Los años con Leandro Sánchez El sax de oro
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Los años con Leandro Sánchez
El sax de oro

1 de octubre, 2011
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Recientemente murió el músico más emblemático de Tabasco, después de Chico Ché. Su forma tocar el saxofón llamó la atención de los poderosos: Los ex presidentes Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz lo llevaron a Los Pinos para escucharlo. Cuando fue alcalde sacaba de su auto el saxofón a la menor provocación de los campesinos. Tuvo una farmacia, “La Salud”, en cuya trastienda había música y cerveza.

Kristian Antonio Cerino

Tabasco.- El 20 de diciembre de 1971 un paquete sorprendió a los hijos de Sánchez. El envío, con la leyenda de extra urgente, era enviado por Mario Trujillo García, un político que gobernó Tabasco entre 1971 y 1977. Lo abrieron.

No sólo era una trompeta pionner 880, sino el instrumento que marcaría aún más la carrera en ascenso de Leandro Sánchez Pérez, el sax de oro, como se le bautizó a raíz del regalo.

Leandro Sánchez.

El instrumento costó 6 mil 200 pesos en la casa Veerkamp, en la ciudad de México. El primero llegó a Villahermosa por la empresa Express Aéreo y después a la calle Zaragoza 614, la casa de los Sánchez en el municipio de Jonuta. El obsequio emocionó a la familia.

El saxofón alto, marca Selmer, atrapó no sólo a los hijos de Sánchez: Melba Maritza, Leandro Arturo y Edén Guillermo. En Jonuta, la ciudad que está cruzando el puente y a orilla del rio Usumacinta, encontraron en el nuevo sax uno de los minerales más codiciados del planeta. Hallaron oro.

Algunos jonutecos, y más allá del río, creyeron que el sax era en verdad de oro, pero sólo estaba dorado. Sin embargo, el mote le quedó.

—Con  chapa de oro —precisa Melba Maritza Sánchez Garrido, hija de Leandro Sánchez.

Al sax de oro (1924-2011) siempre le agradó su nombre artístico. Le gustó el reconocimiento público que recibió en los últimos 20 años, y en su casa recibió un sinfín de visitas y abrazos de músicos que le decían –maestro. En otras ciudades, una vez que trascendió su muerte el 10 de agosto de 2011 y la radio propagó la noticia, se escucharon los lamentos de los músicos que le conocieron y le copiaron el estilo.

Sin embargo, Leandro Sánchez, el saxofonista que murió sin que le extirparan el sax, vivió con otros amores: el Grand Marquis y la guitarra.

Una fotografía fechada el 28 de mayo de 1991 resume la vida y obra de Leandro Sánchez Pérez, el saxofón de oro de Jonuta.

Vestido totalmente de blanco, sostiene el mismo saxofón que le dio Trujillo 20 años atrás y se recarga de su Grand Marquis placa WLE 118, un auto color perla, y sobre la nave estacionada, la guitarra que escucharon -con la voz de Sánchez- un puño de mujeres cuando éste les quería alcanzar y soplar el corazón.

Al reverso de la foto, se lee la siguiente anotación: Leandro Sánchez Pérez, su Gran Marquis, su saxofón de oro y su guitarra Pimentel. Mayo 28, 91. Foto: Mendoza.

—Tuvo un chevy, pero no le agradaba. Le gustaban los carros grandes. Los veía elegantes.

Originalmente ejecutaba el clarinete. Lo siguió soplando en la sala, la cocina. Y por qué no en el cuarto principal. El sonido del clarinete pronto fue suplantado por el del saxofón. A los bailes, el saxofón iba con él. A la plaza, también. A las fiestas donde era invitado, más. Algunas veces lo metió en el baño, según los mitos que se construyen a su alrededor.

—Siempre en la cajuela del carro iba la guitarra y el saxofón.

El saxofonista, un icono de Jonuta, aprendió el oficio de su padre Leandro Sánchez Casanova y de su tío Serviliano. Éste estudió música en el Conservatorio y cuando retornó a Jonuta le enseñó al hermano cómo leer las notas en el pentagrama. Casanova ejecutó la tuba, un instrumento que se usa poco en Tabasco. Ya de viejo, dedicó sus últimos días, con mucho empeño, al violín, un violín que se rompe poco a poco con el tiempo en la casa de la calle Zaragoza.

