La intuición luminosa de Gregory Allen
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La intuición luminosa
de Gregory Allen

22 de octubre, 2011
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Por Moisés Castillo

Las imágenes del fotógrafo estadounidense Gregory Allen no insinúan una nostalgia por el pasado ni por el futuro sino por el presente oculto, algo que pasa sin pasar del todo. A lo largo de 11 años haciendo clicks, el oriundo Seattle ha pasado de hacer una fotografía narrativa a una fotografía intuitiva: fe en nada.

Gregory se considera un retratista más que un fotógrafo documental o de moda. Estudiar arte en Wesleyan University y cine documental en Praga, le permitió descubrir espacios sin contar historias, simplemente poner a alguien frente a su cámara y captar una gota de un recuerdo: imágenes poderosamente sencillas que tienen un proceso íntimo con la persona retratada.

Extrañamente hacer fotografía para la industria de la moda fue un paso natural. Su verdadero entrenamiento fueron esas primeras imágenes cuando trabajaba en un periódico semanal que cubría la escena artística y musical de La ciudad de la lluvia. Gregory tenía 20 años y no podía ingresar a los antros de moda porque no era mayor de edad, por lo que retrataba fiestas underground que se hacían en fábricas abandonadas o en el garaje de las casas.

En ese tipo de tocadas vio los inicios de bandas emblemáticas como Modest Mouse. Captó a través de la lente la diversión juvenil con vientos de libertad. Las fotos que salían en la publicación eran en blanco y negro por cuestiones de presupuestales más que por un gusto personal o estético. Así estuvo los veranos durante 3 años con una Konica Hexar, una cámara pequeña tipo rangefinder que es muy discreta, silenciosa y no llama la atención; porque en casa lo obligaron a tener un tipo de actividad durante las vacaciones.

Y es que gracias a sus padres abogados que le regalaron una camarita de plástico, empezó a los 6 años a retratar a sus gatos, peluches, vecinos, amigos y familiares. En la preparatoria, Gregory aún no se decidía por estudiar música electrónica o fotografía. Su madre le dijo que irremediablemente tenía que decidirse por algo y le contestó: “entonces regálame una cámara”.

Gregory recuerda que nadie de su familia se había dedicado a la fotografía o a alguna expresión artística. Sin embargo, contar con la suscripción de la revista National Geographic fue para él un escape del paisaje habitual, donde la torre Space Needle domina el cielo azulado. Justo en esas páginas comenzó su educación visual al observar fotos de lugares maravillosos de Asia y África.

Nunca imaginó que sus imágenes estarían en su revista favorita: en el 2004 ganó el concurso de foto documental que organizó NG por una serie que captaba iconos de Estados Unidos y figuras religiosas.

Es por ello que no es una casualidad su proyecto de tesis universitaria. Visitó muchos pueblos pequeños casi fantasmales y tristes de la región centro-oeste del país como Iowa. Su padre tomó la decisión de mudarse a ese estado tranquilo y así Gregory conoció la otra cara de Estados Unidos: edificios vacíos, caminos desolados, el lado más gringo.

“Son cosas que la gente de los pueblos pone en las carreteras para venderlas. Hay objetos muy bizarros como estatuas gigantes de Jesús o una casa hecha de puro maíz, es ridículo. Hay una exaltación por este tipo de iconografía y siento que sí es algo muy de la cultura estadounidense”.

Gregory siempre tuvo la curiosidad de explorar el mundo de la moda y la publicidad. Trabajar en Benetton con el fotógrafo italiano Oliviero Toscani, cuyas campañas publicitarias causaron una enorme controversia en la década de los 80 y 90, fue definitivo para encontrar un punto de equilibrio entre la fotografía documental y comercial.

“Trabajaba medio tiempo en Nueva York y medio tiempo viajando con él haciendo sesiones de moda, las cosas más frívolas del mundo hasta campañas muy grandes. Con él aprendí que sí puedes meter una visión muy personal en la publicidad, fotos con un gusto muy particular”.

