Federico Campbell: Me siento un farsante como escritor
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Federico Campbell:
Me siento un farsante como escritor

Por Moisés Castillo
24 de septiembre, 2011
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Primera de dos partes

 

I.

Por un trozo de papel mojado, Federico Campbell quiso ser escritor. Una mañana dee 1962 salió de su cuarto, que rentaba su profesor de derecho romano Guillermo Floris Margadant, y se dirigía rumbo a la puerta principal de la casona de San Ángel, Tlacopac. Federico iba caminando un poco cabizbajo sobre el jardín, con la mirada clavada en el suelo, y se percató que una regadera con forma de araña mojaba una hoja y el pasto verde.

Con curiosidad levantó el papel húmedo y roto y empezó a leer “como a buen romántico, la vida se me fue detrás de una perra. La seguí con celo entrañable. A ella, la que tejió laberintos que no llevaron a ninguna parte…”. Se quedó estupefacto, nada turbó la placidez del momento.

Se dio cuenta que era una hoja cortada de La Gaceta, la revista literaria del Fondo de Cultura Económica. Al día siguiente completó la página y el texto se titulaba “Homenaje a Otto Weininger” y lo firmaba un tal Juan José Arreola.

A los 22 años de edad, Federico descubrió la literatura y el impulso de escribir.

“Me di cuenta que era posible encajar palabras que te revelaban un mundo que no había percibido, te hacían ver matices, ángulos de la realidad que de otra manera no habría percibido. Me transportó a otra dimensión, eso es la literatura”.

Este hecho le pareció una operación de la mente humana, de una creatividad fascinante y entonces empezó a interesarse especialmente en la narrativa. Leyó La muerte de Iván Ilich, de León Tolstoi; El espía que surgió del frío y El topo, de John le Carré; esta última una de las mejores novelas que ha devorado. Después llegó a sus manos Chacal, de Frederick Forsyth; y una lista interminable de títulos.

Juan José Arreola no sólo fue importante para Federico Campbell sino para otros escritores como Carlos Fuentes, Ricardo Garibay, José de la Colina, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska. El autor de Bestiario les enseñó que el arte podía incorporarse en la vida cotidiana y que existía el oficio de leer y escribir. Arreola era el espíritu de aquella época. Se le podía ver en la Casa del Lago organizando grupos de poesía en voz alta y juegos de ajedrez, una de sus grandes pasiones.

En 1964, Federico asistió al taller literario que impartía Arreola. En esos momentos era un joven entusiasta de la Revolución Cubana, lleno de ilusiones y de ingenuidad como casi todos los veinteañeros.

Arreola daba su taller los jueves en una casa ubicada en la calle Río de la Plata, en la colonia Cuauhtémoc. Las reuniones tenían la particularidad de poner énfasis al sonido de las palabras y no sólo su significado, en cuidar la cadencia de la frase: invocar a una noción musical. A escritores y poetas les ayudó a educar el oído para tener sensibilidad ante el lenguaje.

Todas las tardes acudían puntuales Elsa Cross, José Agustín, Gerardo de la Torre, Jorge Arturo Ojeda, Alejandro Aura, José Carlos Becerra, Juan Tovar y otros literatos. Era un hombre muy generoso y paciente con los asistentes.

“Arreola era incapaz de decirte cómo estructurar una novela porque no trabajaba con textos largos. Se movía en la frase y en el cuento breve. No estudiaba mucho el efecto de conjunto que podía tener una novela de 300 páginas. Creo que la enseñanza de la escritura sí está en el párrafo. Es lo que se necesita para saber cuando suena bien una frase”.

La casa de Federico Campbell realmente es luminosa. Su sala tiene un enorme tragaluz que ilumina hasta el rincón más lejano de la estancia. Viste una camisa verde y una chamarra de piel café muy elegante. Sus ojos claros se confunden a través de sus lentes.

Dice que Juan José Arreola era un hombre muy entusiasta, un niño jugando constantemente. Era un excelente carpintero: labraba los caballos y las torres y las cajas de ajedrez; hacía mesas de ping pong, incluso tenía raquetas versión china y occidental.

“Era un hombre maravilloso, un enamorado del arte y la literatura, del lenguaje y de la lengua española. Tenía un gran amor por nuestra lengua porque decía que en nuestra lengua se inventó eso que se llama novela, lo cual es cierto. La novela moderna nace con el Quijote”.

