Legionarias de Cristo, el sueño roto
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Legionarias de Cristo,
el sueño roto

Dentro de la Legión de Cristo hay cientos de mujeres seglares que consagran su vida a Dios. Llevan 40 años existiendo. Ellas vivían tranquilas, hasta que salieron a la luz los abusos que cometió Marcial Maciel…y todo empezó a venirse abajo.
Por Mayalen Elizondo @mayalene
27 de septiembre, 2011
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Publicada originalmente el 15 de diciembre de 2010.

 

Las "consas".

“Vean en los directores al mismo Jesucristo y obedezcan con reverencia y amor sus mandatos, sin fijarse en la naturaleza de la orden, aunque sea difícil o desagradable, de forma que se ejerciten verdaderamente en la renuncia interior al propio juicio y voluntad.” (Estatutos del Regnum Christi, Capítulo IV, Artículo 4, apartado 412.2)

“En mayo de 2006, Benedicto XVI separó a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, de la congregación. Yo acabo de llegar a Roma, estoy en shock. No creo nada, estoy deshecha y no paro de llorar. Pienso que la sanción es una medida de prudencia del Papa ante tantas calumnias dichas acerca de “nuestro padre” (así le decían a Maciel dentro de la Legión). Estoy convencida de que es un mártir y le toca sufrir pues es un santo. No nos explican por qué lo suspenden, ordenan que no saquemos conclusiones personales y no dicen más”, cuenta Paola con la mirada perdida, como si estuviera viendo la película de ese día en su memoria. Ella abandonó la Legión en enero pasado.

Paola fue “señorita consagrada” durante 10 años y se salió cuando aceptó, después de una larga lucha consigo misma, que no tenía vocación para la vida religiosa. Al abandonar el capullo protector en el que vivía, se enteró de los escándalos y abusos que cometió Maciel durante más de 50 años como sacerdote y cabeza de los Legionarios de Cristo.

Paola y dos exconsagradas me revelaron lo que hay detrás de una vida religiosa basada en el engaño, la manipulación y supuesta santidad de Maciel, el siniestro fundador de la Legión, cuya memoria acaba de ser “borrada” de la congregación, por órdenes de Álvaro Corcuera, el director general que sustituyó a Maciel en 2005, un año y cuatro meses antes de que el Papa Benedicto XVI lo exiliara de la congregación. Esto significa, entre otras cosas, que se quitarán sus fotografías de las escuelas, centros y oficinas legionarias, que sus aniversarios de nacimiento y ordenación sacerdotal no se celebrarán y que sus escritos y conferencias no se venderán más en los centros legionarios.

Sandra platica con calma: “Durante el verano de 2008 el vicario general de La Legión, el padre Luis Garza, nos reunió en Monterrey. No recuerdo textualmente sus palabras, pero dijo que estaba comprobado que el fundador había tenido una hija y que por su comportamiento inmoral, como consecuencia de una desviación sexual, las acusaciones de abuso de niños podrían ser verdad”, comenta mientras le da un trago a su café. “Yo me enteré de las denuncias de pederastia que se hicieron contra Maciel por las señoras del Reignum Christi (Reino o movimiento) con las que tenía contacto. Nunca imaginé la gravedad de la situación. Ese día nos ordenaron no comentar el asunto entre nosotras, para no afectarnos. Después llamé al director territorial para preguntarle qué pasaba en realidad y contestó que no había nada más que decir.”

Ella llevaba casi 10 años consagrada, tomó la decisión cuando tenía 23 y nunca había tenido dudas acerca de su vocación hasta que se enteró de los abusos de Maciel. “Yo trabajaba tranquila y contenta. Me sentía cansada por la sobrecarga de trabajo, acabé creyendo que ese ritmo era normal” platica acerca de su día a día. “El único vínculo que tenía con el exterior eran las niñas del Reino. Me enteré acerca de los primeros escándalos del fundador en 1997. Una de las señoras del movimiento me preguntó si era verdad que el padre había abusado de varios seminaristas. No supe qué contestar, lo comuniqué a mis superiores y me dijeron que eran ataques sin fundamento y como ellos eran mi única fuente de información, lo creí. Yo estaba convencida que dentro de la Legión lo único que había era santidad.” Sandra está profundamente decepcionada y no lo oculta. Su plan de vida e ideales basados en la ideología de los Legionarios cambiaron drástica y repentinamente.

Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, con el Papa Juan Pablo II.

La historia personal

Decidí escribir este artículo pues estudié en una escuela de Legionarios durante 15 años. Entré al Instituto Godwin en 1975 y salí hasta que me gradué de preparatoria; estuve en contacto directo con señoritas consagradas durante años. La primera vez que vi a una consa, como se dicen entre ellas de cariño, fue cuando llegué al Godwin, a los tres años de edad, y Miss Elizabeth, una irlandesa pelirroja y pecosa que nunca olvidaré, me recibió en la puerta del colegio.

La Legión maneja instituciones educativas desde 1954, año en que se abrió el Instituto Cumbres en la Ciudad de México. Hoy tienen escuelas y universidades en más de 20 países, entre ellos México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Venezuela, Francia, España, Italia y Australia, entre otros. En secundaria me incorporé al ECYD (Educación Cultura y Deporte), la organización donde niños y adolescentes tienen el primer contacto con el movimiento. En preparatoria me incorporé al Reino, no por convicción, sino porque era lo que se esperaba de mí, nunca lo tomé en serio.

A las consagradas las llamábamos ORNI (Objeto Religioso No Identificado) y jamás imaginé lo cerca de la realidad que estaba el apodo. Por el Godwin pasaron consas chilenas, españolas y mexicanas. Eran directoras del colegio, prefectas de disciplina y orientadoras.

Pero ¿qué son las señoritas consagradas?

Son una figura inventada por los Legionarios, posiblemente inspirada en una orden terciaria, donde seglares se afilian con grandes congregaciones religiosas. En este caso son mujeres solteras que dedican su vida a Dios. El primer grupo se consagró en Dublín, Irlanda, en diciembre de 1969. Según el Reino, su vida espiritual se basa en “cinco amores”: Cristo, la Iglesia, el Papa, la virgen María y las almas. Cristo es el centro y la fuente de felicidad de sus vidas. Actualmente se estima (no hay un número oficial) que hay alrededor de 900 trabajando en 17 países.

Podríamos decir que son una especie de monjas, pero no usan hábito, se visten como civiles: falda a media pantorrilla, blusa, medias, zapatos de tacón bajo, suéter o saco. No hacen votos sino promesas: de castidad, de obediencia, de pobreza y la privada; esta última se hace en secreto y agrupa tres reglas: No hablar mal de los superiores, no aspirar a un puesto dentro de la Legión y expresarse siempre bien de los demás. Llevan una medalla en el cuello y aretes pequeños; después de su “renovación solemne de promesas”, normalmente a los dos años de consagrarse, usan una alianza en el dedo anular izquierdo que les recuerda su “matrimonio” con Cristo. El pelo va corto o, máximo, por debajo de los hombros, no se maquillan ni usan perfume. Tienen prohibido cruzar la pierna, masticar chicle o usar cola de caballo. Viven en casas o “centros” creados especialmente para ellas y tienen que cumplir con todos los estatutos del Reino.

Se supone que tienen que estudiar cuatro años después de su consagración: la carrera de Educación y desarrollo y la de Ciencias Religiosas. Algunas las terminan, a otras las mandan a trabajar cuando los superiores deciden que están listas, o cuando ven que cuatro años de estudio son demasiado para alguna señorita en particular.

