¿Cuándo comienza la vida humana?
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

¿Cuándo comienza la vida humana?

Por *Antonio Lazcano
30 de septiembre, 2011
Comparte

Gráfico de una célula y las partes que la integran.

Tenemos que reconocer que, a pesar del extraordinario avance las ciencias biológicas, carecemos de una definición estricta y universalmente aceptada de lo que es vivo. No se trata de una cuestión meramente académica o de un problema de repercusiones sólo científicas, sino que es un problema que ha desbordado aulas y laboratorios, congresos y bibliotecas, y que afecta muchos más aspectos de lo cotidiano de lo que a menudo reconocemos: el debate de lo que está vivo o no subyace, por ejemplo, no sólo las discusiones filosóficas sobre la naturaleza de lo vivo, el problema de agentes infecciones como los priones, el debate sobre organismos transgénicos y si estos deben ser patentados o no, la propiedad intelectual del conocimiento empírico de recursos biológicos, las estrategias para buscar vida extraterrestre, la identificación de restos paleontológicos y los criterios para distinguir minerales y pseudofósiles de los auténticos restos paleontológicos, las investigaciones sobre la síntesis de vida sintética sino también, hay que decirlo, las discusiones sobre los límites de los transplantes, la eutanasia y, por supuesto,  el aborto.

¿Porqué no podemos definir lo que es la vida?

A diferencia de lo que ocurre en otras disciplinas como el derecho, la filosofía y las matemáticas, la biología es una disciplina cuyo objeto de estudio depende del conocimiento empírico, y éste se modifica a lo largo del tiempo dependiente del contexto histórico en que se desarrolla. Permítanme referirme a las matemáticas, que constituyen una disciplina a la que me siento cercano. Por ejemplo, es posible definir con toda precisión un círculo: es una superficie plana limitada por una circunferencia, y sabemos que la superficie es igual al producto del cuadrado del radio por p, 3.1416. Al movernos a conceptos más abstractos, por ejemplo, podemos definir con toda precisión lo que los matemáticos llaman un número imaginario: es un múltiplo de la raíz cuadrada de un número negativo. No importa que por el momento se nos escapen las implicaciones de ambas definiciones: lo importante es que son definiciones absolutamente en toda cultura y en todo tiempo. Podemos leer Los Elementos, el libro escrito por el matemático griego Euclides hace mas dos mil años, y todos y cada uno de los teoremas que propuso sigue siendo válido.

En cambio, en la Biología, los libros de citología escritos hace cien años, por ejemplo, hablaban de una masa gelatinosa llamada protoplasma a la que se le atribuían las propiedades fisicoquímicas que definían a los seres vivos, y que hemos eliminado de los textos de biología. Hace poco más de sesenta años, el DNA era visto como una curiosidad científica, y hoy no podemos prescindir de su doble hélice para explicar los fenómenos de la herencia. En la primera mitad del siglo XX se creía que las bacterias carecían de material genético, y clasificábamos a las amibas, paramecios y a muchos parásitos microscópicos como protozoarios, asignándoles un nombre que suponía, erróneamente, que eran los primeros animales. Ninguno de estos ejemplos implica que la biología sea una disciplina con menor validez científica que las matemáticas –simplemente demuestran que, como lo argumentó Immanuel Kant en medio del frenesí racionalista de la Ilustración, que existen concepto empíricos, como la vida, que se pueden describir pero que no se pueden definir. Es decir, a diferencia de la precisión con la que definimos el círculo o los números imaginarios, para entender lo que es la vida tenemos que dar un listado de propiedades que la caracterizan y que la diferencian de lo inerte.

Nietzche escribió que “hay conceptos que se pueden definir y otros que tienen una historia”. Éste es, por supuesto, el caso de la definición de vida, cuyas características listamos a sabiendas de que no basta ninguna de ellas para diferenciar a lo vivo de lo inerte. Es evidente para todos, porque salta a la vista, que esos listados dependen de circunstancias históricas muy precisas. Es evidente para todos, porque salta a la vista, que los marcos legales en los que se inserta lo que tiene que ver con la vida, deben cambiar adaptándose para no permanecer ajenos a los descubrimientos y avances de las ciencias biológicas.

