Premia Human Rights Watch a Consuelo Morales
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Premia Human Rights Watch
a Consuelo Morales

Una mujer bajita empuja a la pesada justicia de Nuevo León. En ese estado, donde seis personas desaparecen al día y los muertos se cuentan por treintenas, la religiosa Consuelo Morales revierte la indolencia ante las violaciones a los derechos humanos. Por su “activismo extraordinario”, Human Rights Watch le ha otorgado su más alta distinción y es la primera defensora mexicana en recibirla
8 de agosto, 2011
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Una mujer bajita empuja a la pesada justicia de Nuevo León. En ese estado, donde seis personas desaparecen al día y los muertos se cuentan por treintenas, la religiosa Consuelo Morales revierte la indolencia ante las violaciones a los derechos humanos. Por su “activismo extraordinario”, Human Rights Watch le ha otorgado su más alta distinción y es la primera defensora mexicana en recibirla

Por Dulce Ramos (@WikiRamos)

La realidad diaria de Consuelo

—Tenemos 69 casos desapariciones forzadas, pero cuando se llevan a una persona, hay más a su alrededor. Estimamos que puede haber hasta 290

A Consuelo Morales no hay que buscarla en colegios. Tampoco en hospitales o en capillas. A esta monja bajita y arrojada de 63 años se le encuentra en la Procuraduría. En los ministerios públicos. En las cárceles.

Treinta hombres y mujeres que buscan a un familiar perdido escuchan con atención. Están apretujados en una sala de la organización Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC) que dirige la religiosa.

Han llegado tantos que ya no caben, pero se acomodan como pueden. De la mano de Consuelo, padres, madres, hermanas y esposas se han convertido en investigadores de los casos que traen a cuestas, pues la justicia en Nuevo León es una máquina tan oxidada que ya ni hace el intento por chirriar.

No hay sitio preparado para que el crimen lo engulla. Monterrey, la capital estatal, estaba concentrada en su productiva industria cuando, de a poco, aparecieron muertos todos los días. Primero, en las salidas hacia Tamaulipas —el conflictivo estado vecino—. Después, en las vías de alta velocidad. Luego en el centro y en las zonas residenciales. De 2009 a 2010, las muertes violentas crecieron 242%. Las desapariciones, 47%.

Consuelo, con algunos medios

Consuelo, con algunos medios

Hay quien busca a su familiar desde hace un año y medio. Otros, desde hace un mes. La mayoría son hombres jóvenes, estudiantes o trabajadores.

—Entraron a mi casa en la madrugada unos hombres con chaleco de policía. Se metieron a robar y se llevaron a mi hijo –dice una madre rubia y bajita con tono de dolor.

—A mi muchacho lo ‘levantaron’ junto con otros cuatro. Sólo estaban en la Presa divirtiéndose ­—explica otra mujer pálida y ojerosa.

—Mi hermano desapareció cuando fue a comprar refrescos. Primero, la Marina me dijo que sí lo habían detenido. Después, que nunca había estado ahí ­­ —cuenta una joven rubia sin comprender aún qué sucedió.

La religiosa no podía tener mejor nombre. Consuelo. Todos los que llegan a CADHAC están en busca de él, pero también, de que la justicia se mueva. Junto con un equipo de abogados voluntarios, los familiares le ‘hacen la tarea’ a la Policía Ministerial. Por escrito les comunican qué falta por hacer y hasta cómo deben pedir la información.

Un familiar descubrió que el Ministerio Público no accedía al registro de llamadas de un desaparecido, no porque la empresa telefónica negara la información, sino porque la autoridad la había pedido de forma errónea no una, sino tres veces.

Lety, una madre de espíritu curioso y trabajador, llegó a CADHAC hace dos meses. Su hijo desapareció en noviembre del año pasado. Las instancias oficiales, llenas de gente “comiendo papitas, riéndose o en un círculo contando chistes”, ya habían mermado su ánimo.

Ésta fue la primera oficina en la que vi a todo mundo trabajando. Uno llega con las autoridades cargando su dolor y los empleados siguen a carcajada batiente.