El comienzo del camino hacia Dios

El primer año como religiosas (el de “formación”) es crucial para reforzar su vocación. Al respecto, Sandra comenta: “Se supone que es cuando conoces tu espiritualidad, pero ahora veo que es como un mini noviciado ridículo. En otras órdenes el tiempo de discernimiento (el periodo en que una candidata decide consagrarse) es de uno o dos años; en la Legión es de mes y medio máximo.

Una vez dentro es difícil que cuestiones tu decisión pues, según ellos, dudar es una ofensa a Dios. Al principio de mi vida como consagrada pensaba que si había cosas que me costaban trabajo las tendría que superar, las veía como distracciones del ego. Hoy sé que eso no es verdad, lo normal es que hubiera puesto atención a esas dudas y no lo hice.”

Al respecto, Paola cuenta que “el tema de la vocación dentro de la Legión es materia no negociable. Esa frase se transmite todo el tiempo, no está escrita, pero viene incluída en el chip de consagrada. Cuando me cuestionaba si realmente estaba hecha para ese tipo de vida, me sentía culpable, pensaba que eran cosas del demonio, así que nunca confronté esas dudas”.

Las consas se levantan todos los días alrededor de las 7:00 a.m. diciendo: Cristo rey nuestro, ¡venga tu reino! “Cuando sonaba el timbre, entre más rápido me saliera de la cama, había más gloria a Dios. En media hora tenía que estar lista para los rezos y la misa, después desayunaba.”, afirma Sandra. Al terminar el desayuno, realizan labores de limpieza en la casa, después a estudiar o a trabajar en alguna escuela o centro de apostolado. Tienen 20 minutos libres al día (le llaman “tiempo de reflexión”), 10 en la mañana y 10 en la noche.

Durante el año de formación no pueden ver a su familia, y sólo hablan con sus familiares inmediatos siete veces al año, la frecuencia la deciden ellas. “Nos decían que si hablábamos con la familia, ésta nos podía hacer dudar acerca de la vocación. A los pocos meses de consagrarme pedí permiso para ir a la boda de mi hermano, mismo que me negaron. Posteriormente me enteré que otras que pidieron permisos especiales sí fueron a eventos familiares, casualmente eran hijas o nietas de algún donador importante,” platica Ana, quien estuvo consagrada durante casi tres años y no aguantó el ritmo ni el estilo de vida.

El modus vivendi de las Legionarias

Ven poca televisión, estrictamente noticias. Sólo se permite ver películas en días de fiesta y, durante el año de formación, únicamente historias de santos. Leen artículos de periódico que han sido aprobados por la directora del centro y no tienen acceso a internet. Si quieren enviar un mail, lo guardan en un USB y se lo dan a la superiora, quien lo revisa y decide si es prudente mandarlo.

La correspondencia física, es decir, las cartas que entran y salen de los centros pasan revisión y censura. Tienen que pedir permiso para ir al baño y explicar por qué llegaron tarde a sus tareas. Su ritmo de vida es agotador, están en un estrés constante y tienen que mantener una sonrisa permanente.

Su trabajo varía según el lugar en donde viven. Sus labores de propagación de la fe católica se concentran en: captación y formación de grupos selectos de líderes, educación y enseñanza, por lo que dirigen y enseñan en escuelas; servicio a la familia (en 1971 se crea Familia Mexicana o FAME, que promueve los valores familiares; es en esta organización donde madres de estudiantes de escuelas legionarias se incorporan al Reino); cultivo de la vida cristiana por medio de retiros, “cursillos” o ejercicios espirituales y adoctrinamiento católico por medio de apostolados como misiones de evangelización y nueve diferentes programas de formación y voluntariado coordinados por Red Misión, entre otras cosas.

La seducción, el inicio

La captación inicia desde las escuelas, éstas son un semillero de vocaciones. “Jalan” a las alumnas desde que están en secundaria, pues una parte importante de las responsabilidades de una consagrada es identificar qué niñas tienen las características necesarias para pertenecer primero al ECYD, luego al Reino y finalmente, consagrarse.

