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Chiapas: Una mezquita
en tierra Maya

Por Redacción Animal Político
8 de septiembre, 2011
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Normalmente cuando en México hablamos de cambiar de religion, nos referimos a alguien que dejó una rama del cristianismo y se pasó a otra, quizá de alguien que siendo católico se volvió Crisitiano Evangélico, o Testigo de Jehová, pero casi siempre en la tradición judeocristiana.

Es un poco menos común encontrar a alguien que se refugió en alguna disciplina oriental, como el Budismo, o el Hinduísmo.

¿Pero, ser Musulmán en México? Quizá no parezca tan extraño habiendo en nuestro país comunidades de países de Oriente Medio. Lo que tal vez no sea tan común y nos parezca un poco más difícil, es que en Chiapas, uno de los estados en los que la fe se repartee primordialmente entre Cristianos Evangélicos y Católicos, además de los rituales indígenas heredados de generación en generación, haya una mezquita y un nutrido grupo de indígenas que ya profesan el islamismo.

Al Jazeera publica en su sitio de internet un reportaje sobre este fenómeno, y aquí en Animal Político te lo dejamos traducido.

 

En una carretera sucia, pasando la zona de tiendas turísticas, mochileros con rastas, iglesias católicas de estilo español y justo al lado de un molino abandonado habitado por indígenas, se encuentra una mezquita alojada en una choza de barro y ubicada en sembradío de maíz.

Es quizá lo más lejos de La Meca que uno puede estar, pero es aquí donde Salvador López López viene a orar.

Salvador es un indígena maya, habla el dialecto tzotzil local, y es uno de los cerca de 500 musulmanes que hay en Chiapas.

Como muchas historias en este estado azotado por la pobreza, la conversión de López al Islam comenzó con una tragedia.

“Yo fui entrenado como curandero tradicional”, aegura Salvador López, sentado en un banco fuera de la mezquita. Criado en una mezcla de creencias católicas e indígenas, algo común para la gente de la zona, López estaba trabajando con una familia en su comunidad de Chamula, en las afueras de San Cristóbal, cuando la calamidad lo golpeó.

“Primero una de mis hijas murió, luego su madre y más tarde uno de mis hijos. Fui a la iglesia todo el tiempo y oré por ellos. Pero, me dije a mí mismo: ‘No estoy orando bien porque todos siguen muriendo. ”

Chiapas se encuentra entre los útimos cuatro lugares de 31 estados de México en términos de esperanza de vida, de acuerdo con los médicos para la Justicia Global. Los indígenas son desproporcionadamente tendientes a sufrir muerte prematura.

Como la muerte acechaba a la gente que se encargó de cuidar, Lopez se volvió alcohólico. Luego se convirtió al protestantismo evangélico.

“La gente en Chiapas que han cambiado su religión al Islam, por lo general primero se convierten en evangélicos”, dice Cristian Santiago, un antropólogo en San Cristóbal de las Casas, quien estudia las comunidades indígenas urbanas.

La asociación Iglesias evangélicas de América comenzó a enviar misioneros a Chiapas a finales de 1970, señala Santiago, mientras que los musulmanes – en su mayoría conversos de Europa – aparecieron en escena en la década de 1990.

Incluso después de la adopción de su segunda religión, López seguía sin poder encontrar la paz.

“Los pastores me dijeron que dejara de beber y me dieron una Biblia, pero mi corazón no estaba con él (Dios)”, dice.
López buscaba respuestas mientras otros grupos estaban tomando medidas. En 1994, el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) sacudió Chiapas, apoderándose de seis ciudades y exigiendo justicia y el respeto por los pueblos indígenas en México.

“Ellos quieren apropiarse de nuestra tierra para que nuestros pies no tengan nada para estar de pie. Quieren tomar nuestra historia para que nuestra palabra sea olvidada y morir”, gritaba el Subcomandante Marcos, vocero de los zapatistas, hablando sobre el gobierno de México y las empresas de élite. “Ellos no quieren que seamos indígenas. Nos quieren muertos”.

Esas palabras le hicieron un llamado a López.”Tal vez esas personas saben dónde está Dios”, pensó, y se dispuso a aprender más sobre los zapatistas, aunque en una entrevista se negó a hablar sobre su relación con los rebeldes, con el argumento de que la política y la religión deben mantenerse separados.

El origen de la nueva fe 

En 1996, los zapatistas y el gobierno de México estaba negociando un acuerdo de paz, y activistas de todo el mundo llegaron a Chiapas para dar testimonio. San Cristóbal de las Casas vibraba con la actividad política.

En ese momento, se promovió un proyecto para crear un mercado indígena en San Cristóbal, para que la gente pudiera vender sus productos agrícolas y artesanías directamente a los consumidores, sin tener que pagar a un intermediario.

