48% de estudiantes mexicanos no alcanza niveles mínimos: OCDE
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48% de estudiantes mexicanos
no alcanza niveles mínimos: OCDE

Por Dulce Ramos
28 de octubre, 2011
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Los países de América Latina han crecido de manera sostenida desde 2003 y, a pesar de las crisis globales, las economías de la región se han mantenido fuertes y con buenas demandas internas y externas. Con ese escenario, los países de la región –México incluido– tienen las condiciones económicas para poner en marcha en 2012 políticas públicas orientadas al desarrollo de largo plazo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) lanzó esta recomendación en el estudio Perspectivas Económicas de América Latina 2012 que, en suma, llama a diseñar e implementar mejores políticas para transitar hacia un desarrollo de largo plazo más inclusivo y sostenible.

“La clave es una mayor eficiencia en la administración pública”, afirma el economista para el Centro de Desarrollo de la OCDE, Christian Daude. “Los estados tienen que resolver algunas restricciones y problemas estructurales que limitan a las economías de la región en sus posibilidades de alcanzar sus objetivos de desarrollo”.

¿Cuáles son los rubros prioritarios para contribuir al incremento de la competitividad? La OCDE identifica a la educación, la infraestructura y la innovación; sin embargo, recomienda ir más allá de la simple administración de recursos y aconseja identificar las áreas de acción. En cada uno de ellos.

En la educación, por ejemplo, no basta tener una cobertura amplia y un gasto que mejore de manera sostenida, como ha ocurrido en México. El país aún se enfrenta a una baja calidad educativa y a un acceso desigual.

“México ha hecho muy grandes avances en la cobertura”, apunta Daude. “Pero con la expansión en la cobertura, los sistemas sufren más el tema de la calidad. Ese tema aparece en este y en otros países de la región”.

Como síntoma de la situación que enfrenta América Latina en la educación, la OCDE ofrece las siguientes cifras: los estudiantes de América Latina tienen un desempeño inferior al de sus pares de la OCDE en las pruebas internacionales como PISA. En lectura, más de 48% de los estudiantes no logra alcanzar los niveles mínimos aceptables; mientras que el promedio de la OCDE es sólo de 19%.

Otro indicador es que en México, Argentina y Panamá, la brecha de desempeño entre escuelas urbanas y rurales supera los 45 puntos; lo que equivale a una diferencia cognitiva de más de un año de educación.

“Todo esto se traduce en que en algunos mercados de trabajo faltan ciertas capacidades y se hace difícil avanzar en la cadena de valor, pues la educación y la innovación van de la mano”, agrega el economista de la OCDE.

La infraestructura, un cuello de botella

Junto con la educación, la OCDE considera que las brechas en el acceso a internet de banda ancha son un importante obstáculo para que haya un crecimiento sostenido, competitividad y equidad en la región.

“La región no sólo necesita invertir más para cerrar este déficit, sino invertir mejor”, dice Daude, pues la brecha entre América Latina y países de la OCDE en el acceso a banda ancha fija pasó de 1% en 2000 a 17% en 2009. En lo referente a banda ancha móvil, los números fueron de 5% en 2005 a 44% en 2009.

Si hay un país donde la OCDE reconoce las dificultades para avanzar en infraestructura es México.

“La brecha en este país es muy grande y está relacionada con cómo se regula el mercado de las telecomunicaciones. Nuestros colegas en el país nos han señalado la necesidad de mayor competencia y, si la hubiera, tal vez México tendría mejor acceso a estos servicios”.

Para este sector, la OCDE recomienda a los gobiernos “establecer mecanismos e incentivos a las inversiones deseables desde el punto de vista social en zonas donde el servicio no sea rentable”. Para ello, dice el organismo, es fundamental la actuación de agencias de regulación.

En lo que concierne a la innovación, la OCDE recomienda la generación de políticas enfocadas a su fortalecimiento y un mayor apoyo financiero.

En ese sentido, el organismo aplaude que en México, como en Brasil y Argentina, se busque una sincronización entre el desarrollo productivo y la innovación y pone énfasis en la necesidad de superar la tendencia a asignar recursos con base en evaluaciones, diseñar políticas enfocadas en resultados (como el crecimiento de empresas exportadoras, el número de doctorados empleados en el sector productivo o la introducción  de nuevos procesos) más que en los “insumos” (gasto en investigación y desarrollo o el número de estudiantes de doctorado, por citar algunos ejemplos).

¿Es posible cumplir estas recomendaciones en un año electoral?

Si en México es complejo cambiar la forma en que se asignan los recursos; orientarlos hacia los resultados más que hacia los insumos parece aún más complicado en el ocaso de un sexenio. Por fortuna para el país, los riesgos de no atender estas recomendaciones no son abruptos.

“Para que las políticas de desarrollo maduren toma más de cinco años si uno quiere tener buenos resultados en materia de educación, infraestructura e innovación”, dice Christian Daude. “Sabemos que un año electoral es complicado para introducir reformas; pero de lo que la OCDE habla es de cambios que sean de tal índole que trasciendan un periodo de Gobierno”.

A pesar de este matiz, el organismo subraya que si no ocurre un cambio en la estructura de México, va a ser muy difícil que crezca a la par del promedio de América Latina (4.1%) si a eso le agregamos el complicado contexto económico internacional.

Una recomendación extra es que exista una mayor coordinación dentro del sector público; es decir, una sinergia entre las Secretarías para que las distintas obras públicas interactúen con otras y se coordinen. Para esto, dice el experto de la OCDE, no se necesita una burocracia más grande, sino una burocracia mejor organizada.

“Estos puntos –agrega Daude–, deben ir acompañados por instituciones más fuertes, mayor transparencia y mayor involucramiento de los ciudadanos. Todas esas cuestiones son parte de la maquinaria que ayudará a hacer políticas públicas mucho más efectivas”.

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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