Me limito a unos cuantos ejemplos: Está prohibido traficar con especies animales y vegetales en riesgo de extinción, un juez de los Estados Unidos dictaminó que no se pueden patentar genes, no se pueden alquilar vientres para portar cigotos humanos, está prohibido el comercio con la sangre humana y no sabemos que hacer con los organismos transgénicos. Es obvio que este listado hubiera sido imposible antes del desarrollo de las técnicas con las que medimos la biodiversidad, de la ingeniería genética, de las técnicas de fertilización in vitro y de las transfusiones respectivamente.

Como lo han discutido con enorme lucidez mi amigo y colega Eors Szathmary y sus colaboradores, la definición de la vida presenta facetas peculiares cuando hablamos de organismos multicelulares, como las vacas, las aves y los humanos. La muerte de muchas células de un organismo multicelular no necesariamente mata al organismo, como lo demuestran todos aquellos a quienes son han extirpado las muelas del juicio o el apéndice o, en casos mas dramáticos aún, las personas a quienes se ha amputado una extremidad o que han sido víctimas de una embolia cerebral y, sin embargo, tienen una calidad de vida decorosa. Por otro lado, como afirman Szathmary y sus colaboradores, los organismos multicelulares consisten de unidades que son, en sí mismas, sistema vivientes, y permanecerán vivos aunque muera el organismo multicelular. En ello descansa el extraordinario éxito de la donación de sangre y el éxito impresionante de los transplantes de córneas, corazón, riñones, pulmones y, más recientemente, de rostros.

La sociedad reconoce que la donación de órganos y tejidos es un gesto generoso y de enorme solidaridad que ha salvado muchas vidas humanas. Es cierto escuchamos que existen personas a los que “la sangre les hierve” cuando se enojan y otros que tienen “sangre de atole”, y vemos con horror estético como al aproximarse el 14 de febrero los aparadores de las tiendas se llenan de imágenes de corazones. Sin embargo, sabemos que la sangre no es más que un tejido líquido y que el corazón no es más que una bomba, y que aquellos que han recibido un corazón ajeno no necesitan cambiar ni su credencial del IFE ni su licencia de manejar ni tienen que tramitar un CURP nuevo. Siguen siendo los mismos ante la ley y ante la sociedad.

Aunque es cierto que nos podemos sentir desanimados y que reconocemos que existen algunas personas desalmadas, “alma” y “anima” son términos cuya preservación muestra la riqueza histórica de las lenguas, pero los avances de la biología humana han transformado, a lo largo de los siglos, el “alma” como un sinónimo de la “mente” y, tenemos que subrayar esto, a la “mente” no como una entidad abstracta sino como un producto complejo de la actividad cerebral. Por eso aceptamos (o deberíamos aceptar) sin chistar el acto generoso de los transplantes cuando a un paciente se le diagnostica muerte cerebral: mas allá de que una persona sea de sangre ligera, de buen corazón, de mirada honesta, es la actividad cerebral lo que nos define en términos sociales. No tengo la capacidad de discutir cómo definen los médicos el momento de muerte cerebral –pero sí reconozco que cuando esa actividad aún no se manifiesta, el embrión no está socialmente vivo. No tengo problema alguna en aceptar la intensidad del debate ético, político, social y, para los creyentes, religioso. Pero no nos engañemos: un cigoto, un blástula, una mórula, son entidades biológicas con rasgos genéticos propios, pero no son un individuo. Desde el punto de vista biológico está vivo, como lo está un tejido, un órgano o un tumor, pero no es un individuo humano. No es una persona. Desde mi óptica particular, ello no significa ni desdeñar el respeto a la compleja situación emocional de la mujer que desea o se ve obligada a abortar, ni tampoco implica desconocer el peso de los argumentos morales y éticos que impidan al personal de salud el llevar a cabo el aborto. Sin embargo, no se puede utilizar a la biología para justificar la negativa a llevar a cabo un procedimiento que, como reconocen muchas y muchos, es un recurso último y doloroso, porque ninguna mujer aborta por gusto.

