El Móndrigo, cinco anécdotas
falsas sobre el movimiento del 68

El Móndrigo, cinco anécdotas <br> falsas sobre el movimiento del 68

Apenas unos meses después de que el Ejército mexicano asesinara a cientos de universitarios que protestaban el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, en los puestos de periódicos y librerías de la Ciudad de México comenzó a circular la primer novela que versaba sobre esta tragedia, de autor anónimo e impresa por una editorial que resultaba desconocida para todos.

Se trataba de ¡El Móndrigo! Bitácora del Consejo Nacional de Huelga, supuesto diario personal de uno de los dirigentes del movimiento estudiantil, cuyo cadáver “semiagazapado” –narra la introducción– fue descubierto por vecinos del edificio Chihuahua, “pocas horas después del combate en la Plaza de las Tres Culturas”.

“Al registrarlo –se afirma en las primeras páginas del libro, impreso por la hasta entonces inexistente Editorial Alba Roja– le hallaron bajo la cintura y fuertemente sujeto con el cintillo un portafolio que contenía un legajo manchado de sangre fresca (…) que resultó ser el ‘diario íntimo’ en que anotaba meticulosa y ampliamente los sucesos del Movimiento Estudiantil“.

El cadáver de este joven, afirma Alba Roja, “no quedó desfigurado por las heridas, pero nadie lo identificó y estuvo varios días en el anfiteatro, hasta que hubo necesidad de sepultarlo en calidad de desconocido. (Sin embargo) hay la conciencia de que dos que vieron su cuerpo exánime, tirado en el pasillo del Chihuahua, exclamaron ‘¡Es El Móndrigo!‘”.

Con esta novela, presentada originalmente como un testimonio verídico, en 1969 inició la campaña oficial para desprestigiar el ideario del movimiento estudiantil recién doblegado y manchar la reputación de sus figuras más notables, así como para justificar la matanza del 2 de octubre, política que se prolongaría durante los siguientes 32 años de régimen priista. Hoy, a 43 años de que el Ejército disparara sus fusiles contra los jóvenes universitarios, Animal Político te presenta a este personaje que, pese nunca haber existido en la vida real, fue el primer encargado de borrar la sangre de este capítulo negro de la historia mexicana, El Móndrigo…

I. Génesis del “movimiento perfecto”

“Bueno, ya soy un personaje –es la frase con la que El Móndrigo inicia su narración–. Si las cosas marchan viento en popa, como van, formaré parte del gobierno socialista de México que sustituirá al reaccionario y burgués de Gustavo Díaz Ordaz… en un plazo breve, instauraremos la República Popular que será el anticipo de la República Socialista Mexicana… Quedé incluido en el Consejo Nacional de Huelga.”

Aunque el libro está estructurado como una bitácora, en la que día a día se narran los acontecimientos comprendidos entre el 26 de julio y el 2 de octubre, hasta minutos antes de que inicie la refirega en Tlatelolco, la primera parte del texto resume la gestación del movimiento estudiantil, entre agosto de 1967 y julio del año siguiente.

“Es creencia unánime –afirma el personaje, quien se califica como ‘furibundo trotskista’– que el movimiento de huelga se motivó en el tribial incidente a golpes entre los vocacionales de la 2 y la 5 y los preparatorianos de la Ochoterena (en la Ciudadela, revuelta fuertemente reprimida por el cuerpo de granaderos, dando pie a la inconformidad masiva universitaria y su inmediata movilización). En todas partes crecen los que dan por cierto lo que les cuentan y son los que creen que hubo un lobo que se disfrazaba de abuelita para devorar niñas de caperuza encarnada; y también juran que fue real la aparición de la guadalupana a Juan Diego, y su autorretrato en el ayate del indio mitómano; como también creen en el ‘incontenible progreso’ de México y en su ‘inigualable pujanza económica’…

