La poesía visceral de Carlos Martínez Rentería
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La poesía visceral
de Carlos Martínez Rentería

29 de octubre, 2011
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Por Moisés Castillo

Dicen que la poesía es conocimiento, salvación y abandono. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia. Y Carlos Martínez Rentería habló muchas madrugadas en silencio. Hubo una época en que salía diario a altas horas de la noche del extinto bar Mestizo, ubicado en Chihuahua en la colonia Roma; era el mejor pretexto para quedarse y emborracharse en ese lugar porque su casa estaba a una cuantas cuadras.

 

Fue un momento sensible en la vida de Carlos porque tenía ganas de escribir para exorcizar su alma. Todas las madrugadas al regresar a casa, a pesar de encontrarse en los estados más etílicos y deplorables, se ponía a teclear la computadora o soltaba la pluma en un pedazo de papel. En ese tiempo perdido y confuso que es la madrugada, Carlos comenzó a revelar este mundo y a crear otro. La angustia y la desesperación alimentaron sus pensamientos.

 

Cuando el sol lo hacía despertar y el cuerpo ya no daba para más, se dio cuenta que muchas reflexiones y frases no las entendía del todo porque la letra era indescifrable. Reflejo de la noche y la perdición. Los poemas que se salvaron se fueron integrando poco a poco a una carpeta donde había hojas arrugadas, papeles sueltos y servilletas con pequeños textos que tenían 16 años de vida.

 

Así nació Barbarie (Moho 2011) como una inquietud de Carlos para expresar con palabras exactas sus emociones más íntimas y fugaces. En la poesía de Carlos existen expresiones de algo vivido y padecido: la experiencia vital. La vida nocturna, los árboles, la lluvia, el amor y la amistad son los temas que aborda un “sujeto poético callejero y melancólico, vulgar y meditabundo”, como señala el escritor Heriberto Yépez en el prólogo.

 

En la segunda parte El libro de las madrugadas, quizá la más lograda, nos lanza Madrugada I: “Cómo medir la madrugada/cómo saber cuándo es tarde o temprano/tiempo de irse o quedarse/de llegar o morir en ese mismo instante”.

 

En Madrugada II descubre la intensidad de los sentidos: “El miedo fascinante/los pasos precisos de una cuadra a otra/las ventanas que nunca se apagan/En la madrugada de las calles siempre hay gatos”.

 

El poema es algo que está más allá del lenguaje: la palabra en libertad muestra todas sus entrañas. Cada poema de Barbarie es único e irrepetible, es producto de la experiencia humana. Como dice Octavio Paz, el poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre. Y así lo refleja Carlos con sencillez y honradez.

“En general casi todas las madrugadas de mi vida estoy despierto compartiendo unos tragos. Los poemas entendibles de aquellas madrugadas han pasado por procesos de pulida y corrección. Heriberto Yépez me ayudó a arreglar algunos textos y otros se fueron transformando. Finalmente fue benéfico que pasaran tantos años porque de esta manera los poemas están más cuidados”.

 

-Eduardo Lizalde dice que la poesía es “la muñeca fea” de la literatura porque la lee apenas un pequeño grupo, ¿Por qué escribir un libro como Barbarie?

 

En realidad escribí este poemario por mi inquietud de escribir poesía. Hace 5 años hice una edición libro-objeto con acuarelas del pintor Felipe Posadas de 10 ejemplares y se los regalé a mi mujer en aquel entonces y a mis amigos. Fue un primer antecedente. Después hace como 4 años le enseñé unos textos sueltos a Heriberto Yépez y me dijo “oye esto podría publicarse, no está mal, porque no me mandas más”. Y comencé a mandarle más, me estuvo presionando y gracias a él se armó el libro porque empezó a reunirlos, a hacerles algunas observaciones y posteriormente llegó un momento en que me dijo “ya tengo armado tu libro”. Pasó el tiempo y algunos amigos míos como Guillermo Fadanelli me dijo “ese poemario tiene que salir, yo lo publico”. Otros amigos fueron copatrocinadores de la edición La Pulquería Los Insurgentes y Leobardo Sarabia, director del Festival Interzona de Tijuana.

