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Más muertos en México en carreteras que por narco: The Economist
Por Redacción Animal Político
28 de octubre, 2011
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Volcadura de un autobús en la autopista México-Cuernavaca. FOTO: Cuartoscuro

Seis de cada 10 muertes en autopistas de todo el mundo ocurren en sólo 12 países, uno de los cuales es México. Las cifras indican que unas 24 mil personas pierden la vida en las carreteras llenas de baches en México,  casi el doble de los que mueren a manos de las mafias de las drogas,  publicó The Economist.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que, junto con Perú y Venezuela, los mexicanos tienen las autopistas más peligrosas de América Latina, indicó en su edición correspondiente al pasado 8 de octubre.

En el caso de México, el principal problema son los conductores. En 14 de las 32 entidades de México, -en donde vive más de la mitad de la población-, las licencias  y permisos para manejar se entregan sin hacer exámenes prácticos.

En seis entidades, incluido el  Distrito Federal, no existen cursos o pruebas de cualquier tipo. Las licencias se entregan tan sólo con pagar 604 pesos, acusó The Economist.
El régimen laxo es “increíble” y casi todos los países de América Latina requieren de pruebas, dijo Roy Rojas, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), una agencia de la ONU.

México no fue siempre tan irresponsable –agregó-,  ya que hasta 1990 los exámenes de conducir fueron casi universales pero perdió solidez por el pago de sobornos. Pero en lugar de luchar contra la corrupción, algunos estados simplemente desparecieron los exámenes con el fin de atraer ingresos.

Según The Economist el desprecio por la seguridad va más allá. Las carreteras en torno a las grandes ciudades de México tienen límites de velocidad de hasta 80km/h. En cambio, en Costa Rica el límite de velocidad urbano es 40 km/h.

Los conductores con cinturones de seguridad  y asientos para  niños son aún más raros. Un estudio de la OPS en 2008 estima que el jueves, viernes y sábados por la noche en la ciudad de México un total de 200 mil  personas conducen en estado de ebriedad.

Caseta de cobro México-Acapulco.

El uso del alcoholímetro ha ayudado a reducir el número de personas que conducen en estado de ebriedad, comentó a The Economist Genaro Vásquez, Fiscal General Adjunto de la Ciudad de México. Pero la nueva amenaza –según ese mismo entrevistado-  es enviar mensaje de textos mientras se conduce aún cuando está prohibido.

Desde el año 2004,  las autoridades capitalinas  ha negado la libertad bajo fianza a los detenidos por conducir en estado de ebriedad alcohol o por ocasionar accidentes. Sin embargo, algunos estados todavía tienen que establecer un límite de alcohol en la sangre.

Si tienen el  entrenamiento adecuado, los conductores de México son tan seguros como los de  cualquier otro país.

Un estudio estadounidense encontró que los camioneros mexicanos tuvieron menos accidentes en los Estados Unidos que sus homólogos estadounidenses. Eso podría obedecer  a que los transportistas mexicanos, junto con los taxistas y otros profesionales, tienen que superar una prueba antes de tomar el volante. Por ello, hasta que las pruebas sean universales, las carreteras mexicanas seguirán siendo letales.

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Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente
Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
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¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

cuadro

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

foto

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


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