Para Federico ahora hay una reivindicación del realismo y se vuelve a leer y a reeditar la obra de Balzac, Thomas Hardy, Emily Brontë, George Elliot; pero en 1964 había en México un profundo desdén por la novela del siglo XIX y se menospreciaba la trama, la anécdota, la construcción del personaje.

Recuerda que los 60 no fueron tiempos propicios para que los escritores primerizos pudieran comprender la importancia de la composición literaria, el efecto de conjunto de un texto, y entonces algunos de su generación, incluido él, perdieron muchos años sin saber qué ni cómo escribir.

 

II.

Desde hace 10 años Federico Campbell no escribe y se siente un farsante. Dice que no escribe en gran medida por su incapacidad para concentrarse, es muy disperso. Todos los días se le van: sombra que se desliza bajo la piel del aire. Jorge Luis Borges decía sentirse a veces un poco farsante pero nunca sabremos qué tanto fue verdad.

A sus 70 años de edad, el mejor narrador bajacaliforniano de su generación dice, sin falsa humildad, que es un impostor. Nunca termina de escribir lo que se propone. Nadie lo va entender, sólo él y a penas lo comprendería su sicoanalista después de 100 sesiones. Su silencio se mezcla al aire.

Muchos escritores sueñan y hacen todo lo posible para alcanzar el éxito y la fama, ser el foco de atención. Algunos autores tienen en mente hacer un juego perfecto como en el béisbol, pero las crisis aparecen de vez en cuando y Federico lo sabe muy bien. Para él, el verdadero éxito es ser feliz, estar acompañado y tener salud.

“Hay una especie de autosabotaje para no triunfar. Uno de los enigmas que más me han fascinado en esta vida es el enigma de Juan Rulfo. Siempre me he preguntado por qué dejó de escribir. No se creía escritor, por eso era un hombre tan veraz, auténtico, tan lejos de las simulaciones”.

Federico ya dejó atrás el lastre inútil de ser reconocido. Ahora la ventaja que tiene es que le ha bajado el espíritu de la competencia, así que él está tranquilo y escribe lo que puede. Vive feliz sin el reconocimiento ajeno, aunque aceptó por educación el homenaje que el INBA le rendirá este domingo 25 de septiembre en el Palacio de Bellas Artes por su trayectoria literaria.

Como pocos escritores, admite que no es un novelista con destacada capacidad inventiva. Además, se siente frustrado porque no llegó a ser el escritor que siempre imaginó como Mario Vargas Llosa, de quien admira su disciplina.

El narrador tijuanense tiene una veintena de libros publicados entre los que destacan Pretexta o El cronista enmascarado, Transpeninsular, La clave Morse, La memoria de Sciascia. Dice que con el tiempo se vuelve una costumbre no escribir: la mente está a otras cosas, sobre todo en la información.

“La información es una adicción y no se puede vivir sin una dosis diaria, lo cual es una de las tantas maneras de perder el tiempo”.

 

 

III.

Algunos dicen que escribir es un psicoanálisis baratísimo. Lo cierto es que, como dice Javier Marías, sólo si el escritor trabaja en la falsa creencia de que su libro es el único libro existente en el mundo, logrará sacarlo adelante y completarlo. En el caso del traductor de Harold Pinter, David Mamet y Leonardo Sciascia, fue un proceso gradual y de constante lucha con su impaciencia.

El joven Federico Campbell vivía en la azotea de un edificio ubicado en la calle de Damas, en la colonia San José Insurgentes, justo atrás del famoso teatro. Cursaba estudios de Derecho y luego Filosofía en la UNAM, y un día su amigo Fernando Macotela leyó algunas cosas escritas que tenía Federico en un cuaderno y le dijo “oye esto es bellísimo”. Sacó la máquina de escribir, copió las palabras de la libreta y de inmediato le propuso: “hay que dárselo a un señor que vive aquí abajo, es director de una revista literaria”. Ese vecino era Huberto Batis. Junto con el escritor Carlos Valdés fundaron Cuadernos del Viento (1960-1967) y fue una publicación importante para muchos escritores jóvenes.

Huberto Batis publicó el poema “Recuperación de Taormina”. Fue un momento crucial para Federico, algo se le salía del pecho, un deleite extraño.

“El hecho de que me publicara y viera las letras de imprenta para mí fue un impacto, un golpe brutal a mi identidad personal como escritor. Empecé a ser escritor ante a mí mismo cuando vi mi nombre por Federico Campbell, gracias a Huberto”.

