Vi a Julio Scherer como un padre: Federico Campbell
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Vi a Julio Scherer como un padre:
Federico Campbell

1 de octubre, 2011
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Por Moisés Castillo

Segunda parte y última

 

I.

 

A los 21 años de edad, Federico Campbell se reveló contra Carmen, su madre. Le dijo “si te gusta tanto la carrera de leyes porque no la estudias tú”. Y el joven prefirió ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, aunque eso significara que desde Tijuana ya no le enviaran 450 pesos con los que pagaba su hospedaje en una casa llena de estudiantes campechanos y yucatecos, ubicada en la calle de San Antonio, colonia Nápoles.

Federico empezó a sicoanalizarse y tomó la decisión que marcaría su vida: renunció a ser abogado y al plan de poner un despacho, casarse y tener hijos en Tijuana. En esos años, sólo le importaba la obra de su héroe Jean-Paul Sartre, su primer enamoramiento literario.

“Me lo sabía de memoria: La náusea, La edad de la razón, Las moscas, El muro, A puerta cerrada. Creo que ahí hubo un proceso de identificación, de un querer ser escritor como Albert Camus o Sartre; Sartre firmando libros en el café de Flore de la rive gauche, o Camus con su gabardina Burberry de Humphrey Bogart y yo ya me imaginaba en París. Por eso a los veinte años ya estaba en Europa porque desde muy jovencito me entró la loquera de que un escritor si no iba a París no podía serlo”.

Su espíritu rebelde se profundizó cuando leyó La desobediencia del escritor italiano Alberto Moravia, que cuenta la historia de un adolescente que inventa su autonomía sicológica y aprende a mentir.

Doña Carmen construyó por años el proyecto hombre-hijo: Federico era el primer descendiente de su familia que pisaba la universidad. Como profesora de primaria hizo grandes sacrificios para que su hijo cursara la preparatoria en Hermosillo y al final se sintió traicionada.

A los 15 años de edad se convirtió en maestra de primaria en Etchojoa, Sonora, cerca de Navojoa, donde llegó muy niña de Chínipas, un lugar de la sierra chihuahuense.

En la década de los veinte, los gobiernos posrevolucionarios lanzaron una campaña de alfabetización en el país y Carmen se sumó a dar clases de primaria ante la falta de preparatorias para seguir estudiando. Pasaron los años y en Tijuana siguió su carrera como profesora. Dio clases en la escuela “El Pensador Mexicano”, que homenajeaba al escritor Fernández de Lizardi.

Justamente cuando Federico conoció a Juan José Arreola en 1963, su madre vino a la ciudad de México para llevárselo a Tijuana. Se había quedado viuda y sus hijas ya se habían casado. Se quedó sola y su último refugio era Federico. Le ofreció estudios en la Universidad de San Diego y un automóvil. El joven rechazó la oferta y se dio cuenta que podría hacer de su vida “lo que se le viniera en gana”.

Retornó a Tijuana sola en un camión Tres Estrellas de Oro. Federico ha llegado a pensar que si en ese momento hubiera tenido 30 años, tomaría la misma decisión pero acompañando a su madre en ese trayecto insufrible de 50 horas.

Para doña Carmen fue una gran decepción que su hijo abandonara sus estudios de Derecho. En sus últimos momentos de agonía reprochó a su hijo haber truncado el proyecto de vida que tenía para él. Federico realizó un acto de sobrevivencia, de no hacerlo se hubiera quedado en Tijuana para siempre.

 

II.

En la casa de Federico Campbell no había una gran biblioteca, pero su padre de vez en cuando compraba libros de la ciudad de México vía “Cóbrese o Devuélvase” del Servicio Postal Mexicano. Uno de ellos se llamaba Las ruinas de Palmira, del Conde de Volney, y el librero pequeño de la sala se empezó a llenar poco a poco.

Su padre era telegrafista y en sus ratos libres escribía poemas y algunos cuentos que en la madrugada y, un poco ebrio, se los leía a su esposa y a sus hijos.

“Mis hermanas y yo nos moríamos del coraje porque nos estaba interrumpiendo el sueño que necesitábamos como reposo para ir a clases a las 7 de la mañana. Realmente era una locura de mi papá borracho ponerse a leer los poemas dedicados a mi madre a las 4 de la mañana”.

