Desaparecidos, 109 militares en el sexenio
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Desaparecidos, 109 militares
en el sexenio

Por Francisco Sandoval Alarcón
18 de agosto, 2011
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A lo largo de más de cuatro años y medio que ha durado la guerra contra el narcotráfico, el Ejército tiene registrados a 109 militares en calidad de desaparecidos, principalmente en las entidades con fuerte presencia del cártel de Los Zetas, fundado y, sobre todo, encabezado por desertores de las propias filas castrenses, según se desprende de una investigación hecha por Animal Político.

Estos casos no corresponden a desertores. Esa estadística la lleva por separado la misma Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), de acuerdo con información disponible en el sistema de rendición de cuentas del gobierno mexicano llamado Infomex.

En el año 2008, por ejemplo, el mismo Ejército reconoció que al menos 177 elementos de las Fuerzas Especiales habían desertado en los últimos tres años. De hecho, el Ejército tiene abiertas investigaciones o averiguaciones previas para dar con el paradero de sus soldados y oficiales desaparecidos, quienes estuvieron involucrados en el combate directo a la delincuencia organizada, como lo reflejan los datos y documentos obtenidos por Animal Político mediante la Ley Federal de Transparencia.

En una de las respuestas a la solicitudes de información, la Sedena mantuvo bajo reserva –por cuestiones de protección de datos personales y de seguridad nacional- los nombres de los  militares desaparecidos; sin embargo, se vio obligada a proporcionar el número total de sus elementos a quienes no ha sido posible localizar, las zonas en las que fueron vistos por última vez y los batallones a los que pertenecían.

La mayor parte de estas desapariciones se han registrado en estados en los que actualmente han operado cinco cárteles. Los Zetas, junto al  Golfo,  son los que mayor presencia tienen en ellos, según arrojó un cruce de información entre los datos revelados por la SEDENA y un mapa elaborado por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) sobre el Fenómeno Delictivo en México.

La cifra de desapariciones, sin embargo, podría ser mayor, pues no todos los casos han sido documentados por el Ejército.

El 14 de septiembre de 2008, por ejemplo, el Teniente José Vicente Édgar Salinas Martínez, adscrito al 29 batallón de infantería de la 20 Zona Militar, con sede en Colima, fue desaparecido, pero aun así su caso no forma parte de la lista que entregó Sedena.

En situación similar se encuentra el exmilitar Mateo Torres Rodríguez, que se desempeñaba como jefe policíaco en Chilpancingo, Guerrero,  quien desapareció el 6 de junio de 2009 cuando acudía a cobrar la pensión que recibía quincenalmente en las instalaciones de la 35 Zona Militar.

Se trata de dos desapariciones documentadas por la prensa en México y de los que Sedena, a pesar de ello, no ha brindado mayor información del estatus legal que guardan los militares.

Zonas peligrosas

Da click para agrandar.

Tamaulipas y Nuevo León son los estados que mayor número de militares desaparecidos tienen, con 24 y 23 reportes cada uno, respectivamente, en lo que va del sexenio.

Según un mapa del CISEN, en esas entidades operan células de los Zetas y del Cártel del Golfo, a quienes se les atribuyen gran parte de los asesinatos y crimines que ahí se han cometido en el presente sexenio. De los municipios que más desapariciones de militares reporta en las dos entidades, destacan Nuevo Laredo con 13 casos,  seguido de Monterrey con ocho, de los cuales tres ocurrieron el 31 de marzo de 2010.

Los 13 militares de Nuevo Laredo estaban adscritos al 1er Regimiento de Caballería Motorizada y los de Monterrey, al 22/o Batallón de Infantería, al 7/o Batallón de Fuerzas Especiales y sólo uno al Escuadrón Aéreo 203.

Michoacán, Chihuahua y Veracruz son las otras entidades que, junto a Tamaulipas y Nuevo Laredo, presentan el mayor número de militares desaparecidos.  En esos estados, además,  también se ha identificado la presencia de células del narcotráfico pertenecientes a cárteles de la droga como La Familia, Golfo, Zetas, Pacífico y Juárez.

En Michoacán, son 14 los militares desaparecidos, cuatro de ellos en la ciudad de Zamora; en Chihuahua son ocho, de los cuales cinco desaparecieron en Ciudad Juárez, el 17 de marzo de 2009, justo cuando se trasladaban a su unidad;  en Veracruz, son siete los desaparecidos, siendo el cuartel militar La Boticaria, donde la delincuencia ha dejado granadas y una cabeza humana cercenada, el que ha registrado dos de estas desapariciones.

De las 109 desapariciones reportadas en el sexenio, una de ellas se registró en el 2007; siete en el 2008; 17 en el 2009; 65 en el 2010 y 19 del 1 de enero al 20 de julio de 2011.

En ningún caso se trata de desapariciones por deserción, dado que en ese último rubro la Sedena, a través de diversas solicitudes de transparencia, ha informado, cuando se le ha preguntado del  tema, que de 2006 a 2010 son 53 mil 435 los militares desertores en la institución.

