Chiapas: Una mezquita
en tierra Maya

Chiapas: Una mezquita <br>en tierra Maya

Normalmente cuando en México hablamos de cambiar de religion, nos referimos a alguien que dejó una rama del cristianismo y se pasó a otra, quizá de alguien que siendo católico se volvió Crisitiano Evangélico, o Testigo de Jehová, pero casi siempre en la tradición judeocristiana.

Es un poco menos común encontrar a alguien que se refugió en alguna disciplina oriental, como el Budismo, o el Hinduísmo.

¿Pero, ser Musulmán en México? Quizá no parezca tan extraño habiendo en nuestro país comunidades de países de Oriente Medio. Lo que tal vez no sea tan común y nos parezca un poco más difícil, es que en Chiapas, uno de los estados en los que la fe se repartee primordialmente entre Cristianos Evangélicos y Católicos, además de los rituales indígenas heredados de generación en generación, haya una mezquita y un nutrido grupo de indígenas que ya profesan el islamismo.

Al Jazeera publica en su sitio de internet un reportaje sobre este fenómeno, y aquí en Animal Político te lo dejamos traducido.

 

En una carretera sucia, pasando la zona de tiendas turísticas, mochileros con rastas, iglesias católicas de estilo español y justo al lado de un molino abandonado habitado por indígenas, se encuentra una mezquita alojada en una choza de barro y ubicada en sembradío de maíz.

Es quizá lo más lejos de La Meca que uno puede estar, pero es aquí donde Salvador López López viene a orar.

Salvador es un indígena maya, habla el dialecto tzotzil local, y es uno de los cerca de 500 musulmanes que hay en Chiapas.

Como muchas historias en este estado azotado por la pobreza, la conversión de López al Islam comenzó con una tragedia.

“Yo fui entrenado como curandero tradicional”, aegura Salvador López, sentado en un banco fuera de la mezquita. Criado en una mezcla de creencias católicas e indígenas, algo común para la gente de la zona, López estaba trabajando con una familia en su comunidad de Chamula, en las afueras de San Cristóbal, cuando la calamidad lo golpeó.

“Primero una de mis hijas murió, luego su madre y más tarde uno de mis hijos. Fui a la iglesia todo el tiempo y oré por ellos. Pero, me dije a mí mismo: ‘No estoy orando bien porque todos siguen muriendo. ”

Chiapas se encuentra entre los útimos cuatro lugares de 31 estados de México en términos de esperanza de vida, de acuerdo con los médicos para la Justicia Global. Los indígenas son desproporcionadamente tendientes a sufrir muerte prematura.

Como la muerte acechaba a la gente que se encargó de cuidar, Lopez se volvió alcohólico. Luego se convirtió al protestantismo evangélico.

“La gente en Chiapas que han cambiado su religión al Islam, por lo general primero se convierten en evangélicos”, dice Cristian Santiago, un antropólogo en San Cristóbal de las Casas, quien estudia las comunidades indígenas urbanas.

La asociación Iglesias evangélicas de América comenzó a enviar misioneros a Chiapas a finales de 1970, señala Santiago, mientras que los musulmanes – en su mayoría conversos de Europa – aparecieron en escena en la década de 1990.

Incluso después de la adopción de su segunda religión, López seguía sin poder encontrar la paz.

“Los pastores me dijeron que dejara de beber y me dieron una Biblia, pero mi corazón no estaba con él (Dios)”, dice.
López buscaba respuestas mientras otros grupos estaban tomando medidas. En 1994, el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) sacudió Chiapas, apoderándose de seis ciudades y exigiendo justicia y el respeto por los pueblos indígenas en México.

“Ellos quieren apropiarse de nuestra tierra para que nuestros pies no tengan nada para estar de pie. Quieren tomar nuestra historia para que nuestra palabra sea olvidada y morir”, gritaba el Subcomandante Marcos, vocero de los zapatistas, hablando sobre el gobierno de México y las empresas de élite. “Ellos no quieren que seamos indígenas. Nos quieren muertos”.

Esas palabras le hicieron un llamado a López.”Tal vez esas personas saben dónde está Dios”, pensó, y se dispuso a aprender más sobre los zapatistas, aunque en una entrevista se negó a hablar sobre su relación con los rebeldes, con el argumento de que la política y la religión deben mantenerse separados.

El origen de la nueva fe 

En 1996, los zapatistas y el gobierno de México estaba negociando un acuerdo de paz, y activistas de todo el mundo llegaron a Chiapas para dar testimonio. San Cristóbal de las Casas vibraba con la actividad política.

En ese momento, se promovió un proyecto para crear un mercado indígena en San Cristóbal, para que la gente pudiera vender sus productos agrícolas y artesanías directamente a los consumidores, sin tener que pagar a un intermediario.

En una reunión, Salvador López se encontró con un musulmán español, quien se ofreció a ayudar con el proyecto.