 

-Originalmente el libro se iba a llamar La frágil barbarie…

 

Fadanelli me hizo algunas observaciones y me propuso que sólo dejáramos Barbarie, estuve de acuerdo y se modificó el orden del índice. Hubo dos o tres poemas nuevos. El libro fue tomando forma y me parece que Yolanda hizo un diseño y edición cuidadosa, es un regalo de mis amigos. Como dice Yépez en el prólogo, parecería extraño que alguien como yo escribiera poesía porque hay está idea falsa que es un género para personas muy sensibles y cuidadosas. Sin embargo, la historia de la poesía está llena de locos y bárbaros. Por ejemplo, Salvador Díaz Mirón, que incluso estaba acusado de ser un asesino y ya no digamos de Baudelaire y Rimbaud.

 

-Casi todos los poemas tienen dedicatoria, ¿Qué tan fundamental es la amistad en tu vida?

 

Lamentablemente varios amigos me han reclamado porque no les dediqué un poema, pero es que en realidad estas dedicatorias tienen que ver con un momento particular que liga al poema con la persona. Creo que la amistad es fundamental para estar vivos, incluso en muchos momentos supera al amor hacia la pareja.

 

En Barbarie hay también poemas de amor y desamor. En Guillermina no está dices: “Cuando no está/ninguna fiesta es feliz/la aguardo con la angustia desvalida/ella no está en mi cama/ninguna fiesta, sin ella, salva mi vacío…

 

Tuve una relación muy larga que ahorita está en stand by desde hace más de dos años. Guillermina -la madre de mi hijo Emiliano- y yo vivimos juntos 17 años, a pesar de que ahora no lo estamos, de todos modos tenía que dedicarle este libro a ella, a mi hijo y a mis amigos. Hay algunos poemas de desamor en donde pareciera que se traiciona algo que siempre he creído que “el amor es para siempre” y, sin embargo, te das cuenta que no es así. O que a lo mejor puedes querer mucho a alguien pero ya no puedes vivir con esa persona. Si hay un par de poemas así, me han acusado de ser un poco cursi.

 

-En Mandamientos bárbaros aludes a los amigos, la vida nocturna y a los excesos, ¿Cómo es el proceso de transportar la experiencia vital a tus poemas?

 

Es fundamental porque viene a fortalecer un espíritu de transgresión, de equivocación, de celebración y arriesgue. Los estados alterados vienen a ser para mí una verdadera provocación del pensamiento. No dudo que mucha gente pueda ser un gran artista o un profesional de cualquier actividad siendo abstemio, pero también de las personas que más admiro en la literatura y en el arte sí han estado demasiado cercanos al alcohol y a los estados alterados. Esa perspectiva a mí me seduce. Creo que debe respetarse y celebrarse aquellos que hemos optado por este camino. Finalmente resulta más difícil la convivencia, la supervivencia, porque tiene que ver con la salud, con tus horas perdidas y el daño que puedes hacerle a los que están cerca de ti. Espero seguir bebiendo y consumiendo otras sustancias hasta mi muerte.

 

-Cortázar dijo “un poeta ante todo, es decir, cazador de ser”, ¿Qué es ser un poeta?

 

No aspiro a ser un poeta. Para mí la poesía es la expresión del arte que exige más exactitud y que concentra en un breve texto una manera de descontextualizar el lenguaje. El lenguaje deja ser sólo una forma de expresión y comunicación para convertirse en un acto de creación. Muchísima gente piensa que la poesía es más fácil que la narrativa. Yo digo que es al revés. Un buen poema es mucho más complejo en su estructura, en toda su posibilidad de expresión.

 

-¿Cuáles son tus poetas favoritos?

 

Admiro a poetas diversos, no me considero un experto. Obviamente Rimbaud, Baudelaire, me gusta Bukowski, me encanta la poesía de Octavio Paz, Sabines, Alí Chumacero, la poesía del maestro Bonifaz Nuño.

 

-¿Por qué en muchos círculos literarios la figura de Paz es despreciada?

