Las cosas inútiles, como la poesía, son la sustancia de la vida
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Las cosas inútiles, como la poesía, son la sustancia de la vida

Por Moisés Castillo
15 de octubre, 2011
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Jordi Soler en Perpignan, Francia.

El poeta francés Antonin Artaud (1896-1948) cuando escribió su libro Heliogábalo, historia del Emperador Romano, dijo con todas sus letras: los datos son verdaderos y los hechos están tocados por la ficción. Y precisamente el escritor Jordi Soler es lo que hace con su novela Diles que son cadáveres (Mondadori 2011): cuenta la historia del viaje que hizo Artaud a Irlanda en 1937, con la misión de devolver el auténtico bastón de san Patricio, que era de su propiedad.

Artaud es un poeta que siempre le ha interesado al oriundo de La Portuguesa, una comunidad de republicanos catalanes situada en la selva de Veracruz. Lo leía rabiosamente en su adolescencia y sus libros sobrevivieron a varias purgas de sus bibliotecas y a muchas mudanzas.

En 2001 cuando Jordi era agregado cultural en Irlanda, se reunía todos los jueves en uno de sus pubs preferidos, el Bleeding Horse, con un grupo de poetas viejos y bastante salvajes, y en ese lugar donde las pintas y los whiskys corrían alegremente, escuchó la historia fascinante del exótico bastón y se quedó mudo. Le pareció que ahí tenía una novela de aventuras que interrumpió por escribir Los rojos de ultramar, La última hora del último día y La fiesta del oso, una especie de trilogía sobre la Guerra Civil Española y el exilio.

Diles que son cadáveres es una novela vertiginosa que, conforme avanza el viaje, los personajes se vuelven locos. Un poco de la locura de Artaud va contagiando sobre todo al agregado cultural que no quiere regresar a México a sellar pasaportes y tener una vida miserable de oficina. Este ambiente casi esquizofrénico también infecta a la prosa que en la parte final pierde hasta los signos de puntuación.

Jordi regresa con esta novela de locuras y de un humor delirante: más de medio siglo después un diplomático mexicano fracasado en la poesía y en el amor, un poeta irlandés de 90 años, un viejo coleccionista francés y un chofer homosexual, viajan a Irlanda del Norte en busca de la valiosa reliquia que el polémico poeta francés utilizaba para desplazarse por los cafés de París.

“En las novelas no se trata de escribir la verdad sino algo que parezca verdad y, desde este punto de vista, puedes tener trozos de realidad como en esta novela o inventarlo absolutamente todo y ser exactamente igual de veraz. Si el lector cree que es verdad lo que está leyendo ya está, aunque no sea verdad o aunque lo sea, que más da”.

El nombre del libro viene de una frase que el propio Artaud usaba para insultar con elegancia al mundillo literario de la época. En vez de decir “Váyanse todos a la mierda”, prefería soltar “Diles que son cadáveres y que jamás resucitarán de entre los muertos”. Para Jordi esto no lo puede decir más que un poeta muy poeta y le pareció un título perfecto.

En Diles que son cadáveres el humor es un ingrediente valioso que aparece en momentos exactos de la narración: McManus, figura destacada de Los poetas de la pradera asfaltada, invitó al diplomático mexicano y a un amigo violinista que tocaba en el pub favorito a seguir la borrachera en su casa. Noche de whisky y hongos alucinógenos tarahumaras que, según el viejo poeta, un marinero colombiano le vendió pero en realidad eran unos simples champiñones enlatados. Querían drogarse como lo hacía su ídolo Artaud pero todo quedó en un falso viaje psicotrópico.

Esa noche de juerga, el narrador fue a orinar al baño y por unos segundos cerró los ojos, síntoma de su cansancio. De repente sintió un golpe suave en la cadera y al abrir los párpados se topó frente a la cabeza de un caballo en plena bañera. Brincó sorprendido en la dirección opuesta y el animal hizo lo mismo, haciendo un escándalo que podría despertar a cualquiera.

