El mapa único de Edgar Anaya
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El mapa único de Edgar Anaya

Por Moisés Castillo
27 de agosto, 2011
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Centro histórico de la ciudad de México.

Carlos Monsiváis decía que los días de la Ciudad de México se alargan y se contaminan, se impregnan de la torpeza y la densidad de los sueños irrecuperables. Y el periodista Edgar Anaya revive ese aire melancólico en su libro Ciudad de México, ciudad desconocida. En sus páginas se describe con detalle los 100 lugares más asombrosos de la capital “monstruosa”, como la consideró el poeta Octavio Paz.

¿Qué más se puede decir de la odiada y amada Ciudad de México?  ¿La conocemos realmente?

Seguramente muchos han pasado sin darse cuenta por los puentes de Chimalistac, que fueron construidos en el siglo XVII por los Carmelitas sobre lo que es hoy el último río vivo de la ciudad; quizá han visto por el rumbo de San Jerónimo El Rosedal de la Paz, donde se recuerda la destrucción del pueblo checoslovaco de Lídice durante la Segunda Guerra Mundial; tal vez nadie sepa del cuartel zapatista en San Pablo Oztotepec, lugar donde Emiliano Zapata ratificó el Plan de Ayala en 1914…

Edgar se tardó siete años en realizar esta investigación periodística, que de alguna forma ya la tenía en sus pies: de niño caminó por los lugares más emblemáticos de la ciudad, acompañado de Carlos, su padre. Y ahora a sus 44 años de edad, ha sido un testigo fiel de las transformaciones de la gran urbe.

La ciudad para Edgar es memoria viva: lo transporta a su niñez. Tiene recuerdos maravillosos cuando visitó junto con sus hermanos el lago de Chapultepec o el de San Juan de Aragón; se sintió un enano cuando observó la Torre Latinoamericana que antes tenía un acuario; veía correr el agua casi cristalina del río Magdalena que ahora está contaminado.

“Iba a Chapultepec y veía los ahuehuetes centenarios que dicen sembró Moctezuma. Ahora el más grande se llama El Sargento, está apolillado y lo trozaron. Sólo está la parte de abajo. Esos ahuehuetes están en muy mal estado. Ya no son los que veía de niño”.

Ciudad de México, ciudad desconocida, puede ser vista como una gran guía turística o un libro de historia de la capital. Edgar revela que en pleno siglo XXI en esta ciudad del caos sobreviven pequeños pueblos con usos y costumbres ancestrales muy particulares. En esta especie de crónica fragmentada, Edgar explica con ojos de gran viajero la naturaleza viva y las ruinas arqueológicas o dioses que nos ven desde la piedra.

El escritor Juan Villoro afirma que desde Humboldt nadie caminaba con tantas ganas de aprender en la “Ciudad de los Palacios”.

Quizá Edgar no sea el periodista más preparado académicamente hablando, pero sin duda, su pasión por el oficio la envidiarían los reporteros de hoy.

-¿Cómo surge este proyecto que en un principio pudo ser irrealizable?

Se te va haciendo un gusto caminar la ciudad. Cuando crecí estudié periodismo y me enfoqué en turismo-cultura. En la revista México Desconocido empecé a hablar de la ciudad cuando casi todo el material era de lugares de provincia. Luego en mi columna Asómate al DF del periódico Reforma, me fui especializando en lo raro y poco conocido. En ese espacio hablaba de sugerencias para visitar y cuando me di cuenta ya tenía 20 sitios atractivos. Entonces, me propuse tener los 50 lugares desconocidos de la ciudad. Seguí caminando las calles y cuando vi eran 70-80 y la lista seguía creciendo hasta llegar a los 100. Andar explorando la ciudad se vuelve un vicio.

-¿Cuáles fueron los obstáculos que tuviste para escribir el libro?

No fue fácil. Por ejemplo, llegas a Milpa Alta y vas a retratar la iglesia del siglo XVI y está un camión enfrente o unas lonas, ya no salió la foto y tienes que regresar. O no estaba la persona que te iba dar información y vuelves otra vez. Fue laborioso investigar y luego redactar temas muy diversos. Soy periodista, no experto en volcanes ni en historia de la Revolución ¿Cuántos volcanes hay? Hablo de los volcanes enanos del Ajusco que miden 4 metros y en las fuentes bibliográficas unos dicen que hay 40, otros 200… Le pregunté a la doctora de la UNAM, Lilia del Pozo, que es experta y te dice ‘andan entre 200 y 250 según consideres la sierra del Ajusco’. Son temas de pleno reporteo.