En reuniones como ésta, todos exponen brevemente las novedades de sus casos bajo la tutela de Consuelo. Hay dolor y preocupación. También cansancio. Pero por encima, hay solidaridad. Esa que no encuentran en las instancias oficiales. Continuamente, Consuelo insufla ánimos.

—Recuerden que no estamos solos.

Las familias explican a dónde hay que ir, por qué funcionario hay que preguntar, cómo hacer presión hasta para conseguir una copia de determinado documento. Las mujeres más temerarias, comentan:

—Yo ando investigando una bodega. Dicen que ahí ‘los malos’ ponen a trabajar a la gente.

Exigir el derecho a la justicia y a la verdad es lo que ha hecho Consuelo desde 1993, cuando fundó CADHAC. En aquel entonces, la mayoría de las violaciones a los derechos humanos eran abusos de autoridad contra reos, pero desde hace una década, el cariz ha cambiado. Ahora se enfrentan a la Secretaría de la Defensa Nacional o a la Marina. La palabra “desaparecido” ha salido del baúl del vocabulario.

Aceitar a la justicia en Monterrey, donde la industria opaca a los derechos humanos, es titánico. Por ello Human Rights Watch le ha otorgado a Consuelo y a otros seis luchadores el premio Alison des Forges. La máxima distinción que reserva para quienes hacen un “activismo extraordinario”. Nunca en los tres años que se ha entregado el Alison des Forges se había premiado a mexicano alguno.

Junto a la defensora regiomontana, este año se ha reconocido a un promotor de la democracia egipcia, a una periodista tunecina y a otra rusa. A una defensora de migrantes de Indonesia, a una feminista iraní y a un defensor de trabajadores de minas de diamantes en Zimbabue.

Consuelo, recibiendo un reconocimiento de Conapred

Consuelo, recibiendo un reconocimiento de Conapred

No hacen falta días enteros junto  a Consuelo para descubrir que es una monja atípica. Algunos no la darían por religiosa si no fuese por la cadena plateada con una cruz, que le pende del cuello hasta la boca del estómago. Tampoco suele portar hábito, sino ropa sencilla de colores sobrios.

Consuelo guía a las víctimas como madre. Aunque en el sentido religioso, ella no lo es. En la congregación con que tomó los votos, las Canónigas de San Agustín, no se hacen llamar madres, sino hermanas.

Y tal vez ese adjetivo le queda mejor. Tiene la dulzura de una madre, pero es más bien jovial, como una hermana solidaria y proactiva. Tiene el rigor de quien se aproxima respetuoso a las atrocidades, pero sabe que cada caso requiere una solución creativa.

—Oiga, madre…— la llama una mujer.
Con una sonrisa que le llega a los ojos chiquitos, Consuelo responde:
—¡Ésta ya me ‘madreó’!

El llamado de Dios

 

–Oye, Consuelo ¿y si comienzas una organización de Derechos Humanos en Monterrey?
–¿Derechos humanos yo? ¡Ni loca!

Jesús Maldonado, el jesuita fundador del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, hizo esa propuesta cuando Consuelo tuvo una estancia en el Distrito Federal. Iniciaban entonces los años noventa.

La hermana había hecho ya trabajo con huérfanos y con indígenas, pero la expresión “derechos humanos” le daba pavor. Hasta le dolía el estómago.

Un día, una hermana de su congregación envió una carta: “Ojalá puedan hacer trabajos apostólicos que incidan en la justicia”, decía. Aún así, ella no veía el camino claro.

Otro día de reflexión, sentada en la capilla del penal de Puente Grande, Jalisco, los nubarrones se disiparon. Salió corriendo a decirle al cura:

–Ya sé lo que Dios quiere de mí.
–Yo también. Derechos Humanos y en Monterrey –respondió el sacerdote.