Jordi explica que en 1997 entró en vigor una ley en Irlanda que pretendía censurar y regular los caballos en Dublín. Empezó a estar mal visto que un caballo estuviera a lado de un Mercedes mientras esperaban el siga del semáforo. La ley obligaba a pagar un impuesto y poner un chip en la oreja del animal, una especie de verificación vehicular, lo que ocasionó el paso de los caballos a la clandestinidad.

Otro momento de carcajada es cuando el poeta Artaud, siempre con un traje negro impecable, prueba su primera ración de peyote en territorio Tarahumara y así inaugura su fase crística. El poeta Tomás Bocanegra se asustó y dejó solo a Artaud montando a caballo en medio de la sierra. En un ensayo escribió: “El problema con el maestro no era su obsesivo discurso sobre Jesucristo, sino que se creía Jesucristo resucitado”.

Es inolvidable también el Happy birthday, Jimmy… Mientras el agregado cultural se encontraba pensativo en la barra del Bleeding Horse, escuchaba el alboroto que hacían unos pacientes del hospital de a lado que festejaban el cumpleaños de Jimmy, quien se encontraba en una silla de ruedas y al querer dar unos sorbos a su pinta se tiraba accidentalmente la cerveza en los pantalones.

Una referencia al artista Sebastián colorea el tono irónico de la novela: en el corazón de Sandymount Strand se levantó la obra de Federico, ese escultor que ha sembrado durante décadas obras muy grandes y muy feas en todas las ciudades importantes de México. “Era una pieza larga, como una baguette, y no tenía nada que ver con el paisaje ni desde luego con Ulises, y encima era de un blanco tan violento que cuando tenía encima un rayo de sol calcinaba las pupilas”.

La metáfora de la novela comienza cuando el diplomático no tiene otra alternativa que aceptar el trato del coleccionista millonario monsieur Lapin para
conseguir el bastón de san Patricio que tuvo en sus manos el poeta Artaud. El agregado cultural no tiene salida: su esposa croata Dubravka lo dejó por un cirujano maxilofacial, la antología de Artaud que estaba preparando podría alejarlo de su mediocridad como poeta. En resumen, su vida era un verdadero caos y no quería perder su trabajo ni mucho menos regresar a México.

El bastón de Antonin Artuad es una metáfora de las cosas inútiles que deberíamos perseguir en esta vida como un amor imposible, dice Jordi sentado cómodamente en un sofá.

“Este tipo de cosas son las que realmente mantienen vivas a las personas. Hacer algo que no tiene ninguna utilidad es un acto necesario que fomenta actos en desuso: beber una cerveza en un bar porque ahora la gente es saludable y pide agua mineral; el diplomático es una especie en peligro de extinción gracias a Wikileaks; escribir poesía es la máxima inutilidad”.

-¿Haces cosas inútiles?

Un montón. Escribo poesía que es la máxima inutilidad. En realidad soy poeta que es el arquetipo de lo que no sirve para nada o que sirve para todo como vemos en el caso de Javier Sicilia, un poeta que mueve la conciencia de mucha gente. Creo que la vida de cualquiera, un noventa y tantos por ciento de sus actos del día son inútiles. Eso es lo mejor de la vida. Los actos útiles son una vulgaridad: ir al cajero a sacar dinero, hablar con tu contador, comprar pan. La vida es la suma de estos actos inútiles que, como la poesía, son la sustancia de la vida.

-¿Se perdió esa mirada romántica y ahora prevalece la idea de la productividad con un propósito mercantil?

La vida es así. Si tienes un hijo lo metes al futbol a ver si te sale un “Chicharito” Hernández y le sacas réditos a esa infancia. Todo es así ahora. Es muy valioso lo que hacen mis personajes, cosas que no sirven para nada como perseguir una reliquia de un poeta muerto. Al narrador le iban a pagar un buen dinero pero también está arriesgando su trabajo y todo por admirar al poeta Artaud.

-¿Qué tan importante fue tu paso en la diplomacia para crear ambientes y situaciones en tu novela?

