Tú eliges: transbordas a la guerra o la paz
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Tú eliges: transbordas a la guerra o la paz

Por Paris Martinez
16 de octubre, 2011
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La mujer tiene ante sus ojos un pequeño soldado de plástico y una paloma de origami. Las figurillas son un obsequio, pero sólo puede escoger una de ellas, que una joven le extiende sosteniéndolas sobre sus palmas abiertas.

La mujer opta por el soldado y, mientras lo toma, la mano derecha de la joven, en la que yace la paloma, se va cerrando, estrujando con fuerza las alas y la cabeza de la figurilla, hasta hacer de ella un amasijo de papel.

La mujer entiende entonces lo que ha pasado. Mira al soldado de plástico, que ahora le pertenece, y luego mira de nuevo la paloma de papel, emblema de paz, destruida irremediablemente.

Sólo entonces la joven le ofrece conservar la paloma, pero así, muerta como está, la mujer no la acepta. Algo de culpa luce en su gesto y, mientras cierra su puño, ocultando así al soldadito, mira de reojo a los otros pasajeros del Metro, en especial a aquellos que desde un principio rechazaron el emblema de la guerra y, en cambio, aceptaron la paloma de papel, preservándola.

Un minuto robado

Las puertas del Metro se cierran y, como de costumbre, dentro ya hay quien recorre el vagón, arrojando sobre el regazo de cada pasajero un pequeño volante, con algo escrito. La mayoría no lee su contenido.

Beatriz

Luego, tal como ya es rutina, una cantilena se alza por encima de todo ruido, es la voz de un joven que, pese a su timbre grave, la mayoría no escucha.

– ¡Nosotros no venimos –grita– a venderles nada, ni a pedirles dinero… Venimos a robarles, pero no sus pertenencias, sino un minuto de su atención, durante el cual les pedimos que reflexionen en los efectos de la violencia… Esto no es un simulacro: la Guerra contra el Narco ha dejado 40 mil muertos en los últimos años..!

Se trata de Juan, que intenta imitar el tono de un vendedor ambulante, mientras Beatriz, Brenda, María Luisa y Rodrigo, todos estudiantes de arte en la ENAP, van posándose ante cada pasajero, para tenderles, en silencio, el soldado o la paloma.

“Si escogen la palomita –reflexiona Beatriz–, pues gracias, qué bueno que aportes un poco de tu conciencia, que pienses estas cuestiones y las tengas claras, y si escoges el soldado, está bien, hazlo… pero la palomita que te ofrecí se va a destruir, ese aporte de paz que pudiste haber dado se va, se pierde… con eso buscamos generar conciencia.”

Arte en movimiento

Al principio nadie entiende de lo que se trata. Algunos pasajeros se cruzan miradas de duda compartida, y hay, también, quien, sin prestar atención alguna, prende el volante con dos dedos y los deja al aire, en espera de que su dueño pase a recogerlo, pero es la insistencia de los “ambulantes” lo que va despertando a cada uno.

 

María Luisa

“De lo que se trata es de romper la cotidianidad de las personas –explica María Luisa–, en este caso la rutina diaria venir de tu casa a la escuela, o al trabajo, transcurso en el que poco percibes de lo que pasa a tu alrededor… Partimos de eso, de querer despertar o echar una cubeta de agua fría a las personas y que reflexionen sobre la violencia, cuando menos durante el tiempo que pase antes de que decidan conservar o tirar el obsequio que les damos… Y no se trata de reflexionar en torno al narcotráfico, solamente, sino sobre todo tipo de generadores de violencia.”

– ¿Por ejemplo? –la pregunta es abierta. Brenda, risueña, responde.

Brenda

– Por ejemplo, acabamos de toparnos con una señora que también estaba repartiendo volantes informativos, en su caso sobre sordera, ella misma era sorda, había ocupado un asiento dentro del vagón, luego de recibir la negativa de muchos pasajeros… yo me le acerqué y le di a escoger la paloma o el soldado, ella prefirió la paloma y se quedó contemplándola por varios segundos, creo que después de padecer el rechazo de la gente, recibir esa paloma hizo que le cambiara un poco el semblante, eso ya deja mucho para nosotros…

Así van, de vagón en vagón, repitiendo el performance cuya fórmula original está plasmada en los volantes que reparten, inscrita en letras pequeñitas: “Un minuto de conciencia + Un minuto de conciencia + Un minuto de conciencia / TODOS = Un México Consciente. NO MÁS VIOLENCIA“.