Padre y tío, vieron posibilidades en el hijo y sobrino, y murieron sabiendo que la leyenda continuaría en la imagen de Leandro Sánchez Pérez. La esperanza en El sax de oro comenzó el día en que su madre vendió la máquina de coser para comprar un sax, el más barato del mercado.

Cada vez que Sánchez tocaba el saxofón sentía los pedalazos que su madre ya no pudo darle, por algunos años, a la máquina de coser, una herramienta indispensable en la vida de una mujer del siglo XX.

—Llegó a tener 2 saxofones, pero uno de ellos era de la Casa de la cultura de Jonuta. Se oía muy suave.

—Cuando eran niños, los hijos de Sánchez ¿le rompieron algún instrumento?

—No tocábamos, estaban bien guardados, antes tenías más miedo a una cuereada y no tocábamos nada.

Ahora que en el ambiente musical se repite “supiste que murió Leandro Sánchez”, es precisamente cuando el saxofonista que murió de paro respiratorio a los 87 años, es cuando más está  vivito y tocando.

* * *

Joaquín Sánchez es uno de los miles de amigos que acumuló Leandro Sanchez (así lo pronuncian en Jonuta) en 87 años.

­—Lástima que no trajo el saxofón —le decían a coro los hombres y las mujeres de las comunidades como Monte Grande o Boca de san Jerónimo o San Antonio.

—Pues sí lo traigo —les respondía—. Y así lo recuerda Joaquín Sánchez, un jonuteco que le acompañó en la música y en la política cuando ambos participaron en el gobierno municipal de Jonuta, una demarcación quieta con unos 29 mil habitantes.

Así, sin pensarlo, Leandro Sánchez sacaba el saxofón cada vez que se lo pedían los políticos y los campesinos.

—Eran fiestas que no tenían fin —. Se ríe discretamente Joaquín Sánchez. Cruzado de piernas en el sillón de su casa, cerca de donde vivía Leandro Sánchez, resume que El sax de oro ya es una leyenda.

El músico que hizo vibrar con el saxofón a los bailarines, y también a los reacios, disfrutó de los placeres del mundo. Aunque siempre respetuoso, casi nunca pudo contener el ojo y la lengua frente a una mujer. La retina se le dilataba y la palabra le brotaba para recitarles o cantarles.

­–Fue de vista alegre ­–sentencia su hija.

A las mujeres les lanzaba “flores” y les cantaba Jonuteca: Pongo a tus pies jonuteca, mi humilde canción. Y eres también tabasqueña porque así lo quiso Dios…

–¿Siempre mantuvo los dedos ocupados?

–Sí. También le gustó la bohemia, la copita del medio día.

A pesar de la reprobación de la mujer de Sánchez (Melba Garrido), por la dichosa copita del medio día, éste la continuó empinando con moderación.

–También le gustaba el vino dulzón, el lambrusco.

En  1974, cuando Leandro Sánchez concluyó su periodo como presidente municipal de Jonuta, retomó  los negocios. Reabrió la farmacia La Salud, un sitio para resarcir los males de los jonutecos, un escenario ideal para la charla, la bohemia y la cerveza con muchísima espuma. Habían pasado muchos años en los que El sax de oro deambulaba como saxofonista en las bandas y en los grupos musicales, cuando se fue atrincherando en su natal Jonuta, que en náhuatl significa en donde abundan los jonotes.

Había días en que Sánchez cerraba la puerta de La Salud y los que pasaban frente a la botica sabían que el ambiente estaba pero detrás. Justo ahí, se oía el ruido de la tarola, del saxofón y las voces de los que acompañaban a Leandro Sánchez. Y entre ellos, en algunos momentos, quien era el presidente municipal.

–­Y no faltaba el vino y el queso pategrás –. Hoy en el local de La Salud hay un billar y enfrente una casa de empeño.

Al caminar por las calles de Jonuta, escuché a más que otros decir que el municipio se llame Jonuta de Leandro Sánchez.

Según sus hijos, el mejor reconocimiento para el padre fue el amor del pueblo por un hombre que siempre antepuso el nombre de Jonuta en las plazas en donde se presentaba.