Me dio mucho para armar la escenografía. Conocí muy bien Dublín, me aprendí muy bien ese territorio. Tenía exactamente el cargo de mi narrador pero éste tiene otra vida, yo tenía otras: frecuentaba menos bares, era menos irrespetuoso con los proyectos culturales. Hice varias cosas culturales de cierta importancia en Irlanda. Lo que convenía a esta narración era un diplomático bastante más excéntrico que yo. Su amigo, en este caso McManus, tenía una novia que se parece a Harry Potter.

-¿Tuviste sinsabores como agregado cultural en Irlanda?

Tengo bastante menos que el narrador, pero había que hacer mucho esfuerzo para crear cosas. Tiraba mucho de mis amigos mexicanos para que viajaran a cambio de un boleto de avión, una habitación sencilla y 4 cervezas. Con todas esas limitaciones monté, por ejemplo, dos bibliotecas de escritores mexicanos en Trinity Collage en Dublín y en la Universidad de Cork, al sur de Irlanda. Durante dos años estuve pidiendo a editores y a escritores mexicanos que me enviaran sus libros con su dinero, no podía pagarles ni siquiera los timbres del envío.

Una situación inútilmente maravillosa que nunca olvidará Jordi ocurrió en Belfast, donde cíclicamente vuelve la guerra y el ambiente es paranoico por el casi omnipresente Ejército Republicano Irlandés (IRA). Cuando Jordi y su familia llegaron a Belfast para conocer la ciudad fueron recibidos con tanques y soldados. Eran las 6 de la tarde y había toque de queda. Se hospedaron en el Hilton y hacia las 8 de la noche la ciudad era un cementerio.

Era invierno y la nieve caía tapizando las calles de un blanco cenizo. Todo esto les pareció absurdo. Pidieron cena a la habitación. La esposa de Jordi quedó rendida en la cama y veía con su hijo los premios de música de Irlanda del Norte, donde ganó una canción de un grupo bastante heavy. Cada vez que escuchan esa canción, Jordi y su hijo gritan: ¡Belfast, toque de queda, invierno, nieve!

Barcelona, Joan Manuel Serrat y José Agustín

El abuelo de Jordi Soler importaba cosas de España, entre ellas los discos de Joan Manuel Serrat. A los 8 años de edad, el pequeño Jordi escuchó un disco que el cantautor catalán le dedicó al poeta Miguel Hernández y lo dejó completamente frío, le sorprendió que alguien pudiera decir eso con palabras. De inmediato fue a buscar los libros de Hernández y entonces supo que era lo que quería hacer toda la vida: ser poeta.

Así empezó su formación como escritor. También leía mucho al novelista Juan Marsé gracias a la gran biblioteca que tiene su padre, que además de ser abogado es un buen lector.

Sin embargo, hubo un escritor que lo considera un maestro y que le tiene un respeto desmesurado: José Agustín. Dice que el autor de La Tumba enseñó a la mayoría de los escritores de su generación que se podía escribir como se habla, ese es su gran valor.

“Lo conocí cuando tenía mi programa de radio en Rock 101 y que él oía. Él sabe mucho de rock, lo invité a mi programa y nos hicimos amigos. Luego fui a comer con él a Cuautla y ahora su hijo es mi editor aquí. Es un escritor importantísimo para mí”.

Jordi deja a un lado su whisky y pide una cerveza clara. Luce una camisa roja, unos jeans grises y porta sus inconfundibles lentes de pasta. Se enorgullece de ser un escritor autodidacta porque odia los talleres literarios como a la policía. Todas las figuras autoritarias le producen roña.

-¿Tu eres de los escritores comprometidos que firman desplegados? ¿Cómo ves la realidad mexicana desde Barcelona?

Jordi Soler

Me comprometo con lo que me toca comprometerme, hay compromisos que no puedo adquirir porque no vivo aquí. Me parece irresponsable firmar ciertos manifiestos si no vivo aquí. La gente con razón va a decir “qué fácil es firmar contra la violencia si tú vives en Barcelona”. Firmo lo que me parece responsable firmar, lo que viene al caso. Situaciones generales muy dramáticas, claro. Pero cosas muy específicas no las puedo firmar porque siento mucha responsabilidad al firmar esas cosas.

