Las indignadas indígenas y sus gritos de justicia
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Las indignadas indígenas y sus gritos de justicia

Por Roselia Chaca
15 de octubre, 2011
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“…Yo te busco por el bordado,
de mujeres y de poetas,
el discurso que causa preguntas,
el tejido de servilletas.
¡Justicia! “

Fragmento de canción Justicia de Lila Downs

Roselia Chaca

I

En el Istmo de Tehuantepec, considerado la cintura más estrecha del país,  la violencia y las injusticias se dan en todo los niveles, pero las más afectadas son las mujeres, sobre todo las indígenas, según reflejan las estadificas del Centro de Atención a la Mujer Istmeña (CAAMI).
Las mujeres zapotecas del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, se han caracterizado por  su  dignidad  y    rigor  ante la  vida, pues son guardianas de las tradiciones y la sabiduría de los que un día de las nubes llegaron ( binnizá- Hombres de las nubes).  Tampoco se callan ante el dolor y la violencia, por el contrario elevan la voz, aunque no confíen en sus autoridades y se sientan abandonadas por la  que debía de arroparlas, la justicia.

Nada que celebrar

Lo evita. Se contiene por un buen rato. No  logra frenar  las lágrimas que se asoman sin permiso. Cecilia (prefiere ese nombre por seguridad) otra vez vuelve a retenerlas mientras recuerda la última vez que vio a su madre con vida en la ciudad de Oaxaca.

“No vaya a San Luis Potosí. Que  le paguen la casa de otro modo, pero no vaya”,  fueron las palabras a su madre. No obedeció. Personalmente fue a cobrar  el pago de una de sus viviendas en ese estado  del país, considerado  por el organismo Víctimas Visibles e Invisibles (IVVI) el onceavo más violento a nivel nacional.

Desapareció hace más de un año, el 15 de septiembre del 2010. Después de saber la noticia  Cecilia y su esposo se trasladaron a San Luis Potosí siguiendo las huellas de la madre. Tocaron puertas, juntaron dinero para  un rescate que nunca llegó,  realizaron muchas llamadas, se contactaron con el supuesto secuestrador, pero éste  un día les indicó  que la   ejecución se concretó. Les  recomendó huir.

Cecilia interpuso la denuncia por desaparición ante el Ministerio Público de San Luis Potosí, pero al salir del inmueble recibió una llamada, el sujeto detrás del auricular  sabía de la queja,  la amenaza cayó sobre ella y su familia. Salió huyendo asustada de la ciudad para nunca más  volver.

La desgracia no tuvo compasión de la familia de Cecilia. Cerraron todo, negocios y casas en la Verde Antequera. Comenzaron  de nuevo en Juchitán. No tienen una tumba a dónde llevar flores los domingos, no poseen  un cuerpo que reconocer. Forman parte de las víctimas colaterales de la “guerra”. Cecilia y sus hermanos  se consideran  huérfanos de un Estado fallido.

Esta madre de 35 años no confía en la justicia, mucho menos en los policías, del nivel y el rango que sean. Vive con miedo, como  miles de ciudadanos en este país lacerados por la violencia. El pasado  15 de septiembre Cecilia y sus hermanos no celebraron nada,  sólo colocaron  una veladora a la fotografía de su madre.

Cecilia participó en el mitin de Javier Sicilia  frente al palacio municipal de Juchitán hace casi un mes. Supo de la marcha del poeta  tres días antes del arribo de la “Caravana al sur”  a la ciudad. No  fue  por morbo, ni por  moda, mucho menos acarreada. Asistió  porque así lo sintió.  Cecilia no necesitó  invitación para participar, la desaparición de su madre y su grito silenciado  de justicia la motivó a integrarse al contingente de esperanza.