Paola estudiaba en una escuela de la Legión. “En tercero de secundaria me fui a vivir a un centro estudiantil por decisión propia. Es un internado que va desde tercero de secundaria hasta tercero de preparatoria, vives con consagradas y hablas muy poco con tu familia, es un ambiente propicio para descubrir una posible vocación. A los pocos meses me quise salir, no estaba contenta, pero vencí mis dudas. Había mucha presión externa y yo me forzaba a seguir ahí, sentía que si me salía defraudaría a Cristo y si no escuchaba su llamado, muchas almas no se salvarían. Me consagré a los 18 años”, platica Paola acerca de su proceso de discernimiento.

Quienes creen tener vocación normalmente llevan varios años en el Reino o trabajan como voluntarias (se les llama colaboradoras) para la Legión durante un año al terminar preparatoria. Cuando eligen llevar esa vida, se van a un retiro de mes y medio, el “candidatado”, al final del cual regresan a sus casas o inician la vida religiosa.

“Me presionaron para consagrarme. Nos decían esta historia: Un sirviente está a punto de caerse a un precipicio, llega su amo, lo salva y el sirviente le escupe en la cara. Yo sentía que no consagrarme sería como escupirle a Dios. Tomé la decisión con mucho miedo”, comenta Paola.

Ana se consagró a los 20 años. “Entré a una escuela de Legionarios y a los 12 años me di cuenta de que tenía una sensibilidad espiritual especial. En el ECYD, las consagradas ponían especial atención en mí, ellas me llamaban la atención por su alegría y sencillez, eran mujeres que habían dejado todo para servir a los demás. Al terminar preparatoria “di un año”, mi orientadora insistió mucho para que lo hiciera. Ese año fue muy duro, no tenía días libres y llevaba un ritmo de trabajo agotador. Supongo que no tener tiempo es una estrategia para que no cuestiones nada acerca de lo que estás haciendo. Cuando decidí consagrarme, mis sentimientos se volvieron locos, tenía dudas, pero me dejé llevar por las expectativas que ellos tenían de mí, combinadas con una situación familiar difícil. Cuando dije que me consagraría mis padres me pidieron que esperara, que estudiara una carrera, pero no los escuché. Hoy está claro que elegí esa vida en un momento de debilidad,” afirma Ana con los ojos llenos de lágrimas.

Es tiempo de consagrarse

La ceremonia de consagración donde se hacen las promesas es sencilla. Normalmente está presente la familia de la candidata. La ropa que usarán es elegida por las superioras, les entregan siete atuendos de verano y siete de invierno, (no los pueden combinar), y uno para ocasiones especiales.

Una vez que su periodo de estudios acaba o es dispensado, la mayoría se dedica al apostolado en escuelas y universidades. Otras, las menos, trabajan en cargos de administración o asistencia de directores a nivel de dirección general (en Roma), local (una ciudad específica) o territorial.

Para efectos de gobierno, la Legión se divide en 11 territorios, agrupamientos basados en la geografía en donde existen centros de estudios o de religiosos y/o consagradas. Por ejemplo, en Estados Unidos hay dos territorios, el de Atlanta y el de Nueva York; en México hay dos también, el de Monterrey y el del DF; en el territorio de Venezuela se incluye ese país y Colombia; mientras que el de Brasil es sólo esa nación.

Comienzo del fin

“Durante el verano de 2008 el padre Álvaro Corcuera nos reunió para avisarnos que se suspendía la promesa privada de no criticar a los superiores. Nosotras no sabíamos nada de los escándalos y supongo que a raíz de esa suspensión, varios miembros empezaron a hablar”, comenta Paola con un aire de resignación.

Las tres exconsagradas coincidieron en que creían ciegamente lo que decían los superiores, les dictaban línea de pensamiento. “Pensar diferente implicaba no estar integrada con el resto del grupo”, afirma Paola. No se les permite cuestionar nada. Así lo especifican los Estatutos del Movimiento de Apostolado Regnum Christi, en donde se menciona varias veces la “renuncia interior al propio juicio y voluntad”, precepto importante de la promesa de obediencia.

