Protegen a Sicilia por posible emboscada y olvidan a los otros 600
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Protegen a Sicilia por posible emboscada y olvidan a los otros 600

Por Paris Martinez
18 de septiembre, 2011
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El autobús donde viaja el escritor Javier Sicilia con la Caravana por la Paz. FOTO: Cuartoscuro

Cerca de las 20:10 horas de ayer, en el kilómetro 86 de la carretera que va de Tabasco a Coatzacoalcos, una “alerta de posible emboscada” obligó a los escoltas de Javier Sicilia a detener el avance de los seis autos que conformaban el convoy del poeta que encabeza la Caravana del Sur (y el cual se había separado de los autobuses en los viaja el resto de los participantes), para establecer alrededor del dirigente ciudadano un perímetro de seguridad, apertrechados con armas largas, que se mantuvo a la orilla del camino durante al menos 15 minutos.

Esta amenaza de emboscada, sin embargo, no fue informada al convoy de autobuses en los que viajan los 600 ciudadanos que se adhirieron a la convocatoria emitida por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad para participar en esta movilización, quienes concluyeron el recorrido carretero sin ninguna prevención añadida, además de que realizaron un marcha y un mitin al llegar a Coatzacoalcos sin contar con alguna medida de resguardo más que los controles de tránsito que el gobierno municipal emprendió, para facilitar el avance de los caravaneros por las avenidas principales de esta ciudad del sur veracruzano, plaza controlada por el grupo de narcotraficantes conocido como Los Zetas.

De hecho, ante el desconocimiento de los riesgos existentes, luego de la concentración en la plaza central de Coatzacoalcos, al menos medio centenar de caravaneros se congregó fuera del albergue dispuestos para su pernocta, cantando, festejando y movilizándose por las calles aledañas hasta cerca de las 23:20 horas, momento en que Emilio Álvarez Icaza se hizo presente en el lugar para rendir un informe de los hechos ante la prensa.

Simple “protocolo”…

Cuando los escoltas de Sicilia fueron notificados de la alerta de emboscada, “se pidió a las personas que estaban viajando en los vehículos que apagaran las luces y que se incorporaran, el personal de seguridad sacó sus armas, cortas y largas, además de que las patrullas y el personal que ahí estaban hicieron una formación de resguardo”, informó ayer el exombudsman capitalino, otro de los dirigentes de la movilización.

Asimismo, trascendió que Sicilia fue puesto pechotierra por los escoltas.

La Poicía Federal vigila los autobuses de la Caravana por la Paz.//FOTO: Cuartoscuro

Ante la “señal de alerta (sobre la presencia) de personas encapuchadas y con armas (en la carretera)”, añadió Álvarez Icaza, la escolta integrada por miembros de la PF, la AFI y la Procuraduría de Morelos decidió aplicar “un protocolo de protección”, que fue levantado 15 minutos después para continuar el avance hacia Coatzacoalcos, aunque Javier Sicilia ya no se presentó en el mitin que en ese momento se realizaba.

– ¿Decir que fue un protocolo no es minimizar el hecho? Aquí pasaron tres horas y la gente seguía en la calle festejando como si no pasara nada. En ocasiones anteriores, ustedes han dicho que la seguridad de la Caravana le toca al Estado, pero, entonces, como organizadores, ¿ustedes se deslindan a grado tal que ni siquiera le avisan a la gente que hay un riesgo? -se inquiere al exombudsman.

– Estamos justamente procesando eso… tenemos que tener certeza de qué pasa y, a partir de eso, poderlo comunicar…

– Y ¿qué te daría certeza de que existen riesgos: que se perpetre un ataque?

– No. Al final de cuentas el hecho real es que se aplicó una medida de protección, no se confirmó la información, no se validó la información, y por eso se actuó en correspondencia, estamos platicando y generando las medidas de protección… vamos, yo no acompaño la hipótesis de esa pregunta, con todo respeto.

Por ello, añadió, la Caravana continuará su recorrido tal como se tenía programado y sólo se pidió a las autoridades elevar las medidas de seguridad al paso de la movilización.

Sólo para “coordinadores”

Para informar de este hecho, los organizadores de la Caravana de Paz convocaron la noche de ayer a una conferencia de prensa, cuya temática no quiso ser revelada sino hasta las 23:20 horas, momento en que  Emilio Alvarez Icaza se presentó en el albergue para caravaneros (ubicado a tres cuadras de la plaza central de Coatzacoalcos).

No obstante lo sucedido al convoy de Sicilia, pudo conocerse previamente a través de un informe preliminar publicado por el portal del diario Milenio, cuyo reportero viajaba en un vehículo particular detrás del poeta, y quien pudo presenciar el despliegue de los agentes en mitad de la carretera.