Pero, exclama, “vamos a hablar claro: la ‘trompiza’ en la Ciudadela y la forzosa intervención de los granaderos sirvió de fulminante para estallar la revuelta, la cual debe su relampagueante éxito y la magnitud que alcanza a unas horas de empezar, a que no hubo improvisación. Todo fue pesado, todo fue medido, todo fue meditado, todo fue discutido y todo obedeció a un soberbio plan”, el cual, asegura, fue diseñado por los estudiantes mexicanos adoctrinados durante la Junta Tricontinental de la Habana (agosto de 1967), quienes capitalizaron la inconformidad de los 20 mil aspirantes rechazados por el sistema de educación superior, así como de universitarios encabezados por el exrector Ignacio Chávez, inconforme éste por no haber conseguido la candidatura presidencial, y grupos del IPN contrarios a la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos, la mayor organización estudiantil del Politécnico.

Fernando Gutiérrez Barrios

De esta forma, “cuando estuvieron listas todas las piezas y embonaron, se buscó y pensó en el pretexto. Inesperadamente (el 22 de julio) chocaron dos grupos en la Ciudadela y, en ese instante, se puso en marcha el plan, porque estábamos en actitud alerta y velando las armas los del todavía innombrado Consejo Nacional de Huelga. Hicimos repetir el incidente, pero ya orientado hacia el ataque a los granaderos, para que éstos, bestias al fin, se ensañaran y apalearan a medio mundo…”, asegura el falso testimonio, cuya autoría algunos han atribuido a Fernando Gutiérrez Barrios, el agente mexicano de la CIA quien, ese entonces, era titular de la extinta Dirección Federal de Seguridad, la policía política mexicana de aquel entonces.

“Matemáticamente se desarrollaron uno a uno cada capítulo del proyecto. La movilización estudiantil en el IPN, Normales y Universidad fue simultánea y agresiva, como lo requerían los instantes que se iban viviendo –concluye su resumen El Móndrigo–. Jamás antes hubo un movimiento tan perfecto como éste.”

"El granadero se desploma. ¡Uno menos!", pie de foto original.

II. Una matazón, ¡al fin!

El 26 de julio, las protestas por la represión ejercida cuatro días antes en la Ciudadela y las manifestaciones conmemorativas por el alzamiento de Fidel Castro, en Cuba, se unieron en una sola marcha con estudiantes de la UNAM y del IPN, que avanzó rumbo al Zócalo, iniciándose una refriega con la policía que duró tres días, misma que unificó a los grupos rivales de universitarios, y luego de las cuales, para inicios de agosto, habrían de conformar el Consejo Nacional de Huelga al rededor de seis demandas (ninguna de las cuales, cabe destacar, incluía la instauración de una República Socialista, como afirma la novela de la DFS) y que fueron: desaparición del cuerpo de granaderos y la renuncia de los altos mandos de la policía capitalina que condujeron los recientes operativos para reprimir al estudiantado, Luis Cueto y Raúl Mendiolea; el deslinde de responsabilidades penales por dichas acciones policiacas; la eliminación del delito de ‘disolución social’, aplicado en contra de los estudiantes detenidos; la liberación de todos los presos políticos (universitarios o no) así como la indemnización para las víctimas de la represión (se calcula que en esos tres días murieron siete activistas).

El Móndrigo, sin embargo, abunda en su narración conspiracionista. Al llegar al Centro Histórico, afirma, ese 26 de julio, “allí estaban ya los granaderos, que intervinieron entablando la lucha. Nada más que ahora no iban inermes los compañeros, (como en la Ciudadela): previamente, en los recipientes de basura de Madero y Cinco de Mayo habían sido colocadas una que otra pistola bien cargada, una metralleta, cuchillos, varillas y ladrillos. El agarrón fue de pronóstico”.

Y al día siguiente, continúa, luego de intentar la toma de una armería, “mandé a un compañero a que prendiera fuego a un camión que atravesamos en Argentina y Guatemala, y voló en pedazos cuando explotó su tanque de gasolina. Aclaro: voló el camión, no el camarada… A su vez, Guevara Niebla fue a la Prepa 3, emborrachó a los cuates y hasta les dio mariguana, que les gusta y no son novatos, y cosa de 200 de ellos, armados con palos y varillas, atacaron a los granaderos”.