Ana recuerda que “cuando algún tema rayaba en polémica o en cuestionamientos no  permitidos, ya no hacías más preguntas. Todo se manejaba dentro de un esquema muy cuidado. Yo vivía convencida de que cumplir las normas era lo mejor para mí.” Por su parte, Sandra comenta: “Teníamos que entregar nuestro juicio a los directores, nos ordenaban confiar totalmente en ellos. Es una obediencia ciega, por eso es tan fácil la manipulación. Distanciarte de los directores no estaba permitido.”

La cabeza de la rama femenina es la Asistente del Director General (ADG) y vive en Roma. Actualmente es Malén Oriol, miembro de una de las familias más importantes de España benefactoras de los Legionarios. Como no hay autonomía dentro de la Legión, todo lo que la ADG decida debe ser autorizado por el director general (Corcuera). La dependencia de la rama masculina es total. Cada consa depende de una directora orientadora, quien da “diálogo de formación”, es decir, dirección espiritual cada quincena. Ésta puede ser la directora del centro o alguna consagrada con más años dentro de la Legión.

“Tenía que abrir el alma, decir qué sentía y por qué.” dice Ana con un tono de voz tranquilo. La directora del centro sabe lo que pasa con cada una de las mujeres que viven en la casa. No hay secretos ni privacidad, están controladas todo el tiempo. “Si alguien te veía llorar, se lo informaban a su superiora inmediata y ésta, a la directora. Todas teníamos la orden de informar, nos hacían creer que haciéndolo ayudabas a la otra persona” afirma Sandra.

Algunas consagradas se cansaron de no obtener respuesta a sus preguntas. Sandra empezó a tener dudas acerca de la Legión y cuestionó su vocación: “Yo le tenía mucha confianza a una señora del Reino, ella me abrió los ojos respecto a Maciel, me di cuenta de que no nos contaban la historia completa. La decisión de salirme la tomé por una combinación entre los escándalos y el hecho de que los estatutos por los que se rige la rama femenina no fueron aprobados sino hasta el 2004, cuando Maciel celebró su 60 aniversario como sacerdote y todas las consagradas fuimos a Roma.

Durante ese viaje oí que el Vaticano le dio de regalo al fundador la aprobación de los estatutos. ¿Cómo?, ¿no estaban aceptados por la Iglesia? La respuesta fue: no, pero ¡qué alegría que ya los habían aprobado! Al poco tiempo llegó la versión nueva de los estatutos: 1057 normas que significaban nuestro camino a la santidad. Después supe que de esas mil y tantas, sólo 128 fueron aprobadas en 2004. A las directoras les mandaron las 128 “oficiales” en un manual, por si algún obispo quería verlas. Así que había dos versiones de los estatutos. Las comparé y no tenían nada que ver.  Me sorprendió que no apareciera el tema de la consagración a Dios en los aprobados.” Sandra, enojada y decepcionada, continúa hablando: “Dentro de la Legión todos están bloqueados.”

Y sin embargo…permanecen

A pesar de los escándalos, muchas consagradas decidieron continuar con su vida religiosa, entre ellas Verónica Mendieta, directora del Instituto Irlandés femenino en la Ciudad de México y Cristina Danel, directora en México de Red Misión, el programa que agrupa los apostolados del movimiento.

Verónica se consagró a los 26 años, y lleva 13 dentro de la Legión, mientras que Cristina ingresó a los 33 años; ella tiene 9 consagrada. Ninguna ha tenido dudas acerca de su vocación: “Es un regalo de Dios, nunca me he planteado hacer otra cosa. Mi elección es libre y tomada por amor, espero seguir aquí hasta la muerte” comenta Verónica. Son inteligentes, elocuentes y muy amables. Ambas estudiaron una carrera antes de iniciar la vida religiosa: Verónica ciencias de la comunicación y Cristina, ingeniería química.