Para tener mayor información del contexto en que se dieron las desapariciones de los 109 militares, así como la situación en la que se encuentra el caso del Teniente José Vicente Édgar Salinas Martínez, se solicitó una postura oficial a la Sedena, instancia que hasta antes de la publicación del reportaje no había ofrecido una versión sobre estos hechos.

Los más afectados

De los grupos o regimientos que más desapariciones presentan en el Ejército están los batallones de infantería,  grupos que se utilizan para desarrollar acciones en terrenos irregulares o de difícil acceso, así como de apoyo a las llamadas  fuerzas especiales. Son los que encabezan la lista con 52 casos.

Después, le siguen con 20 desapariciones los adscritos a los regimientos de Caballería Motorizada,  que son los soldados que se encuentran en los puestos o retenes de control militar; contratados por el Ejército para realizar vigilancia en zonas ejidales, montañosas o alejadas a las cabeceras municipales, los cuerpos de Caballería de Defensas Rurales son los que ocupan el tercer lugar con 14 desapariciones.

En el caso de las Fuerzas Especiales, que son  las unidades operadoras por el Estado Mayor del Ejército, y las Bases Aéreas, unidades operativas de la Fuerza Aérea, son ocho (cuatro y cuatro) las desapariciones que han sufrido desde que el presidente Felipe Calderón Hinojosa le declarara la guerra a los cárteles del narcotráfico y los militares fueran sacados de los cuarteles a las calles para combatir a estos grupos criminales, incluidos sus excompañeros los Zetas, quienes pudieran estar detrás de las 109 desapariciones.

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Consecuencias del covid-19: 'Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes'

La fatiga crónica es uno de los síntomas que experimentan miles de pacientes recuperados de covid-19, incluso aquellos que no estuvieron tan enfermos como para estar hospitalizados. Jade cuenta cómo fue su caso.
22 de septiembre, 2020
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Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Jade Gray-Christie nunca fue hospitalizada, pero meses después de haberse recuperado sufre fatiga crónica.

Si has leído noticias de personas con coronavirus que experimentaron síntomas “permanentes”, puede que la historia de Jade Gray-Christie te resulte familiar. Ella tenía síntomas “leves” y no fue hospitalizada, pero su vida dio un vuelco desde que se enfermó en marzo.

Antes de la pandemia, Jade tenía una vida muy ocupada.

Esta londinense, de 32 años de edad, compaginaba un gratificante trabajo dando apoyo a jóvenes de entornos desfavorecidos con una vida social activa, e iba al gimnasio tres veces por semana.

Pero en las primeras horas de la mañana del 15 de marzo, Jade llegó a casa tras un largo día de trabajo y supo que algo no iba bien.

“Me sentía fatal. Tenía mucho calor y mucho frío, y no paraba de toser, toser y toser”, me contó en voz baja, con dificultad para respirar.

A medida que pasaron los días, Jade, que es asmática y vive sola, comenzó a sentirse peor y más asustada.

Llamó al 111 (el número de emergencias). Le enviaron una ambulancia, pero los paramédicos se negaron a entrar. “Me hablaron a través de la ventana y me preguntaron qué me pasaba”, dice ella.

Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Los paramédicos no quisieron entrar a casa de Jade.

Tumbada en la cama y sin apenas poder pronunciar las palabras, Jade explicó que tenía problemas para respirar y que le dolía mucho el pecho.

Le dijeron que tenía la típica “tos covid”, pero por su edad no podían llevarla al hospital. Eres joven y tu cuerpo es lo suficientemente fuerte como para recuperarse, le dijeron.

Jade se sorprendió. “¿Qué hago con mi respiración? Soy asmática. Vivo sola, así que si pasa algo no tengo a nadie que me ayude“, les comentó.

Pero ellos le respondieron que no se llevaban a nadie menor de 70 años por si pudiera contagiar a alguien más en el hospital.

“Comprendí lo que decían, pero al mismo tiempo estaba muy mal y no sabía qué iba pasar. Por las noches sentía miedo al acostarme”, dice Jade.

Con el tiempo, parecía mejorar poco a poco. Pero cada vez que pensaba que estaba recuperándose, sus síntomas volvían.

En mayo, se sintió lo suficientemente bien como para comenzar a trabajar desde casa a tiempo parcial. Tenía dolor en el pecho y a veces se sentía cansada, pero pensó que se las podría arreglar.

Hasta que a finales de mes, algo cambió.

Durmiendo 16 horas al día

“Mi pecho volvió a empeorar. Me costaba respirar y no podía salir de la cama”, dice ella. “Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes”.

Los inhaladores de Jade

Zoë Savitz/BBC News
Jade tiene un inhalador para el asma y recibió dos más para tratar la covid.

Los meses pasaron con pocas mejoras. A veces dormía más de 16 horas al día y le costaba hacer las actividades diarias para cuidar de sí misma.

