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¡Extra extra!
Encontramos al Coloso extraviado

Tirado en el piso, desmembrado, el Coloso del Bicentenario está por pasar una noche más, abandonado, en un amplio y triste patio de viejas bodegas en la colonia Vallejo, en el norte de la ciudad de México. ¿Qué sucedió con el símbolo que representaba el ser mexicano y mexicana, según el escultor Juan Carlos Canfield, su creador?
Por Abenamar Sánchez
13 de septiembre, 2011
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Al fondo cubierto con lonas, junto al estacioamiento, se aprecia la estructura blanca.//FOTO: Cuartoscuro

Tirado en el piso,  desmembrado, el Coloso del Bicentenario está por pasar una noche más, abandonado, en un amplio y triste patio de viejas bodegas en la colonia Vallejo, en el norte de la ciudad de México.

Está, cual cadáver, recubierto con lonas cerca de una fila de ruinosos coches, en el área de lo que antaño fue el Comité Administrador del Programa de Construcción de Escuelas (CAPCE) de la Secretaría de Educación Pública, institución que estuvo a cargo del gasto equivalente a un poco más de 25 pesos por cada uno de los 110 millones de mexicanos para celebrar el Bicentenario de la Independencia que se coronó el 15 de septiembre de 2010 en el Zócalo de la capital, el día del Grito de la Independencia, con la presentación de lo que se identificó como la escultura emblema del motivo de los festejos, una figura masculina de cara adusta y cuerpo rudo, que mide 20 metros de altura y pesa ocho toneladas.

El símbolo de la definición del ser “mexicano o mexicana” tras el movimiento de la independencia, dice el escultor Juan Carlos Canfield, su creador.

Un hombre joven recuerda esta tarde de jueves que él estuvo entre la gente que ora un año vitoreó en el Zócalo al Coloso cuando éste fue presentado durante no más que unas cuantas horas entre luces y fuegos artificiales. Y ahora, trepado en una barda de un edificio contiguo, desde donde observa a escondidas, porque unos agentes privados que resguardan el área de bodegas han querido convencerle de que no está visible la escultura, exclama, con más aire de sorpresa que de lamento, “está desmembrado”: deduce, por la forma y prominencia de los componentes del cuerpo cubiertos, que la parte ancha que está al oriente corresponde al tronco; la parte más delgada y larga, sobre el poniente, a las extremidades, y lo de en medio, la cabeza.

A simple vista no se distingue qué es lo que hay debajo de las enormes lonas.//FOTO: Cuartoscuro

Y saber que alguien estimó que aquella noche en que se gastaron 558 millones de pesos, un promedio de 75 millones de personas –a decir del propio autor– presenciaron la aparición del Coloso, terminar desmembrado y abandonado en el patio de una institución que ya fue, hace sentir más opaco y frío un día que se marcha herrumbroso en las paredes y techos de cinc de las anchas y largas naves.

Entre las diez u once de la noche del 15 y las dos o tres de la mañana del 16 de septiembre fue el tiempo que estuvo el Coloso imponente en la plaza principal de la Ciudad de México. La última vez que lo vi esa mañana, recuerda el hombre, fue cuando el tráiler que lo transportaba tomó rumbo al Eje Central. De ahí, desapareció. ¿Dónde estará el Coloso? ¡Aquí, no!, atajó de inmediato una mujer, por teléfono, desde las oficinas del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (INIFED), antes CAPFCE.

Me han dicho que está en bodega, allá por el norte de la ciudad, en la Vallejo; pero aquí, no; si gusta, llama a la Secretaría Particular de la SEP; ellos saben. No, no, aquí no, respondió otra mujer desde la Secretaría Particular…, de verdad que no sabemos qué pasó con el Coloso; llama al Instituto de Estudios Históricos, creo que ellos saben…Y desde el Instituto de Estudios Históricos un hombre respondió que lejanamente se creía que el Coloso estaba en bodega o en almacenes. Y desde Almacenes Generales de la SEP otra persona de voz afable correspondió: No, no sé quién le ha dado esa información…Y así, hasta que dos personas confirmaron que el Coloso estaba “arrumbado” en el patio de CAPFCE.