También por los primeros años de los 60, Federico tradujo un cuento de J. D. Salinger “Un día perfecto para el pez banana.” Lo publicó también en Cuadernos del Viento y el mismo Huberto corrigió y le puso “Un día perfecto para el pez plátano”. Es la historia de Seymeour Glass, un hermano del narrador, que acaba de regresar de la segunda guerra europea y está en un hotel de Miami. Sale a la playa y allí conversa con una niña a quien le cuenta que más allá, en el mar inacabable, vive feliz el pez banana.

“Se ve la capacidad de diálogo que el personaje —a punto de romper con la realidad en una caída psicótica— tiene con la infancia, con una interlocutora niña. Después Seymour regresa a su cuarto y se descerraja un tiro en la sien”.

Federico dice que cada ser humano guarda dentro de sí mismo una narración y esa narración, como dice el neurólogo inglés Oliver Sacks, es su identidad personal, es su memoria. La memoria es la persona.

Borges escribió que la obra más importante de un hombre es la imagen que deja de sí mismo en la memoria de los otros. Federico Campbell: hombre bueno como un árbol.

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Qué poder tienen los evangélicos en EU y por qué son cruciales para Trump

Sacudieron la política del país hace 40 años. Se volvieron un pilar del Partido Republicano y del presidente Donald Trump. Pero las elecciones de noviembre volverán a medir su influencia.
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5 de octubre, 2020
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¿Volverán a ser los evangélicos una fuerza clave en las elecciones de Estados Unidos en 2020?

Cuatro décadas después de haber sacudido la política de este país, ese grupo religioso es hoy un pilar electoral del Partido Republicano y del presidente Donald Trump, que busca otro mandato en noviembre.

En las elecciones de 2016 en EU, uno de cada cuatro votantes se identificó como cristiano evangélico blanco, según encuestas. Y la gran mayoría de ellos (81%) votó por Trump.

El presidente “va a necesitar eso y quizás más para ganar en noviembre, así que son muy influyentes”, dice John Fea, un profesor de historia en la Universidad Messiah de Pennsylvania autor del libro “Créeme: el camino evangélico a Donald Trump”, en diálogo con BBC Mundo.

Pero para entender el verdadero peso político de los evangélicos en EE.UU. y su improbable alianza con Trump, es necesario retroceder un poco en el tiempo.

El fin y los medios

Los evangélicos entraron a la arena política de EU como reacción a la legalización del aborto en el caso de Roe vs. Wade de la Corte Suprema en 1973 y al avance de una agenda progresista en el gobierno del demócrata Jimmy Carter (1977-1981).

Líderes religiosos conservadores contrarios al aborto y la diversidad sexual, con el pastor televangelista Jerry Falwell a la cabeza, fundaron en 1979 la organización Mayoría Moral para movilizar fieles a favor de políticos que defendieran sus causas.

En las elecciones de 1980, dos de cada tres votantes evangélicos blancos apoyaron al candidato presidencial republicano Ronald Reagan, quien venció a Carter con su discurso conservador, opuesto al comunismo.

Ronald Reagan en 1979

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Ronald Reagan se impuso a Jimmy Carter en las elecciones de 1980 con un amplio apoyo de evangélicos blancos.

Así surgió la unión política entre republicanos y evangélicos, que hasta hoy mantienen al tope de sus aspiraciones anular Roe vs. Wade y colocar jueces conservadores en la Corte Suprema.

Los evangélicos blancos han sido un bloque electoral más conservador y numeroso que los evangélicos afroestadounidenses, que priorizan la “justicia racial” y por lo tanto tienden a apoyar mayoritariamente a los demócratas, explica Fea.

Y apunta que, a diferencia de los protestantes no evangélicos o católicos, los evangélicos blancos “están mucho más unificados, forman un bloque de votantes”.

“En cierto sentido, quieren que se realicen sus aspiraciones políticas, por lo que el fin justifica los medios”, dice. “Pero desde fines de los años ’70 y ’80 los evangélicos blancos también han sido tentados por el poder político: les gusta estar en el Despacho Oval” de la Casa Blanca.

Manifestantes a favor y en contra del aborto protestan frente a la Corte Suprema de Estados Unidos.

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La batalla contra del aborto ha sido prioridad constante de los evangélicos en EU por décadas.

Greg Smith, director asociado del Centro Pew de Investigación, señala que el vínculo de ese sector religioso con el Partido Republicano perdura hasta el presente.