Federico Campbell Mayén murió en la línea de fuego, en el frente de batalla que es el mostrador de una tienda de licores llamada “Roxy”, en Tijuana. Se acercó a la barra y pidió una botella de tequila y en ese momento le dio un infarto letal y cayó. Don Federico tenía una cierta vocación alcohólica y estaba festejando junto con sus amigos el día del telegrafista. Se terminó el vino y fue a buscar más alcohol y ya no regresó.

“Lo leí en los periódicos al día siguiente porque mostraron fotos del cadáver con mucho amarillismo y desde entonces detesto a los fotógrafos de nota roja que publican sin el menor respeto fotografías de personas en accidentes. Lo único que le faltó al periódico poner debajo de la foto de mi padre: ‘azotó la res’”.

Decía la escritora Virginia Woolf que los padres no son como fueron sino como los recordamos. Y Federico Campbell cada vez que su memoria viaja a Tijuana ya no se pone melancólico sino alegre: luz abismal del mediodía.

 

III.

 

Un día de 1967, Federico Campbell visitó la redacción de Excélsior para saludar a Hero Rodríguez Toro, director del suplemento Diorama de la Cultura. Federico mandaba sus colaboraciones mientras estudiaba periodismo en el Macallester Collage de Minessota. Sus textos gustaban y tenían un buen espacio, aparecían con frecuencia en la portada del suplemento y a veces en el periódico.

Sentados en su oficina, Hero con la mirada le dijo “mira ese señor que está ahí es el que está poniendo tus reportajes en primera plana, le gusta mucho lo que escribes. Él es Julio Scherer”.

Federico dio tanta importancia a la relación con Scherer que vio en el director del periódico más importante de aquellos años una figura paterna.

“Tuve una relación muy neurótica de mi parte con Julio Scherer porque hubo un equívoco de mi parte: me lo tome como si fuera mi padre. De lo cual él no tiene ninguna culpa ni responsabilidad. Fue una completa alteración emocional. Yo le daba demasiada importancia a esa relación en términos afectivos, pero yo no era su hijo y él no tenía que ser considerado conmigo”.

Tras la matanza estudiantil de 1968, Federico estaba aterrorizado por los hechos violentos de Tlatelolco y aceptó ser corresponsal en Washington de la Agencia Mexicana de Noticias, Amex. Era tanto el miedo que sentía de andar por las calles que para ir a trabajar tomaba un taxi de Liverpool a la Agencia, que se ubicaba sobre Paseo de la Reforma a la altura del mítico Cine Roble. El recorrido a pie era de 10 minutos pero tenía temor que un soldado saliera con una bayoneta calada y lo atravesara.

“Don Julio se ofendió un poco porque me fui con la Amex a Washington. Él no sabía que lo hice porque tenía miedo. Un mes atrás habían asesinado a muchos estudiantes. Díaz Ordaz, Echeverría y los generales García Barragán y Gutiérrez Oropeza quedaron en la historia como unos asesinos”.

Después Federico se fue a vivir a Barcelona y, regresando a México, entró en 1977 a Proceso donde escribió durante 11 años. Meses antes de ingresar al semanario, dirigía la revista Mundo Médico, que era una publicación de corte literario pero enfocado a temas clínicos y de salud. Coincidió que las oficinas de Proceso y Mundo Médico se encontraban en la calle de Fresas, y Federico fue a pedirle empleo a Scherer, que no dudó en dárselo.

“Todo eso significaba renunciar a un gran sueldo para ir a ganar un sueldo mínimo y lo hacíamos por amor a la camiseta. Nosotros éramos como una tecla en la máquina de escribir de Julio Scherer y aunque firmábamos nuestros artículos el mérito y el fracaso de un reportaje siempre era de Julio”.

Federico Campbell dice que Julio Scherer es un caballero andante del periodismo mexicano y, al mismo tiempo, es una escuela viviente. Federico sostiene que para muchos el periodismo es una realización en sí mismo y se sienten felices y plenos, como Julio Scherer, por ejemplo, en quien la pasión y la vocación periodísticas son la misma cosa.

