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Estamos hasta la madre,
nuevo libro de Sicilia
Éste es un proyecto hecho con Rafael Rodríguez Castañeda, director de la revista Proceso, y Braulio Peralta, director de Editorial Planeta. Es una selección de textos que ayudan a comprender los principios del “Movimiento por la paz” y analizan al poder y los poderosos.
Por Mariana H ( @soymarianah )
7 de octubre, 2011
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El escritor Javier Sicilia libera una paloma durante uno de los actos de la Caravana por la Paz.

Javier Sicilia publica el libro Estamos hasta la madre un proyecto hecho con Rafael Rodríguez Castañeda, director de la revista Proceso, y Braulio Peralta, director de Editorial Planeta. Es una selección de textos que ayudan a comprender los principios del “Movimiento por la paz”  y analizan al poder y los poderosos.

Animal Político entrevistó al poeta y aquí te dejamos la conversación:

“Un gobierno siempre sospecha de las movilizaciones sociales” dices en un texto titulado “El valor del no”, ¿cuáles son  los no medulares del movimiento que encabezas?

Los “no”  importantes que debemos nombrar son aquellos que atentan contra la dignidad y lo intolerable. En este país por desgracia hay una gran cultura de la simulación, hay que decir si aunque uno no esté de acuerdo por miedo a ser castigado o despreciado. Debemos de aprender a decir que no a aquello que humilla a lo que atenta contra la conciencia y muchos de los movimientos sociales son eso, en éste en particular es un no a seguir alimentando la violencia, un no a aceptar que nos estén matando y matando a nuestros hijos, un no a la guerra y un no a la simulación de los políticos.

Mencionas a Celine, el creador de Viaje al final de la noche, cuando dice “Todos son culpables menos yo”,  los mexicanos no hemos aprendido a asumir responsabilidades, ¿cuáles son las consecuencias?

Siempre escuchas  cosas como “la culpa la tiene el PRI” , “la culpa la tienen los delincuentes”, “la culpa es de las drogas” pero ¿y las malas políticas? ¿y las instituciones?. De ahí que tomo la frase “Todos son culpables menos yo”, creo que hay que pensar más bien en la frase de Aliosha Karamazov que dice “Todos somos culpables, yo más que todos los demás”, es decir, tomar una conciencia de responsabilidad fundamental en cada uno de nuestros actos, ser críticos pero también autocríticos. En el movimiento decimos “nos tardamos, fuimos sumisos, no debimos haber esperado tanto, no dijimos que no a tiempo”, estamos viviendo las consecuencias pero hay que ir aprendiendo y reconstruyéndonos moralmente. Lo que está arrasado en el suelo de este país es la vida ética, estamos  sacando la reserva moral que hay en este país y que estaba soterrada frente a la cultura de la irresponsabilidad.

Eres un hombre religioso y eso se ha visto plasmado siempre en tu poesía, en este libro criticas fuertemente a la Iglesia ¿qué te duele de la Iglesia?

Es duro criticar a la madre y para mí, la Iglesia es una madre pero a veces adquiere maneras de madrastra o de puta y esa es una gran traición al espíritu evangélico. Yo siempre he criticado lo romano, lo imperial de la iglesia que ha corrompido el mensaje de la humildad y del no poder del evangelio. A mí me molesta mucho que mi madre traicione los principios fundamentales de lo que somos. Ningún hombre de institución se atrevería a decir lo que yo digo sobre la Iglesia porque considero que así como preserva el depósito la fe, su institución también la corrompe y eso lo criticaré siempre con la libertad que me da ser hijo de esa Iglesia.

En la lucha contra  la violencia, los mexicanos nos hemos hecho de frases, desde el “Ya basta”, “Si no pueden, renuncien”, acuñada por Alejandro Martí, y ahora “Estamos hasta la madre”,  ¿cuál es la importancia de la congruencia en el lenguaje entre lo que dices y cómo lo dices?

“Estamos hasta la madre” es un grado más del “ya basta”, los mexicanos nos entendemos mejor en el lenguaje coloquial y cuando las palabras fuertes se usan para definir algo, nos revelan cosas que de otra manera no cobran el mismo significado. Vengo de dos tradiciones de respeto a las palabras, la judeocristiana  y la poesía, soy consciente del peso de la palabra. Es fundamental que lo que la lengua de carne dice esté amparada por los actos de la carne. Es un proceso difícil y de mucha vigilancia. La palabra no es un ruido en la boca, nos revela, nos compromete, nos entrega a los otros y crea la realidad.

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