Ya por la edad, Sánchez rechazó la invitación de ejecutar el saxofón con el grupo yucateco Los Aragón (1961-1980). Se quedó en Jonuta por la familia.

Los Aragón fue una de las organizaciones más escuchadas por aquellas canciones como El cable y La vaca vieja.

“Mi papá tenía un estilo muy característico, muy especial que luego otros grupos de ahora se lo copiaron pero reconocen ellos que es inspirado en Leandro Sánchez. Y ese estilo lo tenía Ruy Medina (de Los Aragón)”.

Tres fueron las melodías que interpretaba, de manera instrumental, El sax de oro: La virgen de la macarena, El tema de Tracy y Toca el saxo.

Hacían llorar el saxo. A Ruy y a Leandro por esos detallitos los identifico.

En Jonuta, ya retirado de los grupos musicales pero activo en la casa de la Cultura (en donde Lupón, un paliceño llevaba su saxo metido en un morral) Sánchez abrazó a los músicos que lo frecuentaron: Chicho Ché, los hermanos Bolón, Alfredo y sus Teclados y una carretada de políticos como Roberto Madrazo.

Es probable que los visitantes llegaron a probar la comida predilecta de Sánchez: el frijol con chicharon o la carne salada. Hasta los últimos días, El sax de oro no padeció gastritis y le entró con fuerza a la comida jonuteca. Eso sí, comió con una gran lentitud “y nos fastidiábamos porque él no acababa”.

 

* * *

 

Empecé a estudiar música a los 14 años y a los 15 años. Un día 31 de diciembre, hice mi presentación como músico. Mi primer instrumento fue un clarinete. Me gustaba de Benny Goodman, que era en esos tiempos el mejor clarinetista del mundo, y traté de imitarlo hasta lograr dominar el clarinete y llegué a efectuar una de sus mejores creaciones que se titula “De pueblo en pueblo”, con la cual me hice famoso, y así seguí interpretando más creaciones de este famoso músico. También interpreté música de otro gran clarinetista como Artie Shaw. Toda esta música me llevó a la fama y así nació en Jonuta, Tabasco, el famoso Leandro Sánchez Pérez.

 

Mi maestro fue mi padre, don Leandro Sánchez Casanova. El conservatorio donde estudié era debajo de una mata de chicozapote que había en el patio de mi casa en la calle Gregorio Méndez Núm. 38  de esta ciudad.

 

Años después mi madre doña Isidra Pérez de Sánchez compró un saxofón de medio uso y al poco tiempo lo llegué a dominar a mi antojo, el cual es más fácil que el clarinete. Después de diversas actuaciones en varios estados de la república, a los 21 años de edad, decidí irme a los Estados Unidos de Norteamérica y un día 4 de julio crucé el puente Internacional y empecé a tocar en Fort Bliss, Texas; después en Kansas City, luego en San Luis Missouri, en el estadio de Ohio, en Travers City, y decidí irme a Detroit, Michigan donde actuaba en el casino Conga para los latinos y americanos. Y estuve mucho tiempo.

 

Tiempo después, decidí irme a Chicago Illinois y conseguí trabajo en el casino Twenty Seven donde estuve un tiempo; luego regresé a Detroit, y por último me di una vuelta hasta Windsor, Canadá, donde también hice algunas presentaciones y retorné a los Estados Unidos, donde solicité mi retorno a México. Estando ya en la ciudad de los palacios toqué en el club de los artistas, en los Globos, y en la Alameda y después retorné a Jonuta, mi pueblo natal.

 

Formé mi grupo musical y nuevamente   empezamos con las giras artísticas cuando el general Miguel Orrico de los Llanos llegó a ser gobernador de Tabasco; fuimos seleccionados para ir a México a tocar en la estación de radio XEW, en el programa de la Hora Nacional, porque le tocó a Tabasco.

 

En las exposiciones regionales de Tabasco siempre el conjunto Jonuta de Leandro Sánchez, ocupó primeros lugares en los concursos de música variada y zapateos. Mis últimas actuaciones fueron en el Paradise en Acapulco, Guerrero, y en el Revolcadero.

 

El presidente Adolfo López Mateo visitó 2 veces la ciudad de Jonuta, siendo presidente municipal Raúl Ojeda Garrido, y a la hora de la comida le dediqué la Macarena y el señor me observó detenidamente y quedó impresionado con la ejecución de esta partitura, por lo que le dijo Ojeda Garrido que me mandara a México para tocar en los Pinos y en el Auditorio Nacional.