-Porque hay una red de escritores en Barcelona solidarios con el Movimiento NoSangre…

Sí ese blog “nuestra aparente rendición”. No he participado porque me piden todo el tiempo que participe con textos sobre la violencia pero me sentiría un farsante escribiendo sobre la inseguridad en México cuando vivo en Barcelona. A mí me duele de primera mano porque mis padres viven aquí, pero siento que es un poco serio escribir un texto contra la violencia. En España hay gente miope y gente lúcida como aquí y como en cualquier sitio. Y la gente que no ve más allá ve la cosa mediática que es horrorosa, los descabezados. Sin embargo, hay una gran parte de españoles que son con los que me relaciono y que te relacionarías tú si vivieras en España que es la gente que lee, que hace música, que pinta, que ve más allá y todos ellos saben que México es un país maravilloso que está pasando por un mal momento, que no es así y no será así toda la vida. Hay estas dos visiones: la miope que a mí me interesa poco y la ilustrada que es la que me conmueve.

-A tus casi cincuenta años, ¿Te preocupa el éxito y la fama?

Por su puesto que me interesa tener lectores. Me interesa más que no tenerlos pero no pienso mucho en eso, no podría concentrarme para escribir. Noto eso que mucho escritores están muy preocupados por el éxito y no entiendo a qué hora escriben libros. Escribir una novela requiere un esfuerzo de abstracción total durante la mayor parte del día y durante muchos años. No tengo espacio para pensar en otra cosa. El espacio personal que tengo lo uso para estar con mis hijos, no para pensar en el mundillo literario que me da absolutamente lo mismo. Tengo un montón de lectores muy fieles y escribo para ellos.

Jordi Soler es un apasionado del FC Barcelona. De niño era su símbolo de identidad en plena selva veracruzana. Cuenta que el Barsa de su madre no ganaba nada, era un equipo oscuro como la ciudad. Todo lo ganaba el Real Madrid y ahora los culés están viviendo un sueño irreal “que no puede durar demasiado. Es el Barcelona de sus hijos que viven momentos felices y comparten esas alegrías.

“Además ir al estadio es un privilegio que tengo ahora y que de niño me perdí. Ver a Messi es espectacular, es una cosa histórica”.

Cuando está en casa ve muchas películas para “vampirizar” cosas para sus libros y le gusta como siempre escuchar música. Pero sus momentos predilectos son de ocio con su familia. Pueden estar sentados sin hacer nada y es posible que en ese tiempo muerto cuando el viento entra por la ventana aparezca una historia maravillosa.

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Cali Baja, la megarregión en la frontera entre EU y México que genera millones de dólares

La frontera entre EU y México suele ser noticia por su muro y por los migrantes que intentan cruzar. Pero en su extremo occidental existe una región económica integrada y una comunidad que se autodefine como binacional.
12 de abril, 2022
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Ester Villalobos tiene 27 años y es madre de una niña de 6.

Vive en Tijuana, México, pero trabaja en San Ysidro, una localidad fronteriza de San Diego, Estados Unidos.

“Cada mañana y tarde cruzo con mi moto”, le cuenta a BBC Mundo un mediodía caluroso de marzo frente a su trabajo a metros del boulevard San Ysidro, la calle principal de esta ciudad que alberga pequeños negocios familiares, casas de cambio y de empeño que atienden a clientes de ambos lados de la frontera.

“A veces tardo 40 minutos en la línea, otras 5 horas”, dice.

La línea es lo que los locales llaman al paso fronterizo de la Garita Internacional de San Ysidro, el más occidental entre México y Estados Unidos y por donde se calcula que cruzan casi 100.000 personas a diario, 60.000 de ellas para trabajar.

Se trata del cruce con mayor circulación del país.

Garita Internacional San Ysidro

Analía Llorente
La Garita Internacional San Ysidro es el cruce más occidental de la frontera entre Estados Unidos y México.

La frontera entre Estados Unidos y México suele ser noticia por el muro que la divide y por los migrantes que intentan cruzarlo. Pero en el extremo oeste de esos casi 3.200 kilómetros, también convive una comunidad que está en constante interacción.