Gregory se ha involucrado en proyectos de marcas como Julio, Brantano, Prada de México, Palacio de Hierro; las revistas GQ, Glamour, Travel+Leisure, 192, Instyle, bbmundo, Harper’s Bazaar y diseñadoras como Julia y Renata.

Saltar de los retratos más íntimos a la industria de la moda y viceversa, le ha permitido a Gregory romper con los prejuicios de ser un fotógrafo “comercial”. Al final del día no le interesan esas opiniones. A través de sus imágenes no pretende desenmascarar una realidad abstracta sino hacer un elogio a la melancolía sofisticada a través de un trabajo honesto.

Sus fotos para el libro amarillo de El Palacio de Hierro del año pasado son un claro ejemplo de que un paisaje hermoso es suficiente para proporcionar un intenso placer a la mirada.

Las fotografías las tomó en un poblado llamado Guerrero Negro, Baja California Sur, conocido internacionalmente por su industria salinera y está ubicado dentro de una reserva de la biósfera, donde cada temporada invernal se da cita la ballena gris y aves migratorias. Es un lugar donde el sol casi no toca las dunas infinitas y la brisa genera un sonido muy particular. Gregory quería reflejar un sentimiento de perdición y soledad.

“Estoy muy sensible a lo que pasa a mi al alrededor como los cambios de luz. Confío mucho en mi intuición porque si no veo algo forzado. Buscó el camino donde la gente que retrato se sienta interesante y que diga algo visualmente”.

Gregory vive en uno de esos departamentos bonitos de la Condesa. Su buen gusto por el arte salta a la vista a la entrada con un cuadro enorme de una mujer obesa, la decoración multicolor y muebles minimalistas. Hace un mes en la Galería Vértigo presentó su trabajo a decenas de jóvenes que buscaban respuestas interminables sobre cómo sacar una buena foto, qué tipo de cámara usó en tal campaña o qué hace un gringo en México…

Conoció a una chica mexicana en Nueva York y se enamoró. Decidió seguirla al DF por unos 6 meses y al final todo se derrumbó. Tiene 8 años viviendo en la capital y dice que es un lugar que nunca dejará de sorprenderlo.

La ciudad de México le pareció más tranquila que NY y le encantó que los chilangos fueran menos agresivos y cerrados que sus compatriotas. Dice que caminó muy inocente con su cámara por Tepito, La Merced y calles de Iztapalapa para retratar a la gente del metro, los enormes contrastes urbanos, las texturas y colores intensos, sin saber que son zonas un poco riesgosas para transitar.

Gregory encuentra su mayor influencia en el fotógrafo Josef Koudelka, famoso por registrar la invasión del Ejército ruso a la entonces Checoslovaquia en 1968, así como sus retratos de gitanos.

La mirada Gregory Allen sigue los dictados de su intuición luminosa, un misterioso impulso que sólo se da por el conocimiento de la experiencia vital y obsesiones casi enfermizas que hacen al hombre sentirse vivo. Largo crepúsculo: tiempo para contar una historia y olvidarla.

Como dijo alguna vez el mismo Koudelka: “Muchas de mis fotografías las hago sin mirar el objetivo, es como si no existiera la cámara y sólo mi cerebro y mis ojos quisieran plasmar la imagen que estoy apreciando, pero llega un momento en que sin darme cuenta mi dedo realiza el disparo. Un acto sumamente mecánico pero lleno de intensidad”.

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Reuters

Agua en la Luna: la NASA confirma la existencia del líquido en el satélite de la Tierra

Científicos de la NASA anunciaron que detectaron, de manera inequívoca, la presencia de agua en la superficie iluminada de la Luna.
Reuters
26 de octubre, 2020
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En la Luna hay agua.

La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) confirmó este lunes que detectaron presencia del líquido en varios cráteres del satélite natural de la Tierra.