–Aquí no está; no lo he visto –dijo una voz masculina desde un Centro de Maestros ubicado en la colonia Nueva Industrial Vallejo, en la misma zona–. De estar aquí –continuó—ya lo hubiera visto, porque es tan grande…Me han contado que está en el patio de CAPFCE. Vaya a buscarlo allá.

–Yo lo vi hace poco –confió luego otro hombre, y quebró un poco su voz al comentar que lo había visto macizo, con ligeros raspones y separado en varias partes, pese a que en las últimas semanas ha estado llueve y llueve. –Está allí arrumbado, hecho pedazos. Vaya usted a verlo, está allí cerca del Metro Politécnico.

 

El antes y después del Coloso.

Sí está aquí, pero ya está “tapado”, dice uno de los tres hombres en uniforme de agentes privados, quienes resguardan el acceso principal a las bodegas de CAPFCE.

–Ya lo van a llevar –adelanta.

¿A dónde?, es la pregunta de ahora.

— Ya está tapado –insiste el hombre

El escultor Juan Carlos Canfield Zapata, autor de la obra, ha contado que hay planes de recuperar a la escultura para exhibirla de manera perenne en el Parque Bicentenario de Azacapotzalco. Aún espera se defina el proyecto para también llevar a cabo el proceso de recubrimiento del Coloso con un material especial que le dará larga durabilidad a la intemperie: hecho de poliuretano de alta densidad, con estructura de PVC y acero especial, se le pondría una capa de poliéster isoftálico.

Lo que no hay que hacer a un lado, ha dicho Canfield Zapata, es que el Coloso es una obra de arte, y la plática en un momento tocó la polémica sobre el parecido de la figura a algún personaje: se llegó a mentar al cantante Vicente Fernández, también a un contrarrevolucionario de apellido Argumedo, pero el autor zanja con la referencia a la historia y un boceto del Coloso:  dice que la escultura no significa más que el ser mexicano o mexicano (http://www.casacanfield.com/juancarlos.htm), concepto que se empezó a utilizar con mayor preferencia tras el movimiento de la Independencia: los habitantes de México pasaron a llamarse con claridad mexicanos y no criollos o indios, como se les decía. Y en el boceto se observa a un Coloso de facciones un poco más suaves, con cierta tristeza en su mirada y asomo de aire campirano.

El Coloso, una obra de arte que representa lo que significa "ser mexicano". FOTO: Cuartoscuro

–¿Hará su aparición el Coloso el 15 de septiembre de 2011?

Desde el Instituto de Estudios Históricos, la misma persona que creía que el Coloso estaba en bodega ha dicho que no se sabe si el Coloso se vaya a exhibir.

–No se sabe –ha dicho también la persona del Centro de Maestros.

Lo que está por definirse, ha dicho el escultor Juan Carlos Canfield, es un plan de recuperación para exhibirlo en el Parque Bicentenario.

La única certeza, por hoy, es que la noche está por caer y el hombre de 20 metros, de nariz ancha, profuso bigote, cabello doble y pobladas cejas, “símbolo del mexicano”, con  un  costo bajo “cláusula de confidencialidad”, concluirá un día más en el olvido y sin gloria, desmembrado en un oscuro patio.

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'El núcleo del demonio': cómo era la tercera bomba atómica que EU alistaba para lanzar sobre Japón

Si Little Boy y Fat Man no lograban la rendición de Japón, EU ya tenía prácticamente listo a Rufus, un núcleo de plutonio que nunca explotó, pero sí causó muertes.
6 de agosto, 2021
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El 6 y 9 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki las dos únicas bombas nucleares que se hayan utilizado en una guerra.

Juntas fueron los ataques más letales que jamás hayan ocurrido, en los que se estima que murieron alrededor de 200.000 personas.

Desde la perspectiva de EE.UU., tenían el objetivo de presionar la rendición de Japón y poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

Y en caso de que no fueran suficientes, Washington tenía prácticamente lista una tercera bomba atómica.

Su apodo era Rufus, y consistía en un núcleo de plutonio, similar al que se utilizó en la bomba Fat Man, que detonó sobre Nagasaki.