“Es una ciudad flotante”, define David Shirk, jefe del departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Diego (USDC), California.

“Miles de personas cruzan para hacer sus compras, ir a la escuela, trabajar… es una ciudad pequeña que cruza la frontera a diario porque es una sola economía que intercambia consumidores, trabajadores e inversionistas”, añade.

La región de Cali Baja

BBC

“Somos una región binacional e inseparable. Tenemos lo mejor de México y lo mejor de Estados Unidos en la misma esquina”, asegura, por su parte, Jason Wells, que nació en Chicago hace 48 años, pero que vivió entre Tijuana y San Diego casi los últimos 30.

Wells, que está al frente de la Cámara de Comercio de San Ysidro, cruza varias veces a la semana a Tijuana para hacer compras, por citas médicas, para llevar a los perros al veterinario o simplemente para comer unos tacos de birria (carne de borrego con una salsa de chiles y especies), típicos de la ciudad mexicana.

Jason Wells, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de San Ysidro

Analía Llorente
Jason Wells es el director ejecutivo de la Cámara de Comercio de San Ysidro, en EE.UU., y cruza semanalmente a México para hacer compras.

Pero más allá de los beneficios del tipo de cambio entre el dólar y el peso mexicano para quienes ganan en moneda estadounidense, a nivel macroeconómico esta zona fronteriza tiene un componente particular.

Funciona como una región económica integrada binacional habitada por unos 7 millones de personas y aunque una línea los divide, ambos lados dicen que trabajan juntos desde hace décadas para salir a competir globalmente como una unidad bajo el nombre de Cali Baja.

¿Qué es Cali Baja?

Cali Baja surge de la fusión entre los nombres del estado de California (EE.UU.) y el estado de Baja California (México).

La región la componen los condados de San Diego y Valle Imperial del lado estadounidense y los cinco municipios de Baja California del lado mexicano: Tijuana, Tecate, Mexicali, Playas de Rosarito y Ensenada.

Cali Baja tiene un Producto Interno Bruto (PIB) regional de US$250.000 millones y flujos comerciales transfronterizos estimados en US$70.000 millones, señala el informe de 2022 The Cali Baja Regional Economy (“La economía regional de Cali Baja”), de la USDC.

Cartel: "Welcome to San Ysidro" (Bienvenidos a San Ysidro)

Analía Llorente

Las principales industrias son la manufacturera audiovisual, el equipamiento médico, la producción de muebles, herramientas, semiconductores y otros componentes electrónicos, instrumentos musicales y la industria aeroespacial.

La región también cuenta con grandes zonas agrícolas, una industria turística y puertos importantes para el comercio con Asia y otras partes del mundo.

Según explica el profesor Shirk, Cali Baja se beneficia, por un lado, de la capacidad de producción y de la competitividad del salario que ofrece México y por el otro, de la eficiente administración de cadenas de suministro para la exportación y la capacidad de venta de Estados Unidos.

La combinación de las dos economías es algo especial y no se encuentra fácilmente”, analiza.

En cifras

Cali Baja no cuenta con mediciones de inversión y exportación regionales, pero existen cifras de ambos lados de la frontera que dan una idea de su impacto.

Personas con maletas hacen fila al ingreso a EE.UU. desde México.

Analía Llorente
El paso fronterizo de San Ysidro es el más transitado de todo Estados Unidos. Se calcula que unas 100.000 personas lo cruzan a diario.

Los ocho grupos principales de la industria manufacturera binacional representan aproximadamente 52.000 puestos de trabajo en San Diego y el Valle Imperial y 177.500 empleos en Baja California, dice el informe de la USDC, con datos de 2018.

Colectivamente, estas industrias generaron el 7% del PIB de la región.

El área de San Diego y Valle Imperial aportó un valor agregado (es decir, la utilidad adicional que adquieren los bienes y servicios tras ser transformados en el proceso productivo) de US$14.900 millones, esto significó unos US$287.500 por trabajador.

Mientras que en la zona de Baja California, el valor agregado generado fue de US$2.200 millones, representando US$12.250 por empleado.

Por otra parte, la inversión extranjera directa en Baja California en 2020 fue de US$1.106 millones, según datos del Ministerio de Economía de México.