Cuando le anunció el plan a su congregación, una hermana de rango mayor le dijo: “Si este plan es de Dios, va a seguir”. Y CADHAC tiene ya 18 años

 

Los últimos meses han sido los más complejos para la organización. Desde el paso de la Caravana por la Paz del poeta Javier Sicilia, las denuncias de desapariciones han brotado como hongos tierra húmeda.
–En Sabinas Hidalgo la Marina se ha llevado a doce muchachos –cuenta un testigo de una detención masiva.

–En Apodaca ya son ochenta jovencitas desaparecidas. Cuando el Ejército va por uno, se las llevan a ellas también –dice otra madre que busca a su hija.

Una tarde de esas, en que los casos llovían, Consuelo anunció.

No podemos recibir uno más. Estamos saturados y no quiero tomar un caso que no pueda atender.

–¿Y si nosotros lo hacemos? –dijo una voz femenina.

Desde entonces, los familiares de las víctimas son brazos de Consuelo. Ante la falta de financiamiento para tener colaboradores pagados, son ellos los que toman datos, llevan documentos al Ministerio Público, organizan reuniones de análisis que terminan en una comilona fraternal con pollo asado y tacos de chicharrón y algún postre que Consuelo siempre prueba. Cada uno coopera como puede.

–Dinero nunca hemos tenido, pero manos no han faltado.

Intimidaciones

El trabajo riguroso la ha hecho una figura incómoda. Ni siquiera cuando los más conservadores han gobernado en Nuevo León, ha causado simpatía. Consuelo y sus colaboradores coinciden en que de 1997 a 2003 ha sido el periodo en el que más hostigamiento han sufrido. Fernando Canales Clariond era el Gobernador en aquellos años.

 

Una mañana, en la puerta de la organización, aparecieron gatos descabezados y mensajes intimidatorios. Siguieron las amenazas telefónicas. La presencia de hombres sospechosos mañana, tarde y noche. Eran las épocas en que CADHAC documentaba las torturas y vejaciones que sufrían los presos de Nuevo León.

 

A la intimidación, siguió el cerco de las élites financieras. Un grupo de grandes empresarios envió al entonces Cardenal Adolfo Suárez Rivera, una serie de informes que concluían que Consuelo era un peligro e incluso sugerían encarcelarla.

El cardenal respondió a los hombres del dinero:

 

–He leído con detenimiento lo que me han mandado y no tengo nada qué decir. Si quieren meter a Consuelo a la cárcel, adelante. Pero si la tocan a ella, la tocan a mí.

Con los priistas, CADHAC también ha sido amenazado. En los últimos meses de 2008, con Natividad González Parás en el Gobierno, Consuelo sufrió actos de intimidación por la protección de áreas naturales protegidas y por la defensa de tierras en municipios campesinos.

Aquel año, Amnistía Internacional pidió a activistas de todo el mundo que enviaran cartas a ‘Nati’ para comprometerlo a garantizar la seguridad de la hermana. Se enviaron 3 mil cartas y Consuelo recibió copia de cada una. Con ellas tapizó las paredes de la organización en la Navidad.

El poder se ha dado cuenta que ir contra Consuelo es darse con un canto en los dientes. Aún así, todavía hay quien lo intenta.

Hace poco, un funcionario de seguridad regiomontano fue a visitarla y le dijo:

–Mi mamá comulga todos los días y yo soy muy católico.
–¡Ah! Muy bien.
–Entonces usted no puede hacer nada contra mí.

–¡Uy! de los católicos es de los que más desconfío. Así que usted cíñase al reglamento y tendrá todo mi apoyo. Y si no lo hace, también lo va a tener, porque no lo dejaremos hacer tonterías.


Menos jocosos han sido los encontronazos en la Procuraduría estatal. Hace un mes, la hermana, Javier Sicilia y un grupo de víctimas pidieron avances de las investigaciones.
El fiscal Adrián de la Garza, dio a entender que los funcionarios estaban ofendidos porque la familias les dicen que no trabajan.

–No podemos desconocer que casi toda la información de las investigaciones es de ellos. –reviró Consuelo. –Si la gente grita y se desespera, es porque no ven su tragedia ni su desolación. No se hagan los sentidos.