 

IV.

 

Luego de 11 años de escribir en Proceso, Federico se preguntó, ¿qué sentido tiene hacer este periodismo? A veces duda que haya tenido alguna aportación en un país donde la llamada sociedad civil no reacciona ante las interminables injusticias. Reportajes sin consecuencias ante una sociedad congelada, indiferente y corrupta. Prefirió dedicarse a la literatura.

Los grandes escritores como Jorge Luis Borges o Daniel Sada no pierden el tiempo leyendo periódicos o revistas. Leer libros y no periódicos, porque lo que se publica en los diarios es para que se olvide al día siguiente. Un escándalo borra el anterior y así sucede.

El domingo pasado recibió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes por su trayectoria literaria y su trabajo como promotor cultural, editor, periodista, ensayista y narrador. A sus 70 años de edad, Federico Campbell tiene a veces pensamientos negros sobre el paso del tiempo, la edad y la vejez.

Fan de Schubert y Mozart, ha llegado a pensar que en realidad la muerte empieza a los 70 años: la muerte inicia al final de la vida y la verdadera muerte es la que está en los minutos, meses o años antes de morir. Es consciente que va a fallecer y que sus días están contados. Algunas señales sólo se pueden ver en la vejez.

“Empiezas a sentir que para los jóvenes prácticamente no existes, no tienes ninguna importancia. Al menos en México no se tiene por los viejos una deferencia que hay en Japón o en otras culturas orientales. Creo que en México se desprecia a los viejos”.

Sin embargo, hay la versión menos cruel, cuando no se está deprimido y se goza de buena salud. Federico asegura que a los 70 años sus ojos ven menos pero ven mejor: “nunca me había dado cuenta que el árbol que ha estado por años frente a mi casa realmente es bello, como un laurel de la India que recuerdo de Hermosillo”.

Federico cree, como los budistas, que se viene a este mundo a gozar y disfrutar la vida porque el tiempo es cruel. Dice que mientras se tenga salud, juventud y testosterona existe la obligación de ser felices. Y no caer en el pecado de Borges que en su poema El remordimiento dijo: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz”.

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Por qué la Iglesia de Inglaterra es copropietaria de los éxitos musicales de Beyoncé o Rihanna (y otros temas)

La Iglesia de Inglaterra se encuentra entre los inversores de una empresa que ha ido adquiriendo los derechos de míticas canciones. Y no es la única.
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19 de octubre, 2020
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¿Sabías que la Iglesia de Inglaterra es copropietaria de la canción Single Ladies de Beyoncé, la famosa Umbrella de Rihanna y el éxito SexyBack de Justin Timberlake?

Suena extraño, pero la institución es uno de los cientos de inversionistas de una compañía llamada Hipgnosis, que durante los últimos tres años ha estado adquiriendo uno a uno los derechos de miles de canciones exitosas.

Hasta ahora, ha gastado más de 1,000 millones de dólares en música de Mark Ronson, Chic, Barry Manilow y Blondie.

Su última adquisición es el catálogo de canciones de LA Reid, lo que significa que tiene participación en temas como End Of The Road de Boyz II Men’s, I’m Your Baby Tonight de Whitney Houston y Don’t Be Cruel de Bobby Brown.

Cuando esas canciones se reproducen en la radio o aparecen en una película o programa de televisión, Hipgnosis gana dinero.

Y también sus inversores como son la Iglesia de Inglaterra y las gestoras de fondos Aviva, Investec y Axa.

‘Más valioso que el oro’

Según el fundador de Hipgnosis, Merck Mercuriadis, la música que ha comprado es “más valiosa que el oro o el petróleo”.

“Estas excelentes y exitosas canciones son muy predecibles y fiables en sus fuentes de ingresos“, explica.

“Si tomas una canción como Sweet Dreams de Eurythmics o Livin ‘On A Prayer de Bon Jovi, estás hablando de tres o cuatro décadas de ingresos seguros”.

Merck Mercuriadis y Nile Rodgers

LAYTON THOMPSON
Hipgnosis fue lanzado en la Bolsa de Valores de Londres en 2018 por Mercuriadis y el asesor de Hipgnosis, Nile Rodgers de Chic.