Además, el capital de riesgo que fluye hacia San Diego aumentó considerablemente en los últimos años y superó los US$2.000 millones trimestrales a mediados de 2021, principalmente en biotecnología y productos farmacéuticos.

Trabajadoras en la industria maquiladora en México en 2001.

Getty Images
Las industrias maquiladoras surgieron en México a mediados del siglo pasado como una forma de fomentar la inversión extranjera.

Y la región también se beneficia de los incentivos que ofrece México.

“Cuando salimos a promover ofrecemos todo tipo de industria, pero la que más ha crecido es la industria maquiladora“, dice Kurt Honold, secretario de Economía e Innovación del estado de Baja California, México.

La maquiladora es un tipo de línea de producción en México, y especialmente en Tijuana, cuyos capitales suelen ser extranjeros. La empresa importa materia prima sin ningún tipo de arancel para fabricar un determinado producto y luego lo exporta.

Las maquiladoras surgieron a mediados del siglo XX en México como una forma de fomentar la inversión extranjera y combatir el desempleo en el país, aunque este modelo presenta numerosas críticas sobre explotación laboral.

Cómo nació Cali Baja

La organización CaliBaja Bi-national Mega-Region comenzó como una iniciativa de varios empresarios y cámaras de comercio de San Diego, Valle Imperial y Tijuana. Más tarde se sumaron otros actores.

Cartel de Tijuana, México.

Analía Llorente

Se trató de una estrategia de marketing-económica que empezó a operar en 2010, pero la idea de una región binacional se venía gestando e incluso aplicando en los hechos desde la década de 1980 por las industrias maquiladoras en el lado mexicano y tras el crecimiento de la población del suroeste de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.

“Yo no lo pienso dos veces antes de subirme a mi auto y cruzar al otro lado de la frontera para encontrarme con alguien para hacer negocios”, dice Timothy Kelley, presidente y director ejecutivo de Imperial Valley Economic Development Corporation en Estados Unidos.

“Somos una región única porque tenemos oportunidades binacionales para ofrecer. Armamos una organización para atraer inversiones y quisimos crear una iniciativa para que a nivel nacional y global, conozcan y miren a la región de una manera diferente y no como subregiones”, añade Kelley, que es miembro fundador de CaliBaja Bi-national Mega-Region.

“La gente que vive en esta región es bicultural, binacional y bilingüe. Queremos asegurarnos de que se entienda que se pueden hacer negocios en los dos países al mismo tiempo”, enfatiza a BBC Mundo.

"Somos una región binacional e inseparable. Tenemos lo mejor de México y lo mejor de Estados Unidos en la misma esquina"", Source: Jason Wells, Source description: Director ejecutivo Cámara de Comercio de San Ysidro, California (EE.UU.), Image: Jason Wells

Del otro lado de la frontera resaltan también esta especial interdependencia económica y social de sus comunidades.

“Si a ellos les da una gripa a nosotros también nos da una gripa. Somos iguales, entonces hemos decidido trabajar juntos, sobre todo en la economía, para salir a promocionar la región”, dice Honold.

“En Cali Baja no existen las fronteras. Una línea nos divide, pero no la vemos”, añade.

Calle de Tijuana.

Analía Llorente

Lo cierto es que el concepto de Cali Baja se popularizó entre los círculos económicos de ambos lados del borde, aunque la actividad no esté directamente asociada a la organización que funciona bajo ese nombre.

“La gente usa la palabra Cali Baja como parte de la lengua vernácula regional y eso es bueno”, analiza Christina Luhn, asesora en política comercial que fue miembro fundadora de la organización Cali Baja Bi-national Mega-Region.

Existen varios sectores en la larga frontera entre EE.UU. y México donde también sus comunidades interactúan y se relacionan económicamente de manera binacional, como el caso de El Paso-Ciudad Juárez; pero no albergan a tantas personas ni sus industrias están tan interrelacionadas como la fusión que existe en Cali Baja.

Ventajas

La región Cali Baja trae consigo puntos a favor y en contra.