Las pobres no tenemos justicia

Aparentemente nada la hace diferente de las demás víctimas, ni la estatura,  la edad,  el color de piel,  menos  el dolor. En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca,  muchas como ella han perdido  una hija.  Ni siquiera un  paliacate  negro ceñido a su cabeza  hacen la diferencia, las zapotecas de Juchitán la portan cuando están de luto hasta el año de la partida del ser amado.
Josefina Ruiz Villalobos, juchiteca de 40 años, no puede  borrar  la imagen de su hija Ángeles Vianey  Sandoval Ruiz tirada semidesnuda en un charco de sangre en la cama de la sala de su casa. No puede, como no puede  superarlo Ángel, su hijo, que encontró el cadáver un medio día del mes de mayo.
El luto no lo lleva sólo en la vestimenta y en el paliacate, lo porta en los ojos, en
el habla, al caminar, cuando  sonríe, está tatuado en su alma. Llora no sólo de dolor, sino de impotencia por no encontrar justicia en las autoridades, al no  lograr que la orden de aprensión se ejecute contra el  asesino de su hija.
Desde hace meses desconfía de todos y todo, más en las autoridades del Ministerio Público, de políticos  ni se diga. Lleva  casi seis meses  exigiendo cárcel para su yerno, quien ultimó  violentamente  a su hija  el 17 de mayo de este año. Él, prófugo. Ella,  sólo  recibe silencios.
La joven de 24 años  fue ejecutada por  el doctor Jorge Castillo Toledo con cuatro disparos, una violación sexual y varios  cortes de bisturí en el cuerpo.  Josefina jura y perjura que el asesino  fue detenido por la policía pero su libertad la obtuvo con  cien mil pesos el mismo día del crimen mientras huía rumbo a Huatulco.
La tragedia no llegó sin previo aviso, fueron   varias denuncias ante el Ministerio Público de Juchitán,  cartas que  atestiguan las amenazas de muerte y docenas de demostraciones violentas hacia la persona de Vianey. Los antecedentes no  bastaron  para  restringir el acercamiento de Jorge a la joven.
Josefina no olvida la vez que estalló en  llanto y rabia  cuando su  abogado le  informó que el demandado no se presentó a la tercera audiencia ante el MP.
“Cómo se me va olvidar escuchar al MP decirnos que  sólo se actuaría si había sangre. Mi hija  le respondió que un día habría. Creo que ya sabía su final.”

Después de perder el tiempo en el MP, Jorge se burlaba  de ellas diciendo  que nunca les  harían caso. Presumía que con su dinero compraba a la justicia. Siempre fue el dinero por parte de él, de ella la pobreza, recuerda Josefina.

“Hiciéramos lo que hiciéramos su dinero valía más. Cómo voy a confiar en la autoridad en mi pobreza. Cómo, dime, cómo, si tengo una hija muerta, nada de justicia, un prófugo que se burla. No quiero que lo maten, sólo que lo encarcelen, que se haga justicia, pero no tengo dinero para lograrlo, sólo grito”

Hoy la orden de aprensión salió contra su yerno, pero no se ejecuta. Josefina no tiene tiempo ni dinero para hacer valer su derecho, dedica más de  10 horas al día a la venta de golosinas  en  una primaria de Cheguigo, barrio antiguo de Juchitán, pues tiene que dar de comer a las dos hijas de Vianey, más los propios.
Ella no recibe protección del Estado, a pesar que denunció la última amenaza de Jorge en el sentido de  regresar, secuestrar a sus hijas, matarlas y  suicidarse. Josefina vive intranquila y con miedo, no por ella, sino por los que ama, porque la muerte la acecha en cada respiro.
II

De acuerdo a los datos del CAAMI  el perfil de los  agresores hombres  se han registrado los siguientes datos: En adicciones el 95% de los agresores consumen alcohol por lo menos tres veces a la semana, 55% ingieren algún tipo de sustancia tóxica, (cocaína 25%, marihuana 30%).

En  lo que se refiere al tipo de ocupación el 25% se dedica a la albañilería, 30% taxistas, 15% policías, 20% profesionistas (médicos,  profesores) y 10% restante se dedican a la pesca y elaboración de hamacas, pertenecientes el 65% a grupos sindicalizados, militares y policíacos.

Dentro de los tipos de violencia más recurrentes está la violencia psicológica en un 35% y que sin lugar a dudas es el tipo de violencia que menor importancia le da la mujer, la mayoría de las mujeres acuden al CAAMI por primera vez por violencia física 35%, económica 20% y en un 10% violencia sexual.