El origen de Consuelo

 

Corrían los años sesenta cuando Consuelo era una jovencita. Su madre le regalaba joyas, autos, la ropa elegante que otras chicas querían. Todo con la intención de borrarle la idea de ser monja.
De haber visto los juegos de Consuelo niña, hubiera bastado para saber que el camino ya se había trazado.

–Me ponía una toalla en la cabeza y jugaba a ser religiosa. Daba clases, cantaba, cuidaba a los muñecos. Rezaba por esto y por aquello.

Al terminar una jornada de trabajo, pasa frente a la iglesia de la Purísima y una monjita en las escalinatas le llama la atención. La joven viste un hábito y vende pan en un puestito. Consuelo la mira como si no tuviesen nada en común. Y en cierto modo es así.

Defender los derechos humanos, y encima ser mujer y religiosa ha sido complejo. Hay incluso quienes dicen que si fuera hombre, sería un obispo influyente como Raúl Vera o como fue en su momento Samuel Ruiz. Otros dicen que si fuera hombre, sería más fácil conseguir financiamiento para su labor.

Ante esa realidad en la iglesia católica, Consuelo no se arredra. Al contrario, aprovecha para construir lazos sólidos con quienes buscan servir  sin privilegios.

 

Por ahora, la hermana se siente tranquila en Monterrey. Cree que el narcotráfico está demasiado preocupado en sus matanzas como para voltear a ver a los defensores, y las autoridades, demasiado desprestigiadas para denostar su labor.

–¿Te consideras una monja incómoda?
Sólo soy una monja feliz.

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Qué he aprendido como voluntario en los ensayos de la vacuna de Oxford contra la COVID

Uno de los voluntarios del ensayo a gran escala de la vacuna de la Universidad de Oxford, una de las candidatas más prometedoras para combatir al nuevo coronavirus, contó a la BBC su experiencia.
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31 de julio, 2020
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La vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford (Reino Unido) contra la COVID-19 hasta ahora ha arrojado resultados descritos como “prometedores. Richard Fisher es uno de los voluntarios que fue inoculado con esta vacuna experimental. Este es su relato.

Estoy en la sala de espera de un hospital y mi respiración empaña mis lentes. Minutos antes corría por la calle en un día de mucha humedad para no llegar tarde a la cita. Médicos y enfermeras me dejaron atrás con su paso apresurado y eso me hizo pensar que no tengo un gran estado físico.

La última vez que estuve en el Hospital St George, en el sur de Londres, fue para el nacimiento de mi hija. Ahora se siente muy diferente. Puedo oler a través de mi mascarilla la lejía usada para limpiar los pisos y el asiento junto a mí está cubierto con cinta para mantener el distanciamiento físico.

Dos trabajadores del hospital con tapabocas y protección personal se aproximan con un cartel que dice:Ensayo de la vacuna”, como si fueran taxistas aguardando pasajeros en la zona de arribos de un aeropuerto.

El cartel es para mí. Los sigo lentamente como en una procesión, dos metros detrás, mientras ellos conversan.

Estoy aquí para evaluar si puedo ser voluntario en uno de los ensayos de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19. En las semanas siguientes sabré qué se siente participar en uno de los mayores esfuerzos para combatir la pandemia.

De todos los ensayos de vacunas candidatas, el de Oxford es uno de las más avanzados.

El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales prometedores, basados en un ensayo con 1.077 personas. La vacuna, según esos datos, es segura y genera una respuesta del sistema inmunológico.

“Aún queda mucho trabajo por hacer… pero estos resultados iniciales son prometedores“, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo.

Los resultados definitivos solo se conocerán con la fase 3 del ensayo clínico, en la que participan miles de voluntarios en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica.

Es para esta etapa a gran escala que yo me presenté como voluntario.

Evaluación

Mi travesía hasta aquí comenzó una noche de mayo, cuando vi un tuit de un filósofo de la Universidad de Oxford sobre un ensayo para una vacuna. Él se había presentado como voluntario.