¿En qué momento empieza la vida humana? O, mejor dicho, ¿en qué momento el producto de la fecundación se transforma en una persona? Por supuesto, la existencia de gemelos idénticos u homocigóticos, que resultan de una fisión de un cigoto fecundado que da como resultado dos individuos iguales, demuestra en forma tajante que no se puede considerar a la formación del cigoto, es decir, al óvulo fecundado, como una persona –puesto que se convierte en dos hermanos idénticos desde el punto de vista genético pero con personalidades sociales diferentes. Lo mismo se puede afirmar, por supuesto, en el caso de los hermanos siameses, con mentes y personalidades distintas. Desde el punto de vista biológico, la transformación del cigoto en una persona es un proceso dinámico en donde no es posible trazar fronteras definitivas, es decir, no es punto en el tiempo que podemos definir con toda precisión que, de hecho, puede detenerse en forma natural cuando hay abortos espontáneos. Hoy sabemos, de hecho, que ni siquiera la entrada del espermatozoide al interior del óvulo marca el instante mismo de la fusión de sus núcleos. Es cierto que ello contradice las  ideas de diversos iglesias y grupos religiosos (pero no de todos), pero ello solemos dividir en forma binaria y excluyente sin reconocer los matices. Sin embargo, los fenómenos biológicos rara vez se pueden separar con la precisión con la separamos el día de la noche –y, es bueno recordarlo, ninguno de nosotros puede decir con precisión en que momento del crepúsculo ha terminado el día y ha comenzado la noche, o donde termina la playa y comienza el océano. Reconocemos gradientes e interfases, y aunque no soy la persona autorizada para hablar de la forma en que la iglesia cristiana ha visto el aborto a lo largo de su historia, cabe recordar que Santo Tomás de Aquino, uno de mis santos favoritos, no hacía del momento de la fecundación misma el momento de la llegada del alma, sino que reconocía la existencia de intervalos que, por cierto, eran distintos para el hombre y la mujer. De hecho, la compleja historia de la iglesia cristiana, en general, y de la iglesia católica, en particular, refleja también la manera en que los descubrimientos científicos modularon, al menos en parte, sus actitudes cambiantes hacia el problema del aborto.

El intentar asomarse a los descubrimientos científicos para justificar actitudes posiciones teológicas es un terreno resbaladizo. Con una frecuencia cada vez mayor que revela, de nueva cuenta, el impacto de los descubrimientos científicos y nuestra visión cambiante del fenómenos de los vivo, algunos grupos religiosos han comenzado a apelar a la genética oponerse al aborto o algunas técnicas de fecundación in vitro, al buscar igualar las secuencias de los ácidos nucleicos con lo que algunos llaman humanos en potencia. Es cierto que genética no es destino, y que la información contenida en nuestros cromosomas nos abre potenciales que no necesariamente se cumplirán, ni para bien ni para mal. Es cierto que un cigoto humano es, por el mero hecho de poseer cromosomas maternos y paternos, un individuo en potencia. Pero no es un ser humano, y quienes defienden desde las atalayas de ProVida esta alternativa, parecen haberse olvidado que las placentas poseen exactamente la misma información genética que el feto –y ni las bautizamos, ni las reconocemos como personas, y ni siquiera las vemos como individuos. No nos engañemos. En un mundo laico y cada vez más secular, el problema del aborto es un problema de salud pública que debe ser visto como la solución última y menos deseable. Un cigoto, una blástula o un embrión están vivos, pero no son personas. Ni siquiera son, en términos sociales, individuos. Reconozcamos lo obvio: el comienzo del cigoto como entidad genética definida no es lo mismo que el comienzo de una persona, y el momento de la vida humana es, en fondo un proceso dinámico en donde la óptica ideológica puede señalar puntos de inflexión que carecen de toda justificación científica.