Luego, El Móndrigo cuenta el momento en que recibió un “notición”: “Me acaba de hablar por teléfono Romeo González Medrano: ¡Ya está interviniendo el Ejército!, bombardeó la Preparatoria de San Ildefonso, hizo una matazón, ¡al fin! Y ya están violando la autonomía Universitaria… ‘Si quieres más detalles, lee los periódicos ahora que amanezca, y no dejes de ver también la TV, estuvieron los camarógrafos y tomaron el instante del bazookazo’.

Sin mucha congoja, el supuesto dirigente, que además de su apodo utiliza el pseudónimo abunda: “Los desgraciados usaron un tipo de bomba que no es lacrimógena, sino cagógena, pues provoca al instante una diarrea incontenible.”

Autobús quemado en la refriega del 26-29 de julio

III. Delaciones accidentales

Si algún efecto inhibidor buscaba el gobierno mexicano aplicando mano dura, el resultado obtenido fue el contrario, ya que la represión a las movilizaciones iniciadas el 26 de julio no sólo sumó más estudiantes a las protestas, incluso de secundaria, sino que hasta el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, asumió una participación activa en lo que públicamente calificó como una violación a la autonomía universtaria.

Al rector, afirma El Móndrigo, “se le notaban grandes ojeras y lo blanco de los ojos estaba casi rojo por los vasos inyectados. ‘¡Esto no se queda así’, nos dijo, ‘déjenme realizar unas gestiones y cambiar de opinión con varios maestros y gente que debe intervenir, luego tendrán noticias mías”.

Rector Barros Sierra

Para entonces, la huelga estudiantil había sido decidida en la mayoría de las preparatorias y facultades de la UNAM, por lo que el mitin en el que al mediodía el rector llamó a defender la autonomía, mediante manifestaciones dentro de Ciudad Universitaria, vino a reforzar los ánimos. Al día siguiente, de hecho, Barros Sierra habría de encabezar una marcha de toda la comunidad académica, por el ataque a las instalaciones de San Ildefonso.

Pero El Móndrigo no sólo habla de los personajes que mantuvieron una postura pública favorable al movimiento, sino también de otros que, de por sí, resultaban incómodos al Estado.

“Un enviado de don Julio Scherer vino a vernos para poner a disposición del movimiento estudiantil todos los periódicos de la casa Excélsior. Incluso nos brindó crédito amplio e ilimitado para nuestras publicaciones. No sé cómo se llama el enviado de Excélsior, pero es un calvito muy agradable, quien nos sugirió que elaboráramos los boletines de todos los actos y una flotilla de reporteros se encargaría de hacerlos buenos firmándolos como presentes en el acontecimientos… Don julio y varios redactores y directivos de la cooperativa son izquierdistas de abolengo y algunos pertenecen a grupos marxistas-leninistas.”

Rafael Preciado

Además, señala, “el PAN se acaba de manifestar en favor del Movimiento y ha hecho declaraciones que parecen redactadas por nosotros. Véase esta parrafada: ‘cuando las autoridades consideren que la forma de hacer una petición trastorna el orden público, no debe excederse utilizando la fuerza en grado tal que dejen la sensación de que la autoridad no defiende, sino que provoca…’ ¡Muy bien por el PAN! El maestro Rafael Preciado Hernández (fundador del albiazul y entonces catedrático de Derecho) cumplió su palabra y también el padre Ramón de Ertze Garamendi (exiliado español)… El profesor Alejandro Avilés, director de la Escuela de Periodismo Carlos Septién es otro aliado ad hoc. ¿Quién podrá creer al gobierno que esto es comunista? Excélsior, el PAN, el profesor Avilés y su organización de periodistas católicos están con el movimiento. Mejor que mejor. ¡Miel sobre hojuelas!”.