Mientras mi esposa dormía junto a mí decidí llenar el formulario para postular como voluntario y me olvidé del asunto.

Unas semanas después, aquí estoy, en una sala de neurología destinada ahora al ensayo de la vacuna, mientras veo en una pantalla a uno de los científicos de Oxford, Matthew Snape, explicando la base científica de las pruebas y los posibles efectos secundarios.

En total habrá 10,000 voluntarios y nos dividirán al azar en dos grupos, afirma Snape. Uno recibirá una vacuna que no ofrece ninguna protección contra el nuevo coronavirus y otro será inoculado con la vacuna de Oxford.

Investigadora en el laboratorio

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La vacuna de Oxford utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

La vacuna utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

Es una técnica en la que los científicos de Oxford ya venían trabajando antes de la pandemia para combatir el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el ébola. Por eso pudieron avanzar tan rápidamente cuando reenfocaron su trabajo en respuesta a la COVID-19.

Snape explica cómo desarrollaron la vacuna. Primero tomaron el virus que ataca a los chimpancés y lo modificaron genéticamente para que no ataque a los humanos.

Luego le incorporaron genes que codifican proteínas del virus de la COVID-19 llamadas glicoproteínas. Los científicos esperan que esas proteínas generen la respuesta inmunológica necesaria para vencer al nuevo coronavirus.

El grupo que no recibirá esta vacuna será inoculado con otra vacuna llamada MenACWY (también Nimenrix o Menveo), que se utiliza para combatir la meningitis y la sepsis.

Esta es la vacuna “de control” que permitirá comparar los efectos de aquella contra el coronavirus.

Los científicos eligieron para el grupo de control una vacuna en lugar de cualquier placebo por un motivo claro: asegurarse de que todos los voluntarios experimenten los efectos secundarios de una inoculación y no puedan deducir en qué grupo se encuentran.

La vacuna MenACWY se ha usado en adolescentes en Reino Unido desde 2015. También se ofrece a quienes viajan a zonas de alto riesgo de infección, como África subsahariana. Y Arabia Saudita exige certificados de vacunación con MenACWY a todos los participantes de la peregrinación anual a la Meca.

Luego de ver el video me preguntaron en detalle por mi historia médica o cualquier síntoma previo de COVID-19. Me tomaron muestras de sangre y tuve que firmar un documento que estipula varias obligaciones: permitiré, por ejemplo, que publiquen fotos de mi brazo inoculado y no donaré sangre. Las mujeres también deben comprometerse a usar anticonceptivos durante el ensayo.

Logo de la Universidad de Oxford tras una jeringa

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“Aún queda mucho trabajo por hacer”, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo de Oxford.

Volví a casa sintiéndome más informado, pero también un poco más nervioso que antes.

Como en cualquier ensayo clínico, los voluntarios debemos estar al tanto de los potenciales efectos secundarios, desde los más suaves (náusea, dolores de cabeza, etc.) hasta los más severos (como el síndrome de Guillain-Barré, que puede causar parálisis y ser fatal).

Sé que los riesgos del ensayo son menores, pero debo confesar que leer de una vez la lista de posibles efectos secundarios es abrumador.

También nos informaron sobre “posibilidades teóricas” de que la vacuna agrave los síntomas de la COVID-19.

Algunos estudios señalan que animales que recibieron vacunas experimentales contra el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) mostraron mayor inflamación en sus pulmones. Algo similar ocurrió en ensayos con ratones de vacunas experimentales contra MERS.

Ensayo con vacuna en un laboratorio

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El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales “prometedores”, pero con solo 1.077 personas.

Pero esos efectos no fueron observados en las pruebas con animales de la vacuna de Oxford.

Me tranquiliza saber que miles de personas ya fueron vacunadas en etapas previas del ensayo y no sufrieron consecuencias severas, tal como confirma el estudio publicado en la revista The Lancet el 20 de julio.