En cuanto a las estadísticas a nivel  estatal, de acuerdo a los datos de Comunicación e Información de la Mujer  A.C. ( CIMAC) Oaxaca  ocupa el tercer lugar a nivel nacional  en violencia comunitaria. Veintidós de cada 100 mujeres de 15 años y más señalan haber sido objeto de intimidación: ocho de cada 100 experimentaron  abuso sexual o fueron  forzadas a tener relaciones sexuales o  bien las obligaron a realizar actos sexuales por dinero.

En el estado de Oaxaca  el  61.2 por ciento de las mujeres de 15 y más  años han vivido  incidentes de violencia por parte de su pareja o de otros familiares, en el trabajo, en la escuela o en espacio  comunitarios.

Sólo pido lo que es mío

Manuela Gómez Rosado, es la típica zapoteca que  hizo su patrimonio familiar a base de trabajo,  esfuerzo y sacrificio. Eso lo  saben sus vecinos, sus amigos y la comunidad, menos la justicia. Nada le regalaron. No robó ni un centímetro de sus propiedades, pero eso  no importa en un juicio por despojo.

 

La anciana de 80 años  está cansada, enferma y desgastada por  la lucha que emprende desde el 2008 en  la recuperación de sus tierras (que fueron utilizadas para crear la colonia popular  “10 de abril),  arrebatadas por el grupo político perredista -coceista  Coordinadora Democrática de Pueblos (CDP) que administra  el subprocurador de Asuntos Indígenas del gobierno y ex alcalde de Juchitán, Roberto López Rosado, sobrino de la juchiteca. 

Na Manuela, como la llaman  respetuosamente en su barrio,   no baja la voz, ni titubea al exigir  lo que tanto le costó. Lo que  ella y su marido  adquirieron en su juventud como parte del patrimonio familiar. A pesar de las decisiones “injustas”  del juez en cuanto a la determinación de no devolverle su propiedad  no  deja de luchar.Sólo pide lo que es suyo, la herencia de  sus hijos y nietos. Es consciente que nada se llevará de esta vida, ni tierras ni dinero, pero antes quiere justicia, esa que por momentos  maldice en la soledad de su habitación, la que  se oculta en la impunidad de  poderosos, políticos, líderes, funcionarios y jueces. A veces confía en ella, por eso continúa elevando la voz, realizando  huelgas de hambre y marchando.

 

Su abogado y yerno, Omar Luis, denunció que pese a  la  sentencia condenatoria dictada  contra   un integrante de la organización CDP   y  el auto de vinculación contra el subsecretario de Asuntos Indígenas del Estado, Roberto López Rosado, el juez de garantías de Juchitán  negó la restitución del predio invadido a la anciana juchiteca.De acuerdo a la defensa de la indígena zapoteca, a raíz  de la detención y vinculación a proceso de Roberto López Rosado, la víctima  solicitó  la restitución provisional de su inmueble, no obstante el juez  de garantía, Edgar David Cruz Santiago, volvió a negar la medida provisional  solicitada bajo el argumento de que “obsequiar la petición de la victima dejaría en estado de  indefensión al tercer acusado en este problema, Juan Valdivieso Luis, y a más de cien personas.

 

Pero  lo más   graves para los afectados   es que con este  criterio el tribunal  anticipa  que aún con la sentencia  de todos los acusados  procedería  a la restitución pues propone como requisito a la víctima que “demande y venza en juicio a todas y cada una  de las  perdonas  que han ocupado y que ocupan  actualmente el  predio de su propiedad”. 

La justicia, al menos la que se le ha proporcionado desde hace tres años, es una burla  para Na Manuela    y una auténtica infamia para su familia. Lo  que no lograron  con la falsificación de documentos y movilizaciones políticas, ahora  pretenden  legitimar desde la Procuraduría  y el Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca.

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Dan Nobel de Medicina a descubridores del virus de Hepatitis C

Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles M. Rice fueron los galardonados este año con el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento del virus de la hepatitis C.
5 de octubre, 2020
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El británico Michael Houghton y los estadounidenses Harvey J. Alter y Charles M. Rice fueron los galardonados este año con el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento del virus de la hepatitis C.

La Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska, la encargada de elegir al ganador del Nobel en el área médica, destacó que los tres virólogos “han hecho una contribución decisiva a la lucha contra la hepatitis de transmisión sanguínea, un importante problema de salud global que causa cirrosis y cáncer de hígado en personas de todo el mundo”.