 

Del mismo modo, siendo presidente de la república, el licenciado Gustavo Díaz Ordaz, también actué en los Pinos y en el Auditorio Nacional.

 

El día más especial fue cuando el gran ídolo tabasqueño, el gran Francisco José Mandujano, mejor conocido como el Gran Chico Ché, llegó a mi humilde hogar a buscarme para grabar un long play titulado Nadie como Chico Ché y en el cual fui solista con el saxofón en toda la grabación.

Hoy a mis 81 años de  edad, estoy laborando en la casa de la Cultura de mi pueblo querido y a la fecha ya formamos un conjunto musical con el que vamos a hacer una grabación el día 9 de octubre de 2005, esperando sea un éxito.

 

Jonuta, Tabasco a 3 de octubre de 2005. Ignacio Zaragoza 505, Jonuta.

 

Así escribió Leandro Sánchez sus memorias que envió al ayuntamiento de Jonuta para la elaboración de un libro sobre su vida y obra. Una vez que redactó sus vivencias, firmó el documento que hoy conserva la viuda de Sánchez, Melva Garrido Thompson.

 

*  *  *

A las 8 de la noche, minutos más, minutos menos, un rictus es la última nota musical que nos da Leandro Sánchez Pérez. Es miércoles 10 de agosto. La casa de la calle Zaragoza está repleta en cuanto saben la noticia: ¡Ha muerto Leandro Sánchez!

Todo comenzó con un ronquido. Dejó de hablar, se le fue apagando el saxofón. Se fue.

Evonia, una doctora de la familia, confirmó la muerte: paro respiratorio. Junto con el paro, las lágrimas, las lamentaciones, los abrazos para el viejo, fueron como imágenes repetidas.

Cuentan que pese a las dificultades para respirar, su corazón dio los últimos golpes y quiso vivir, vivir, vivir: todavía su corazón respiraba tantito. Esto lo vio Raúl Ojeda, el político, que ese día, visitó al sax de oro.

Leandro murió sin quejarse. Supo que su partida comenzó desde que los médicos le diagnosticaron osteoporosis y los dedos ya no tenían la misma velocidad de cuando los desplazaba entre las llaves del saxofón. Le dijeron que quedaría cuadripléjico. Se entristeció.

Raúl Ojeda fue el primero en difundir la noticia a través de la radio. Se comunicó con los hermanos Sibilla Oropesa y les informó sobre el deceso de Sánchez.

Al sax de oro lo metieron, como lo pidió, en una caja sencilla que pagó el presidente de Jonuta, Armando Correa. De acuerdo a la voluntad del músico, el féretro debía ser de madera de pino. Así se eligió un ataúd para el saxofonista que amó a Jonuta hasta el extremo. Aquel día, el calor abrazó a los jonutecos y Leandro Sánchez fue sepultado en lo inmediato, un jueves 11 de agosto.

En una crónica publicada por Eduardo Beltrán, en el diario Milenio Tabasco, relata que antes de que Sánchez muriera, se casó por iglesia con su esposa. Lo hizo a petición de su nieta. Aceptó.

En la parroquia de El Señor de la Salud, el sax de oro, cumplió su palabra. Salió de la mano de la señora Melba Garrido.

Al finalizar la misa el sacerdote propició que los hijos de Sánchez y los jonutecos, cantaran las canciones del hombre-sax. Pero muchos, es decir los jóvenes, olvidaron algunas estrofas y esto provocó que el músico los corrigiera.

—¡Así no es!

La boda fue quince días antes de la muerte. En las últimas dos semanas, Leandro miró la tele, escuchó música y estuvo en el billar del pueblo.

Hablaba bajito, y tomaba las cosas licuadas. Dos días no comió, le dio temperatura, le salió llaga en la boca. Un martes (9 de agosto) tuvo una leve mejoría pero su mirada estaba muy fija, ya no hacía por responder. La máquina se cansó.

El ataúd fue puesto en el parque central de Jonuta. El cabildo le rindió honores. Las cronistas hablan de un minuto de aplausos y 3 días de duelo por el símbolo musical de Jonuta y Tabasco. El grupo Los Jonutecos amenizó la partida del que llamaron maestro, del maestro viajero.