 

Hay mucho prejuicios o realmente no conocen su obra. Yo si creo que Paz cometió demasiados errores por su gran egocentrismo y pudo haberse equivocado mucho en sus posturas políticas. Sin embargo, eso no le quita que fue un hombre brillantísimo, un gran poeta, muy intelectual pero también muy sensible par encontrar las palabras exactas y nombrar cosas. Sería una estupidez quitarle méritos a su gran obra poética por un prejuicio de tipo ideológico.

 

Contracultura, Congelada de Uva y Monsiváis

 

A sus 49 años, Carlos Martínez Rentería es identificado inmediatamente como uno de los defensores de la “contracultura” en México y director de la revista Generación desde hace 23 años. Pero en realidad este “profeta del quebranto y el dolor” como lo describe el escritor Leonardo Da Jandra en el epílogo de Barbarie, siempre quiso ser un actor de teatro.

 

Estudiaba esta disciplina en la preparatoria privada Sebastián De Aparicio hasta que terminaron lanzando a todos los alumnos a la calle, porque la directora del plantel perdió todo el dinero de las colegiaturas jugando en Las Vegas. Así que la única condición que le pusieron sus padres para que siguiera con sus clases de actuación fue que estudiara otra carrera y se inscribió en la Carlos Septién.

 

El periodismo siempre estuvo ahí. Su padre trabajó muchos años en las oficinas de comunicación social gubernamentales y fue vocero de María Esther Zuno, esposa del ex presidente Luis Echeverría. Además algunos tíos como Teodoro, Juan Manuel y Miguel Ángel Rentería fueron reporteros en medios impresos.

 

El periodismo cultural se fue dando de una manera natural porque tenía los antecedentes de estudiar teatro y estaba vinculado con algunos medios de la cultura. Reporteó en el periódico El Universal en 1984 y fue fundador de la sección cultural, cuyo editor en ese entonces era Enrique Castillo Pesado. Posteriormente, ingresó a La Jornada donde escribe su columna Salón Palacio.

 

-¿Qué personajes fueron importantes a lo largo de tu labor en el periodismo cultural?

 

Hay muchos amigos que han sido un estímulo y una complicidad con la revista Generación y conmigo. Desde Carlos Monsiváis, que le pedí una disculpa por haber tomado un texto suyo sin comunicárselo y me dijo “estás autorizado de publicar los textos que quieras sin necesidad de avisarme”. Tenemos que recordar siempre su irreverencia, su crítica atinada. Los periodistas norteamericanos del nuevo periodismo y los poetas beats me formaron en el terreno periodístico. Estos escritores, poetas, periodistas, que siempre se burlaron del poder y de las instituciones, que fueron construyeron  una estética y ética alrededor del subterráneo me fascinan.

Noches de Generación from Edson Ramírez on Vimeo.

-Desde hace tiempo has tenido una polémica con el escritor Heriberto Yépez sobre la caducidad de la “contracultura”… ¿En qué round van?

 

Siempre digo que aquel que se diga contracultural deja de serlo. Esta exigencia que de pronto hay para que sea contracultural pues obviamente lo entiendo porque siempre estoy provocando y pensando lo contracultural. Eso no necesariamente significa que lo sea. Nunca me he vestido ni de punk ni de dark ni me he metido chemo, jajaaja. Es una dialéctica en relación con la cultura. La cultura como el consenso establecido de una época y su contraparte los que no están en ese consenso, los que están proponiendo otras perspectivas, otras ideas, otras maneras de hacer arte, otras formas de vivir. La contracultura sólo es el instante en el que la cultura se mueve. Es como la cresta de una ola como dice Timothy Leary, que finalmente la cresta es la parte más alta de la ola, la parte de más movimiento pero la ola cae de nuevo y vuelve a la tierra. En ese sentido, la contracultura sólo es el instante en el que algo se mueve y al momento que movió vuelve hacerse cultura. Yo digo que cuando no haya contracultura significa que la cultura habrá muerto. Cuando la cultura quede estatizada ya no habrá contracultura.

 

-¿Qué momento de la contracultura destacarías en los últimos años en México?