(Y quiero dejar absolutamente en claro que ninguno de los posibles efectos secundarios justifica los argumentos sin fundamento del movimiento antivacunas).

Día de la vacunación

Una semana después, el 3 de julio, volví a la misma sala del Hospital St George donde tuve mi primera evaluación. Se supone que es el día de la inoculación, pero me preocupa la posibilidad de que me dejen fuera del ensayo.

La doctora, Eva Galiza, abandonó la habitación hace 10 minutos y aún no ha regresado. Poco antes me explicó que era el último día del ensayo en St George y que se estaban quedando sin vacunas.

Galiza es investigadora en vacunas pediátricas. Para asegurar que los resultados del estudio sean confiables, tanto los médicos como los voluntarios ignoran si la vacuna inyectada es contra el coronavirus o es la de control.

Cuando Galiza abandona la habitación me quedo a solas con mis pensamientos. En Inglaterra, donde vivo, es el día antes del levantamiento de muchas reglas de confinamiento y se permitirá la reapertura de comercios, desde peluquerías hasta bares.

Frascos de medicación

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“La tarea más difícil es la del organismo regulador que deberá decidir si la vacuna es segura y se usará con el público”, afirmó John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford.

Pienso en amigos y familiares en otras partes del mundo, cada uno viviendo etapas diferentes de esta pandemia. Mientras algunos países celebran haber controlado las infecciones, otros siguen en una curva ascendente de muertes.

El año pasado viví en Massachusetts. El día de mi cita en St George las noticias desde Estados Unidos eran desalentadoras, con más de 40,000 nuevos casos de infección diarios.

También escuché las últimas cifras de Brasil, a donde un amigo y su esposa regresaron allí recientemente. El número de nuevos casos diarios en este país sudamericano se acercaba a 1,5 millones.

Los brotes de Brasil son la razón por la que los investigadores de Oxford expandieron sus ensayos para incluir a voluntarios en Rio de Janeiro, Sao Paulo y otra localidad en el norte del país. También incluirán voluntarios en Sudáfrica.

Investigadora brasileña voluntaria del ensayo de la vacuna de Oxford en Brasil

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El ensayo de la vacuna de Oxford fue expandido para incluir a miles de voluntarios en Brasil y Sudáfrica.

La triste verdad es que es menos probable que un voluntario como yo en Reino Unido pueda ayudar a los científicos a determinar la eficacia de la vacuna. Aquí, al menos por ahora, estoy menos expuesto a una posible infección que alguien en Brasil o Sudáfrica, donde la pandemia sigue extendiéndose.

Por el bien de todos, algunos de los 10,000 voluntarios del ensayo deberán entrar en contacto con el virus.

Cuando Galiza regresa a la habitación lleva un vial en su mano. No puedo ver su rostro detrás de su mascarilla, pero sus ojos sonríen. Luego de semanas de espera y tras una breve inoculación, la vacuna finalmente circula en mi sangre.

Hay 50% de probabilidades de que me hayan inyectado la vacuna de Oxford y 50% de que haya recibido la vacuna de control, y no sabré cuál de ellas me tocó hasta el final del ensayo.

Hisopos y esperas

Luego de la inoculación vino la etapa de la larga espera. Todos los voluntarios fueron divididos en pequeños grupos para monitorear posibles síntomas.

En mi caso, siete días después de recibir la vacuna, debo frotar mis amígdalas con un hisopo por 10 segundos. Luego debo colocar el mismo hisopo en un orificio nasal y llevarlo lo más arriba posible. He leído que si haces esto correctamente, debes sentir que prácticamente estás “rozando tu cerebro”. Creo que esa imagen es un poco exagerada, pero debo confesar que esta prueba no es algo agradable.

Luego de tomar la muestra, debo colocarla en una bolsa sellada que va en una caja también sellada que dice: “Sustancia biológica categoría B”, y despacharla en buzones especiales de correo para “envíos prioritarios”.

El servicio fue introducido recientemente para facilitar los tests de COVID-19. Pocos días después recibí un mensaje de texto diciéndome que mi test de coronavirus había dado negativo.