Me sorprendí cuando llamé a Osvaldo Moreno, de la Oficina de Comunicación de la Legión para México y Centroamérica y me dijo que dos consagradas podrían ser entrevistadas para este artículo. Eso nunca hubiera pasado en los viejos tiempos de la congregación, donde las cosas se manejaban con un hermetismo total.

Les pregunté qué opinaban acerca de su carga de trabajo tan pesada, ambas coincidieron en que es un horario exigente. Cristina dice que “trabajamos mucho, pero nuestra agenda es equilibrada, tenemos ocho horas de sueño, 15 días de vacaciones al año y los domingos disponibles para descansar y hacer deporte. Además, contamos con casi cuatro horas diarias de oración, que es cuando reflexiono. Es cuestión de organizarse y alcanzar la madurez para no sentirse sofocada por un horario.”

Verónica agrega que “no estamos solas, tenemos buenos equipos de trabajo y compartimos la carga. Depende de uno buscar el equilibrio.”

Acerca de los estatutos que fueron aprobados por la Iglesia en 2004, Verónica comenta: “Ese año el Vaticano aprobó 128 que están incluídos dentro de 1057 normas, es decir, no todos son estatutos. A mí no me afectó la aprobación tardía, no me movió nada ni me causó inquietud alguna. Soy consagrada desde que le dije que sí a Cristo, la consagración es una unión con Dios y que ningún estatuto estuviera aprobado antes de 2004 no significa que este estilo de vida no sea válido. Actualmente los estatutos están en revisión y se cambiará lo que la Iglesia decida.”

Por su parte, Cristina dice: “Se me hizo raro que no estuvieran aprobados, pero tampoco tenía la formación canónica necesaria para saber los procesos internos de la Iglesia. Lo que me da tranquilidad es que el Vaticano los está revisando. Además, no dicen nada que alguien dedicada a la vida consagrada no sepa. Algunas normas son universales, otras son propias del Reino.”

Platicamos acerca de lo estrictas que son las reglas en cuanto a contacto con familia, internet y medios se refiere. “Hay que crear un hábito de vida religiosa y cuidar la vocación, no por el hecho de consagrarse todo cambia, hay que desarraigarse y trabajar internamente. Estas normas pueden parecer muy radicales para el exterior, pero nos ayudan a despegarnos del mundo y a centrarnos en lo que somos”, afirma Cristina, mientras Verónica dice: “Todo tiene su razón de ser, es difícil despegarse del mundo para entender lo que es dedicarse por completo a Dios, hay que profundizar en el paso que se ha dado por lo que se evitan distracciones como programas de televisión, cartas o lecturas que no van de acuerdo con nuestra misión. Conforme pasa el tiempo, tenemos más acceso a medios, pero depende de cada quién, yo elijo si sigo leyendo algo que no salvaguarda mi relación con Dios. El punto aquí es la madurez dentro de la vida religiosa, estoy consciente de que tengo que cuidar mi vocación.”

“Dios es más grande que Maciel”

Marcial Maciel, máxima inspiración de las Señoritas Consagradas.

Finalmente les pregunté acerca de los escándalos de Maciel. Cristina se enteró por medio del padre Álvaro Corcuera. “Se me fue el alma a los pies, sentí mucho dolor, me costaba trabajo creerlo. Nunca sospeché que las acusaciones fueran reales. A mí me dolió el sufrimiento de los involucrados y el daño a la Iglesia, pero a raíz de eso sentí el deseo de reparar, reconstruir y seguir adelante, porque Dios es más grande que Maciel.”