-¿Cuáles son los lugares que más te sorprendieron y que nunca imaginaste que existirían?

En la sierra del Ajusco hay un volcán que se llama Xitle, que es el que formó todo este pedregal que baja desde el Ajusco hasta Miguel Ángel de Quevedo. Debajo de esas rocas hay túneles, tubos de lava. Cuando conseguí a un guía que me llevara a conocerlos para mi fue impresionante, son como grutas pero no de piedra caliza sino de lava solidificada con muchas texturas. O desde el punto de vista plástico, el 2 de noviembre en el panteón de San Antonio Tecómitl, delegación Milpa Alta, en las tumbas de tierra los lugareños hacen figuras de lodo para sus difuntos. También me sorprendió muchísimo que sigan existiendo las aguas termales del Peñón. El calor de sus aguas minerales fortalecen tu cuerpo. Los baños del Peñón se encuentran a 300 metros del aeropuerto y a 15 minutos del Zócalo, se me hace increíble y maravilloso.

-¿Ciudad de México, ciudad desconocida, es un viaje personal que se convirtió en obsesión?

El propósito es mostrar las maravillas que hay en la ciudad para gozarla más y hacerla más nuestra. Esa es la misión del libro: compartir estos disfrutes que conozco y he gozado a lo largo de mi vida. Por ejemplo, en Cuajimalpa está una casa-museo El Mesón de San Luisito donde se alojó Miguel Hidalgo con varios generales y ahí decidió no tomar la ciudad de México. Una decisión crucial en la historia de México y ahora es un museo polvoso y olvidado. Qué pasaría en Estados Unidos si Washington le hubiera sucedido algo similar, sería un museo famoso y aquí no valoramos lo que tenemos. También ahí están maltratados Los lavaderos de San Bartolo Ameyalco, son una joya.

-¿Qué libros sobre la ciudad de México influyeron en tu trabajo?

El libro de Gonzalo Celorio, México, ciudad de papel, es grandioso. Se han escrito tantos libros de la ciudad que ya no existe, esas ciudades sólo existen en papel. Carlos Fuentes nos muestra una ciudad esplendorosa, viva, ahora ya es una ciudad insalvable, monstruosa. Hay muchos textos de Carlos Monsiváis que son invaluables. Mi libro pretende mostrar la ciudad sin idealizarla, mostrar su deterioro y alertar un poco a la ciudadanía para que vea el abandono de nuestros tesoros. Las guías turísticas tradicionales hablan de los mismos lugares: el Zócalo, La Villa, Chapultepec y Xochimilco. Los siguen repitiendo como si la ciudad no tuviera infinidad de atractivos.

Colonia Estrella y la Química

En la familia de Edgar Anaya nadie ejerció el periodismo. Sus padres llegaron de Hidalgo en una situación precaria. Su papá fue empleado en una fábrica de cemento y después trabajó en la Compañía de Luz; su mamá se dedicó al hogar y tuvo una pequeña mercería.

Edgar descubrió el oficio cuando cursaba la carrera de Química en la UNAM. Escribía algunos artículos en la gaceta de la Facultad y, al mismo tiempo, empezó a colaborar en la revista turística México Desconocido. Dice que trabajó un año como químico pero no era su vocación.

A los 24 años entró a estudiar periodismo en la Escuela Carlos Septién y con la experiencia que adquirió desde pequeño al viajar constantemente por el país, se especializó en turismo y escribió sabrosas crónicas de sus encuentros con lugares casi irreales. Ha colaborado en varios medios impresos y audiovisuales, pero le faltaba hacer este libro.

“Me da gusto que me he ido abriendo paso sin apoyo de nadie y sin favoritismos. La columna donde Juan Villoro se expresa así de mi libro o Elena Poniatowska que aceptó hacer el prólogo, habla de que voy en la ruta indicada. Ahora agradezco que nadie me ayudara a sacar mi libro. En cuatro meses se terminó la primera edición”.

Y es que Edgar tocó varias puertas para conseguir algunos patrocinadores que le ayudaran a financiar su proyecto editorial, pero al final nadie creyó en el viajero citadino. Después de 7 años de lucha constante hasta sus amigos pensaban que nunca lo iba a publicar. Pidió un préstamo al banco y pudo sacar mil ejemplares, un experimento caro pero el libro se recomendó de boca en boca, como sucede con las buenas películas.