Cuando hablé con Jade a fines de julio, me contó que su médico le había dicho que tenía fatiga posviral, pero no le dieron ningún consejo sobre cómo manejar sus síntomas, más allá de que estableciera una rutina para dormir y despertar.

La idea era aprender estrategias de recuperación para ayudar a mejorar su calidad de vida y estabilizar su salud.

Pero a Jade le costó entender cómo aplicarlo a su vida. Mantener una rutina le resultaba casi imposible, ya que a menudo se despertaba agotada y se volvía a dormir.

“Cuando hablé con el médico sobre mis mareos, el hecho de que me hubiera desmayado y también sobre mi fatiga, me dijo abiertamente que no sabía cómo ayudarme y que el virus todavía es muy nuevo. Esto, por supuesto, me hizo sentirme aún peor “, comenta.

“Si los médicos no podían ayudarme, ¿entonces quién?”, se preguntó.

Jade Gray-Christie usando su laptop

Zoë Savitz/BBC News
Jade se sintió desesperada; no sabía a quién pedir ayuda.

Covid “de largo plazo”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que no comprende por completo la covid-19.

Dice que los plazos de recuperación típicos son de dos semanas para pacientes leves, y hasta ocho para los que están graves, pero reconoce que hay personas como Jade que continúan teniendo síntomas durante más tiempo.

En tales casos, dice la OMS, los síntomas pueden incluir fatiga extrema, tos persistente o intolerancia al ejercicio. El virus puede causar inflamación en los pulmones, los sistemas cardiovascular y neurológico, y el cuerpo puede tardar mucho en recuperarse.

La experiencia de Jade le ha ocurrido a otras decenas de miles de personas,y se conoce como “covid de largo plazo”.

Barbara Melville, administradora de un grupo de apoyo en Facebook para este tipo de pacientes, explica que muchos de ellos dicen que no tienen acceso al cuidado y apoyo que necesitan, que no les toman en serio o que les dicen que sus síntomas son causados por ansiedad.

Short presentational grey line

BBC

Cómo conservar la energía si tienes fatiga

  • Para lidiar con la fatiga, los terapeutas ocupacionales usan “las tres pes”: planificación, pacing (ritmo) y priorización
  • Esto implica identificar estrategias para facilitar las cosas y gestionar la energía de forma más eficaz
  • Por ejemplo, si la ducha es agotadora, inténtalo en otro momento del día o siéntate en lugar de quedarte de pie
  • Divide las actividades en tareas más pequeñas y distribúyelas a lo largo del día
  • Planifica de 30 a 40 minutos de descansos entre actividades

Lauren Walker, Royal College of Occupational Therapists, Reino Unido

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BBC

¿Dónde deja esto a los pacientes? Para muchos es una cuestión de paciencia.

En el caso de Jade, su salud sigue con altibajos, pero ahora recibe sesiones de fisioterapia y de terapia ocupacional en la clínica covid del centro hospitalario University College Hospital de Londres.

Sus jefes han sido un gran apoyo, lo cual ha marcado la diferencia. Le dijeron que habían visto muchos casos similares.

“Fue un gran alivio,”, dice ella, tras haber pasado muchos meses sintiendo que tenía que demostrar que lo que le estaba ocurriendo no estaba “todo en su cabeza”.

Al final, recibió una carta confirmando su diagnóstico de covid-19 esta semana.

Jade planea ahora trabajar desde casa por el resto del año, con horas y responsabilidades reducidas, y le han aconsejado que divida su día, trabajando en períodos de dos horas con pequeños descansos en el medio.

Está contenta de poder volver al trabajo y de tener su mente activa.

jade en la puerta de su casa

Zoë Savitz/BBC News
A la joven inglesa le gusta haber vuelto a trabajar.

Barbara Melville advierte que no todos los empleadores son tan comprensivos y afirma que ha leído muchas historias en su grupo de apoyo de personas obligadas a regresar al trabajo demasiado pronto.

“Tienen miedo de no poder alimentar a sus familias. El descanso y la regulación del ritmo de vida son un privilegio“, comenta a la BBC.

Otros le han dicho que sufren discriminación en el trabajo porque no pueden proporcionar pruebas de que tenían la enfermedad, a pesar de que no hubo tests disponibles durante meses, y no se les dieron los ajustes que necesitaban para trabajar de manera segura.

Sin embargo, tiene la esperanza de que esta crisis lleve a un cambio cultural en cómo se trata a las personas que viven con problemas de salud a largo plazo.

“La covid ha puesto de relieve las desigualdades y esta es una oportunidad para empezar a hacer algo“, señala.

Jade dice que tras haberse enfermado sintió realmente que su vida se acababa. Solo cuando comenzó a recibir apoyo, atención y comprensión las cosas comenzaron a cambiar para ella.

Ahora siente que puede encontrar una manera de hacer frente a su nueva normalidad.

Fotografía de Zoë Savitz

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

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