Seis de cien

Al final del recorrido, en Ciudad Universitaria, Juan extiende sobre el pasto los volantes que sobran, así como unas cuantas palomas, seis de ellas aplastadas, del centenar que elaboraron, y varias decenas de soldados que los usuarios del transporte público capitalino rechazaron. El saldo, visto así, es positivo.

Juan

“No sólo nosotros, sino mucha gente joven está haciendo o proponiendo cosas –dice Juan, con modestia–, desde repartir un volante hasta realizar un performance, compartir una reflexión, toda la banda está harta de violencia, de corrupción… Ahora ya es fácil escuchar las cifras de muertos y no sentir nada, pero esta reflexión que nosotros proponemos es para decir ‘ya basta, qué es lo que estamos haciendo, todavía faltan generaciones por llegar y qué es lo que les estamos haciendo’. Nosotros somos la llave de esa generación que viene. Y la banda está tomando conciencia, sí, pero también tiene miedo, la banda quiere hacer algo y no sabe cómo hacerlo… así, la actividad artística es, para nosotros cinco, el mejor camino.”

Esta acción, añade Brenda, no está delimitada a realizarse durante un número específico de días, “cuando se nos agoten las palomitas, haremos más… empezamos sin saber cuál sería el resultado, pero a todos nos ha dado mucho en qué pensar y, por la reacción de la gente, creo que a ellos también, así que seguiremos durante algún tiempo”.

Rodrigo

Los cinco estudiantes de arte, todos de entre 19 y 22 años, se aprestan entonces a partir rumbo a la Biblioteca Central de la UNAM, donde continuarán su intervención del espacio público.

Antes de partir, sin embargo, Rodrigo lanza una última sentencia, fría y cálida a la vez, con un gesto serio sin dejar de ser afable: “En la sociedad mexicana han empezado a darse pequeños cambios, la marcha de Sicilia es una muestra, pero hay todo tipo de reacciones de hartazgo, la gente ya esta harta de no ver cambios en términos políticos, y se empiezan a ver pequeños cambios que va realizando la gente para acabar con la pasividad, para acabar con esa incapacidad para indignarnos, para acabar con esa cultura de quejamos sin evitar cometer esos mismos errores, la sociedad ahorita está en un proceso de reflexión y esperemos que en las elecciones se vea reflejado, cada quien con su ideología política, pero que se escoja lo mejor para la sociedad y democráticamente o, de lo contrario, habrá que empezar a reaccionar… Ahora, si algo no nos parece, lo decimos.”

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Cómo aumentar la vida útil de las prendas y ayudar a salvar el planeta

La reutilización creativa, organización y remiendos decorativos son algunas de las soluciones para extender a vida útil de las prendas. Cuidar de tu ropa significa cuidar también del planeta.
3 de mayo, 2022
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En su libro de 2021 La ropa que amas dura (Loved Clothes Last), Orsola de Castro, fundadora de la campaña mundial Fashion Revolution, lanza una apasionada súplica.

“Pasé años hurgando en tiendas de ropa de segunda mano y vi cientos de piezas perfectas abandonadas simplemente por una cremallera rota”, dice.

“Después de todo, ¿por qué gastar tiempo y dinero arreglando una cremallera rota cuando es más rápido, más barato e infinitamente más divertido comprar un nuevo atuendo con una cremallera que funciona?”.

“Pero, ¿podemos detenernos y analizar qué estamos haciendo cuando despreciamos una prenda por la cremallera que se rompió? ¿Qué pasaría si decidiéramos reemplazarla?”, pregunta.

El cuestionamiento de Castro es uno de los muchos a los que se enfrenta la industria de la moda en el siglo XXI.

Cada vez es más difícil ignorar el daño social y ambiental causado por la fabricación de ropa.

Las tasas de consumo de recursos naturales son estratosféricas, sin mencionar los niveles de contaminación y desperdicio, mientras que las cadenas de suministro globales están marcadas por la explotación.

Y el sector también es responsable de entre el 2% y el 8% de las emisiones globales totales de gases de efecto invernadero, según el estudio.

Cremallera rota

Getty Images

Productos no esenciales

Estas son cifras impresionantes considerando que, hasta cierto punto, esta es una industria de productos no esenciales.

Muy pocas personas en las capitales de consumo de moda de todo el mundo realmente necesitan más ropa.

Aun así, se producen entre 80 mil y 100 mil millones de prendas al año, y esta estimación es conservadora.