-Siendo un tema atractivo, ¿Por qué no apostarle a una editorial?

Trabajas para las editoriales y se quedan con todo. Te dan sólo el 10 por ciento de las regalías, te dicen que no se vende el libro y no hay forma de comprobarlo, lo reimprimen sin avisarte. Fue mucho el trabajo que no me quise arriesgar. Conocí a Roberto Zavala Ruiz, uno de los mejores correctores de estilo que hay en México, y estuvo a cargo del cuidado de la edición. Paola Aviña hizo el diseño y después buscamos una imprenta. Si no estás ahí al pie de la máquina te hacen cochinadas. Estuve batallando hasta que salió el 4 de febrero de este año.

-Toda tu vida has vivido en la colonia Estrella, cerca de la Basílica de Guadalupe, ¿Qué lugares destacarías de esa zona norte de la ciudad?

El parque de la colonia era un lago en el Virreinato, todavía hay un Olivo en el que se remonta a tiempos cuando era la Hacienda Blas López de Aragón, una gran Hacienda que se fraccionó. Junto a la colonia pasa La Calzada de los Misterios, que se llama así por unos monumentos de piedra de 7 metros de altura y que recuerdan los misterios del rosario católico. Son unos monumentos valiosos del siglo XVII que ningún país tiene algo similar. Atrás de la Basílica está el acueducto de Guadalupe que en el siglo XVIII llevaba agua de Tlalnepantla a la Villa, iba tanta gente al santuario que el agua no era suficiente. En la entrada del metro Talismán, cerca de la colonia Estrella de la línea 4, hay un pozo con los restos de un bebé mamut que encontraron al escarbar para hacer la estación. Todo eso y más puedes encontrar nada más en la Gustavo A. Madero.

-¿Cómo te imaginas a la Ciudad de México en 10 o 15 años?

Me la imagino cada vez peor. Ni toda la tecnología va a poder salvar los últimos rincones de su naturaleza, con habitantes cada vez más indiferentes ante las riquezas de la ciudad. En 15 años mi libro seguramente será un documento que hablará de lo que hubo. Será una urbe monstruosa, ya no nos dará tiempo de admirarla. Mucha gente dice que no tiene tiempo pero sí pasan 4 horas al día viendo la TV.

>Si alguien está interesado en descubrir los 100 lugares más asombrosos de la Ciudad de México, le pueden mandar un correo electrónico a Edgar Anaya a [email protected] Es la única forma de conseguir el libro.

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Ruth Bader Ginsburg: por qué la muerte de la jueza de la Corte Suprema de EE.UU. supone un terremoto en una nación ya fracturada

Si el presidente Trump nomina un reemplazante de la magistrada podría alterar por años el equilibrio ideológico del mayor tribunal de justicia del país y aumentar la tensión política a pocas semanas de las elecciones.
19 de septiembre, 2020
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La muerte de un juez de la Corte Suprema de Justicia siempre es algo trascendente en Estados Unidos. Pero la de Ruth Bader Ginsburg supone un terremoto de consecuencias imprevisibles para este país.

Ginsburg, que murió el viernes a los 87 años debido a un cáncer de páncreas, era un ícono feminista y progresista del máximo tribunal judicial de EE.UU. para asuntos como la igualdad de género o la inmigración, el aborto o el matrimonio igualitario.

Su muerte abre ahora la posibilidad de que el presidente Donald Trump nomine a su sucesor en una corte de nueve miembros donde ya ha colocado a dos, y altere así por años el equilibrio ideológico del Supremo a favor de los conservadores.

Como esto ocurre además en un país políticamente polarizado y a pocas semanas de una elección presidencial cargada de tensión, el debate por el reemplazo de Ginsburg amenaza con aumentar la fractura entre republicanos y demócratas.

“Normalmente las nominaciones a la Corte Suprema son un deporte de sangre. Entonces esto va a ser verdaderamente apocalíptico. Hay mucho en juego en esta nominación”, dice Jonathan Turley, un destacado profesor de derecho constitucional en la Universidad George Washington, a BBC Mundo.

Una silla clave

El hecho de que los magistrados de la Corte Suprema ocupen su cargo de manera vitalicia significa que cualquier cambio en la integración tiene efectos duraderos.

Nominada por el presidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg formaba parte de un bloque de cuatro jueces progresistas de la corte que solía necesitar de un quinto voto “péndulo” para lograr mayoría.