Dice que las canciones de éxito son una inversión estable porque sus ingresos no se ven afectados por los cambios en la economía.

“Cuando la gente está contenta vive con una banda sonora de canciones”, explica.

“Pero también en momentos menos buenos, como el tipo de desafíos que hemos experimentado durante los últimos seis meses debido a la pandemia, las canciones reconfortan y ayudan a escapar”.

“Así que siempre se consume música y ésta siempre genera ingresos”.

De hecho, con los usuarios de Spotify aumentando en un promedio mensual del 22% entre marzo y julio, las ganancias por derechos de transmisión han aumentado durante la pandemia de COVID-19.

Como resultado, el precio de las acciones de Hipgnosis han aguantado las turbulencias vistas en otro tipo de negocios.

Una larga carrera

Mercuriadis, de Quebec, Canadá, empezó a trabajar en la industria de la música después de llamar a la oficina de Virgin Records en Toronto todos los días durante meses hasta que le dieron un empleo en el departamento de marketing.

Allí trabajó con artistas como UB40, The Human League y XTC.

En 1986, se unió a Sanctuary Group, convirtiéndose finalmente en su CEO, donde dirigió las carreras de Elton John, Iron Maiden, Guns N ‘Roses, Destiny’s Child y Beyoncé, además de trabajar en el relanzamiento de la carrera de Morrissey en 2004.

Kanye West lo llamó recientemente una “de las personas más poderosas y conocedoras de la industria de la música”.

Beyoncé en un concierto.

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Merck Mercuriadis trabajó con estrellas como Beyoncé.

Despedido por decir la verdad

“He tenido la suerte de poder trabajar con todas las personas con las que siempre quise trabajar”, dice Mercuriadis.

Dice que la clave para manejar a cualquier artista de éxito es “luchar duro por ellos” y “decir la verdad”, incluso cuando sea incómodo.

“Lo que la mayoría de la gente no se da cuenta es que, si tienes una carrera tan larga como la de Elton, serás el artista más genial del mundo siete veces. De la misma manera, serás el artista menos genial otras siete veces”.

“La vida real significa decir: ‘Aquí es donde estamos actualmente, aquí es donde queremos estar, y esto es lo que tenemos que hacer para llegar allí. Así que a subámonos las mangas, ensuciemos nuestras manos y no nos quedemos atascados”.

Admite que en el pasado fue “despedido por decir la verdad”, aunque no menciona nombres.

“Pasa todo el tiempo. No todo el mundo quiere decir la verdad y aún hay menos personas dispuestas a escucharla”.

La idea de Hipgnosis surgió en 2009, cuando se lanzó Spotify en Reino Unido.

“Pude ver que el streaming iba a cambiar el panorama y que iba a hacer que la industria de la música volviera a tener mucho éxito”, dice.

The Eurythmics, Blondie y Barry Manilow

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Hipgnosis ha adquirido los derechos de los hits de Dave Stewart, Blondie y Barry Manilow, entre otros.

Señala que el punto de referencia tradicional que mide el éxito de la industria es el disco de platino, que en Estados Unidos representa un millón de ventas.

Suena impresionante, dice, hasta que te das cuenta de que una película de éxito como Toy Story 4 vendió 43 millones de entradas.

“Lo que revelan esas cifras es que aunque a la gran mayoría de la población le encanta la música, muy pocos se llevan la mano al bolsillo y sacan un billete de diez y pagan”.

El streaming cambió eso, dice, porque quienes antes consumían música de forma pasiva estaban dispuestos a pagar una suscripción mensual.

Se estima que 88 millones de personas están suscritas a servicios de streaming en Estados Unidos, más de una cuarta parte de la población.

A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las discográficas, Hipgnosis no se centra en encontrar el “próximo superventas”.

Un tercio de las canciones que posee tienen más de 10 años y el 59% tienen entre 3 y 10 años.

Menos del 10% son versiones recientes.

“Lo único que tienen todas mis canciones en común es que son culturalmente importantes”, dice Mercuriadis.

‘Cada canción es una minimarca’

La idea de invertir en las ganancias futuras de un artista no es nueva.