 

Algunos performance de la Congelada de Uva debieron mover cierta conciencia de la libertad sexual. También el esfuerzo que han venido realizando un puñado de gente por la despenalización de las drogas. Los poetas beats que detonaron el movimiento hippie, la literatura de José Agustín y el movimiento de la onda y, recientemente, la literatura basura de Guillermo Fadanelli y otros autores que hace tan sólo 15 años eran escritores totalmente marginales y ahora pertenecen a una industria internacional. Las grandes editoriales se pelean por este tipo de escritores y esto es un fenómeno de la contracultura. La contracultura comienza siendo una experiencia totalmente marginal y, al paso del tiempo, llega a ser parte del mainstream. Y no quiere decir que la contracultura fue absorbida sino simplemente cumplió su sentido de movimiento.

 

La oficina de la revista Generación es un caos ordenado. Montones de revistas en el piso, libros perdidos, papeles arrumbados, decenas de fotos pegadas en una hoja de corcho, caguamas y un sol molesto que entra potente en una de las ventanas de la Casa del Poeta Ramón López Velarde.

 

Carlos viste una guayabera azul cielo y unos pantalones oscuros. Cada vez que habla se soba la cara y mira pensativo hacia ningún lado. Está en espera de que le publiquen en Conaculta una antología en la colección periodismo cultural. Ya les dio una selección de textos y confía en que no hayan tirado el CD a la basura. Además tiene un boceto de 30 cuartillas de una novela “que se deben trabajar mucho”.

Dice que le gustaría seguir haciendo la revista Generación pero es muy complicado: la publicidad es escasa y las deudas crecen. Sin embargo, este frágil bárbaro sigue caminando y dilapidando lo mejor que le dio la vida.

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Cómo la pandemia de COVID puede llevar a una revolución de las vacunas

Una tecnología prometedora en desarrollo desde hace 30 años utiliza la ingeniería genética para crear vacunas que son más baratas y fáciles de producir a gran escala.
25 de septiembre, 2020
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La enfermedad covid-19 está cambiando radicalmente muchas cosas, una de ellas puede ser cómo funcionan las vacunas.

La pandemia se ha convertido en una oportunidad para probar una nueva tecnología que se viene desarrollando desde hace 30 años.

Algunos científicos están usando la ingeniería genética para hacer que nuestras células produzcan una parte de un virus y así enseñarle a nuestro sistema inmunológico a protegernos de él.

Esto permitiría crear vacunas de forma mucho más rápida. Incluso pueden ser más simples de fabricar y más seguras de usar. Probablemente también sean más baratas.

Solo tenemos que probar que las vacunas genéticas, como se conocen, realmente nos protegen.

¿Oportunidad?

Nunca se hizo. Hasta la fecha, no existe tal vacuna aprobada para su uso en humanos.

Pero dos de las ocho vacunas contra la covid-19 que están en una etapa más avanzada de la investigación utilizan esta tecnología.

Una la fabrican las empresas Pfizer (Estados Unidos), BioNTech (Alemania) y Fosun (China). La otra está siendo desarrollada por la empresa estadounidense Moderna.

Ambas llegaron a la tercera y última fase de pruebas en humanos y se están aplicando a miles de personas para ver si son efectivas.

Las perspectivas son prometedoras, dice Norbert Pardi, profesor e investigador de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos.

Los estudios realizados hasta ahora apuntan a que estas vacunas generan una buena respuesta de nuestro sistema inmunológico y que son seguras.

“Aún necesitamos ver los resultados de la última fase, pero soy optimista. Creo que una o más de ellas serán aprobadas. Esto tiene el potencial de revolucionar el campo de las vacunas para enfermedades infecciosas”, opina Pardi.

Cómo funcionan las vacunas

La mayoría de las vacunas que utilizamos suponen la inyección de un virus o una bacteria en nuestro cuerpo para que el sistema inmunológico pueda identificar la amenaza y crear formas de defendernos.

En el caso de los virus, estos pueden estar debilitados (su capacidad para enfermarnos se ha reducido a niveles seguros) o inactivados (no pueden reproducirse).

Hombre delante de un mural con un dibujo de mujer con máscara.

Getty Images
Más de 32 millones de personas fueron contagiadas con el nuevo coronavirus en todo el mundo.