*El científico mexicano Antonio Lazcano Araujo es el primer latinoamericano que preside la más importante organización de biología evolutiva del mundo: Sociedad Internacional para el Estudio del Origen de la Vida (ISSOL por sus siglas en inglés). Doctorado en ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante 35 años se ha dedicado al estudio del origen y la evolución temprana de la vida a partir de los análisis de secuencias de genes y genomas. Ha sido profesor invitado en numerosas universidades e institutos científicos de Francia, España, Cuba, Suiza, Rusia y Estados Unidos. Asimismo, es autor de varios libros en español, incluyendo La Bacteria Prodigiosa, La Chispa de la Vida y El Origen de la Vida.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Afganistán: qué ocurre ahora con la economía del país tras la llegada de los talibanes (y cuál puede ser el papel de China)

Ahora que los talibanes tienen de nuevo el control del país, ¿puede funcionar su sistema financiero?
18 de agosto, 2021
Comparte

La economía de Afganistán está “moldeada por la fragilidad y la dependencia de la ayuda internacional”.

Este es el problemático panorama económico que describió el Banco Mundial muchos meses antes de que los talibanes se hicieran otra vez con el control del país, algo que se concretó este fin de semana.

Y con la situación actual, las perspectivas económicas son mucho más precarias, con una nube de incertidumbre que se cierne sobre la asistencia financiera que le llega a este país.

Por una parte, Afganistán tiene recursos minerales, pero la crisis política ha impedido su explotación.

Entiende mejor: Afganistán: cómo surgió el Talibán y otras 5 preguntas clave sobre el grupo islamista

La dependencia económica es llamativa. En 2019, el Banco Mundial mostró que la ayuda para el desarrollo representaba el 22% del ingreso general nacional (que no es lo mismo que el PIB, pero sí muy parecido).

Esta es una cifra muy alta, pero es mucho menor que la de unos 10 años atrás, cuando llegaba al 49%.

Ahora esas ayudas están bajo un manto de duda. La ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Heike Maas, le dijo a las cadenas de su país que “no le vamos a dar otro centavo si los talibanes toman el control del país y reintroducen la ley sharia”.

Otros países que son proveedores de ayuda van a estar mirando la situación muy de cerca.

El mal de la corrupción

La fragilidad a la que se refiere el Banco Mundial se ilustra con los altos gastos en defensa y seguridad antes de que los talibanes retomaran el control: Afganistán dedica el 29% del PIB a estos gastos, una cifra muy superior al 3% promedio que tienen los países de bajos ingresos.

Además de la seguridad y los serios problemas de corrupción, detrás hay otro aspecto crítico persistente en Afganistán: la poca inversión extranjera que hay en el país.

De acuerdo con Naciones Unidas, en los últimos años no se han hecho anuncios sobre nuevas inversiones, por parte de capitales extranjeros iniciando nuevos negocios.

Desde 2014 solo se han contado cuatro inversiones de este tipo.

Pastor de ovejas en Afganistán.

Getty Images
Cerca del 60% del ingreso promedio de los hogares en Afganistán dependen de la agricultura y el campo.

Solo para comparar con dos países del sur de Asia con poblaciones parecidas, en Nepal el número de nuevos negocios con inversión extranjera es 10 veces superior al logrado por Afganistán, y Sri Lanka multiplica por unas 50 veces esa cifra en ese mismo período.

El Banco Mundial describe el sector privado afgano como “estrecho”. El empleo está concentrado en una producción agrícola limitada: el 60% de los ingresos de los hogares en Afganistán vienen de este rubro.

A esto se suma que en el país funciona una enorme economía informal e ilegal. Por ejemplo, hay minería ilegal y, por supuesto, la muy conocida producción de opio y su contrabando asociado.