Ruth Bader Ginsburg

Reuters
Ginsbrurg era parte de un bloque de cuatro jueces progresistas.

En votaciones recientes ese quinto voto lo aportó el juez John Roberts para decisiones sobre inmigración, derechos de homosexuales y otros temas importantes de la “guerra cultural” en este país.

Los presidentes de EE.UU. tienen la potestad de elegir los miembros de la corte, que deben ser ratificados por el Senado, y Trump suele señalar como un logro el haberlo hecho dos veces en menos de cuatro años de mandato.

Si lograse colocar a un tercer magistrado netamente conservador, la Corte pasaría a tener seis jueces instalados por republicanos, mientras el bloque liberal quedaría en una minoría de tres.

Eso puede conducir con el paso del tiempo a alteraciones significativas en diversas ramas del derecho.

“Esta es posiblemente la nominación más importante en la historia de la corte moderna. Hay una serie de doctrinas que actualmente penden de mayorías de cinco a cuatro”, advierte Turley.

Por ejemplo, señala que con un nuevo juez conservador en la corte quizás se abriría el camino para a revertir parcial o totalmente Roe versus Wade, el emblemático caso por el que el tribunal despenalizó el aborto en 1973.

Trump y Kavanaugh

Reuters
Dos de los actuales jueces del Supremo fueron nominados por Donald Trump.

Probablemente consciente de todo esto, Ginsburg indicó en su testamento que su “deseo más ferviente” era que evitaran reemplazarla hasta que asumiera un nuevo presidente, según informó la radio pública estadounidense NPR.

La pregunta ahora es si Trump podrá provocar tal desequilibrio en un Supremo que recientemente ha fallado más de una vez en contra de los intereses del mandatario.

“Aumentará el nivel de furia”

La muerte de Ginsburg le ofrece a Trump la oportunidad de acicatear al electorado conservador y religioso a menos de 50 días de las elecciones, cuando las encuestas lo muestran atrás del candidato demócrata Joe Biden.

De hecho, desde hace semanas Trump señalaba la eventualidad de nominar a un tercer juez del Supremo como una razón para que lo reelijan, por lo que quedan pocas dudas de que intentará hacerlo en los meses que le quedan como presidente.

Mensaje para Ruth Baden Ginsburg

Reuters
Ginsburg pidió en su testamento que no se nombrara un sucesor antes de las elecciones.

Además, el debate que se abre con esto desviará algo la atención de la respuesta de Trump a la pandemia de coronavirus, cuando EE.UU. está a punto de llegar a 200.000 muertos por el covid-19, una cifra que ningún otro país ha registrado.

El Senado está controlado por el Partido Republicano de Trump y su líder allí, Mitch McConnell, anticipó en la misma noche del viernes que en la cámara habrá una votación sobre el juez que nomine el presidente.

Sin embargo, evitó decir cuándo ocurriría esto: si antes o después de las elecciones del 3 de noviembre.

Los republicanos tienen 53 senadores (contra 47 demócratas), pero al menos dos miembros de esa mayoría se manifestaron días atrás reticentes a votar un nuevo juez de la corte tan cerca de las elecciones.

Esto sugiere que el reemplazo de Ginsburg puede volverse una nueva prueba de fuego de la lealtad republicana hacia Trump cuando algunos senadores tienen dificultades para ser reelectos ellos mismos.

Joe Biden

Reuters
Biden también ha dicho que el remplazo de Ginsbrurg debe esperar a las elecciones.

Por otro lado, a la controversia se añade el antecedente de que McConnell bloqueó en 2016 la votación en el Senado de un juez nominado para la corte por el entonces presidente Barack Obama, argumentando que era un año electoral.

Su explicación ahora es que el voto puede proceder porque, a diferencia de cuatro años atrás, el presidente y la mayoría del Senado pertenecen al mismo partido.

Los demócratas se apresuraron a exigir que se espere hasta después de la elección.

“Los votantes deben elegir al presidente y el presidente debe elegir al juez para que lo considere el Senado”, declaró Biden el mismo viernes.

Esto también podría movilizar a favor de Biden a electores de izquierda que aún están inseguros de votar por él.

“No podía imaginar que fuera posible hacer esta elección más divisiva, pero ocurrió: esto agrega un elemento transformador a la elección”, reflexiona Turley. “Esto aumentará el nivel de furia en el país”.


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