La industria de la moda está luchando para enfrentarse a este desafío con planes y minuciosas investigaciones que incluyen una variedad de proyectos que van desde aumentar la eficiencia energética en las cadenas de suministro, cambiar a materiales renovables, invertir en innovación de materiales para evitar los sintéticos, promover iniciativas de justicia social o combatir la crueldad a los animales.

Pero aunque estos esfuerzos tienen buenas intenciones, se enfrentan a una industria que ya tiene un impacto ambiental masivo.

Basta decir que la mayoría de estos 80 mil y 100 mil millones de prendas terminan siendo incineradas o arrojadas a los vertederos con muy poco uso.

Orsola de Castro

Penguin Books
Para ayudar al medio ambiente, debemos ser creativos con la ropa que ya tenemos, en lugar de comprar siempre ropa nueva, dice Orsola de Castro.

Cuida para durar más

La pandemia ha sacudido las ventas mundiales de ropa.

Ahora, están en camino de volver a alcanzar niveles ligeramente superiores a los de 2019, según los informes State of Fashion de la consultora estadounidense McKinsey & Company.

Cada vez más activistas argumentan que una de las maneras más fáciles de reducir el impacto de la industria de la moda es comprar menos.

O incluso mucho menos.

Solo tres prendas nuevas al año, según el grupo activista británico Take the Jump, y hacer que la ropa que ya tienes dure más.

La idea básica es que la industria de la moda necesita reducir sustancialmente su tamaño.

Desfile de moda

Getty Images

Prolongar la vida útil de una prenda

Para una generación de compradores alimentados por deseos construidos artificialmente y gratificación instantánea, este puede ser un objetivo difícil de imaginar, pero los números son irrefutables.

Una investigación realizada por la organización ecologista británica Wrap indica que prolongar la vida útil de una prenda en tan solo nueve meses podría reducir su impacto medioambiental hasta en un 10%.

Imagina lo que podríamos conseguir durante décadas.

Los factores que contribuyen a lograr este objetivo incluyen la compra de ropa de buena calidad, la disposición de los usuarios a usar la misma ropa muchas veces y su capacidad para cuidarla.

Puede sonar fácil, pero si eso fuera cierto, ya lo habríamos hecho.

Es solo que, en este momento, los riesgos parecen demasiado abrumadores como para no intentarlo.

Ha pasado poco más de una generación desde que perdimos el arte del mantenimiento de la ropa.

Mientras que la vida de nuestros abuelos era de ahorro y reparación, la mayoría de los consumidores de hoy se han acostumbrado al sistema de usar, romper y tirar.

Las prendas perfectas de Castro con cremalleras rotas son síntomas de una profunda falta de conexión con la forma en que se hacen las prendas.

Cosiendo ropa

Getty Images

Pero ahora es más importante que nunca preguntarse por qué tanta ropa está hecha con materiales derivados del petróleo.

Hay que preguntarse si la viscosa de esa camisa fue extraída de bosques milenarios, si hay piel de animal en ese pompón o por qué solo una pequeña fracción de los trabajadores de las industrias de la confección gana salarios decentes.

Y también si todavía queremos seguir provocando caos.

El subtítulo del libro de Castro es Cómo la alegría de remendar y ponerse la ropa puede ser un acto revolucionario.

Es un hecho. Necesitamos una revolución.

¿Qué hacer?

El primer paso es visitar tu guardarropa.

En 2019, la organización británica TRAID lanzó la campaña “23 Percent” (23%) para resaltar la proporción de prendas que los londinenses guardan sin usar en el armario.

El diseñador de moda estadounidense Sam Weir es el fundador de Lotte.V1, un servicio personalizado de combinación de ropa y accesorios que tiene como objetivo revitalizar nuestra relación con la ropa.

Armario

Katrina Hassan/Spark Joy London
Si la ropa está organizada, es más fácil saber exactamente lo que tienes y aumenta la disposición a usarla y cuidarla.

Weir tiene una amplia experiencia en campañas de alto perfil y dice que “muchos de nosotros no usamos lo que tenemos porque nos han enseñado a encontrar soluciones para combinar la ropa según el consumo”.

“Combinar ropa permite que las personas se expresen y se diviertan con la ropa, sin comprar (piezas) nuevas; fuerza la creatividad y (hace) que las personas realmente usen su ropa. Implica aprender a interactuar con la moda, sin consumismo, y establecer una relación con nuestras cosas”, explica Weir.

¿Por dónde podemos empezar?

“Reserva dos horas y abre tu guardarropa”, enseña.