Existen también las denominadas vacunas de subunidades, en las que solo fragmentos característicos de un virus, como una proteína, por ejemplo, se producen en el laboratorio y se purifican para su uso en la vacuna.

La propuesta de las vacunas genéticas es diferente. En lugar de inyectarnos un virus o parte de él, la idea es hacer que nuestro propio cuerpo produzca la proteína del virus.

Para ello, los científicos identifican la parte del código genético viral que contiene las instrucciones para elaborar esta proteína y nos la inyectan.

Una vez absorbida por nuestras células, funciona como un manual de instrucciones para la producción de la proteína viral.

La célula produce esta proteína y la exhibe en su superficie o la libera en el torrente sanguíneo, lo que alerta al sistema inmunológico.

Las ventajas de las vacunas genéticas

La inmunóloga Cristina Bonorino explica que, en el caso de vacunas atenuadas o inactivadas, es necesario cultivar una gran cantidad de virus para utilizarlo como materia prima.

Las vacunas genéticas no necesitan esto.

Simplemente basta con crear en el laboratorio la secuencia genética deseada.

Esto requiere una estructura de producción mucho más reducida.

“El costo probablemente también sea menor”, dice Bonorino, quien es profesora de la Universidad Federal de Ciencias de la Salud en Porto Alegre y miembro del comité científico de la Sociedad Brasileña de Inmunología.

Márjori Dulcine, directora médica de Pfizer Brasil, empresa que fabrica una de las vacunas genéticas, explica que, además de que este tipo de vacuna se produce más rápidamente a gran escala, también es flexible.

“Sabemos que el SARS-Cov-2 tiene una gran capacidad para mutar. Entonces, si eso sucede, podemos adaptarnos rápidamente”, asegura Dulcine.

Las vacunas genéticas también eliminan el riesgo de que una persona se enferme cuando se vacuna, lo que puede ocurrir cuando se utilizan vacunas con virus atenuados.

Los virus en ese estado se han manipulado para ser menos peligrosos, pero aun así pueden reproducirse lentamente.

Esto da suficiente tiempo al sistema inmunológico de una persona sana para que reaccione y, en el proceso, aprenda a combatir esa amenaza.

Pero, en casos más raros, si el paciente está inmunodeprimido, puede perder esta carrera contra el virus y enfermar.

“Con este tipo de vacuna no pasa eso, porque no usa un microorganismo vivo. Es completamente sintética“, dice Norbert Pardi, de la Universidad de Pensilvania.

El tiempo necesario para desarrollar una vacuna también se reduce drásticamente. Por lo general, lleva meses tener una vacuna lista para las primeras pruebas. Con las vacunas genéticas se tarda solo semanas.

Protesta antivacuna.

Reuters
Una parte de la población está en contra de las vacunas obligatorias.

“Moderna tardó 42 días desde el momento en que recibió la secuencia genética del virus para comenzar los estudios de la vacuna contra la covid-19. Esto es casi imposible con otras tecnologías”, afirma Pardi.

El científico también dice que las pruebas han demostrado hasta ahora que las vacunas genéticas contra la covid-19 han generado una reacción del sistema inmunológico al menos tan buena como la de las otras candidatas.

“Por lo tanto, no solo son más seguras y relativamente baratas de producir, sino que también son muy efectivas. Esto es muy importante”, analiza.

Vacunas de ADN vs vacunas de ARN

Pero si estas vacunas tienen tantas ventajas, ¿por qué todavía no hay ninguna aprobada para su uso en humanos? Una razón es que la tecnología es reciente.

La primera vacuna de la historia fue creada por el médico británico Edward Jenner hace poco más de 220 años, a principios de los siglos XVIII y XIX, para prevenir la viruela.

En contraste, las vacunas genéticas han estado en desarrollo durante poco más de tres décadas, y solo más recientemente han comenzado a dar resultados más alentadores.

En un principio se creía que sería mejor hacer este tipo de vacuna utilizando ADN, la molécula que contiene toda la información genética de un organismo y que nuestras células utilizan para fabricar las proteínas que componen nuestro cuerpo.