Verónica también se enteró por un superior. “Le tenía respeto al fundador, pero mi vida no giraba en torno a él. Tengo que aceptar que la noticia me sacudió. El día que lo supe fui a la capilla, derramé algunas lágrimas, me enojé y sufrí por los afectados y por el daño que esto causó a la Legión, a las víctimas y a la Iglesia. Pero esa era su vida, yo tengo la mía y para mí la obra es un regalo de Dios. Sigo sufriendo y me cuesta hablar de estos temas, pero no me mueve en lo fundamental de mi entrega. Estoy convencida de que Dios sacará algo bueno de lo malo, hay muchos legionarios que buscamos hacer el bien. Eso me motiva a reparar y a purificar lo que se pueda con mi entrega. Dios tiene un plan superior y sabe perfectamente por qué y cómo hacer las cosas.”

Ninguna de las dos tiene la cifra oficial de cuántas consagradas han abandonado la Legión a raíz de las acusaciones de Maciel y aceptan que hay reserva para hablar de ese tema. La decisión de quienes salieron es respetada. Ambas creen que todas las consas saben lo que pasó con el fundador. “A pesar de los escándalos, Dios ha permitido que sigamos aquí, creo que estamos destinadas a aportar algo valioso a la historia de la Iglesia, pero eso no lo sabemos ahorita,” comenta Cristina. “Tengo la esperanza de que la historia de los Legionarios puede cambiar, al igual que la de México,” concluye la directora de Red Misión.

Elena Díaz e Isabel González son madres de consagradas. “Mi hija se consagró a los 22 años y lleva casi cinco viviendo en plenitud, tiene la certeza absoluta de que ése es su camino y lo vive con intensidad” comenta Elena. “En cuanto salieron las noticias acerca de Maciel, ella me llamó para contármelo. Estaba llena de dolor, me dijo que su vocación es directamente con Dios y que tenía la esperanza de que Él y la Iglesia pondrían los medios para salvar tantas vocaciones que viven genuinamente su vida religiosa.”

Por su parte, Isabel dice: “Al enterarme de los escándalos la llamé, le pregunté cómo estaba y me respondió que ella no se había consagrado a una persona sino a Dios y supe que no contemplaba abandonar la Legión. Mi hija tiene claro que la persona de Maciel y los Legionarios son dos cosas distintas. La Legión es obra de Dios y de muchos otros hombres y mujeres de los que Él se ha valido para crearla.”

Ambas madres dijeron sentirse tranquilas con la decisión de sus hijas. “Mi hija es una mujer que ha logrado ser totalmente libre y plenamente feliz. Alguien que posee el tesoro de la intimidad con Dios,” afirma Isabel.

Sandra, la exconsagrada, dice que “las que decidan quedarse, ya lo harán sin engaño de por medio, pero hay algunas que no se dan cuenta de la manipulación. A ellas les digo que si tienen dudas las enfrenten. Si deciden quedarse que sea de cara a la verdad; si se salen, no pasa nada, la vida sigue.”

“Vivía en Disneylandia” comenta Paola. “Llegué a pensar que mientras estuviera ahí y no viviera los ataques, yo estaría bien. Hoy me siento profundamente defraudada y engañada.”

Cientos de mujeres aún viven bajo el esquema de consagración legionaria. Unas saben lo que pasó con Maciel y decidieron continuar su vida religiosa, mientras que otras optaron por salirse.

Las ORNI continúan ahí, esa figura híbrida que no califica como monja pero tampoco como seglar. Posiblemente, al pasar el tiempo, sabremos cuántas abandonaron la Legión a raíz de los escándalos del fundador, al igual que Paola, Sandra y Ana. Sus ilusiones y vocación quedaron atrás. Ellas volvieron al mundo externo de golpe, el estilo de vida que eligieron se derrumbó por culpa de un hombre que vio en el sacerdocio el vehículo para volverse poderoso y rico, engañando y manipulando a la gente: Marcial Maciel Degollado, una de las vergüenzas recientes más grandes para la Iglesia católica.

Hay muchas preguntas sin respuesta, entre ellas, por qué no han sido reconocidas por el Vaticano en 40 años de existencia. Quizá con la revisión que la Iglesia está llevando a cabo, salgan a la luz más detalles acerca de esta rama de la Legión de Cristo.