El organismo añadió que con sus estudios, los científicos habían ayudado a salvar millones de vidas aislando e identificando el virus, permitiendo que los suministros de sangre en todo el mundo fueran examinados para detectar la hepatitis C y evitando la transmisión de la enfermedad.

El descubrimiento permitió que “ahora existan análisis de sangre altamente sensibles para el virus que prácticamente han eliminado la hepatitis por transfusión en muchas partes del mundo”, explicó la entidad, con sede en Estocolmo.

La hepatitis —o inflamación del hígado— es una enfermedad prehistórica y algunos la consideran una de las principales plagas que han afectado a la salud humana a lo largo de los tiempos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 325 millones de personas en todo el mundo padecen esta afección de forma crónica y 1,4 millones mueren cada año por esta causa.

Imagen de infección con VHC

iStock
La hepatitis C es considerada la más peligrosa porque es una enfermedad que puede causar mucho daño sin que uno lo sepa.

Es la segunda enfermedad infecciosa más mortífera después de la tuberculosis y las más comunes son la hepatitis A, B o C.

Hepatitis C

La hepatitis C, en la que los tres premiados con el Nobel centraron sus estudios, es una de las variantes más dañinas y letales de las hepatitis virales.

Se cree que la mayoría de los que la contraen son personas que compartieron agujas con alguien infectado o que recibieron transfusiones de sangre contaminada con el virus (antes de 1990 no se revisaba la sangre donada en busca de este virus).

Presentación

Getty Images/Jonathan Nackstrand
La Asamblea del Nobel durante la presentación del trabajo de los tres científicos.

Harvey J. Alter nació en Nueva York y ejerció durante años en la Universidad de Georgetown, hasta que en 1969 se reincorporó al Instituto Nacional de Sanidad (NIH), una agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU.

Fue codescubridor de un antígeno clave para detectar el virus de la hepatitis B,

Más tarde encabezó un proyecto en el Centro Clínico del NIH que creó un almacén de muestras sanguíneas utilizadas para descubrir las causas y reducir el riesgo de hepatitis asociada a las transfusiones.

Nombrado en 2002 miembro de la Academia Nacional de Ciencias (NAS) y del Instituto de Medicina de Estados Unidos, fue investigador principal de estudios para identificar la hepatitis C.

Michael Houghton, nacido en Reino Unido, ha ejercido en su país y también en Canadá, donde ha continuado prácticamente toda su carrera al frente del departamento de Virología de la Universidad de Alberta.

Junto con su equipo, identificó la secuencia de fragmentos de ADN a partir de ácidos nucleicos encontrados en la sangre de un chimpancé infectado.

La mayoría de estos fragmentos provenían del genoma del propio chimpancé, pero los investigadores predijeron que algunos habrían derivado del virus desconocido, lo que permitió su localización.

Busto de Alfred Nobel

Getty Images
El premio asciende este año a US$1,2 millones y el de Medicina es el primero de los Nobel que se anuncia cada año.

Charles M. Rice nació en 1952 en Sacramento (Estados Unidos) y ejerce desde 2001 en el Centro de Estudios de la Hepatitis C de la Universidad Rockefeller.

Desde su laboratorio, considerado puntero en los estudios del virus, se ha investigado la replicación del virus y las respuestas inmunes innatas que limitan la infección. Su grupo también está desarrollando nuevos modelos experimentales en animales y en cultivos.

Semana de Premios Nobel

Con el anuncio de este lunes se abre la semana en la que se darán a conocer los ganadores del resto de Premios Nobel: Física (martes), Química (miércoles), Literatura (jueves), Paz (viernes) y Economía (lunes de la próxima semana).

El premio asciende este año a US$1,2 millones y es el primero de los Nobel que se anuncia.

La totalidad de los galardones se entrega el 10 de diciembre, aniversario de la muerte del fundador, Alfred Nobel, en actos paralelos en Estocolmo, para los científicos, de Literatura y Economía, mientras que el de la Paz se celebra en Oslo.

El Premio Nobel de Medicina recayó el año pasado en William Kaelin y Gregg Semenza y Peter Ratcliffe por su investigación sobre cómo sienten las células y se adaptan al oxígeno disponible.


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