Y luego, otra infidencia accidental, aunque demasiado accidental para serlo verdaderamente. Dice El Móndrigo: “Como de costumbre, Vicente Lombardo Toleado metió el moco en el atole, en su afán de desquitar la mesada que le pasa el gobierno y, en unos volantes que distribuyó la Dirección Nacional de la Juventud Popular, dice: ‘Los culpables directos de los acontecimientos de la Ciudad de México son los grupos financieros oligárquicos, las fuerzas organizadas de la derecha, los elementos falsamente izquierdistas y la policía internacional de Estados Unidos, la CIA…'”

Luego el supuesto líder estudiantil se queja: “¡¿Cómo pude llegar el dato de la CiA al decrépito líder del decrépito Partido Popular Socialista?!”, para terminar revelando el nombre de su contacto con la agencia estadunidense: “George B. Gross, agregado de la Embajada americana”.

IV. Amenazas veladas

A pesar de que el 27 de agosto el Consejo General de Huelga organizó una de sus más simbólicas y concurridas manifestaciones, la Marcha del Silencio, con una asistencia calculada de 300 mil personas, y que partió de Antropología al Zócalo, la novela de la Dirección Federal de Seguridad afirma que, para septiembre, el apoyo social a la “minoría activa” que comanda al movimiento, “el estado mayor estudiantil”, como lo nombra El Móndrigo, se ha debilitado, ante el temor a los cuerpos policiacos, la falta de sustento de sus demandas y el desprestigio que sus “desmanes” les han granjeado.

“El Movimiento Estudiantil está en franca derrota. El edificio se nos viene encima. Nos faltan manos para detener paredes y techo que se derrumban y nos aplastan… El Consejo Nacional de Huelga se ha vuelto un costal de perros y gatos… Cuesta trabajo mandar a la calle a las brigadas a pintar camiones y trolebuses, capturarlos o quemarlos, y hacer pintas en las paredes, porque los gendarmes los aprehenden y a varios los han balaceado, muchos ya no vuelven a la lucha.”

Marcha del Silencio

Luego viene algo que, más que reflexión interna, parece una advertencia para los lectores: “Hay que ser muy hombrecitos o tener gran decisión para reincidir, pues el castigo es atroz y la repetición de la dosis de leñazos sobre huesos maltrechos y músculos distorsionados y molidos es para invalidar o matar… Y no hay argumentos para mantener a los compañeros en el sacrificio porque la lucha se planteó equivocada desde un principio, y nos sostenemos prendidos con alfileres.

“No se quiso entender que había que elaborar un pliego de peticiones intensamente estudiantil. ¿Qué carambas nos importan Vallejo, Campa, Rico Galán y demás presos políticos? ¿Quién sabe lo que contiene el artículo 145 y su repetición (en los que se tipificaba el delito de disolución social)? Por cuanto toca a mí, ni sabía que existieran. Me enteré de su contenido hasta que Díaz Ordaz lo dio a conocer y comentó en su informe; y, como yo, habemos decenas de miles de estudiantes y maestros.”

V. Alea jacta est… la suerte está echada

Es, pues, bajo la tesis de la desesperación ante la inminente derrota que El Móndrigo incrimina al movimiento por la matanza de Tlatelolco. “Hemos tenido una plenaria del Consejo –afirma, el día 30 de septiembre–, y votamos de acuerdo con la línea dura, lanzarnos de plano a la rebelión. Las Olimpiadas hay que impedirlas al precio que sea. Un acto espectacular derrumbará los planes del gobierno y los olímpicos se irán con su música a otra parte… Sócrates Campos, Rufino Perdomo, Sóstenes Tordecillas, Roberto Escudero, Fernando Carona, Florencio López Osuna, Sabino Flores, Oscar Levin, Rafael Cordera, Humberto Musaccio, Rubén Santana Alavés, José Luis González de Alba, Hugo Araujo y Raúl Álvarez Garín presentaron una moción tendiente a que el combate definitivo se libre en la Plaza de las Tres Culturas, porque seguramente los granaderos y el Ejército impedirán que salgamos a rescatar las escuelas del casco de Santo Tomás…”