Pero para que esto suceda, el ADN primero debe transformarse en moléculas de ARN, que trasladan esa información a la parte de la célula donde se producen las proteínas.

Los científicos creían que al inyectarnos el ADN del virus, nuestras células podrían absorberlo y, una vez dentro de ellas, transformarlo en ARN para que luego se pudiera producir la proteína en ese microorganismo, lo que iniciaría la reacción inmune.

Pero las pruebas realizadas hasta ahora mostraron que las vacunas de ADN no producen una respuesta inmune lo suficientemente fuerte en humanos.

“No sabemos exactamente por qué”, dice Pardi.

Otra alternativa es usar ARN directamente. El problema es que esta molécula es capaz de generarnos una inflamación muy fuerte que nos puede matar.

También es mucho más inestable que el ADN y se descompone fácilmente en nuestro cuerpo.

“Tenemos en nosotros, en todas partes, enzimas que atacan al ARN. Si se inyecta sin estar protegido, se destruye rápidamente”, describe Jorge Kalil, director del Laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (Incor).

Pero en los últimos 15 años, los científicos encontraron una forma de envolver esta molécula para evitar que se descomponga y llegue a la célula. También lograron reducir el potencial inflamatorio del ARN.

“La expectativa es que, en algún momento a partir de ahora, cuando dominemos esta tecnología, muchas vacunas en el futuro serán de este tipo“, asegura Kalil.

¿Cómo son las vacunas contra la covid-19?

La pandemia ha creado algunas condiciones que probablemente acelerarán este proceso.

Covid-19 es una enfermedad nueva, muy contagiosa y mortal, para la que aún no existe una vacuna. Crear una es urgente.

Hacerlo suele costar decenas o cientos de millones de dólares, pero ahora los gobiernos y las organizaciones están invirtiendo mucho dinero.

Y cuando una vacuna esté lista, los países de todo el mundo estarán interesados en comprarla.

Frascos de vacuna covid-19.

Reuters
Se están desarrollando más de 170 pruebas de vacunas de covid-19

“La mayor dificultad para hacer una vacuna es el dinero, porque la técnica es relativamente sencilla”, dice la inmunóloga Cristina Bonorino.

“Ya existen vacunas de ARN patentadas, pero no se han comercializado. La pregunta es: ¿tiene mercado? Ahora hay mercado y una necesidad insatisfecha”, describe.

Según la Organización Mundial de la Salud, hay 40 vacunas genéticas entre las 187 que se están desarrollando contra la covid-19. Diez ya se están probando en humanos y las dos mencionadas anteriormente se encuentran en la última etapa de esta parte de la investigación.

El estudio de la vacuna de Moderna involucra a 30.000 participantes en Estados Unidos.

La investigación de Pfizer/BioNTech/Fosun también cuenta con 30.000 voluntarios en EE.UU. y otros países, incluido Brasil.

En ambos casos, las empresas ya estaban desarrollando vacunas de ARN para combatir otros virus.

En el caso de Moderna, se trataba del Nipah, un virus que transmiten los murciélagos y puede causar problemas respiratorios e inflamación en el cerebro potencialmente mortales.

Pfizer y BioNTech estaban creando una vacuna de ARN contra la influenza, que causa la gripe.

https://www.youtube.com/watch?v=sVc_VPSn_FI

El objetivo es hacer que nuestras células produzcan la proteína del coronavirus conocida como espícula, que tiene una gran capacidad para generar una respuesta del sistema inmunológico.

“Creo que estas vacunas tienen potencial. Los resultados publicados muestran que inducen la producción de una gran cantidad de anticuerpos que neutralizan el virus. La prueba final será ver si esta protección es duradera”, dice el inmunólogo Jorge Kalil.

El estudio de Pfizer durará dos años, pero la compañía espera tener los primeros resultados para presentarlos a las agencias reguladoras a fines de octubre y principios de noviembre.

El momento nos obliga a actuar con rapidez, seguridad y calidad. Nuestro papel es presentar datos robustos a las autoridades”, afirma Márjori Dulcine.

“Ellos son los que nos dirán si son suficientes”, concluye.


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