David Bowie

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David Bowie en 1973 en un concierto en Los Angeles, California.

En 1997, David Bowie se financió con unos activos, denominados “bonos Bowie”, que otorgaban a los inversores una participación en los derechos de canciones como Life On Mars y Heroes.

El lado negativo era que se trataba esencialmente de un préstamo.

Si Bowie no ganaba tanto dinero como se predijo, habría tenido que renunciar a los derechos de sus canciones.

Mercuriadis dice que sus acuerdos son “más sofisticados”.

Paga a los artistas con 15 años de los derechos por adelantado.

Teniendo en cuenta la desgravación fiscal, muchos se van con “unos 25 años de dinero de una sola vez”, dice.

A cambio, Hipgnosis posee las canciones a perpetuidad.

Para los artistas, la atracción no es solo el dinero, sino que Hipgnosis actúa como una “empresa de gestión de canciones” en lugar de simplemente explotar un éxito para respaldar nueva música (que es como funcionan la mayoría de sellos y editores).

“Se trata de ver cada canción como una minimarca en sí misma”, dijo Dave Stewart de Eurythmics después de vender su catálogo a la compañía el año pasado.

“La gente de todo el mundo que canta Sweet dreams are made of this puede que no sepa quién soy yo o quién es Eurythmics, pero se saben la canción. El enfoque es el de comprar estas canciones clásicas y mantenerlas vivas y construir pequeños mundos a su alrededor”.

“Eso está bien para mí porque cuando salgo y toco esas canciones, lo que quiero es que la gente las conozca. Él es muy proactivo”.

Merck Mercuriadis, Nile Rodgers y Dave Stewart

CAITLIN MOGRIDGE
Mercuriadis y Rodgers firmaron su acuerdo con Dave Stewart de The Eurythmics el año pasado.

Para una empresa que ha basado su estrategia en ganancias futuras, Mercuriadis debe ser consciente de las críticas que a las compañías de streaming por lo que pagan a los artistas.

¿Apoya las campañas actuales #BrokenRecord y #FixStreaming, que abogan por un pago más justo?

“Sí, los servicios de streaming deben pagar más dinero a los compositores”, dice.

Mejor pago

“Aunque creo que la campaña #BrokenRecord es imperfecta ya que ha enfocado sus esfuerzos contra estos servicios los verdaderos villanos son las principales compañías discográficas que se están quedando con la mayor parte del dinero”.

“La forma en que funciona el modelo económico es que Apple, Amazon y Spotify se quedan con el 30% del dinero y pagan el 70% a los titulares de los derechos. Tal como está actualmente, de los 70 peniques por dólar que corresponden al autor, 58.5 van a parar a la discográfica. El artista obtiene, en el mejor de los casos, una sexta parte de eso, es decir, 11.5 peniques por la canción”.

“Creemos que es hora de que las compañías discográficas den un paso al frente y reconozcan que existe un desequilibrio real entre lo que se paga por grabar la música y lo que se paga por la canción”.

De hecho, la campaña ha sido igualmente crítica tanto por las compañías de streaming como por los sellos discográficos, pero Mercuriadis dice que la industria debería centrarse primero en aumentar la base global de suscriptores de los servicios de streaming de 450 millones a 2,000 millones de cara a finales de esta década.

“Porque si eso se hace realidad, las ganancias de los compositores serán muy significativas”.

Merck Mercuriadis

Jill Furmanovsky
Merck Mercuriadis dirigió a artistas como Elton John y Iron Maiden antes de lanzar su última compañía.

Para entonces, espera que Hipgnosis tenga un catálogo de alrededor de 60.000 canciones.

En ese momento, la compañía saldrá del negocio de adquisiciones y se centrarán en colocar sus éxitos en videojuegos o programas de televisión, conseguir nuevos artistas y asegurarse de aparecen en listas de reproducción destacadas.

“Estas grandes canciones son la energía que hace girar al mundo”, dice.

¿Hay un catálogo de canciones que le encantaría tener en sus manos?

“Todo el mundo quiere a los Beatles“, sonríe.

“Es el mejor conjunto de canciones jamás escrito”.

“No me gustaría vivir en este mundo si los Beatles no fueran parte de él”.


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