A diferencia de otros encuentros de la dirigencia estudiantil, en los que El Móndrigo parece sólo transcribir el reporte frío de algún agente infiltrado, el cónclave en el que, afirma, se decidió provocar la matanza es profuso en detalles literarios, reproduciendo, incluso, diálogos textuales. “En la proposición se establece que el mitin del día 2 deberá concluir en hecatombre, pues en ello estará nuestra victoria. Habrá que insistir que vayan madres con niños. Mientras más caigan, mayor será la furia e indignación nacional y mundial. Entonces estallará un paro de actividades en fábricas, comercios, oficinas públicas y transportes, cosa que aprovecharán nuestros amigos en el Ejército, compañeros de viaje, para desconocer a sus comandantes y tomar la dirección de las batallas (…) Cuarenta y ocho horas después, el paro general y los desórdenes en todo el país harán caer al gobierno y el poder pasará a nuestras manos.

“Marcelino Perelló se levantó indignado. ‘¡Eso no… eso no!’ –gritó–. ‘¡Es un precio muy alto!’ “Y Miguel Yacamán preguntó si las columnas (de universitarios armados) dispararían únicamente contra soldados y policías, y se le respondió afirmativamente.
–¿Y si matan y hieren a estudiantes y a maestros invitados?
–Pues aumentará la cosecha, camarada, y no tendremos que inventar nombres y direcciones –le respondió con enfado Raúl Álvarez– Ya estamos en guerra y no vamos a fijarnos en pequeñeces… Y si con unos cuantos muertos en Tlatelolco alcanzamos la victoria, eso es salvar al país. De lo contrario, en vez de cincuenta o cien cadáveres, habrá que levantar millares de norte a sur y de este a oeste. Es doloroso, pero también duele amputar un brazo para salvar todo el cuerpo.
Según El Móndrigo, votaron en favor del plan 118 miembros del CNH; en contra, solamente 24; y el resto se abstuvo.

 

Militares apostados en edificios de Tlatelolco

Al día siguiente, siempre según la novela de la DFS, la dirigencia estudiantil integró batallones de ataque, que se congregaron en la Casa del Estudiante de Sonora, donde “Sócrates inició la dramática exposición con esta frase: ¡Alea jacta est..! ¡La suerte está echada!… Hasta se me enchinó el cuerpo. Pero en verdad, es el único camino. Si esperamos una semana más, los estudiantes regresarán a clases y coléricos nos colgarán (a los dirigentes). Por eso, de que lloren en mi casa a que lloren en la del vecino, prefiero lo último. Es la ley de la vida. Estamos en una encrucijada, correrán ríos de sangre y, si la de unos cuantos resuelve el triunfo, pues qué mejor…

“En un pizarrón estaba el plano de la plaza y edificios circundantes. Sócrates Leyó su plan estratégico auxiliado por Gilberto Guevara Niebla…. Nos informó que cuenta con la anuencia de amigos que son inquilinos en los edificios Chihuahua, Sinaloa, ISSSTE, Molino del Rey, Querétaro y Dos de Abril, con ventanas a la Plaza de las Tres Culturas, para que nos apostemos y desde allí recibamos a tiros a los soldados… y a los que se nos atraviesen.”

Así es como, en la versión de los hechos promovida por las autoridades, los dirigentes estudiantiles se parapetaron, arma en mano, a la espera de que iniciara el mitin en Tlatelolco.

El Móndrigo escribe a mano el último pasaje de su diario, correspondiente al 2 de octubre, y, para mayor verosimilitud, la Editorial Alba Roja reproduce el facsimilar de estas anotaciones.

La última página del diario

“Me dijo Raúl Álvarez Garín –dicen las anotaciones de El Móndrigo– que la señal será con una luz de Bengala, atrás de la iglesia.
“A mis dos compañeros de emboscada les apestan las patas horrorosamente. ¡Estos hippies!…
“Ya empezó a llover. Son las 5 de la tarde.
“5:15. Comienza Florencio López Osuna. Preside Campos.
“Cinco mil cuando mucho. Antes juntábamos quinientos mil.
“Las tropas dicen que están en Mosqueta y Zaragoza, y M. González.
“6:03. Aparecen los soldados. Espero la señal de Raúl. Son muchos tanques.
Y la novela concluye con una última expresión de ansiedad ante la masacre inminente.
“Ahora sí –escribe el personaje ficticio–. Son las 6:15…”
La hora en la que empezaron los disparos.