Además de hacer el hisopado, debo llenar un formulario con preguntas sobre mi comportamiento en la semana previa. ¿He usado el transporte público? ¿Con cuántas personas que no viven en mi hogar he pasado más de 5 horas?

Repetiré esta rutina semanal durante al menos cuatro meses. Y me tomarán muestras de sangre en el hospital hasta fines del año que viene.

Buzón en una calle de Londres

Richard Fisher
El correo brtiánico instaló buzones prioritarios para el envío de muestras de voluntarios y tests de COVID-19.

Esta etapa prolongada y necesaria es la que muchas personas, incluyendo varios políticos, no entienden. No puedes invertir grandes sumas de dinero para acelerar este proceso.

La vacuna de Oxford ha mostrado ya resultados prometedores, pero solo en unas mil personas. Aprobar el uso de una vacuna para millones de personas requiere un nivel de confianza que solo puede obtenerse con paciencia y muchos más datos.

Algunos trabajadores de la salud recordarán varios casos trágicos de ensayos. En 1976, por ejemplo, debido a temores de un nuevo brote de gripe A (H1N1) o gripe porcina, el gobierno estadounidense aceleró los ensayos de nuevas vacunas y millones de personas fueron inoculadas.

La temida pandemia nunca llegó, pero se estima que cerca de 30 personas murieron por efectos secundarios adversos. Esos errores pueden haber contribuido al crecimiento del movimiento antivacunas.

Las autoridades de la salud con competencia para aprobar o rechazar las vacunas candidatas tienen en sus manos una enorme responsabilidad.

Tal como dijo en un programa de la BBC el científico John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford, no podemos darnos el lujo de esperar a la evidencia definitiva que se requeriría normalmente en ensayos clínicos de este tipo.

La tarea más difícil es la del organismo regulador que debe decidir si la vacuna es segura y se usará con el público. Si dice que sí, habrá una fila de tres mil millones de personas que quieren esa vacuna. Yo no querría ese trabajo”, afirmó Bell.

Otro factor importante es que la vacuna aprobada puede no ser la panacea que la gente espera. En otras palabras, es posible que la vacuna no elimine completamente el virus, sino que solamente mitigue sus efectos.

Esta protección es valiosa, pero suceda lo que suceda con los ensayos, debemos aceptar que se trata de un problema de largo plazo y que el virus podría estar con nosotros para siempre.

En mi caso en particular, pensar que hay una probabilidad del 50% de que haya recibido una vacuna prometedora me da una cierta tranquilidad, pero no me hará cambiar mi comportamiento. Los investigadores explicaron esto claramente.

Hasta que sepamos con certeza que hay una vacuna efectiva, continuaré respetando las reglas de distanciamiento físico para proteger a mi esposa, mi hija, el resto de mi familia, mis amigos y todas las personas con las que me cruce en la calle.

Voluntario siendo vacunado en Sudáfrica

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Un voluntario recibe la vacuna de Oxford en Sudáfrica. Confirmar la efectividad de la vacuna para prevenir infecciones requiere probarla en países con un alto número de casos.

Me da satisfacción tener la oportunidad de jugar un rol muy pequeño, junto a otros 10.000 voluntarios, en un ensayo que tiene en vilo al mundo.

La rapidez con que los científicos de Oxford respondieron a la crisis y su gran compromiso me impresionan.

Antes de la pandemia, muchos de estos médicos e investigadores trabajaban en distintos campos relacionados con el desarrollo de vacunas, alentados por su curiosidad o una misión individual. Nunca pensaron que de ellos dependerían las expectativas de miles de millones de personas.

Tal vez los ensayos de la vacuna de Oxford no den los resultados que muchos esperan. Podría ser que no cumpla en definitiva los requisitos de seguridad y eficacia necesarios para combatir la pandemia.

Pero así es como funciona la ciencia, en un desarrollo a largo plazo, colectivo y que puede tener resultados negativos. Nunca había valorado tanto como ahora la importancia de ese proceso.

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