Rufus nunca llegó a convertirse en una bomba funcional, pero sí causó dos accidentes letales, por lo que quedó grabado en la historia como “el núcleo del demonio”.

Hiroshima

Getty
La bomba Little Boy causó devastación en Hiroshima.

“Era esencialmente igual al núcleo de Fat Man”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares y autor del blog Nuclear Secrecy.

Eso quiere decir que podría haberse convertido en una bomba con capacidad de generar una explosión de unos 20 kilotones, como ocurrió en Nagasaki.

Según comunicaciones oficiales de EE.UU. citadas en un artículo de Wellerstein, una bomba fabricada a partir de Rufus tendría que haber estado lista para ser lanzada a partir del 17 o 18 de agosto de 1945.

En los primeros días de agosto de 1945, no estaba claro si dos bombas atómicas bastarían para doblegar a Japón, explica Wellerstein.

Solo después de su rendición el 15 de agosto “quedó claro que dos bombas habían sido ‘suficientes’, sino demasiado“, dice el experto.

Así que finalmente no fue necesario utilizar a Rufus.

“¿Qué ocurrió entre el 15 y el 21 de agosto? No lo sé”, escribe Wellerstein, pero lo que sí está documentado es que a partir del 21 de agosto, los investigadores del Laboratorio Los Álamos en Nuevo México, donde se diseñaron las bombas atómicas, comenzaron a utilizar este núcleo de plutonio para experimentos extremadamente peligrosos.

víctima de radiación.

Getty
Los efectos de la radiación pueden resultar letales para los humanos.

Cosquillas a un dragón

En 1945, los únicos núcleos de plutonio que se habían fabricado eran Rufus, Fat Man y el que se colocó en la bomba Gadget, que se utilizó en la prueba Trinity, el primer ensayo de una explosión nuclear que realizó EE.UU.

En Los Álamos, los investigadores querían averiguar cuál era el límite en que el plutonio se volvía supercrítico, es decir, querían saber cuál era el punto en que una reacción en cadena del plutonio desataría una explosión de radiación mortal.

Los Álamos

Getty
Los experimentos con Rufus se realizaron en el Laboratorio Los Álamos.

La idea era encontrar maneras más eficaces de lograr que un núcleo llegara al estado supercrítico y optimizar la carga de la bomba.

Manipular un núcleo de plutonio es una maniobra extremadamente delicada. Por eso los investigadores se referían a esos ejercicios como “hacerle cosquillas a la cola de un dragón”.

“Sabían que si tenían la desgracia de despertar a la bestia furiosa, terminarían quemados”, escribió el periodista Peter Dockrill en un artículo del portal Science Alert.

Según explica Wellerstein, quienes participaban en estos experimentos eran conscientes del riesgo, pero lo hacían porque era una forma de obtener datos valiosos.

Instantes letales

La primera víctima de Rufus fue el físico estadounidense Harry Daghlian, que para entonces tenía 24 años.

Fat Boy

Getty
Rufus serviría para usarse en una bomba de implosión como Fat Man.

Daghlian había trabajado en el Proyecto Manhattan, con el que EE.UU. fabricó sus primeras bombas nucleares.

El 21 de agosto de 1945 Daghlian se dio a la tarea de construir una pila de bloques de carburo de tungsteno alrededor de Rufus.

Su idea era ver si lograba crear un “reflector de neutrones” en los que rebotaran los neutrones lanzados por el núcleo y de esa manera llevarlo de manera más eficiente al punto crítico.

Era de noche y Daghlian estaba trabajando solo, violando los protocolos de seguridad, según lo documenta el portal Atomic Heritage Foundation.

El joven científico ya había apilado varios bloques, pero cuando estaba terminando de colocar el último, su dispositivo de monitoreo le indicó que si lo hacía, el núcleo podría volverse supercrítico.

Era como jugarse la vida en un jenga extremo.

Maniobró para retirar el bloque, pero infortunadamente lo dejó caer sobre el núcleo, que entró en estado supercrítico y generó una ráfaga de neutrones.

Núcleo de plutonio

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción del experimento en el que Daghlian apilaba bloques alrededor del núcleo de plutonio.

Además, su reacción fue desbaratar la torre de bloques, así que quedó expuesto a una dosis adicional de radiación gamma.