¿Qué hiciste cuando te saliste de la Legión?, le pregunté a Ana. “Crucé la pierna, compré unos chicles y me hice una cola de caballo”, contesta con una gran sonrisa. “¡Estaba feliz!”

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Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson obtienen el Nobel de Economía por sus estudios sobre las subastas

Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson son los galardonados este año con el Premio Nobel de Economía "por mejoras en la teoría de las subastas e invenciones de nuevos formatos de subastas".
12 de octubre, 2020
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Los economistas estadounidenses Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson son los galardonados este año con el Premio Nobel de Economía “por sus mejoras en la teoría de las subastas e invenciones de nuevos formatos de subastas”.

El premio fue anunciado este lunes por la Real Academia de las Ciencias de Suecia, entidad que entrega el premio desde 1969 a nombre del Banco Central sueco.

Según el anuncio de la Academia, la investigación pionera de los galardonados sobre las subastas ha sido de gran beneficio para compradores, vendedores y la sociedad en general.

“La teoría de la subasta desarrollada por Paul Milgrom y Robert Wilson ha sido fundamental en el diseño de nuevos y complejos formatos de subasta”, aseguró la Academia, destacando que el concepto ha sido implementado en todo el mundo.

Las subastas están en todas partes. La gente usa las subastas para comprar y vender artículos en sitios populares de subastas de Internet. Los activos financieros o el espectro radioeléctrico se venden en subastas”, agregó el jurado.

Desde los 60

En la década de los 60, Robert Wilson comenzó sus investigaciones sobre las subastas de valor común; uno que se desconoce de antemano, pero que tiene el mismo valor para todos los participantes, explica la Academia.

Los hallazgos del economista estadounidense ayudan a explicar cómo los postores racionales deberían hacer sus ofertas para maximizar el valor esperado, mientras “evitan ser golpeados por la maldición del ganador“, que ocurre cuando el ganador de una subasta termina ofreciendo mucho más lo que vale el bien y termina perdiendo.

Peter Fredriksson, presidente del Comité de Ciencias Económicas, Goran K. Hansson, secretario permanente de la Real Academia de las Ciencias de Suecia y Tommy Andersson, miembro del comité.

Getty Images
Las investigaciones de Wilson ayudan a explicar cómo los postores racionales deberían hacer sus ofertas para maximizar el valor esperado.

Desde 1969, la Academia Sueca recompensa el trabajo de economistas de todo el mundo y el año pasado fueron el indio Abhijit Banerjee, la francesa Esther Duflo y el estadounidense Michael Kremer quienes se hicieron con el reconocimiento por “su enfoque experimental para aliviar la pobreza global”.

Duflo se convirtió en la segunda mujer en ganar el premio después de que la estadounidense Elinor Ostrom lo hiciera en 2009 por sus teorías sobre la gestión de la propiedad pública.

Los otros premiados de 2020

Con el de Economía se cierra la ronda de los Premios Nobel de 2020. La semana pasada se otorgaron los premios en las disciplinas de Medicina, Física, Química, Literatura y Paz.

Medalla del Nobel

Getty Images

Los investigadores Michael Houghton, Harvey J. Alter y Charles M. Rice fueron los galardonados con el Nobel de Medicina por el descubrimiento del virus de la hepatitis C.

El de Física recayó este año en Roger Penrose, Reinhard Genzel y Andrea Ghez por sus hallazgos sobre los agujeros negros; mientras que el de Química fue para Emmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna por desarrollar un método para editar el genoma.

Por su parte, el de Literatura fue para la poetisa estadounidense Louise Glück, mientras que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU recibió el de la Paz.

La totalidad de los galardones se entrega el 10 de diciembre, aniversario de la muerte del fundador, Alfred Nobel, en actos paralelos en Estocolmo, para los científicos, de Literatura y Economía, mientras que el de la Paz se celebra en Oslo.


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