“Busca piezas que no hayas usado en meses o más. Una de ellas podría ser una camisa de vestir. Aquí es donde la ropa a juego puede ayudar”.

Weir continúa: “Póntela con unos jeans casuales, algo que solo usarías el fin de semana. Agrega un par de zapatos de tacón bajo y un blazer. Al combinar la ropa, has convertido una pieza que solo usaste en un ambiente en algo para usar en innumerables ocasiones“.

“Con la combinación creativa, los vestidos pueden convertirse en faldas o tops, lo viejo vuelve a ser nuevo. Es como si acabaras de ir de compras, sin haber salido nunca de tu guardarropa”, concluye.

Las buenas compras son un buen punto de partida, según Mikha Mekler, profesora de gestión de producción en el London College of Fashion. Para ella, “la forma en que compramos es el problema. Si compramos calidad, (la ropa) durará más”.

Comprando ropa en internet

Getty Images

Empieza por evitar las marcas de moda de consumo, con sus gigantescas campañas publicitarias, llenas de celebrities.

Busca marcas con conducta ética que se enorgullezcan de ser artesanales.

Y aun así, compruébalo tú mismo: el peso del producto y la calidad de sus detalles pueden decir mucho.

“Pruébate la ropa”, aconseja Victoria Jenkins, tecnóloga de ropa y fundadora de la marca de ropa ajustable Unhidden.

“Tira, tira, examina la costura. ¿Está limpia y ordenada o llena de hilos sueltos? ¿Puedes ver líneas visibles en los puntos de tensión de la costura? ¿La camisa tiene tiras sobre los hombros para que no se deforme cuando se cuelga? ¿El dobladillo es fuerte o puede desprenderse con facilidad? ¿La tela tiene puntadas descoloridas o más defectos de impresión de los esperados?”, dice.

El siguiente paso es tener cuidado.

Lavar menos la ropa

En su estudio de 1954 titulado Jabones en polvo y detergentes, el semiótico francés Roland Barthes escribió sobre el uso de espuma, que no es estrictamente necesaria en el proceso de limpieza, en la publicidad del detergente.

Para él, “lo importante es el arte de disfrazar la función abrasiva del detergente con la deliciosa imagen de una sustancia, a la vez profunda y aireada, que puede controlar el orden molecular del material sin dañarlo”.

Persiste la idea de que el lavado de alguna manera renueva y refresca, pero en realidad es muy destructivo, como señala Barthes.

La mayoría de los expertos en ropa sostenible están de acuerdo: lava menos la ropa y lávala con detergentes naturales suaves.

Hazlo del revés para evitar que los colores y estampados se desvanezcan.

Planeta

Getty Images
Para ayudar al medio ambiente, debemos ser creativos con la ropa que ya tenemos, en lugar de comprar siempre ropa nueva.

La diseñadora Stella McCartney dijo en una entrevista con el periódico británico The Observer en 2019: “La regla es no limpiar. Dejas que la suciedad se seque y la cepillas. Básicamente, en la vida, la regla general es: si realmente no necesitas limpiar algo, no limpies”.

“No me cambio el sostén todos los días y no tiro las cosas en la lavadora solo porque han sido usadas. Soy increíblemente higiénica, pero no soy una fanática de la limpieza en seco, o cualquier tipo de limpieza, en realidad”, añadió.

Para Mekler, “cuidar la ropa sigue siendo algo que la gente hace mal a diario. Yo lavo mucha ropa, especialmente la más fina e incluso los jeans, en el ciclo de lavado de prendas delicadas, a menos que estén muy sucias”.

Considera colgar la ropa ligeramente sucia en el baño mientras se ducha y deje que el vapor haga el trabajo de limpieza. Evita el secado en secadora.

Agita la ropa y cuélguela para que se seque. Y celebra los beneficios ambientales de tus nuevas rutinas.

Ropa tendida

Getty Images

Según Energy Star, el programa de eficiencia energética de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), una lavadora promedio usa más de 93 mil litros de agua al año.

Es decir, aproximadamente la mitad de lo que una persona bebe en su vida.

Además del agua, cada vez que lavamos la ropa, arrojamos productos químicos y microfibras de telas sintéticas a cursos de agua ya sobrecargados.

Y finalmente, la mayoría de las emisiones producidas durante el periodo de uso del ciclo de vida de una prenda se generan durante el lavado y secado a máquina.

Reduce este proceso y estarás a la moda de forma sostenible.

Puedes leer este texto publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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https://www.youtube.com/watch?v=ZfhoPrrOp20

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