—¿Se fue?

—Se fue un personaje único —dijo Rafael Elías Sánchez Cabrales, el presidente municipal de Jonuta que más homenajeó a Leandro Sánchez.

Días después a la muerte del personaje, se publicaron esquelas en los periódicos. El gobierno, músicos, y otros, lamentaron el “sensible fallecimiento” del músico.

Y el teléfono de la viuda no dejó de sonar: “todo estará bien, lo sentimos, don Leandro fue un gran hombre”.

–¿Aún escucha su saxofón en la casa?

­ –Sí ­ –dice Melba Garrido de Sánchez– y le brota una perspicaz lluvia en sus ojos por el hombre que le llevó serenata, por Leandro que sí le alcanzó el corazón.

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'Luna Azul': el raro evento cósmico que podrá verse este 31 de octubre (y no se repetirá hasta 2023)

El de la "Luna azul" es un fenómeno inusual que se produce cada 2.5 años aproximadamente debido al tiempo que duran los ciclos lunares.
27 de octubre, 2020
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En realidad no es azul. Es una Luna llena, como cualquier otra, del color que se ven la mayoría de las Lunas llenas: entre gris pálido, blanco lechoso o plateado.

Lo que hace raro a este fenómeno, que el folclor bautizó como “Blue Moon” o “Luna azul”, es que se dan dos Lunas llenas en un solo mes, cuando lo normal es ver una.

Un ciclo lunar, el período en el que ocurren todas las fases de la Luna, se repite cada 29,5 días aproximadamente.

Si coincide que la Luna llena se produce el primer o segundo día y el mes tiene 31 días, es entonces cuando es probable que aparezca una segunda Luna llena.

Esta es la conocida como “Luna azul”.

El mes de febrero, que tiene 28 días, nunca verá una.

Luna en el Capitolio

Getty Images
Así se vio la Luna Azul detrás del domo del Capitolio, en Washington D.C. en 2015.

¿Cuándo es la “Luna azul” de 2020?

Es un fenómeno inusual que se da cada 2,5 años.

La última vez que ocurrió fue el 31 de marzo de 2018.

Este año aparecerá en el cielo en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, cuando muchos países celebran Halloween y en México empieza la festividad del Día de Muertos.

Ya hubo una Luna llena el 1 de octubre y a finales de mes podremos ver la segunda.

Calabaza de Halloween

Getty Images
Este año coincide con Halloween.

¿Por qué azul?

Tal como explica la NASA en su sitio web, la definición de Luna azul surgió en la década de los 40 del siglo XX.

En esa época el Maine Farmer’s Almanac (la fuente más confiable en todo lo relacionado con el clima desde hace casi 200 años) ofrecía una definición de la Luna Azul tan enrevesada que muchos astrónomos tenían dificultades para entenderla.

Para poder explicar las Lunas azules en lenguaje llano, la revista Sky & Telescope publicó un artículo en 1946 titulado ‘Una vez cada Luna Azul’. El autor, James Hugh Pruett (1886-1955) citó al almanaque de Maine de 1937 y dijo: “La segunda (Luna llena) en un mes, tal como yo la interpreto, se llama Luna Azul”.

Esto no era correcto -asegura la NASA- pero por lo menos pudo entenderse.

Y así nació la Luna Azul moderna.

El volcán Krakatoa

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El volcán Krakatoa, en Indonesia, volvió a expulsar cenizas el pasado 11 de abril de 2020.

Lunas y volcanes

Aunque la que veremos no fue una verdadera Luna azul, sí existen las lunas de este color.

Pero sólo pueden verse azules después de una erupción volcánica.

En 1883, después del terremoto del volcán Krakatoa en Indonesia, la gente dijo que casi cada noche se podían ver Lunas azules.

Con la fuerza de la erupción, similar a una bomba nuclear de 100 megatones, se elevaron hacia lo más alto de la atmósfera terrestre nubes de ceniza cuyas partículas hicieron que la Luna se viera azul.

También hubo informes de Lunas azules en México en 1983, tras la erupción del volcán El Chichón, y en el estado de Washington en 1980, tras la erupción del Monte Santa Helena.


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