Álvarez Garín y Guevara Niebla, en Lecuberri, tras su captura en Tlatelolco

Epílogo

Hasta la fecha, se desconoce el número exacto de personas asesinadas en Tlatelolco. En ese momento, el Ejército reconoció 24 decesos; mientras que algunos investigadores, como el académico Jorge Castañeda, han afirmado que no fueron más 68 muertos, incluido un soldado; además, la Embajada de Estados Unidos, calculó en esos momentos que los fallecidos era entre 150 y 200, según un informe enviado a Washington. Sin embargo, otros afirman que la cifra podría superar las 300 víctimas fatales.

En febrero de 2006, ya con Felipe Calderón como presidente de la República, la Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), creada cuatro años antes por su antecesor, Vicente Fox, presentó su informe sobre la ‘guerra sucia’ en México, que dedica todo un capítulo a la represión ejercida por el gobierno del priista Gustavo Díaz Ordaz contra los estudiantes universitarios en 1968.

Este documento concluye que el mismo 2 de octubre, “una delegación del Consejo Nacional de Huelga, formada por Luis González de Alba, Gilberto Guevara Niebla y Anselmo Muñoz, se entrevista con los representantes del Presidente de la República Anselmo Muñoz y Jorge de la Vega Domíngez (…) El acuerdo al que se llegó fue que se iniciaría el diálogo requerido con el movimiento estudiantil (…) Al abrirse la posibilidad de iniciar la negociación, deciden suspender la movilización prevista desde la Plaza de las Tres Culturas al Casco de Santo Tomás, para cancelar toda posibilidad de violencia (…) En cambio, aquella mañana del 2 de octubre, el Estado se preparaba para atacar a su población (…) Conforme a documentos desclasificados por la Sedena, con informes de inteligencia enviados al Departamento de Defensa de Estados Unidos, el Estado Mayor Presidencial utilizó francotiradores para inducir una respuesta armada por parte del Ejército y que ésta se generalizara provocando una masacre que aniquilara al grupo nacional movilizado.”

“La versión que inculparía a los estudiantes –señala el informe– no se sostiene”, mientras que “la tesis de que los francotiradores eran militares pertenecientes al Estado Mayor Presidencial es la que tiene soporte en la documentación encontrada”, concluye el reporte oficial.

Un año después, el presidente Calderón, por medio la Procuraduría General de la República, desapareció la FEMOSPP, sin haber detenido a ningún responsable no sólo de la matanza del 68, sino tampoco de la de 1971 ni de la guerra sucia librada contra movimientos insurgentes en las décadas de los 60, 70 y 80.

Y, más aún en 2008, el académico Sergio Aguayo denunció que los archivos de la FEMOSPP, que incluían toda la información desclasificada sobre la guerra sucia, habían sido “deliberadamente desaparecidos” por el gobierno calderonista.

“La PGR ha respondido a las peticiones de información que han hecho diversas personas –denunció Aguayo, en televisión–, que estos archivos son inexistentes: el archivo ministerial que se usó para intentar fincar responsabilidades a funcionarios públicos y el archivo histórico con 22 mil documentos, actitud que es de indolencia o de mala fe, por lo que el gobierno de Fox como el actual de Felipe Calderón han sido cómplices de la impunidad (en la matanza del 68)”, remató.

Close
Comentarios
  1. Lopez

    Eso ya se sabe y lo publican ahora un contubernio entre las cupulas de partidos y politicos que se cobijan y cubren sus fechorias asesinos todos con diferente signo el Baboso de FOX prdio la opotunidad de abrir y dar todo a luz y acabar con de una vez con esa mentira del chacal DIAZ ORDAZ y su partido de asesinos complices pero prefirio convertirse en personaje de Walt Disney .