La novedad del Sars-CoV-2, que es su nombre oficial, puede ser “un gran shock para su sistema inmunológico”.

Esta falta de protección previa es comparable a cuando los europeos llevaron la viruela con ellos al Nuevo Mundo, con mortales consecuencias.

Construir una defensa inmunológica desde la nada es un verdadero problema para las personas mayores, ya que su sistema inmunológico es lento.

Aprender a combatir una nueva infección implica mucho ensayo y error por parte de dicho sistema.

Pero en la vejez producimos un conjunto menos diverso de células T, un componente central del sistema inmunológico, por lo que es más difícil encontrar unas que puedan defenderse contra el Coronavirus.

Hace cosas peculiares e inesperadas al cuerpo

COVID comienza como una enfermedad pulmonar (incluso allí hace cosas extrañas e inusuales) y puede acabar afectando a todo el cuerpo.

El profesor Mauro Giacca, del King’s College de Londres, sostiene que muchos aspectos del Covid son “únicos” de la enfermedad, de hecho “es diferente de cualquier otra enfermedad viral común”.

Dice que el virus hace más que simplemente matar las células pulmonares: también las corrompe. Se ha visto que las células se fusionan masivamente con otras, llamadas sincitios, que funcionan mal y que parecen quedar adheridas.


Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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Después de una gripe severa, se puede tener una “completa regeneración” de los pulmones, algo que “no sucede” con el COVID, argumenta Giacca. “Es una infección bastante peculiar”.

La coagulación de la sangre también falla extrañamente con el COVID, conociéndose historias de médicos que no pueden poner una vía en un paciente porque se bloquea inmediatamente con sangre coagulada.

Los marcadores de coagulación en la sangre son “200%, 300%, 400% más altos” de lo normal en algunos pacientes de COVID, informa la profesora Beverly Hunt, del King’s College London.

“Sinceramente, tengo una larga carrera y nunca he visto un grupo de pacientes con la sangre tan pegajosa”, reflexiona en la revista Inside Health.

Estos efectos en todo el cuerpo podrían deberse a la puerta celular por la que el virus entra para infectar nuestras células, llamada el receptor ACE2. Este se encuentra en todo el organismo, incluyendo los vasos sanguíneos, los riñones, el hígado y los pulmones.

El virus puede causar una inflamación galopante en algunos pacientes, haciendo que el sistema inmunológico se active de manera exagerada, con consecuencias perjudiciales para el resto del cuerpo.

Persona obesa

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La obesidad es un factor de riesgo muy importante si te infectas de coronavirus, según los expertos.

Y somos más obesos de lo que deberíamos ser

COVID es peor si eres obeso, ya que una cintura generosa aumenta el riesgo de necesitar cuidados intensivos o, incluso, morir.

Esto es inusual.

“Su muy fuerte vinculación con la obesidad es algo que no hemos visto en otras infecciones virales. Con otras afecciones pulmonares, a las personas obesas a menudo tiene una mejor evolución”, afirma el profesor Sir Stephen O’Rahilly, de la Universidad de Cambridge.

“Parece bastante específico , algo que probablemente ocurre también en la gripe pandémica, pero no en la común”.

La grasa que se deposita por el cuerpo, en órganos como el hígado, causa una alteración metabólica que parece combinar mal con el coronavirus.

Los pacientes obesos son más propensos a tener niveles más altos de inflamación en el cuerpo y proteínas que pueden llevar a la coagulación.


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