“Cuando los musulmanes españoles llegaron, abrieron muchos negocios, principalmente talleres de carpintería, restaurantes e invernaderos”, dice Santiago, el antropólogo. “Y empezaron a dar trabajo a las personas que se convirtieron”.

López y uno de los musulmanes españoles comenzaron a pasar tiempo juntos, hablando de cuestiones de fe.

“Él me enseñó a rezar las oraciones y eran todas diferentes”, dice López, que puede recitar partes importantes del Corán en árabe y cuenta con una versión del libro sagrado traucido al español.

“He aprendido que no hay Dios, sólo hay Alá y su profeta es Mahoma”, dice López, quien viajó a La Meca en el año 2002 con la ayuda de los españoles.

Según los informes, la mayoría de los misioneros musulmanes españoles en Chiapas provienen de la secta Murabitun, un grupo de Europa convertido a la rama sufi del Islam. Algunos grupos islámicos han sido muy críticos de la Murabitun y sus interpretaciones de las escrituras religiosas.

Shaykh Abdalqadir, un escocés líder del grupo espiritual, se dice que es un anticapitalista que cree que los musulmanes deberían regresar a las tradiciones establecidas por el profeta Mahoma.

La idea de volver a una época en que la vida era mejor, y las críticas por la búsqueda de negocios prácticos, parece resonar en el Molino, la comunidad en extrema pobreza donde se encuentra la mezquita de López, en las afueras de San Cristóbal.

Derechos a la tierra en un contexto religioso 

El área donde se encuentra la Mezquita es considerada como un asentamiento ilegal por las autoridades municipales, además que los residentes no tienen título de propiedad.

San Cristóbal, con cerca de 100 mil habitantes, tiene una larga historia de asentamientos ilegales, dice el antropólogo Cristian Santiago.

Las personas expulsadas de las comunidades rurales por varias razones incluyendo las disputas personales o políticas, la escasez de tierras y agua, o las luchas religiosas, tratan de establecerse en la ciudad, dice Santiago.

“Las disputas religiosas [entre las sectas cristianas] resultaron ser una interesante manera de quitar tierras a algunas personas”, dice Santiago. “Los disidentes políticos en algunas  comunidades en el norte de Chiapas fueron acusados ​​por líderes locales de ser protestantes. Estas personas fueron expulsados, y los líderes locales tomaron sus tierras.”

En la década de 1970, los sirvientes fueron los únicos indígenas a quienes se permitía vivir en San Cristóbal, según el antropólogo Santiago: “y que fueron controlados en gran medida”. A las personas que emigraron a la ciudad no se les permitía trabajar en la economía formal, conduciendo taxis o en sus propios puestos en el mercado, por lo que sólo les quedó trabajar en la economía informal.

A medida que su número aumentó, se convirtieron en un grupo político de gran alcance, y mientras los políticos y los residentes no indígenas se preocupaban, la situación podía tornarse alarmante  si algún compromiso no se cumplía.

“La población local [los mestizos o mulatos] se dio cuenta que los indígenas no aceptaban la discriminación que había en el pasado”, dice el antropólogo Santiago.

Algunas comunidades de ocupantes ilegales indígenas se aliaron con partidos políticos locales, intercambiando votos y una base de poder a cambio de apoyo de las instituciones. A veces, estas comunidades lograban tener caminos pavimentados, electricidad o incluso títulos de propiedad, dependiendo del cambiante viento político, asegura Santiago.

Otras comunidades, como Molina, trataron de trazar un camino independiente. La comunidad está aliado a la Otra Campaña, un plan puesto en marcha por los zapatistas en 2006 para fomentar el apoyo de movimientos sociales de todo México.

López había apoyado a los zapatistas en el pasado, pero asegura que ya no está en activo con ellos. Ahora está ocupado practicando su nueva fe y al frente de su tiendita, situada enfrente de la mezquita.

Durante la entrevista de Al Jazeera, una mujer indígena vestida con ropas tradicionales le pide a Salvador López si puede pagar su mandando más tarde. Él le dice que no hay problema y le apunta en una especia de cuenta.

Hay similitudes entre los puntos de vista tradicionales de los Mayas y el Islam, dice López.

“Los musulmanes comen juntos. Ponen un plato grande en el centro y todo el mundo come con las manos. Mis abuelos siempre hicieron eso”, comenta.

“Cuando llegué a San Cristóbal empecé a usar tenedores, pues se supone que es más limpio. Pero eso [la idea] es política. Ahora comemos del mismo plato, lo mismo que nuestra cultura  antes”. Durante el Eid, los musulmanes locales se reúnen en la mezquita para comer “comida muy picante”, dice.

Cambiar de religión puede ser una cuestión polémica, pero López dice que su familia y sus amigos más cercanos han aprendido a aceptar su elección, aunque le pareció extraño al principio. “Antes yo era un poco borracho, pero cambió mi vida. Ahora trabajo y cuido de mi familia, nada más.”

Aquí te dejamos la nota original de Al Jazeera (en inglés).

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