Emilio Álvarez y Javier Sicilia durante el recorrido de la caravana por Veracruz.//FOTO: Cuartoscuro

Sin embargo, aunque se solicitó informar de esta amenaza a todos los caravaneros que se encontraban en la vía pública cantando y divirtiéndose (al menos 50 personas), para procurar su resguardo, los encargados de la logística de la Caravana, Magdiel Sánchez, Roberto del Callejo Rocatto y Pietro Ameglio, comunicaron estos hechos sólo a la decena de personas que integran el equipo de coordinación y a nadie más. Incluso, Magdiel Sánchez pidió alejarse a aquellos que, en busca de mayores datos, buscaron escuchar el reporte que éste presentaba al resto de los coordinadores.

Además, a la conferencia de prensa que rindió Álvarez Icaza  tampoco se permitió el acceso de caravaneros inquietos por la información preliminar hasta entonces divulgada por Milenio, y sólo se permitió ingresar a los reporteros que mostraban la acreditación que los organizadores extendieron a los periodistas que acompañanla Caravana.

Ya van dos…

La amenaza de ayer a la seguridad de los integrantes de la Caravanano no es la primera registrada, ni tampoco lo fue la lenta respuesta de los coordinadores de la movilización ante los riesgos patentes.

Ya antes, alrededor de las 4:00 horas del pasado 15 de septiembre, participantes en la movilización ciudadana detectaron la presencia de dos sujetos desconocidos que inspeccionaban el salón donde en ese momento dormían los 600 caravaneros, uno vigilando la entrada y otro recorriendo el lugar.

Al percatarse de este hecho, una de las participantes marcó discretamente al teléfono de Rocatto, para informarle lo que ocurría, pero éste no hizo acto de presencia sino hasta 90 minutos después.

Agresión consumada

Ayer mismo, Amnistía Internacional lanzó una alerta urgente para informar que fray Tomás González -defensor de los derechos de los migrantes en Tenosique, Tabasco, y quien un día antes participara en el encuentro de la Caravanade Paz con pobladores de Palenque, Chiapas-  fue retenido por militares, policías municipales, estatales y de Tránsito, quienes lo acusaron de conducir un auto robado y luego de andar alcoholizado.

Por más de tres horas, el franciscano, así como su colaborador Rubén Figueroa, permanecieron rodeados por los militares y policías dentro de su vehículo, del que se negaron a salir ante la falta de una orden judicial.

Figueroa, además, fue golpeado por los militares, quienes dejaron ir a los defensores de derechos humanos sólo hasta que la denuncia de Amnistía Internacional comenzó a distribuirse a través de internet.

Cabe destacar que apenas el pasado viernes, fray Tomás Gutiérrez recibió una amenaza de muerte, formulada por alguien quien dijo ser familiar del exdelegado del Instituto Nacional de Migración en Tenosique, Erick Gutiérrez Cossío, quien se encuentra prófugo desde que el religioso promovió una denuncia penal en su contra por la presunta violación sexual de una migrante centroamericana menor de edad.

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Cómo fue estar con Donald Trump el día que perdió la carrera por la Casa Blanca

Cómo el presidente que nunca ha dudado de sí mismo se enfrentó a la derrota después de cuatro años en el poder.
8 de noviembre, 2020
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En los últimos cuatro años he visto al presidente de EE. UU. en sus días buenos y en sus días malos.

Pero este 7 de noviembre, el día en que perdió las elecciones, fue un día muy distinto a todos esos otros.

Vestido con una chaqueta negra, pantalón deportivo oscuro y un gorro con la inscripción MAGA (las iniciales de su lema de campaña en inglés, Make America Great Again), Donald Trump dejó la Casa Blanca un poco después de las 10 de la mañana del sábado.

Antes, se la había pasado tuiteando sobre las elecciones y, sobre todo, sobre el fraude electoral que considera tuvo lugar en torno a los comicios generales del 3 de noviembre.

Salió por la puerta de la residencia presidencial y se subió a su vehículo oficial que lo llevó en dirección de su club de golf Trump National, en la ciudad de Sterling, Virginia, a unos 40 kilómetros de Washington.

En ese momento, proyectaba un aire de autoconfianza. Era un día precioso, perfecto para el golf, y por eso decidió que iba a pasarlo en su club.

Trump jugando al goflf.

Getty Images
Trump pasó gran parte del día jugando al golf.

Pero, a la vez, se notaba que las personas que trabajaban con él estaban incómodas. Como al borde de una situación muy tensa.