En una reunión, Salvador López se encontró con un musulmán español, quien se ofreció a ayudar con el proyecto.

“Cuando los musulmanes españoles llegaron, abrieron muchos negocios, principalmente talleres de carpintería, restaurantes e invernaderos”, dice Santiago, el antropólogo. “Y empezaron a dar trabajo a las personas que se convirtieron”.

López y uno de los musulmanes españoles comenzaron a pasar tiempo juntos, hablando de cuestiones de fe.

“Él me enseñó a rezar las oraciones y eran todas diferentes”, dice López, que puede recitar partes importantes del Corán en árabe y cuenta con una versión del libro sagrado traucido al español.

“He aprendido que no hay Dios, sólo hay Alá y su profeta es Mahoma”, dice López, quien viajó a La Meca en el año 2002 con la ayuda de los españoles.

Según los informes, la mayoría de los misioneros musulmanes españoles en Chiapas provienen de la secta Murabitun, un grupo de Europa convertido a la rama sufi del Islam. Algunos grupos islámicos han sido muy críticos de la Murabitun y sus interpretaciones de las escrituras religiosas.

Shaykh Abdalqadir, un escocés líder del grupo espiritual, se dice que es un anticapitalista que cree que los musulmanes deberían regresar a las tradiciones establecidas por el profeta Mahoma.

La idea de volver a una época en que la vida era mejor, y las críticas por la búsqueda de negocios prácticos, parece resonar en el Molino, la comunidad en extrema pobreza donde se encuentra la mezquita de López, en las afueras de San Cristóbal.

Derechos a la tierra en un contexto religioso 

El área donde se encuentra la Mezquita es considerada como un asentamiento ilegal por las autoridades municipales, además que los residentes no tienen título de propiedad.

San Cristóbal, con cerca de 100 mil habitantes, tiene una larga historia de asentamientos ilegales, dice el antropólogo Cristian Santiago.

Las personas expulsadas de las comunidades rurales por varias razones incluyendo las disputas personales o políticas, la escasez de tierras y agua, o las luchas religiosas, tratan de establecerse en la ciudad, dice Santiago.

“Las disputas religiosas resultaron ser una interesante manera de quitar tierras a algunas personas”, dice Santiago. “Los disidentes políticos en algunas  comunidades en el norte de Chiapas fueron acusados ​​por líderes locales de ser protestantes. Estas personas fueron expulsados, y los líderes locales tomaron sus tierras.”

En la década de 1970, los sirvientes fueron los únicos indígenas a quienes se permitía vivir en San Cristóbal, según el antropólogo Santiago: “y que fueron controlados en gran medida”. A las personas que emigraron a la ciudad no se les permitía trabajar en la economía formal, conduciendo taxis o en sus propios puestos en el mercado, por lo que sólo les quedó trabajar en la economía informal.

A medida que su número aumentó, se convirtieron en un grupo político de gran alcance, y mientras los políticos y los residentes no indígenas se preocupaban, la situación podía tornarse alarmante  si algún compromiso no se cumplía.

“La población local se dio cuenta que los indígenas no aceptaban la discriminación que había en el pasado”, dice el antropólogo Santiago.

Algunas comunidades de ocupantes ilegales indígenas se aliaron con partidos políticos locales, intercambiando votos y una base de poder a cambio de apoyo de las instituciones. A veces, estas comunidades lograban tener caminos pavimentados, electricidad o incluso títulos de propiedad, dependiendo del cambiante viento político, asegura Santiago.

Otras comunidades, como Molina, trataron de trazar un camino independiente. La comunidad está aliado a la Otra Campaña, un plan puesto en marcha por los zapatistas en 2006 para fomentar el apoyo de movimientos sociales de todo México.

López había apoyado a los zapatistas en el pasado, pero asegura que ya no está en activo con ellos. Ahora está ocupado practicando su nueva fe y al frente de su tiendita, situada enfrente de la mezquita.

Durante la entrevista de Al Jazeera, una mujer indígena vestida con ropas tradicionales le pide a Salvador López si puede pagar su mandando más tarde. Él le dice que no hay problema y le apunta en una especia de cuenta.

Hay similitudes entre los puntos de vista tradicionales de los Mayas y el Islam, dice López.

“Los musulmanes comen juntos. Ponen un plato grande en el centro y todo el mundo come con las manos. Mis abuelos siempre hicieron eso”, comenta.

“Cuando llegué a San Cristóbal empecé a usar tenedores, pues se supone que es más limpio. Pero eso es política. Ahora comemos del mismo plato, lo mismo que nuestra cultura  antes”. Durante el Eid, los musulmanes locales se reúnen en la mezquita para comer “comida muy picante”, dice.