“Hemos visto durante mucho tiempo que los protestantes evangélicos blancos están entre los votantes republicanos más consistentes de EU y entre los partidarios más fuertes, leales y consistentes de Donald Trump”, dice Smith a BBC Mundo.

“Salvar a EU”

El peso electoral de los evangélicos blancos en EU hoy es bastante mayor que su decreciente presencia demográfica.

En 2016 eran 17% del total de la población, seis puntos menos que una década antes, según el Instituto de Investigación de Religión Pública en Washington.

Se estima que en los últimos cuatro años la proporción de evangélicos blancos en EU cayó otros dos puntos, hasta 15% de la población.

Votantes en una escuela de primaria en el condado de Chesterfield, Virginia

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Los evangélicos blancos sumaron un cuarto de los votantes de EU en 2016, aunque sólo eran 17% de la población.

Sin embargo, en las últimas elecciones fueron el 26% del total de votantes.

Sarah Posner, autora del reciente libro “Profano: por qué los evangélicos blancos oran en el altar de Donald Trump”, señala que el movimiento no sólo se apoya en líderes de iglesias sino también en medios propios de TV y redes sociales.

“La derecha religiosa tiene una operación muy sólida y bien organizada para incentivar el voto, por lo que son muy importantes para que el Partido Republicano gane elecciones”, dice Posner a BBC Mundo.

La unión de evangélicos y Trump suele verse como una extrañeza de la política de EU: religiosos que predican sobre moral aliados a un hombre acusado de infidelidades matrimoniales, casado tres veces, que se ha expresado de forma obscena sobre las mujeres y agresiva sobre los inmigrantes.

Pero Trump recibió en 2016 un apoyo de los evangélicos blancos aún mayor que sus antecesores republicanos.

Joe Biden en un evento de la campaña en marzo.

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Biden fue vicepresidente de Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama.

Y, si bien la aprobación de los evangélicos blancos a Trump cayó algunos puntos en medio de la crisis de coronavirus y las protestas por injusticia racial, cerca de ocho de cada 10 votantes de ese grupo aún se inclinan a votar por él, según encuestas.

El bajo nivel de apoyo de los blancos evangélicos al candidato demócrata Joe Biden contrasta con el amplio respaldo que recibe entre los protestantes negros (cercano a 90% en un reciente sondeo de Pew) y el hecho de que es favorito en las encuestas de votantes en general.

El respaldo de los evangélicos blancos a Trump es atribuido a la ansiedad que sienten ante los cambios raciales y culturales que EE.UU. tuvo en las últimas décadas.

“Trump representa al hombre fuerte que creen que necesitan para salvar a EU del liberalismo“, indica Posner. “Lo ven no necesariamente como un cristiano como ellos, sino como un líder improbable que Dios ha ungido para salvar a EU.”.

Prueba de fuerza

Trump tiene un vicepresidente evangélico como Mike Pence y varios miembros de su gabinete pertenecen a ese movimiento religioso o cultivan lazos con el mismo.

En esta campaña, Trump ha buscado asegurarse de que los evangélicos vuelvan a sufragar por él.

Por ejemplo, ha repetido que ya colocó dos jueces para la Corte Suprema y el mes pasado nominó a otra que, si es confirmada por el Senado, puede dar a los conservadores una mayoría firme en el máximo tribunal.

Donald Trump

Reuters
Trump ha buscado asegurarse el voto evangélico en noviembre de distintas formas, algunas de ellas polémicas.

Trump también acusó a Biden de estar “contra Dios” y “contra la Biblia”, aunque el exvicepresidente es un católico practicante y ha recibido el reciente respaldo de algunos líderes evangélicos blancos.

Además, Trump causó polémicas que le valieron críticas de figuras religiosas, por ejemplo al posar para las cámaras con la Biblia en la mano ante una iglesia, para lo cual fue dispersada a la fuerza una protesta pacífica en la zona.

Su campaña también apuesta a atraer votantes evangélicos negros y latinos, que tienen posturas conservadoras en temas como el aborto pero son más abiertos a la inmigración y las políticas sociales, lo cual puede inclinarlos por Biden.

Así, la elección será una nueva prueba de fuerza para los evangélicos de EU y su peculiar alianza con el presidente.

“La participación electoral entre los evangélicos blancos será muy importante para Trump: necesita que salgan en grandes cantidades. Si no”, advierte Posner, “será mucho más difícil para él ganar”.


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