“¿Cómo la están pasando?”, le pregunté a una de sus empleadas.

“Bien”, respondió. Y sonrió, pero sus ojos se entrecerraron y bajó rápido la mirada hacia la pantalla de su celular.

Trauma electoral

La Casa Blanca ha estado en una especie de trauma en los días que han pasado desde la elección.

Aunque fue apenas el martes, parece que hubiera ocurrido hace mucho tiempo.

La mayoría de los escritorios del ala oeste de la Casa Blanca estaban vacíos cuando pasé por el edificio en la mañana de este sábado. Muchos miembros del personal han resultado infectados por el covid-19 y no pueden ir a la oficina. Los otros están en cuarentena.

Entonces, a eso de las 11:30 y mientras el presidente estaba jugando al golf, la BBC y varias cadenas comenzaron a proyectar que Joe Biden había ganado las elecciones.

Estaba sentada en un restaurante italiano ubicado a un poco más de un kilómetro de distancia del Trump National cuando recibí el dato.

Trump regresa a la Casa Blanca después de jugar al golf

Reuters
El presidente Trump se enteró de la noticia de la victoria de Joe Biden en su campo de golf en el estado de Virginia.

Yo hago parte del grupo permanente de periodistas que cubren la Casa Blanca, un conjunto de colegas de medios distintos que viajan con el presidente de EE.UU.

Todos estábamos esperando que saliera del club.

“Él es una persona tóxica”, dijo una mujer en las afueras del restaurante. Ella, como muchos de sus vecinos en ese distrito de mayoría demócrata, habían votado por el rival de Trump.

Otros se preguntaban en voz alta cuándo el presidente dejaría el club y volvería a la Casa Blanca.

Pasaron los minutos. Pasaron las horas.

“Se está tomando su tiempo”, le dijo un funcionario a otro.

El presidente no tenía prisa en marcharse. En el club estaba rodeado de amigos. Fuera de esas puertas, sus seguidores me gritaban a mí y a los otros periodistas “Acaben con los medios”.

Una mujer, vestida con tacones altos y un gorro rojo, azul y blanco, llevaba un cartel en el que se leía: “Detengan el robo”.

Un hombre pasó conduciendo su camioneta por enfrente del club mientras hacía ondear varias banderas, incluso una en la que se mostraba al presidente encima de un tanque, como si fuera el comandante de los ejércitos del mundo.

Críticos del presidente.

BBC
Un mensaje claro: “Usted está a punto de perder su trabajo”.

Era una muestra de cómo sus seguidores ven al presidente, e incluso cómo Trump se veía a sí mismo.

Finalmente, el presidente decidió abandonar el club y regresar a la Casa Blanca.

Allí, miles de sus críticos lo esperaban.

“Has perdido. Nosotros hemos ganado”

La caravana presidencial avanzó por Virginia. Yo iba en una camioneta que hacía parte de la caravana, que por poco se estrella en una de las calles del condado de Fairfax. Se encendieron las sirenas.

Entre más cerca estábamos de la Casa Blanca, más grande era el tumulto: la gente estaba en las calles celebrando la derrota del mandatario.

Alguien llevaba en alto un cartel: “Has perdido y todos nosotros hemos ganado”. Había clima festivo y cánticos.

Con un letrero de "Hasta nunca" algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia).

Getty Images
Con un letrero de “Hasta nunca” algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia). La campaña del mandatario estadounidense anunció este sábado que no reconocen los resultados y que la “elección está lejos de haber terminado”.

Cuando llegamos a la Casa Blanca, el presidente ingresó por una puerta lateral, una entrada que ha utilizado poco durante sus cuatro años de mandato. Sus hombros estaban hundidos y la cabeza, gacha.

Entonces levantó la vista hacia los periodistas que estábamos allí y levantó su pulgar. Fue un gesto a medias. No levantó su mano ni apretó su puño, como suele hacer.

Tanto en la Casa Blanca como en el club de golf, el presidente nunca vaciló: siempre hizo reclamos sin sustento sobre el fraude electoral e insistió que será reivindicado.

Durante toda esa mañana escribió en su cuenta de Twitter sobre los “votos ilegales” y por la tarde declaró, desafiante y en mayúsculas, “YO GANÉ ESTAS ELECCIONES”.

Pero eso fue Trump en Twitter. El hombre que yo vi me dejó una impresión muy distinta. Cuando entró por la puerta lateral de la Casa Blanca por la tarde, la arrogancia se había ido.

Texto de Tara McKelvey, corresponsal de la BBC en la Casa Blanca

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BBC

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