“Aún no sabemos si podemos usarlo como recurso, pero conocer sobre el agua en la Luna es clave para nuestros planes de exploración Artemisa”, dijo Jim Bridenstine, el jefe de la NASA.

Los hallazgos fueron realizados en la superficie iluminada de la Luna con ayuda del observatorio SOFIA, un telescopio infrarrojo aerotransportado, el más grande de su tipo en el mundo.

Los descubrimientos se publicaron este lunes en dos artículos en la revista Nature Astronomy.

¿Cómo detectaron el agua?

El primero de estos estudios se refiere al descubrimiento realizado gracias a SOFIA.

Este observatorio, a bordo de un avión Boeing 747 modificado, vuela por encima del 99% de la atmósfera de la Tierra, por lo que ofrece una vista casi sin obstáculos del sistema solar.

Ilustración de un astronauta en la Luna

NASA
La NASA quiere establecer una base permanente en la Luna.

Al hacer rebotar la luz infrarroja del telescopio en la superficie de la Luna, los científicos pueden decodificar exactamente lo que refleja esa luz.

Diferentes sustancias aparecen con diferentes colores y, en este caso, los investigadores detectaron el color exacto “característico” de las moléculas de agua.

Los investigadores creen que el agua detectada se almacena en burbujas de vidrio lunar o entre granos en la superficie que la protegen del duro ambiente.

En el otro estudio, los científicos buscaron áreas en sombra permanente, conocidas como trampas frías, donde el agua podría quedar capturada de manera permanente.

Los investigadores encontraron estas trampas frías en ambos polos y concluyeron que “aproximadamente 40.000 metros cuadrados de la superficie lunar tiene la capacidad de atrapar agua”.

¿Qué significa este descubrimiento?

Si bien anteriormente había habido signos de agua en la superficie lunar, estos nuevos descubrimientos sugieren que el compuesto es más abundante de lo que se pensaba.

Ilustración

NASA
Ilustración del cráter Clavius ​​de la Luna y una molécula que representa el agua atrapada en el suelo lunar de ese lugar.

“Nos da más opciones para posibles fuentes de agua en la Luna”, dijo a BBC News Hannah Sargeant, científica planetaria de la Open University en Milton Keynes.

Hay bastantes misiones a las regiones polares de la Luna programadas para los próximos años. Pero a más largo plazo, hay planes para construir un habitáculo permanente en la superficie lunar.

“El dónde poner una base lunar se centra mayormente en dónde está el agua”, añadió Sargeant.

“Ya estamos trabajando en las ideas para una base lunar y adónde vamos a ir. Íbamos a ir a la Luna de todos modos. Pero esto nos da más opciones y lo convierte en un lugar aún más emocionante para ir. Es más prometedor”, agregó.

Jacob Bleacher, de la Dirección de exploración humana de la NASA, dijo que los investigadores aún debían comprender la naturaleza de los depósitos acuosos. Esto les ayudaría a determinar qué tan accesibles serían para los futuros exploradores lunares.

Los expertos dicen que la extracción del agua podría sentar la base para una futura economía lunar.

Sería mucho más barato producir combustible para cohetes en la Luna que enviarlo desde la Tierra.

Entonces, cuando los futuros exploradores lunares quieran regresar a la Tierra o viajar a otros destinos, podrían convertir el agua en hidrógeno y oxígeno, elementos que comúnmente se usan para impulsar los vehículos espaciales.

Ilustración de un astronauta en la Luna.

NASA
La NASA planea volver a mandar seres humanos a la Luna en 2024.

Por lo tanto, el reabastecimiento de combustible en la Luna podría reducir el costo de los viajes espaciales y hacer que una base lunar sea más asequible.

La doctora Sargeant explicó que esto significaba desarrollar “una manera más sostenible de realizar la exploración espacial”.

Con información de Victoria Gill, corresponsal de ciencia de BBC News.


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https://www.youtube.com/watch?v=16AhQaStWxg

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