Cambiar de religión puede ser una cuestión polémica, pero López dice que su familia y sus amigos más cercanos han aprendido a aceptar su elección, aunque le pareció extraño al principio. “Antes yo era un poco borracho, pero cambió mi vida. Ahora trabajo y cuido de mi familia, nada más.”

Aquí te dejamos la nota original de Al Jazeera (en inglés).

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'Blob', la preocupante masa de agua caliente que apareció frente a costas de California

El océano Pacífico registra un fenómeno que no trae buenos augurios. Entre 2014 y 2015 ya había ocurrido algo similar y los resultados fueron catastróficos. ¿Qué está ocurriendo en la costa oeste de Estados Unidos y por qué preocupa a los científicos?
14 de septiembre, 2019
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Un fenómeno preocupante que ya había ocurrido en el océano Pacífico en 2014 parece que está de regreso.

Se trata de una gigantesca corriente de agua caliente frente a la costa oeste de Estados Unidos, que amenaza con causar devastación en la vida marina y en la pesca en esa zona.

Hace cinco años, cuando apareció por primera vez, los científicos la llamaron “The Blob” (La Mancha).

El nombre lo tomaron de una película de terror, pero sus efectos en ese entonces fueron bastante reales.

La Mancha creó la mayor floración de algas tóxicas que jamás se haya registrado en la costa oeste de EE.UU. Estas algas dañinas, de la que se alimentan pequeños organismos, a su vez afectan a toda la cadena alimenticia.

Tierra

Getty
En 2015 los satélites registraron un inusual calentamiento de océano Pacífico en la costa oeste de EE.UU.

El aumento de la temperatura también hizo que los jóvenes salmones que entrababan al océano encontraran menos alimento de calidad.

Ese agua más caliente provocó que miles de leones marinos que iban en busca de alimento aparecieran varados en las costas y que varias especies de ballenas, que también se desplazaron más cerca de las costas, quedaran atrapadas en redes de pesca o aparecieran muertas en la orilla.

Para la industria pesquera la situación también fue un desastre. En los estados de Oregón y Washington la floración de algas tóxicas paralizó la industria marisquera.

Ahora, entre Alaska y California, otro inusual calentamiento del agua amenaza con desatar efectos similares.

ballena

Getty
El calentamiento de las aguas pone en peligro la vida marina.

“The Blob” fue la mayor ola de calor que se haya registrado en las aguas del Pacífico Norte, según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA, por sus siglas en inglés).

Este nuevo calentamiento va rumbo a ser tan fuerte como el de 2014, según la NOAA.

¿Por qué ocurre?

Esta nueva mancha de calor comenzó a formarse a mediados de junio, exactamente en la misma región que la de 2014.

En esa ocasión, la masa de agua caliente abarcó unos 1.600 km de largo y 90 metros de profundidad. En algunos puntos la temperatura llegó a ser casi 3º C superior a la media.

Según los expertos, el calentamiento se debe a un sistema de alta presión que debilita los vientos que ayudan a mezclar y refrescar la superficie del océano.

mapa

Noaa
En este gráfico, la NOAA muestra cómo las temperaturas del océano durante 2014 son similares a las de septiembre de 2019.

Sin esos vientos el agua aumenta su temperatura y esa corriente caliente se mueve hacia las costas.

El calentamiento de las aguas hace que haya menos nutrientes en el océano, lo que al mismo tiempo altera la cadena alimenticia.

Así, por ejemplo, los leones marinos deben nadar más lejos para conseguir los peces y otros animales de los que se alimentan.

¿Un nuevo Blob?

Los científicos dicen que lo que han observado es un fenómeno similar a cómo nació “The Blob” en 2014, aunque aún es temprano para saber si causará los mismos estragos.

“Pinta mal, pero también podría desaparecer bastante rápido”, dijo en un comunicado Nate Mantua, investigador en el Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste de EE.UU.

Mantua advierte que todo depende de qué tanto cambien los “inusuales” patrones climáticos que causan esta mancha caliente.

Y esa es la gran pregunta.

barco

Getty
Las aguas calientes también perjudican la pesca.

Los pronósticos muestran que la mancha podría tener una intensidad moderada, aunque podría durar meses.

Es año la NOAA ha registrado temperaturas de hasta 5º C por encima del promedio.

La cuestión es saber si durará tanto como para afectar a los ecosistemas marinos, aunque algunos biólogos dicen que ya lo está haciendo.

Por ahora, la NOAA junto a otros laboratorios marinos del Pacífico siguen monitoreando la mancha, y se preparan para poner en práctica las lecciones que les dejó “The Blob” en 2014 para mitigar su impacto.

“Con el Blob y otros eventos similares en otras partes del mundo aprendimos que lo que solía ser inesperado se está volviendo más común“, dijo Cisco Werner, Director de Programas Científicos de la NOAA.

Así, los científicos se preparan para esta visita indeseada que podría ser cada vez más frecuente.


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