El tráfico de drogas también es una fuente de financiamiento para los talibanes.

Riqueza mineral

Dicho todo esto, la economía afgana ha crecido desde la invasión en 2001.

Aunque las cifras económicas de Afganistán no son del todo confiables, lo que estas muestran, de acuerdo con el Banco Mundial, es un crecimiento promedio anual del 9% desde 2003 hasta 2013.

Después de ese año, los números del crecimiento caen un poco (que coinciden con la reducciòn de los niveles de ayuda) a un promedio de 2,5% desde 2015 hasta 2020.

Amapolas

EPA
El tráfico de drogas ha sido una importante fuente de ingresos para los talibanes.

Ahora, el país cuenta con abundantes recursos naturales y, en la medida en que mejore la seguridad y reduzca la corrupción, puede ser atractivo para los negocios internacionales.

Se pueden encontrar grandes cantidades disponibles de cobre, cobalto, carbón y hierro. También hay yacimientos de gas y petróleo.

Un material particular destaca sobre otros: el litio, que tiene una alta demanda para la producción de baterías para celulares y vehículos eléctricos.

Y va a ser fundamental para la industria automotriz en su transición hacia un modelo de “emisión cero” de gases contaminantes.

De vuelta en 2010, un general estadounidense le dijo al New York Times que el potencial minero de Afganistán era impresionante. Eso sí, como muchas salvedades.

El diario también reportó que el departamento de Defensa de EE.UU. había dicho en un informe que el país podía convertirse en la “Arabia Saudita del litio”.

Pero a pesar ello, este potencial no está ni cerca de ser explotado. Ni los afganos están cerca de percibir algún beneficio por ello.

Poderes extranjeros

Se han presentado muchos informes que revelan la voluntad de China de tomar parte. El gigante asiático parece tener mejores relaciones con los talibanes que las potencias occidentales, por lo que puede tener una ventaja si el nuevo régimen se mantiene en el poder.

Ahora, lo cierto es que las empresas chinas obtuvieron contratos para desarrollar operaciones de cobre y petróleo, pero no pasó mucho.

Es de esperar que China esté interesada. Las oportunidades están allí y los dos países comparten un corto segmento de frontera.

Pero cualquier empeño chino, ya sea oficial o empresarial, va a necesitar cierta certeza de que tendrá éxito.

Y los chinos se mostrarán reacios a comprometerse a menos que sientan que los problemas de seguridad y corrupción están lo suficientemente resueltos -o al menos, contenidos- como para permitirles extraer cantidades valiosas de estos productos de uso industrial.

Mineros en Afganistàn.

Getty Images
Afganistán posee un gran potencial de explotación de minerales.

Una pregunta clave para cualquier inversionista potencial, de China o de cualquier otro lugar, será si es probable que los talibanes serán más capaces de crear el tipo de entorno que necesita el negocio de lo que lo fue el anterior gobierno afgano.

Otro factor que puede afectar la economía es el empleo de las mujeres. En la última década, el porcentaje de la población femenina de más de 15 años con empleo ha aumentado drásticamente, aunque en 2019 era del 22%, todavía bajo los estándares internacionales.

Bajo control de los talibanes, es probable que este cambio se revierta, lo que podría dañar aún más las perspectivas económicas.

En el futuro inmediato, también existe una gran incertidumbre sobre la estabilidad financiera. En estos días se han visto largas filas de personas que intentan sacar su dinero de los bancos.

El Afghan Islamic Press, con sede en Pakistán, informó que un portavoz talibán ofreció garantías a los propietarios de bancos, cambistas, comerciantes y tenderos de que sus vidas y propiedades estarán protegidas.

Que incluso haya dudas sobre la seguridad física de los operadores financieros es impactante.

Necesitan tener confianza para que funcione el sistema financiero de Afganistán. Pero también se necesita que los clientes sientan que su dinero está seguro y eso seguramente no sucederá pronto.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=Ukb6MjvW83Q

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.