Esos instantes resultaron letales.

Durante 25 días Daghlian soportó la dolorosa intoxicación radioactiva hasta que finalmente murió en el hospital. Se calcula que recibió una dosis de 510 rem de radiación iónica.

El rem es la unidad de medida de la radiación absorbida por una persona. En promedio, 500 rem resultan mortales para un humano.

“Eso es todo”

Tan solo nueve meses después el dragón volvió a atacar.

El 21 de mayo de 1946 el físico estadounidense Louis Stolin estaba practicando un experimento que había hecho varias veces.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción de la sala en la que Stolin realizaba su experimento.

Para entonces, Stolin era el mayor experto del mundo en el manejo de cantidades peligrosas de plutonio, según indica Wellerstein.

Junto a un grupo de colegas, estaba mostrando cómo llevar un núcleo de plutonio -Rufus en este caso- al punto supercrítico.

El ejercicio consistía en unir dos mitades de una esfera de berilio, formando un domo en el que los neutrones rebotaran hacia el núcleo.

La clave para no causar un desastre era evitar que las dos medias esferas cubrieran totalmente el núcleo.

Para ello, Stolin utilizaba como separador un destornillador que servía de válvula de escape para los neutrones. De esa manera podía registrar cómo aumentaba la fisión, sin que la reacción en cadena llegara al punto crítico.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
En medio del domo de berilio estaba el “núcleo del demonio”.

Todo iba bien, pero ocurrió lo único que no debía ocurrir.

A Stolin se le resbaló el destornillador y el domo se cerró por completo.

Fue solo un instante, pero bastó para que el núcleo llegara al punto crítico y liberara una corriente de neutrones que produjeron un intenso brillo azul.

“El flash azul fue claramente visible en toda la sala, a pesar de que estaba bien iluminada”, escribió en un reporte Raemer Schreiber, uno de los físicos que estaba viendo el experimento.

“El flash no duró más de unas décimas de segundo”.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una recreación del experimento en el que Stolin usaba un destornillador para impedir que el núcleo quedara totalmente cubierto.

Stolin reaccionó rápido y destapó el domo, pero ya era tarde: había recibido una dosis letal de radiación.

Nueve meses antes, él mismo había acompañado a su colega Daghlian durante sus últimos días de vida, y tenía claro que un destino similar le esperaba.

“Bueno, eso es todo”, fueron las primeras palabras que dijo, en todo resignado, después de que se le resbalara el destornillador, según lo recuerda Schreiber en su reporte, citado por Dockrill en Science Alert.

Las estimaciones indican que Stolin recibió en su cuerpo 2.100 rem de neutrones, rayos gamma y rayos x.

Su agonía duró nueve días.

En ese periodo sufrió náuseas, dolor abdominal, pérdida de peso y “confusión mental”, según lo describe Wellerstein en un reportaje de la revista The New Yorker.

Finalmente murió a los 35 años en el mismo cuarto del hospital en el que había muerto su colega Daghlian.

Irónicamente, apunta Wellerstein, Stolin estaba haciendo el procedimiento para que sus colegas aprendieran la técnica en caso de que él no estuviera presente.

bomba nuclear

Los Álamos National Laboratory
Las bombas nucleares son las armas más destructivas y mortales que se hayan creado.

El fin de la maldición

Los accidentes de Daghlian y Stolin sirvieron para que se fortalecieran las medidas de seguridad en los procedimientos con material radioactivo.

A partir de entonces, este tipo de ejercicios comenzaron a maniobrarse de manera remota, a una distancia de unos 200 metros entre el personal y el material radioactivo.

“Sus muertes ayudaron a incitar una nueva era de medidas de salud y seguridad”, dice el portal de Atomic Heritage Foundation.

Según los archivos de Los Álamos, el “núcleo del demonio” fue derretido en el verano de 1946 y se utilizó para fabricar una nueva arma.

“En realidad el núcleo del demonio no era demoníaco“, dice Dockrill.

“Si hay una presencia maligna aquí, no es el núcleo, sino el hecho de que los humanos se apresuraron a fabricar estas terribles armas”, sentencia el periodista.


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