“Hay aspectos positivos y negativos. Cuando los pones todos juntos, los positivos aumentan y los negativos disminuyen”, dice Kelley.

Según él, una ventaja fundamental es la diversidad tanto en las industrias que ofrece la región como en la población que la conforma.

“Más allá de la frontera, la mayoría de la gente no se da cuenta de la importancia que tiene México en nuestro país”, afirma el estadounidense.

Para el secretario de Economía e Innovación del estado de Baja California, Kurt Honold, los beneficios de la región binacional son múltiples.

“Trabajamos juntos para resolver problemas porque cuando se crea un trabajo en México, también se genera otro en California. La conjunción de las fuerzas nos ayuda a atraer más inversión a los dos lados de la frontera”, afirma.

Kenia Zamarripa

Gentileza Kenia Zamarripa
Kenia Zamarripa es directora Ejecutiva de Negocios Internacionales de la Cámara regional de Comercio de San Diego y vive en Tijuana. “Soy binacional”, dice.

Según las fuentes consultadas, es difícil medir la efectividad de este tipo de asociaciones regionales binacionales.

“Cuando la gente me preguntaba: ‘¿cómo sabremos si esto tendrá éxito?’, yo respondía: ‘pregúntame de nuevo en 50 años’. El desarrollo económico es una apuesta a largo plazo“, detalla Christina Luhn.

Pero algunos de los entrevistados dicen que el ejemplo claro de éxito en Cali Baja es el puente binacional Cross Border Xpress (CBX) que se inauguró en 2015.

Se trata de una terminal aeroportuaria ubicada en el área de Otay Mesa, al este de San Ysidro, del lado estadounidense, que con un puente de acceso se conecta con el Aeropuerto Internacional de Tijuana. Esto convierte a este último en un aeropuerto geográficamente binacional.

“Algunos levantan muros, otros construimos puentes”, opina Kenia Zamarripa, directora Ejecutiva de Negocios Internacionales de la Cámara regional de Comercio de San Diego, en referencia al muro fronterizo entre Estados Unidos y México.

Muro fronterizo en la frontera entre Estados Unidos y México.

Analía Llorente
El muro de la frontera entre Estados Unidos y México tiene tramos de varias vallas y otros que están incompletos.

El endurecimiento de las medidas migratorias durante el gobierno de Donald Trump produjo también un efecto en Cali Baja, aunque tuvo aparentes vetas positivas.

“Tuvimos piedritas que hicieron que se pusiera un poco más duro para gente buena que llegaba a México y que buscaba cruzar a Estados Unidos para alcanzar el sueño americano”, analiza Honold, del gobierno de Baja California, que destaca que esos migrantes permanecieron en el país aumentando la capacidad laboral.

Dificultades

Una de las dificultades que enfrenta Cali Baja para potenciar sus negocios es justamente la frontera que la divide.

Varios de los entrevistados coinciden en el reclamo a los gobiernos federales para agilizar el cruce tanto de peatones como de autos y camiones en los cinco pasos fronterizos que tiene Cali Baja: cuatro terrestres (San Ysidro-Tijuana, Otay Mesa-Tijuana, Tecate-Tecate y Calexico-Mexicali) más el puente CBX.

“Necesitamos tener un buen flujo de personas y bienes para cruzar la frontera. Esto va a beneficiar tanto a México como a Estados Unidos”, asegura Kelley del Valle Imperial.

Kurt Honold coincide con la demanda de tecnología para agilizar el cruce que suele verse congestionado: “Muchos de los trabajadores son estadounidenses o tienen su permiso para poder trabajar en Estados Unidos. Ese dinero que ganan lo gastan del lado mexicano y viceversa”.

Cruce de autos desde Estados Unidos hacia México en la Garita Internacional de San Ysidro el 15 de marzo de 2022.

Analía Llorente
Cruce de autos desde Estados Unidos hacia México en la Garita Internacional de San Ysidro el 15 de marzo de 2022.
Cruce de autos en la frontera de México hacia Estados Unidos.

Analía Llorente
Cruce de autos desde Tijuana, México, a Estados Unidos, el 15 de marzo de 2022.

Cali Baja enfrenta también problemas ambientales con la contaminación del río Tijuana que suele perjudicar las playas de San Diego, muchas veces provocando sus cierres.

“Trabajamos juntos para buscar la manera de resolverlo porque son temas binacionales, calibajianos, que nos afectan a los dos”, describe el funcionario de México.

Y desde el punto de vista académico, David Shirk dice que hace falta capacitar a los trabajadores.

“En el lado estadounidense hay una falta trágica de personas que hablen español. No invertimos en educar a nuestros estudiantes anglo para que puedan aprovechar la región binacional”, opina.

"Algunos levantan muros, otros construimos puentes"", Source: Kenia Zamarripa, Source description: Directora Ejecutiva de Negocios Internacionales de la Cámara regional de Comercio de San Diego, EE.UU., Image: Kenia Zamarripa

Representantes de Cali Baja se reúnen bimestralmente para trabajar en mejorar la región y también hacen viajes anuales a Ciudad de México y Washington para plantear a los gobiernos federales problemas que tienden a ser únicos en ese rincón de la frontera.

Es una comunidad transfronteriza y es difícil de entender. Por ejemplo, en Washington no comprenden que somos interdependientes. Nuestro primer obstáculo como región es la falta de entendimiento de cómo funcionan las regiones fronterizas”, analiza el profesor de la Universidad de San Diego.

“Crisis de identidad”

Ester Villalobos dice que le encanta vivir en un país y trabajar en el otro.

“No hay rivalidad entre la gente en la frontera. Hay mucha empatía”, afirma.

Ester Villalobos con su moto.

Analía Llorente
Ester Villalobos cruza a diario la frontera con su moto. Creó el grupo de Whatsapp “Línea” para comunicar a diario cuán congestionado está el paso.

Su jefe, Mike Mattia, es estadounidense y no habla español, pero apostó por abrir su negocio de franquicia de una empresa de transporte de paquetes en San Ysidro en noviembre de 2020, en plena pandemia.

“Solo contrato gente local”, dice y cuenta que tres de sus cuatro empleados viven en Tijuana y cruzan la frontera a diario para trabajar.

“Este es un lugar especial, aquí la gente es muy inteligente y hábil. La comunidad entiende la frontera y sus necesidades”, asegura.

La alta renta y las dificultades para acceder a una vivienda en San Diego hace que la mayoría de los habitantes de esta región transfronteriza viva en Tijuana y trabaje del lado estadounidense.

BBC Mundo cruzó la frontera caminando para buscar cómo Cali Baja se ve y vive del otro lado de la línea.

En esa zona del cruce de San Ysidro, el alto muro de metal está incompleto y la gente forma fila para cruzar de un lado hacia otro como si fuese una cola para el banco o el supermercado.

Cruce peatonal desde Tijuana, México, a San Ysidro, Estados Unidos.

Analía Llorente
Cruce peatonal desde Tijuana, México, a San Ysidro, Estados Unidos, el 15 de marzo de 2022.

Miguel Marshall es un joven sandieguino que eligió vivir e invertir en Tijuana. Cuenta que es la quinta generación de una familia binacional.

“Mis raíces son de Tijuana. Tengo negocios aquí y estoy pensando en emprender en San Diego”, dice Marshall que es desarrollador inmobiliario urbano y emprendedor gastronómico que apuesta en Cali Baja.

“En Tijuana soy feliz, somos una multiregión y la comida es una fusión de los dos lados”, describe.

Miguel Marshall

Analía Llorente
Miguel Marshall que es desarrollador inmobiliario urbano y emprendedor gastronómico que apuesta en Cali Baja.

Kenia Zamarripa también vive en Tijuana y cruza todas las semanas a San Diego para trabajar en la Cámara de Comercio regional de esa ciudad.

“Somos una comunidad dividida en dos por una línea”, detalla.

“A veces siento que no soy del todo mexicana, ni tampoco del todo estadounidense. Yo nací en EE.UU., pero me siento migrante. Hay una crisis de identidad”, describe.

“Pero a mí me gusta así, porque tengo las dos cosas de los dos lados”.


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